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Ronda, 20 de octubre de 2026
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Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XL). Ángel Pastor, el torero que tocaba el piano

«Nacido en Ocaña en 1850 y criado entre toreros en la fonda familiar de Aranjuez, Ángel Pastor recibió la alternativa de manos de Lagartijo en Madrid el 22 de octubre de 1876. Fino y elegante con el capote, figuró durante dos décadas en los mejores carteles junto a Lagartijo y Frascuelo, que lo tuvieron siempre en alta estima. Toreó veintisiete corridas en la plaza Pergolesse de París y se retiró en 1893 a Aranjuez, donde abrió el célebre Gran Hotel Pastor en el antiguo palacio de Godoy. Murió el 7 de abril de 1900 a consecuencia de las heridas de un accidente de carruaje»

En 1851 se inauguró la primera línea de ferrocarril en España. Era el tren de Isabel II, servicio destinado para que la reina y la corte se pudieran trasladar desde Madrid al Real Sitio de Aranjuez. Este acontecimiento cambiaría la vida de una familia de Ocaña, histórico nudo de comunicaciones donde abundaban mesones y posadas, y que regentaba uno de esos establecimientos. Decidieron trasladarse a Aranjuez para montar allí su negocio en 1853.

Iba con ellos uno de sus hijos, Ángel Pastor, nacido un año antes de la inauguración de la línea férrea. La nueva fonda prosperó y se convirtió en punto de reunión de toreros y aficionados amigos de su padre, lo que despertó la curiosidad del niño. Escuchaba las charlas rememorando las hazañas de Montes, de León y el Chiclanero, y los toreros que por allí pasaban deslumbraban al chico con su porte y su aura de héroes del pueblo, lo sentaban en sus rodillas y le hablaban de sus bizarrías.

Los padres trataron de alejarlo de esas preocupantes influencias. Al gozar de buena posición económica, podían sufragar los gastos de una educación esmerada, y tenían destinada para él una carrera que le garantizara un futuro provechoso. El joven cumplió la primera enseñanza, pero se resistió a los estudios superiores y hubo que acomodarlo en un oficio. Fue así que lo colocaron de cajista en la histórica imprenta de Pedro Montero en la plaza del Carmen de Madrid. Si la aspiración de ser torero por encima de cualquier profesión había germinado desde su tierna infancia, caer en el establecimiento donde se imprimían los carteles de toros, tema que monopolizaba casi todas las conversaciones, fue determinante. La suerte estaba echada.

Retrato de Ángel Pastor, torero del siglo XIX, en cromolitografía de la revista La Lidia (1889)

Retrato de Ángel Pastor. Ilustración de Daniel Perea. Cromolitografía de R. Esteban. Revista La Lidia, 22 de julio de 1889. Biblioteca de la Real Maestranza de Caballería de Ronda

La plaza de becerros de los Campos Elíseos, en funcionamiento desde 1860 y situada en lo que hoy es el barrio de Salamanca, servía de entrenamiento y diversión para aspirantes y aficionados. Ángel Pastor comenzó a frecuentarla y a progresar, hasta el punto de atreverse a banderillear en pueblos y en alguna novillada en la capital. Aunque en 1871 figura ya en la cuadrilla de Cayetano Sanz, se sabe también que participó en una mojiganga en la plaza de Madrid titulada «El doctor y el enfermo». Estas representaciones, cuyo origen teatral se remonta al Siglo de Oro, ponía en escena a una serie de personajes frente a toretes y novillos embolados. En esta ocasión el enfermo era Ángel Pastor, encargado de banderillear después de que la res fuera picada con borricos.

El madrileño Cayetano Sanz fue su maestro y, al ser contratado al año siguiente para la temporada en Madrid, Pastor debuta desde la primera corrida como banderillero y figurando como sobresaliente de espada. En años siguientes alterna en la formación del sevillano José Machío e interviene en varias corridas con Lagartijo y Frascuelo, o a las órdenes de otros toreros, así como en la corrida inaugural de la nueva plaza madrileña en 1874 de la carretera de Aragón. Frascuelo lo lleva consigo dos temporadas y decide que está apto para la alternativa después de cederle varios toros en distintas plazas de provincias. Para completar la tarde el aspirante se desplaza a Córdoba para pedirle permiso a Lagartijo, como primer espada de esa temporada, y solicitarle que le cediera los trastos.

El 22 de octubre de 1876, con traje morado y plata, en corrida con Lagartijo, Frascuelo y Chicorro, recibió el estoque y la muleta del califa cordobés y se hizo cargo del toro Madroño del marqués del Saltillo, «azoradillo y descompuesto por la emoción», según su biógrafo Bachiller González de Ribera, que reproduce el juicio que mereció en la revista El Toreo: «El nuevo matador, aunque estuvo bastante aturdido, no dejó de dar a conocer que tiene inteligencia y que sabe una cosa esencial y no muy común en estos tiempos, manejar la capa y la muleta. Esto es muy principal para ser torero, pero no basta sin la decisión y el arrojo, y de esto no se halla muy sobrado. Es preciso que confíe más en sus conocimientos para que llegue a ser un buen espada».

Al parecer, este es el retrato fiel de lo que fue su trayectoria. De Cayetano Sanz se había empapado de su elegancia, del que se cuenta que fue de los primeros en ligar los pases, y también heredó sus deficiencias con el acero. Pastor fue, a tenor de los testimonios directos, fino y artista, con aplomo y mucha soltura con los percales, pero indeciso en la suerte suprema, estropeando muchas grandes faenas por ese motivo. Sin embargo, cuando acertaba solía cosechar resonados triunfos (en 1878 en Barcelona le regalaron un toro). A pesar de sus irregularidades, siempre figuró en los mejores carteles con las figuras de una época dominada por Lagartijo y Frascuelo, que lo tuvieron siempre en alta estima. Cuando Frascuelo se cortó la coleta, se la brindó a los dos toreros a quienes más apreció, según confesión propia, Guerrita y Ángel Pastor. Dos cogidas graves sufrió; con Enanito, un miura en junio de 1878 en Burgos, y el 10 de abril de 1882 la más grave con Capirote, de la ganadería de Concha Sierra, que despertó una oleada de preocupación de toda la sociedad por el estado de salud del diestro, incluido el mismo rey. La cabeza del toro fue solicitada por el ganadero y otras personalidades, pero al final fue entregada a Alfonso XII, que estaba interesado en tenerla.

Cogida de Ángel Pastor por un toro en la plaza, cromolitografía de la revista La Lidia (1882)

Cogida de Ángel Pastor. Ilustración de Giménez. Cromolitografía de J. Palacios. Revista La Lidia, 24 de abril de 1882. Biblioteca de la Real Maestranza de Caballería de Ronda

Cabe destacar que fue torero predilecto de la plaza Pergolesse de París, construida para la Exposición Universal de 1889 en el Bois de Boulogne y financiada mayormente por ganaderos españoles, donde toreó veintisiete corridas. Participó en la ceremonia de su inauguración junto a Currito, Felipe García y Frascuelo. Allí sufrió un revolcón de un toro embolado que le lastimó un pie, lesión de la que nunca pudo curarse del todo. En 1891 salió ileso de un terrible accidente del tren expreso de San Sebastián a la altura de Quintanilleja, rescatando heridos y prestando primeros auxilios, acción por la que se le concedió la Cruz de Beneficencia. Siguió toreando hasta 1893, y a partir de esa fecha se puede certificar el final de su vida taurina, ya que no se tienen referencias de ninguna actuación posterior.

Es particularmente llamativo que las carreras de los toreros de esa época no se alteraran por la sempiterna inestabilidad política del siglo XIX español. Fuera cual fuera la situación, las corridas de toros no se interrumpían. Los comienzos de Pastor coincidieron con el final del reinado de Isabel II, la tercera guerra carlista, la Primera República y la restauración borbónica con la subida al trono de Alfonso XII, todo en brevísimo plazo de tiempo, y hasta el final de su vida fue testigo de innumerables cambios en la presidencia del gobierno.

Se retiró a Aranjuez, a cultivar sus aficiones, entre ellas la lectura y la música clásica. Viajaba con frecuencia al extranjero, hablaba francés con fluidez y tocaba el piano con estilo, capaz de interpretar piezas de Schubert y de otros compositores. Alabado por su buena educación y cuidadoso con su porte. «No ha habido torero que se haya vestido de luces con tanta elegancia ni gusto tan fino. En París llamaron la atención sus trajes de torear», cuenta González de Ribera. Entre los de su profesión nunca encontró enemistades, y se mostró dispuesto a colaborar en fines benéficos cada vez que tuvo ocasión, como durante la epidemia de cólera morbo asiático de 1885 de España con particular incidencia en Aranjuez.

El 25 de febrero de 1897 volvía de caza en un carruaje junto a su sobrina cuando la jaca se desbocó, volcando el coche. Pastor resultó con un brazo roto por varias partes; en principio se pensó en la amputación, pero por no dejarle inválido para su profesión, a la que al parecer quería volver, «más bien por afición que por necesidad», los facultativos se esforzaron en distintas operaciones durante los tres años siguientes, que se complicaron hasta provocar su muerte el 7 de abril de 1900, cuando aún no había cumplido los cincuenta años. Su entierro fue multitudinario, con honores del regimiento de Húsares de la Princesa, presentes en Aranjuez, donde él y su familia gozaban de la estimación general.

Un año antes de morir había abierto un establecimiento hotelero adquiriendo el antiguo palacio de Godoy, que fuera asaltado durante el motín de 1808, propiedad que fuera del infante Francisco de Paula Borbón. Rodeado de frondosos jardines, el Gran Hotel Pastor, que a su temprana muerte regentó su viuda, tenía cien habitaciones amuebladas y un gran salón de baile, en sus mesas se servían los mejores vinos nacionales y extranjeros, se hizo famoso por su confort y buen gusto y se convirtió en centro de encuentro de políticos, artistas e intelectuales, como el homenaje a Azorín organizado por Ortega y Gasset en 1913 con asistencia de los componentes de la Generación del 14. Se mantuvo hasta la guerra civil, y aunque después los herederos del torero recuperaron la propiedad, nunca volvió a abrir sus puertas. El edificio fue vendido en 1953 a una congregación religiosa para servir de colegio.

Bibliografía

Bachiller González de Ribera. Angel Pastor. Biblioteca Sol y Sombra, volumen XVI. Madrid, 1910.

J. M. Cossío. Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.

J. Sánchez de Neira. El Toreo. Gran diccionario tauromáquico. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).

Miguel Moliné y Roca. Cháchara taurina. Colección de anécdotas… Editorial Ibero Americana. Barcelona, 191.

Leopoldo Vázquez y Rodríguez. Efemérides taurinas. Imprenta de la Correspondencia de España. Madrid, 1880.

Anónimo (un aficionado). Historia de la plaza de toros de Madrid.  Imprenta y Librería de Eduardo Martínez. Madrid, 1883.

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