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· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 22nd October 2026 03:10

Toreros históricos

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Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIII). José Redondo el Chiclanero, el torero “reondo” (II)

Perdices rellenas de sus menudillos, anchoas y tocino. Una de las faenas cumbres del Chiclanero es una receta que recibe el nombre de “perdices a lo torero”, que ha quedado registrada para la historia (gastronómica). En un artículo de la revista El Campo de 1877 y reproducida en varios libros sobre la comida española, se cuenta la historia de un viajero francés que se encontraba cazando por Sierra Nevada y coincidió en una venta con Redondo y su cuadrilla camino de una corrida en Granada. La oferta culinaria del establecimiento era escasa, como era habitual, de modo que el francés puso sobre la mesa unas perdices que había cobrado. La cuadrilla entera se puso a pelarlas, y Redondo pidió que le dejaran prepararlas. No es el único plato que dejó para la posteridad, como los huevos chiclaneros. En su “Guía del buen comer español” de 1929, Dionisio Pérez lo describe como “practicante afortunado del fogón y un manejador hábil de peroles y sartenes”.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XII). José Redondo el Chiclanero, el torero “reondo” (I)

Francisco Montes dejó como herencia la arquitectura de una tauromaquia cimentada en una lidia disciplinada, que al contrario de lo que se podría suponer permitía y favorecía la expresión personal. En una estructura ordenada es posible distinguir a los diferentes mejor que en el caos. Fue la suya una escuela ecléctica, que mezclaba suertes antiguas y modernas, superando las diferencias entre la sevillana y la rondeña. Detrás de él se abrió el camino para los llamados toreros “redondos” o completos, que vivieron y desarrollaron sus carreras en un país tensionado por las alborotadas circunstancias políticas del siglo XIX español y el largo conflicto dinástico entre isabelinos y carlistas que desembocó en un cruento enfrentamiento bélico.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XI). Francisco Montes, Paquiro, el torero crucial (III)

Cuando Alejandro Dumas lo disfruta como espectador en los festejos reales de 1846 en la Plaza Mayor de Madrid, la decadencia física de Paquiro ya había comenzado. Aquella ligereza de la que habla en su Tauromaquia como condición indispensable de un torero, junto al valor y al conocimiento, se iba perdiendo inexorablemente: “no se crea que la ligereza del torero consiste en estar siempre moviéndose de acá para allá de modo que jamás sienta los pies (…) La ligereza de la que hablo consiste en correr derecho con mucha celeridad, y volverse, pararse o cambiar de dirección con una prontitud grande”.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (X). Francisco Montes, Paquiro, el torero crucial (II)

Entonces tuvimos un espectáculo maravilloso: el de Montes capeando al toro. Querría poder explicarle, Madame, lo que es capear al toro; pero es cosa difícil de hacer comprender a quién no lo ha visto. Imagínese, Madame, un hombre sin más arma que un manto de seda, jugando con un animal furioso, haciéndolo pasar por su derecha, haciéndolo pasar por su izquierda, todo esto sin dar un solo paso, y viendo en cada pasada del toro cómo los cuernos rozan los adornos de plata de su chaleco. Es como para no entender nada, es como para creer en un encantamiento, en un amuleto, en un talismán”.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (IX). Francisco Montes, Paquiro, el torero crucial (I)

Se entiende por crucial una situación o elemento determinante, que traza la frontera entre un antes y un después en cualquier disciplina de la actividad humana, y la figura de Francisco de Paula José Joaquín Juan Montes Reina Paquiro, nacido en la gaditana Chiclana de la Frontera en 1805, lo fue y así se sigue considerando para la historia de la Tauromaquia.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (VIII). Juan Jiménez “El Morenillo”, el torero ambidiestro

Torero formado, como otros primeros espadas de su época, a la sombra del gentil Curro Guillén que perdería la vida en la arena de Ronda. Sobre la fecha de nacimiento de Juan Jiménez discrepan los historiadores con una diferencia de diez años, aunque los estudios más recientes dan por válida la de 1783 en Sevilla. Ese año, en la recta final del reinado de Carlos III, se firmaba la Paz de Versalles que reconocía la independencia de Estados Unidos.

Toreros históricos en la Plaza de Ronda (VII). Juan Pastor, “el Barbero”, el torero disoluto

Historiadores taurinos del siglo XIX (Velázquez y Sánchez, Neira) justifican la inclusión de la biografía de Juan Pastor en sus obras, más que por sus cualidades como torero, por ser un prototipo de la época, ejemplar de vida disipada. Buen mozo, de elevada estatura, pálido y fachendoso, buscado por cantaores por su prodigalidad, habitual de ruidosas fiestas, con desenfrenos de orgía, por sus hembras de rumbo, bailarinas de vito, jaleos jerezanos, boleros, zorongos, seguidillas o fandangos que paseaba en las grupas de sus caballos, que mejores no los había; por su lenguaje rudo y libre, por su ostentosa marchosería y porque nadie vestía de majo con más riqueza y gusto, figurín sevillano en corte y accesorios de chupas y jerezanas, marselleses, zamarras, fajas, botonería y hechura de calañeses.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (VI). Jerónimo José Cándido, “el cuñado de Pedro Romero”

Jerónimo José Cándido, “el cuñado de Pedro Romero”. Personalidad taurina de notable relieve, contó siempre con el respeto de compañeros de profesión y aficionados como maestro reconocido. “Hombre más de trapo que de espada”, gran conocedor de toda clase de reses y de la lidia más conveniente a cada una, en la que mezclaba con gran pericia la sobriedad rondeña con los adornos que viera en el sevillano Pepe Hillo, ejerciendo notable influencia en la generación posterior, una dolencia reumática en la cúspide de su carrera condicionó su trayectoria.

El ocaso de los varilargueros

Un antiguo cartel de escaparate conservado en el Archivo de la Real Maestranza anuncia corridas de 1793 en Sevilla y sirve de punto de partida para repasar el ocaso de los varilargueros en la historia de la tauromaquia.

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