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· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 4 de marzo de 2026
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Préstamo del vestido goyesco de la Duquesa de Alba para la exposición «Cayetana. Grande de España»

«La Real Maestranza de Ronda presta a la Fundación Casa de Alba el vestido de Presidenta de Damas Goyescas de Cayetana Fitz-James Stuart (1974), donado a la institución, para la exposición «Cayetana. Grande de España» en Las Dueñas (marzo–agosto 2026).»

La Real Maestranza de Caballería de Ronda colabora con la Fundación Casa de Alba con el préstamo temporal del vestido de Presidenta de Damas Goyescas de Cayetana Fitz-James Stuart, Duquesa de Alba, del año 1974. La pieza, donada por la Duquesa a la institución, viaja a Sevilla para integrarse en la exposición temporal «Cayetana. Grande de España», organizada en el Palacio de Las Dueñas entre principios de marzo y finales de agosto de 2026.

La muestra, estructurada en cinco secciones, reunirá más de 200 piezas —obras artísticas, documentos, fotografías, objetos personales y alta costura— con el objetivo de recorrer su biografía y su proyección cultural.

Escaparate goyesco en la Sala de la Tauromaquia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Imagen: Pepe Morón


El vestido fue obra del diseñador sevillano Tony Benítez, modista con una trayectoria consolidada en la moda española. Aunque trabajó durante unos años como practicante, orientó su carrera desde joven hacia la costura, ámbito al que se dedicó plenamente desde los 24 años. Comenzó vendiendo botones y, tras años de trabajo, llegó a convertirse en modista de la Casa Real española durante cerca de tres décadas. A lo largo de su carrera vistió a figuras como Lola Flores, Rocío Jurado y la propia Duquesa de Alba, y realizó además numerosos diseños para la boda de la infanta Elena en Sevilla.

El vestido, una prenda goyesca en azul y azabache, con pasamanería y ornamentos característicos, forma parte de la colección permanente de la Sala de la Tauromaquia, en el escaparate dedicado a la Tradicional Corrida Goyesca, junto a otras piezas vinculadas a esta cita: los vestidos goyescos de Antonio Ordóñez, Paquirri, Francisco Rivera Ordóñez y José Antonio Morante de la Puebla, el vestido de Presidenta de Soledad Becerril, un tapiz de José Caballero y un cartel de Joaquín Peinado. La prenda se confeccionó en 1974, año en que la Duquesa fue designada Presidenta de las Damas Goyescas de la Feria de Pedro Romero.

Los trajes de goyesca forman parte de la imagen festiva de la corrida, pero su origen cultural es anterior: remiten a la estética popular del Madrid del siglo XVIII fijada en la obra de Francisco de Goya. La Duquesa de Alba conocía bien esa tradición, como refleja la fotografía conservada en nuestro archivo: para la ocasión lució un vestido azul con apliques de azabache y madroñera, completado con una gargantilla de perlas y una medalla prendida al pecho.

El cartel de la corrida goyesca, celebrada el 10 de septiembre de 1974, reunió a Antonio Ordóñez, Paquirri y Niño de la Capea, con reses de Herederos de Carlos Núñez. Aquella feria sumó varios hitos: la presidencia de la Duquesa de Alba, la segunda corrida de Paquirri en Ronda junto a Antonio Ordóñez, y la inauguración del nuevo recinto ferial (en la Avenida de Málaga, junto al campo de fútbol), que formó parte del ambiente general de la ciudad en esas fechas.

Cayetana Fitz-James Stuart, Duquesa de Alba, junto a otras Damas Goyescas. 1974. Archivo Fotográfico de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, Fondo Aguilera (Af_Prv_Agu C47-n17).

El periodista del periódico SUR, Francisco Cortés Jaén, recogió en su crónica lo siguiente (miércoles 11 de septiembre): «La Corrida Goyesca de Ronda es diferente. Es otra cosa completamente distinta de las corridas que presenciamos en la Costa e incluso aquellas del interior. Por todo. Porque incluso los toreros que alternan con Antonio Ordóñez parece que se trasfiguran y procuran siempre hacer el toreo que reclama la plaza rondeña. Toreo puro, toreo clásico, lejos de la extravagancia y la taurina. Esta corrida de Ronda es una especie de relax para aquellos que unas veces por afición, la más por obligación, vemos corridas todos los domingos con carteles extraños, con un público heterodoxo que no sabe ver toros, que se entusiasma con los molinetes y las manoletinas. En Ronda nos divertimos siempre. Quizá influya que venimos sugestionados por ese ambiente único que se respira. Quizá y sin quizá, con toda seguridad, porque la presencia de Antonio Ordóñez equivale a una desintoxicación de lo mucho malo que aguantamos por esas plazas.»

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