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· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 8th September 2026 21:12

Plaza de Toros de Ronda

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Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XVIII): Manuel Domínguez Desperdicios, el torero aventurero (II)

Cuando la fragata “Amalia” llega a Cádiz en mayo de 1852, al regreso de sus correrías sudamericanas, Manuel Domínguez tiene 36 años. Ha pasado dieciséis fuera de su país, y en ese tiempo bajo el reinado de Isabel II se han sucedido treinta y dos gobiernos en una frenética secuencia de alternancias y pronunciamientos. Dominguez, ajeno a estos vaivenes, comprueba que casi nadie se acuerda de él. Incluso le llaman “el americano”. Está decidido a recuperar su profesión, y para encontrar algún apoyo visita a un antiguo alumno de la Escuela de Tauromaquia como él, Francisco Arjona Herrera Cúchares, que en ese momento está instalado en lo alto del escalafón junto a José Redondo el Chiclanero, cumbre que había dejado vacía la muerte de Antonio Montes el año anterior. Su compañero de la adolescencia lo recibe con suma frialdad, no se le había olvidado que el reaparecido había acabado mal con Juan León, el que fuera su protector y maestro. Le dice, con algo que se puede entender como menosprecio, que se busque la vida en plazas de pueblo. Pocos años después compartiría cartel, e incluso Dominguez le daría la alternativa al hijo de Cúchares.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XVII): Manuel Domínguez Desperdicios, el torero aventurero (I)

Manuel Domínguez Desperdiciosvino al mundo en 1816 en la población sevillana de Gelves, a orillas del Guadalquivir.  De modesta procedencia, huérfano de padre a los tres años, el hermano de su madre se hizo cargo de la familia; capellán de las religiosas de la Paz, procuró a Manuel una educación esmerada en sus primeros años como estudiante de segunda enseñanza en la Universidad de Sevilla. Fallecido su tío cuando tenía doce, les dejó en herencia una pequeña finca, y para salir adelante la madre entendió que era conveniente que su hijo se dedicara al oficio de sombrerero, vinculado a la profesión taurina por el clan formado por los toreros Antonio y Luis Ruiz, que llevarían su oficio como alias.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XVI): Juan Martín la Santera

Durante uno de los festejos de la feria de mayo de 1864 salió a la arena de Ronda el toro más bravo que se haya lidiado en la historia de la plaza. Marismeño, de la ganadería de doña Dolores Monge, que tomó cincuenta y una varas y mató once caballos, proeza que no ha sido superada en este coso. El diestro que se enfrentó a tan formidable animal fue el sevillano Juan Martín la Santera, de 54 años, que se retiraría de los ruedos dos temporadas después. No era la primera vez que actuaba en Ronda.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XV). Curro Cúchares, el verso suelto (II)

Preguntado Montes sobre quién era mejor, Redondo o Cúchares, respondió: “Como torero, Redondo; como matador de toros, Cúchares. Cúchares sabe lo que José ni yo hemos llegado a saber”. Frente al toreo sereno, reposado y de clase de su gran rival, el garboso Chiclanero, Arjona oponía una viveza y una alegría repleta de recursos, sacando partido al uso de la muleta como no se había visto antes. El que fuera jovencito “mañoso” e intuitivo se complacía en exhibir su conocimiento de las intenciones de las reses y se adornaba siempre con floreos muy alejados de la doctrina que le habían impartido sus rondeños profesores. En este sentido, el que lo había apadrinado, Juan León, lamentaba que sus sobresalientes cualidades derivaran en modos que desprestigiaban la profesión: “En lugar de darse la importancia que puede y debe como espada y como torero, juguetea con los bichos de trapío y pujanza, haciendo creer que son chotos (…) Por ese hombre ni pasa el tiempo ni roza la experiencia, y siempre es Currito, queriendo torear reses por diversión, y de todos modos y en todas partes”.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIV). Curro Cúchares, el verso suelto (I)

Si se puede decir de alguien que su destino está escrito desde antes de nacer, el caso de Cúchares parece confirmarlo. Sangre torera de cuatro generaciones de familiares de mayor o menor éxito circulaba por sus venas, emparentado con figuras como Costillares y Curro Guillén, hermano de su madre, aquel que terminaría su vida en la arena de Ronda en 1820.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIII). José Redondo el Chiclanero, el torero “reondo” (II)

Perdices rellenas de sus menudillos, anchoas y tocino. Una de las faenas cumbres del Chiclanero es una receta que recibe el nombre de “perdices a lo torero”, que ha quedado registrada para la historia (gastronómica). En un artículo de la revista El Campo de 1877 y reproducida en varios libros sobre la comida española, se cuenta la historia de un viajero francés que se encontraba cazando por Sierra Nevada y coincidió en una venta con Redondo y su cuadrilla camino de una corrida en Granada. La oferta culinaria del establecimiento era escasa, como era habitual, de modo que el francés puso sobre la mesa unas perdices que había cobrado. La cuadrilla entera se puso a pelarlas, y Redondo pidió que le dejaran prepararlas. No es el único plato que dejó para la posteridad, como los huevos chiclaneros. En su “Guía del buen comer español” de 1929, Dionisio Pérez lo describe como “practicante afortunado del fogón y un manejador hábil de peroles y sartenes”.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XII). José Redondo el Chiclanero, el torero “reondo” (I)

Francisco Montes dejó como herencia la arquitectura de una tauromaquia cimentada en una lidia disciplinada, que al contrario de lo que se podría suponer permitía y favorecía la expresión personal. En una estructura ordenada es posible distinguir a los diferentes mejor que en el caos. Fue la suya una escuela ecléctica, que mezclaba suertes antiguas y modernas, superando las diferencias entre la sevillana y la rondeña. Detrás de él se abrió el camino para los llamados toreros “redondos” o completos, que vivieron y desarrollaron sus carreras en un país tensionado por las alborotadas circunstancias políticas del siglo XIX español y el largo conflicto dinástico entre isabelinos y carlistas que desembocó en un cruento enfrentamiento bélico.

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XI). Francisco Montes, Paquiro, el torero crucial (III)

Cuando Alejandro Dumas lo disfruta como espectador en los festejos reales de 1846 en la Plaza Mayor de Madrid, la decadencia física de Paquiro ya había comenzado. Aquella ligereza de la que habla en su Tauromaquia como condición indispensable de un torero, junto al valor y al conocimiento, se iba perdiendo inexorablemente: “no se crea que la ligereza del torero consiste en estar siempre moviéndose de acá para allá de modo que jamás sienta los pies (…) La ligereza de la que hablo consiste en correr derecho con mucha celeridad, y volverse, pararse o cambiar de dirección con una prontitud grande”.

Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Retrato de Fernando de Valenzuela (II). El pintor

Claudio Coello es el autor del retrato de Fernando de Valenzuela que se exhibe en la galería de cuadros de la Sala de la Real Maestranza. Se trata de uno de los máximos representantes del barroco español que se aglutina en la llamada escuela madrileña, durante los reinados de Felipe IV y Carlos II, el Siglo de Oro de la pintura española. Se caracteriza porque su producción artística está vinculada a la Corte, destinada a una clientela formada por la nobleza y la realeza, que se manifiesta fundamentalmente en obras de temática religiosa y retratos.

Francisco de Goya en la colección de carteles de la goyesca

Una obra de Francisco de Goya fue el motivo escogido por la Real Maestranza para ilustrar el cartel de la LVII Tradicional Corrida Goyesca y Feria de Pedro Romero de 2013. La tarde del 7 de septiembre estuvo protagonizada por un único diestro, Morante de la Puebla, frente a seis toros de Juan Pedro Domecq.

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