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EL BLOG

· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 24 de enero de 2023

Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Retrato de Fernando de Valenzuela (I). El Caballero

En la Sala de la Real Maestranza se exhibe este retrato, óleo sobre lienzo del pintor Claudio Coello, fechado hacia 1660. Fernando de Valenzuela, I marqués de Villasierra, desciende por línea directa de Fernando de Valenzuela Baena, uno de los militares de Fernando el Católico que conquistaron Ronda en 1485, y que adquirió por ese motivo la prerrogativa de adquirir casa y tierras en la ciudad.

En la Sala de la Real Maestranza se exhibe este retrato, óleo sobre lienzo del pintor Claudio Coello, fechado hacia 1660. Fernando de Valenzuela, I marqués de Villasierra, desciende por línea directa de Fernando de Valenzuela Baena, uno de los militares de Fernando el Católico que conquistaron Ronda en 1485, y que adquirió por ese motivo la prerrogativa de adquirir casa y tierras en la ciudad.

Siglo y medio más tarde la familia se aleja de Ronda. El padre del protagonista de este retrato, Francisco de Valenzuela, se instala en la ciudad italiana de Santa Ágata, localidad de la Campania que tiene por capital Nápoles. Allí contrae matrimonio con Leonor de Enciso, que dará a luz en 1636 a su único hijo, Fernando. Huérfano a muy temprana edad, entró a los dieciséis años como paje al servicio del duque del Infantado, embajador en Roma y virrey de Sicilia. Cuando el duque retornó a España, Fernando permaneció en Italia con vocación de seguir la carrera militar en Nápoles, sin éxito, antes de marchar a Madrid donde ya se había instalado su madre.

Retrato de Fernando de Valenzuela. Claudio Coello (siglo XVII). Colección de la Real Maestranza de Caballería de Ronda

Fue uno de los validos o favoritos que acumularon poder con los llamados Austrias menores, monarcas a los que fatigaban los asuntos políticos y relegaban su representación en personas de su confianza. Su carrera en la Corte se vio impulsada al contraer matrimonio en 1661 con María Ambrosia de Ucedo, camarera de la reina Mariana de Austria, con acceso directo a los monarcas. Por esa fecha se realizó el retrato en cuestión.

Ganó confianza con la familia real en los últimos años de Felipe IV, y a la muerte del monarca la reina se confió en él aún más durante su regencia hasta la mayoría de edad de Carlos II. Lo llamaron el Duende de Palacio, con entrada libre en las habitaciones regias. Le fueron otorgadas diversas mercedes, como el hábito de la orden de Santiago, introductor de embajadores, el puesto de caballerizo mayor o alcalde del castillo, montes y bosques de El Pardo, cargo desde el que organizó numerosas diversiones para los reyes, comedias, jornadas de caza o corridas de toros, sin reparar en gastos. También fue embajador en la República de Venecia y capitán general del Reino de Granada alojándose en la Alhambra.

Con la mayoría de Carlos II, su carrera política fue en continuo ascenso, ante la desconfianza y rivalidad manifiesta de los grandes nobles, agrupados en torno a la figura de Juan de Austria, hermano bastardo del Rey, que había conseguido que se desterrara al anterior hombre fuerte de la Corona, el jesuita austriaco y confesor de la reina Juan Everado Nithard. Trasladada la corte a El Escorial, Valenzuela siguió organizando fiestas y diversiones e interviniendo cada vez más en asuntos de Estado, mercadeando con títulos y cargos públicos. Él mismo había presentado el memorial de su nombramiento como marqués de Villasierra. Carlos II le otorgó grandeza de España en compensación por herirle de un disparo en otra jornada cinegética.

En un contexto de crisis internas (sequías, peste, agotamiento de recursos, desorden administrativo) y compleja política exterior (independencia de Portugal, el poder del Rey Sol, la decadencia del Imperio), cuando el Rey ordenó que los presidentes de todos los Consejos, salvo el de Castilla, despachara los asuntos con Valenzuela, lo que equivalía de facto a tener funciones de Primer Ministro, la reacción de los grandes nobles no se hizo esperar; Juan de Austria encabezó una insurrección militar que llevó a los consejos de Estado y de Castilla a dictaminar que Valenzuela fuera apresado. Fue el final político de esa figura cortesana, sustituida luego por primeros ministros.

Refugiado en el Monasterio de El Escorial, una fuerza comandada por el hijo del duque de Alba y por el duque de Medina Sidonia consiguió capturarle por la fuerza a finales de 1676. Acusado de amasar una gran fortuna, ya sin la protección del Rey y alejada la reina madre por imposición de la liga nobiliaria, fueron declaradas nulas todas las mercedes adquiridas. Al ser detenido en lugar sagrado, se produjo un conflicto de justicias entre la ordinaria, que solicitaba su pena de muerte, y la eclesiástica. Finalmente fue la Iglesia la encargada de resolver el pleito, que concluyó en una orden de destierro. Trasladado a Cádiz, embarcó en dirección a Veracruz para después de un largo viaje llegar a Filipinas para pasar diez años en presidio en condiciones penosas.

Cumplida su pena llegó a Ciudad de México en 1690, desde donde escribió al Rey solicitando permiso para volver a España, pero el destino le tenía reservada otra suerte. La coz de un caballo acabó con su vida el 7 de enero de 1692.

Bibliografía

H. Kamen. La España de Carlos II. Barcelona, Crítica, 1981.

F. Tomás y Valiente. Los validos en la monarquía española del siglo XVII. Madrid, Siglo Veintiuno, 1990.

J. A. Escudero. El destierro de un Primer Ministro: notas sobre la expulsión de Valenzuela a Filipinas. En: Administración y Estado en la España Moderna. Valladolid, Junta de Castilla y León, 2002.