EL BLOG

· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 22 de octubre de 2026

Plaza y Museo

Buscar

La Tauromaquia, Goya y las vanguardias artísticas

Hoy se celebra el Día Mundial del Arte convocado por la UNESCO. Mañana, 16 de abril, es también la efeméride del día en que falleció Francisco de Goya en 1828. Conviene por esta razón recordar la relación que existe entre la tauromaquia como motivo y pretexto artístico, la figura del genial aragonés y su influjo en las corrientes artísticas subsiguientes que se perpetúa hasta el día de hoy. Buena prueba de ello es la colección de carteles para las corridas goyescas que la Real Maestranza de Ronda viene encargando a autores de vanguardia desde 1999, serie inaugurada con Manuel Arroyo y que se exhibe en su totalidad en el museo de historia de la tauromaquia de la plaza de toros de Ronda.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XVII): Manuel Domínguez Desperdicios, el torero aventurero (I)

Manuel Domínguez Desperdiciosvino al mundo en 1816 en la población sevillana de Gelves, a orillas del Guadalquivir.  De modesta procedencia, huérfano de padre a los tres años, el hermano de su madre se hizo cargo de la familia; capellán de las religiosas de la Paz, procuró a Manuel una educación esmerada en sus primeros años como estudiante de segunda enseñanza en la Universidad de Sevilla. Fallecido su tío cuando tenía doce, les dejó en herencia una pequeña finca, y para salir adelante la madre entendió que era conveniente que su hijo se dedicara al oficio de sombrerero, vinculado a la profesión taurina por el clan formado por los toreros Antonio y Luis Ruiz, que llevarían su oficio como alias.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XVI): Juan Martín la Santera

Durante uno de los festejos de la feria de mayo de 1864 salió a la arena de Ronda el toro más bravo que se haya lidiado en la historia de la plaza. Marismeño, de la ganadería de doña Dolores Monge, que tomó cincuenta y una varas y mató once caballos, proeza que no ha sido superada en este coso. El diestro que se enfrentó a tan formidable animal fue el sevillano Juan Martín la Santera, de 54 años, que se retiraría de los ruedos dos temporadas después. No era la primera vez que actuaba en Ronda.

Real Guarnicionería de la Casa de Orleans. Retrato de don Antonio de Orleans, duque de Montpensier (II).

Hijo menor del rey Luis Felipe I de Francia, nació en Neuilly-sur-Seine en 1824. Por su boda con Luisa Fernanda de Borbón, hermana de Isabel II, pasó a formar parte de la familia real española. El matrimonio llegó para instalarse en Sevilla en 1848, tras la revolución que destronó al último rey de los franceses, y por los recelos del gobierno español de que lo hiciera en Madrid.

¿Un rejoneador del siglo II a.C.?

La Real Maestranza de Caballería de Ronda dispone desde 2018 de la réplica de un bajo relieve sobre piedra de estilo helenístico que representa a un jinete armado de una lanza en el momento de enfrentarse a un toro, pieza fechada entre los años 200-150 a.C.

Real Guarnicionería de la Casa de Orleans. Retrato de don Antonio de Orleans, duque de Montpensier. El pintor (I)

En la sala de la Real Guarnicionería, situada en el interior de la plaza de toros, se encuentra un retrato del que fuera propietario de esta selecta colección de artes suntuarias, el duque de Montpensier.
El autor del cuadro es Antonio María de Esquivel, considerado como uno de los más brillantes pintores del romanticismo español, sino el que más. Nació en Sevilla en 1806 en el seno de una familia hidalga, quedando huérfano de padre al morir éste heroicamente en la batalla de Bailén. Formado en la Escuela de Bellas Artes de una ciudad deprimida y en decadencia, sobresalió enseguida por su facilidad en el dibujo, bajo la enseñanza de José Domíngez Bécquer y Cabral Bejarano. Con taller propio desde los veintiún años y después de diez dedicado a su profesión se trasladó a Madrid, donde no le costó situarse entre los pintores más cotizados y reclamados de los que estaban en la Corte.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XV). Curro Cúchares, el verso suelto (II)

Preguntado Montes sobre quién era mejor, Redondo o Cúchares, respondió: “Como torero, Redondo; como matador de toros, Cúchares. Cúchares sabe lo que José ni yo hemos llegado a saber”. Frente al toreo sereno, reposado y de clase de su gran rival, el garboso Chiclanero, Arjona oponía una viveza y una alegría repleta de recursos, sacando partido al uso de la muleta como no se había visto antes. El que fuera jovencito “mañoso” e intuitivo se complacía en exhibir su conocimiento de las intenciones de las reses y se adornaba siempre con floreos muy alejados de la doctrina que le habían impartido sus rondeños profesores. En este sentido, el que lo había apadrinado, Juan León, lamentaba que sus sobresalientes cualidades derivaran en modos que desprestigiaban la profesión: “En lugar de darse la importancia que puede y debe como espada y como torero, juguetea con los bichos de trapío y pujanza, haciendo creer que son chotos (…) Por ese hombre ni pasa el tiempo ni roza la experiencia, y siempre es Currito, queriendo torear reses por diversión, y de todos modos y en todas partes”.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIV). Curro Cúchares, el verso suelto (I)

Si se puede decir de alguien que su destino está escrito desde antes de nacer, el caso de Cúchares parece confirmarlo. Sangre torera de cuatro generaciones de familiares de mayor o menor éxito circulaba por sus venas, emparentado con figuras como Costillares y Curro Guillén, hermano de su madre, aquel que terminaría su vida en la arena de Ronda en 1820.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIII). José Redondo el Chiclanero, el torero «reondo» (II)

Perdices rellenas de sus menudillos, anchoas y tocino. Una de las faenas cumbres del Chiclanero es una receta que recibe el nombre de “perdices a lo torero”, que ha quedado registrada para la historia (gastronómica). En un artículo de la revista El Campo de 1877 y reproducida en varios libros sobre la comida española, se cuenta la historia de un viajero francés que se encontraba cazando por Sierra Nevada y coincidió en una venta con Redondo y su cuadrilla camino de una corrida en Granada. La oferta culinaria del establecimiento era escasa, como era habitual, de modo que el francés puso sobre la mesa unas perdices que había cobrado. La cuadrilla entera se puso a pelarlas, y Redondo pidió que le dejaran prepararlas. No es el único plato que dejó para la posteridad, como los huevos chiclaneros. En su “Guía del buen comer español” de 1929, Dionisio Pérez lo describe como “practicante afortunado del fogón y un manejador hábil de peroles y sartenes”.

Real Maestranza de Caballería de Ronda
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.