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· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 14th March 2026 23:37

Real Maestranza de Caballería de Ronda

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Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIV). Curro Cúchares, el verso suelto (I)

Si se puede decir de alguien que su destino está escrito desde antes de nacer, el caso de Cúchares parece confirmarlo. Sangre torera de cuatro generaciones de familiares de mayor o menor éxito circulaba por sus venas, emparentado con figuras como Costillares y Curro Guillén, hermano de su madre, aquel que terminaría su vida en la arena de Ronda en 1820.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIII). José Redondo el Chiclanero, el torero “reondo” (II)

Perdices rellenas de sus menudillos, anchoas y tocino. Una de las faenas cumbres del Chiclanero es una receta que recibe el nombre de “perdices a lo torero”, que ha quedado registrada para la historia (gastronómica). En un artículo de la revista El Campo de 1877 y reproducida en varios libros sobre la comida española, se cuenta la historia de un viajero francés que se encontraba cazando por Sierra Nevada y coincidió en una venta con Redondo y su cuadrilla camino de una corrida en Granada. La oferta culinaria del establecimiento era escasa, como era habitual, de modo que el francés puso sobre la mesa unas perdices que había cobrado. La cuadrilla entera se puso a pelarlas, y Redondo pidió que le dejaran prepararlas. No es el único plato que dejó para la posteridad, como los huevos chiclaneros. En su “Guía del buen comer español” de 1929, Dionisio Pérez lo describe como “practicante afortunado del fogón y un manejador hábil de peroles y sartenes”.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XII). José Redondo el Chiclanero, el torero “reondo” (I)

Francisco Montes dejó como herencia la arquitectura de una tauromaquia cimentada en una lidia disciplinada, que al contrario de lo que se podría suponer permitía y favorecía la expresión personal. En una estructura ordenada es posible distinguir a los diferentes mejor que en el caos. Fue la suya una escuela ecléctica, que mezclaba suertes antiguas y modernas, superando las diferencias entre la sevillana y la rondeña. Detrás de él se abrió el camino para los llamados toreros “redondos” o completos, que vivieron y desarrollaron sus carreras en un país tensionado por las alborotadas circunstancias políticas del siglo XIX español y el largo conflicto dinástico entre isabelinos y carlistas que desembocó en un cruento enfrentamiento bélico.

Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Retrato del Infante D. Gabriel de Borbón (II). El Infante

“El nombre del Infante don Gabriel aparece de forma constante cada vez que se escribe sobre cualquier intelectual o artista relacionado con la corte de este período”, resalta el historiador Juan Martínez Cuesta (1962-1999) en la tesis doctoral que dedicó a su figura, publicada por esta Real Maestranza a la memoria de quien fue el primer miembro de la familia real española en ser su Hermano Mayor en 1763. El hecho de que Carlos III pusiera a su hijo favorito al frente de la corporación maestrante se relaciona con el deseo de hacer de Ronda una plaza fuerte que controlara el acceso al interior de Andalucía por razones estratégicas, en el contexto de las tensiones con Inglaterra por el intento de recuperación de Gibraltar.

Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Retrato del Infante D. Gabriel de Borbón (I). El pintor

En la galería de pinturas de la sala dedicada a la Real Maestranza cuelga un retrato del Infante Don Gabriel de Borbón y Sajonia, tercer hijo de Carlos III y primer miembro de la Familia Real española que figura como Hermano Mayor de esta corporación. La obra es de Joaquín Inza, nacido en la villa soriana de Ágreda en 1736. Pintor vinculado a círculos de la corte, se especializó en retratos de la nobleza.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XI). Francisco Montes, Paquiro, el torero crucial (III)

Cuando Alejandro Dumas lo disfruta como espectador en los festejos reales de 1846 en la Plaza Mayor de Madrid, la decadencia física de Paquiro ya había comenzado. Aquella ligereza de la que habla en su Tauromaquia como condición indispensable de un torero, junto al valor y al conocimiento, se iba perdiendo inexorablemente: “no se crea que la ligereza del torero consiste en estar siempre moviéndose de acá para allá de modo que jamás sienta los pies (…) La ligereza de la que hablo consiste en correr derecho con mucha celeridad, y volverse, pararse o cambiar de dirección con una prontitud grande”.

Tres Romero en Madrid

En la sala de la plaza de toros dedicada a la historia de la Tauromaquia se encuentra este cartel de 1792, que anuncia funciones en las que intervienen los hermanos rondeños Pedro, José (Josef) y Antonio Romero en la plaza de Madrid. Ese año, dos meses después de estas funciones taurinas iba a cristalizar la Revolución Francesa iniciada en 1789 con el asalto a las Tullerías, la abolición de la monarquía y la proclamación de la Primera República en el vecino país. Europa entera experimentaba sacudidas de consecuencias históricas. En España, bajo el reinado de Carlos IV, por la dirección de los asuntos de Estado se suceden el conde de Floridablanca, el conde de Aranda y Manuel Godoy. Es también el año en el que se acuña por primera vez el dólar.

Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Retrato de Fernando de Valenzuela (I). El Caballero

En la Sala de la Real Maestranza se exhibe este retrato, óleo sobre lienzo del pintor Claudio Coello, fechado hacia 1660. Fernando de Valenzuela, I marqués de Villasierra, desciende por línea directa de Fernando de Valenzuela Baena, uno de los militares de Fernando el Católico que conquistaron Ronda en 1485, y que adquirió por ese motivo la prerrogativa de adquirir casa y tierras en la ciudad.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (X). Francisco Montes, Paquiro, el torero crucial (II)

Entonces tuvimos un espectáculo maravilloso: el de Montes capeando al toro. Querría poder explicarle, Madame, lo que es capear al toro; pero es cosa difícil de hacer comprender a quién no lo ha visto. Imagínese, Madame, un hombre sin más arma que un manto de seda, jugando con un animal furioso, haciéndolo pasar por su derecha, haciéndolo pasar por su izquierda, todo esto sin dar un solo paso, y viendo en cada pasada del toro cómo los cuernos rozan los adornos de plata de su chaleco. Es como para no entender nada, es como para creer en un encantamiento, en un amuleto, en un talismán”.

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