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EL BLOG

· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 27 de enero de 2023

Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXX). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (I)

Su primer protector fue el gran Jerónimo José Cándido, cuñado de Pedro Romero. Personalidad del mundo taurino que se involucró en el convulso período de enfrentamientos fraticidas entre liberales y realistas que marcarían el siglo más revuelto de la historia contemporánea de España, en paralelo a la evolución de la fiesta de los toros, que se mantenía inalterable en medio de los conflictos.

Su primer protector fue el gran Jerónimo José Cándido, cuñado de Pedro Romero. Personalidad del mundo taurino que se involucró en el convulso período de enfrentamientos fraticidas entre liberales y realistas que marcarían el siglo más revuelto de la historia contemporánea de España, en paralelo a la evolución de la fiesta de los toros, que se mantenía inalterable en medio de los conflictos.

Vino al mundo en Madrid, año 1799. Hijo de empleados domésticos de la Casa Real que no le pudieron dedicar la necesaria atención debido a sus ocupaciones, el chico creció sin mucha vigilancia familiar y no pasó de la enseñanza más elemental, más aún en una ciudad invadida por los franceses. Su primer referente fue su hermano mayor, Juan, banderillero de cierto renombre que actuaba con los mejores de su época en la plaza de Madrid. Fue el que despertó su afición y de quien recibió las primeras lecciones, llevándoselo a vivir con él. Empapándose del ambiente profesional y por su mediación comenzó a frecuentar el matadero, donde Cándido, que mantenía allí una escuela de tauromaquia, se quedó prendado de sus cualidades, invitándolo a que lo acompañara en su cuadrilla a plazas de la provincia.

Roque Miranda, por Fernando Miranda. “Historia del toreo y de las principales ganaderías de España” de Fernando García de Bedoya (Madrid, 1850). Biblioteca-RMR

Entre sus biógrafos hay disparidad de fechas sobre sus primeras actuaciones en Madrid, un tanto peregrinas. Constan un par de becerradas juveniles, una participación en 1817 en una “función ecuestre y de equilibrios” para celebrar el primer parto de la infortunada reina Isabel de Braganza (su hija no superaría los cuatro meses y ella misma moriría un año después en otro parto fallido), en una mojiganga en la que aparecía vestido de indio y en un espectáculo extraño, en el que picó, banderilleó y estoqueó a un toro enano. Mientras tanto, con Cándido ya lo hacía como media espada en plazas de pueblos, incluso formó cuadrilla propia acompañado de su hermano y ganaba popularidad y simpatías por su carácter abierto y requebrador, hasta que coincidiendo con la muerte de Curro Guillén en Ronda, consigue cumplir su sueño de entrar en la plaza de Madrid en 1820.

Aquí su biografía se bifurca y discurre circunstancialmente por otros derroteros, aun manteniendo su profesión. Asiduo parroquiano de La Fontana de Oro de la carrera de San Jerónimo, a la que Benito Pérez Galdós dedica su primera novela, antigua posada convertida en mentidero de artistas, intelectuales liberales y masones donde desgranaba su oratoria el político y escritor Antonio Alcalá Galiano, ese año se produce el alzamiento de Riego proclamando la constitución de 1812 que obligaría a Fernando VII a aceptarla, inaugurando el llamado trienio liberal.

Miranda, liberal entusiasta, se hace miembro de la facción más radical, la sociedad secreta de los caballeros comuneros, e ingresa en la milicia ciudadana formando parte del escuadrón de caballería en el que alcanza el rango de sargento. Estas actividades le distraen algo de su profesión, como en 1822, cuando tiene que combatir junto a las fuerzas constitucionales que reprimen la sublevación de la Guardia Real, persiguiéndolos hasta Aranjuez. En ese asalto fallecería su otro hermano, Fermín, maestro de música, granadero de la milicia nacional. A pesar de todo, en 1823 actúa numerosas veces en la arena madrileña, consolidado ya con contrato como sobresaliente, pero la insurrección realista en distintas zonas del país encuentra ese año el apoyo de las monarquías europeas de Prusia, Rusia, Austria y Francia, reunidas en la Santa Alianza, que deciden intervenir en España. Un ejército francés al mando del duque de Angulema, el llamado popularmente los Cien Mil Hijos de San Luis (eran cerca de 96.000 en realidad) penetra en territorio español para restaurar el régimen absolutista.

El empuje de la fuerza invasora se aprovecha de las debilidades de las divididas fuerzas liberales y el gobierno se traslada a Sevilla llevándose a Fernando VII. Miranda forma parte de la escolta de custodia del rey. Se cuenta que durante el tiempo que permanecen las Cortes en Sevilla, acude a una corrida de ocho toros en la Maestranza para Lorenzo Baden, torero del que se tienen pocos y confusos datos, el bravo Juan León y Manuel Lucas Blanco. Su nombre ya era conocido en Sevilla, y al reconocerlo el público entre los asistentes le reclaman que mate un toro. Se niega en principio, pero finalmente accede ante la petición del presidente, temeroso de que la cosa derive en tumulto. Así que, vestido con el uniforme de sargento, se despoja del chacó y de la guerrera y salta al ruedo para enfrentarse al cuarto toro, al que banderillea, trastea brevemente y acaba con un soberbio volapié, una de sus especialidades. No se enseñorea en el ruedo y vuelve a su asiento, desde donde agradece la ovación.

Tardaría un tiempo antes de volver a torear. Ante la llegada inminente del ejército del duque de Angulema, la comitiva gubernamental decide retirarse a Cádiz llevándose al rey, dejando atrás una ciudad envuelta en desmanes y saqueos de los partidarios realistas. Juan León, otro torero significado como liberal, va con ellos junto a Miranda, para soportar allí el asedio al que serían sometidos por los franceses.

Bibliografía

J. M. Cossío. Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.

Velázquez y Sánchez. Anales del toreo. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.

J. Sánchez de Neira. El Toreo. Gran diccionario tauromáquico. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).

N. Rivas Santiago. Toreros del romanticismo (anecdotario taurino), pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).

Nestor Luján. Historia del toreo. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.