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· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 21 de marzo de 2026

Tauromaquia

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Toreros históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXIII). José Dámaso Rodríguez y Rodríguez, Pepete, el torero desmedido

comienzo de la llamada década ominosa del reinado de Fernando VII. Su padre, que también atendía por Pepete, era un tratante de ganado para suministro del matadero, negocio que le permitía una holgada posición. En esos menesteres recorría la provincia en busca de ganado vacuno, lanar o de cerda. Después de recibir una instrucción básica, su hijo se integró en la profesión, peinando las sendas y pliegues de la Sierra Morena que llegó a conocer como la palma de la mano. Se cuenta que sirvió de guía en una montería organizada para Alejandro Dumas y sus acompañantes a su paso por Córdoba en 1846. Ya entonces había iniciado su carrera en la tauromaquia.

Feria de Pedro Romero 2021 (III). Antonio Ordóñez y la Cultura.

«Lo que le producía una tristeza inconsolable era que no fuera a quedar nada de lo que había hecho en los ruedos. La leyenda, dijo con desdén, pero la leyenda a mí no me importa. Eso no dura. De un pintor queda su lienzo, un músico escribe una partitura, a un poeta le publican sus versos. Pero lo que yo he hecho lo he hecho en el aire y con el aire se va. Hay aficionados que me dicen que queda en su memoria. Pero tú te vas a morir, les digo yo y no va a quedar nada. No va a quedar nada porque la fotografía y el cine son una mentira y los que crean que se ve algo ahí se engañan miserablemente. El toreo se hace en el instante y en el instante se muere».

Feria de Pedro Romero 2021 (II). Antonio Ordóñez y Ronda: la Goyesca.

A lo largo de su vida, Antonio Ordóñez se empeñó en situar a Ronda en el lugar que le corresponde en la historia de la Fiesta, revitalizando la importancia de sus antecedentes: una monumental plaza construida en el último cuarto del siglo XVIII por caballeros maestrantes que impulsarían el toreo a pie como espectáculo público al promocionar a Francisco Romero, cabeza de la legendaria dinastía de toreros que crearían una de las escuelas fundamentales del toreo con Pedro y José Romero como máximos exponentes, de cuya importancia social da fe que fueran ambos retratados por Francisco de Goya.

Feria de Pedro Romero 2021 (I). 70 Aniversario de la Alternativa de Antonio Ordóñez.

l acontecimiento que se conmemora este año ocurrió el jueves 28 de junio de 1951. Lugar, la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, que registraba un lleno hasta la bandera con motivo de una corrida a beneficio del Montepío de la Policía. Tres jóvenes toreros hacían el paseíllo. Los tres descendían de progenitores que habían sido toreros. Entre ellos un novillero que afrontaba su doctorado en la máxima categoría llamado Antonio Ordóñez, vestido de celeste y oro, flanqueado por Julio Aparicio y Miguel Báez Litri, los toreros del momento, figuras emergentes que habían cuajado una brillante etapa como novilleros y que ya habían pasado por el mismo trance el año anterior.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXII). Antonio Carmona «el Gordito», el rey del quiebro

Antonio Carmona natural del barrio sevillano de San Bernardo en Sevilla, como tantos otros toreros de fama, la fecha de su nacimiento es motivo de debate entre los historiadores taurinos, que oscila entre 1834 y 1838. Hijo de un panadero, cuando el negocio familiar se vino abajo sus dos hermanos mayores José y Manuel apostaron por iniciar una carrera taurina como forma de sostén económico. Habían sobrevivido al bombardeo de la ciudad durante la sublevación en 1843 contra el general Espartero, a la sazón regente del Reino de España, poco antes de que partiera hacia el exilio. Su barrio resultó el más castigado, con gran número de muertos y heridos y mucho destrozo.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXI). Antonio Sánchez «El Tato», el torero amputado

El Tato Nacido en 1831 a la vera del matadero de Sevilla, en el barrio de San Bernardo que tantos toreros arrojaba a las plazas, comenzó como tantos otros a foguearse en el encierro de reses que servían para crear escuela taurina. “Joven, simpático, desenvuelto, agraciado en sus trazas”, su precoz desparpajo le abrió muchas puertas. Hacia 1849 llama la atención de José Redondo en Santiago de Compostela, cuando lo encuentra formando parte de una cuadrilla de pegadores portugueses como encargado de estoquear a los toros.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XX). Juan Yust, el torero malogrado

Juan Yust fue un “deslumbrador y fugaz meteoro”, que parecía destinado a competir con el astro del glorioso Montes, que oscurecía a todos. Vino al mundo en 1807 en el epicentro de la tauromaquia sevillana que dominaba los ruedos de España, barrio de San Bernardo, en el seno de una familia vinculada al cercano matadero, la escuela de los toreros de la época. Siendo un recién nacido, fue ajeno como es natural al comienzo de la Guerra de la Independencia un año después, cuando una muchedumbre exaltada linchó al ilustrado conde del Águila, y a la invasión francesa de la ciudad con la llegada en 1810 de José Bonaparte y del general Soult, que ocuparon palacios, conventos e iglesias para albergar a su  extensa plana mayor y a las tropas, con el subsiguiente y salvaje saqueo de su inmenso patrimonio artístico.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIX). Manuel Díaz «Lavi», el torero gracioso

Autodidacta, sentimental, dicharachero, supersticioso con los toros negros, la combinación de arrojo y pavor según soplara el viento de sus manías marcaron su trayectoria, hasta el punto de ser pintoresca su forma de transitar del mérito a la comicidad en la misma función; estimado por todos, aficionados y compañeros de profesión, fue el primer torero de raza gitana en destacar.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XVIII): Manuel Domínguez Desperdicios, el torero aventurero (II)

Cuando la fragata “Amalia” llega a Cádiz en mayo de 1852, al regreso de sus correrías sudamericanas, Manuel Domínguez tiene 36 años. Ha pasado dieciséis fuera de su país, y en ese tiempo bajo el reinado de Isabel II se han sucedido treinta y dos gobiernos en una frenética secuencia de alternancias y pronunciamientos. Dominguez, ajeno a estos vaivenes, comprueba que casi nadie se acuerda de él. Incluso le llaman “el americano”. Está decidido a recuperar su profesión, y para encontrar algún apoyo visita a un antiguo alumno de la Escuela de Tauromaquia como él, Francisco Arjona Herrera Cúchares, que en ese momento está instalado en lo alto del escalafón junto a José Redondo el Chiclanero, cumbre que había dejado vacía la muerte de Antonio Montes el año anterior. Su compañero de la adolescencia lo recibe con suma frialdad, no se le había olvidado que el reaparecido había acabado mal con Juan León, el que fuera su protector y maestro. Le dice, con algo que se puede entender como menosprecio, que se busque la vida en plazas de pueblo. Pocos años después compartiría cartel, e incluso Dominguez le daría la alternativa al hijo de Cúchares.

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