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· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 8 de febrero de 2023

Biblioteca-RMR: Nº 94. El juego o las corridas de las Cabezas. Ejercicio ecuestre nobiliario. Julio 2021.

Desde finales del XVII y hasta principios del XIX aparecen en España, principalmente en Andalucía, unas nuevas corporaciones nobiliarias que reciben el nombre de maestranzas de caballería. Estas asociaciones surgen con el fin de promover los ejercicios ecuestres y el gusto por las armas en un momento en que la nobleza se estaba apartando cada vez más de las funciones militares, origen de su estatus jurídico privilegiado. Los ejercicios caballerescos de las maestranzas no tenían tanto el carácter de entrenamiento militar, como el de mantener las tradiciones de la nobleza y hacer ostentación, a través de los festejos y espectáculos que celebraban en espacios públicos, de su preeminencia social y poder económico. En el siglo XVIII, uno de los entretenimientos ecuestres más ejercitados era el conocido como Juego de las Cabezas. De él se conservan diferentes representaciones, principalmente en grabados que ilustran algunos de los tratados de equitación más relevantes de la época.

· ARTÍCULO ·
· BIBLIOTECA DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·
· JULIO 2021 ·

· FONDO EQUITACIÓN ·

Desde finales del siglo XVII y hasta principios del XIX aparecen en España, y especialmente en el ámbito regional andaluz, unas nuevas corporaciones nobiliarias que reciben el nombre de maestranzas de caballería.

Estas asociaciones, formadas en ciudades con una numerosa nobleza urbana, surgen con el fin de promover los ejercicios ecuestres y el gusto por las armas en un momento histórico en que la nobleza se estaba apartando cada vez más de las funciones militares, origen de su estatus jurídico privilegiado.

El antecedente directo de estas organizaciones se encuentra en las cofradías y hermandades nobiliarias medievales, pero mientras que éstas tenían un carácter militar y religioso muy acusado, las maestranzas atenuaron las funciones religiosas y perdieron la configuración militar plena.

Los ejercicios caballerescos de las maestranzas no tenían tanto el carácter de entrenamiento militar, como el de mantener las tradiciones de la nobleza y hacer ostentación, a través de los festejos y espectáculos que celebraban en espacios públicos, de su preeminencia social y poder económico.

En el siglo XVIII, uno de los entretenimientos ecuestres más ejercitados era el conocido como Juego de las Cabezas. De él se conservan diferentes representaciones, principalmente en grabados que ilustran algunos de los tratados de equitación más relevantes de la época. Es el caso, por ejemplo, del Ecole de cavalerie del francés François Robichon de La Guérinière (1688-1751).

En la edición española, publicada por la madrileña Imprenta de la Viuda de Ibarra entre 1786 y 1787 bajo el título Escuela de a caballo, traducida y adicionada por Baltasar de Irurzun (caballerizo del conde de Aranda), se dedica un capítulo a la descripción pormenorizada de este juego.

Encyclopedia metódica: artes académicos. Madrid, 1791. Biblioteca-RMR

Este mismo relato, firmado por el propio Irurzun, se volvió a publicar en una obra titulada Encyclopedia metódica: artes académicos, traducida del francés y editada en Madrid en la Imprenta de Sancha en 1791.

La primera parte, dedicada al Arte de la equitación, desarrolla en 400 páginas un completo diccionario de la disciplina que, según advertencia del impresor, «Presenta … una infinidad de voces aumentadas y distinguidas, como nuevas en la Obra … las quales, juntas con las del original, forman un diccionario … como realmente no le tiene Nacion alguna de Europa».

Más adelante continúa diciendo que «En el original … se advierten iguales ó mayores defectos … porque, además de muchas remisiones equivocadas, ó citas falsas que en él se notan, se echan por otra parte de menos voces esencialísimas que olvidaron los Encyclopedistas Franceses». Así, bajo la voz Juegos (señalada como nueva), se recoge la descripción citada.

A continuación, por su interés, reproducimos el capítulo publicado en la edición española del Ecole de cavalerie, ilustrado con los diferentes grabados que aparecen en las cuatro ediciones (tres francesas y una española) que atesora la Biblioteca de la Real Maestranza de Caballería de Ronda en su destacadísimo Fondo de Equitación.

Ecole de cavalerie: contenant la connoissance, l’instruction, et la conservation du cheval. Paris, 1733. Biblioteca-RMR

«ARTICULO IV. De los Juegos ó Corridas Eqüestres.

[…]

De todos estos exercicios, que usaban tanto los Antiguos en los Torneos y Carroseles, solo se han conservado en las Aca­demias modernas y Maestranzas, los jue­gos de las Cabezas y de la Sortija, que serán el asunto de los dos artículos si­guientes.

ARTICULO V. Del Juego de las Cabezas.

Los Alemanes usaron este juego ántes que los Franceses, y tuvo su origen de las guer­ras que tuvieron con los Turcos los pri­meros. Se exercitaban para esto los Sol­dados con las figuras de cabezas de Tur­cos y de Moros; contra las quales arroja­ban el dardo, y disparaban la pistola, cogiéndolas otras veces de tierra con la punta de la espada, para acostumbrarse á re­coger después las cabezas de sus compa­ñeros que se llevaban los Turcos; y por las quales tenian una cierta recompensa de sus Oficiales.

En el juego de las Cabezas, se hace uso de la lanza, del dardo, de la espada y de la pistola.

La Lanza se compone de la asta, del toral ó roca, del adorno, de la empuña­dura y de la maza: su largura debe ser de siete pies, poco mas ó menos.

El Dardo es una asta pequeña de ma­dera muy dura, ó un palo de cerca de tres pies y medio de largo, con un hier­ro aguzado en la punta. A este palo se le ponen unas tachuelillas doradas hácia  la empuñadura, para señalar el parage por donde debe cogerse y tenerse en equili­brio.

En un juego de Cabezas bien ordenado, se ponen quatro comunmente; y estas se hacen siempre de carton, y del grandor de la de un niño de seis á ocho años.

La primera cabeza, que es la de la Lanza, se pone sobre una especie de candelero de hierro, llamado Pilar, que se fixa en la pared, ó en un pie derecho de los que aseguran las vallas del picadero. Este pilar tiene juego y movimiento, y vuelve á uno y otro lado por medio de dos puntos, ó sobre dos pernios: su largo de­be ser de dos pies y quatro pulgadas, y ha de estar levantado como nueve pies bien cumplidos de tierra.

La segunda es una cabeza que repre­senta la de Medusa. Esta ha de ser siem­pre plana y del ancho de un pie y dos pul­gadas, poco mas ó menos; la qual se pega á una tabla fuerte, y un poco mas gran­de que la misma cabeza; cuya tabla, co­nocida tambien baxo el nombre de Bro­quelón, se fixa en lo alto de un pilar de ma­dera, que debe tener como unos seis pies escasos de altura, ó bien se situa encima de la valla ó barrera del picadero.

La tercera cabeza, que es la de la Pis­tola, representa la de un Moro, y se pone como la de Medusa; esto es, en lo al­to de otro pilar de madera, ó sobre la va­lla del mismo picadero.

La quarta cabeza es la de la Espada, la qual se coloca en tierra , sobre un montoncito de arena que la levante algo del suelo, ó sobre un pilarillo, y á distancia de tres pies y medio, quando mas, de la pared ó de la barrera.

Ecole de cavalerie: contenant la connoissance, l’instruction, et la conservation du cheval. Paris, 1736. Biblioteca-RMR

Para colocar bien las cabezas, se ha de atender ante todo al largo del picade­ro, que debe ser, como ya se ha dicho, un quadrilongo de ciento quarenta y quatro pies de largo, y quarenta y ocho de ancho. Esto supuesto, la cabeza de la Lan­za ha de situarse (quando menos distan­te) en los dos tercios de la carrera; es á saber, á noventa y seis pies del rincon ó angulo del picadero, donde se   toma la primera media vuelta.

La cabeza de Medusa debe ponerse á cinco pies y diez pulgadas de la pared, al mismo lado que la de la Lanza, y casi en el medio, ó en el medio mismo del largo del picadero: esto se entiende, si el sitio de la carrera estuviese cerrado con paredes; pero quando no está mas que atajado con va­llas ó barreras, se pone sobre la misma valla, ó sobre un pilar de madera, igual­mente que la cabeza de la Pistola ó del Moro, y á su lado opuesto.

La cabeza del Moro se pone al mismo lado que la de la Espada, enfrente del medio que forman la de la Lanza y la de Medusa, y sobre un pilar de madera, co­mo ya se dixo, ó sobre la valla del pica­dero.

La cabeza de la Espada se pone en tier­ra, ó sobre un pilarillo, como acabamos de decir, al mismo lado que la del Moro, á tres pies y medio distante de la pared ó de la valla, y como á unos quarenta y dos ó quarenta y quatro del rincon del picadero, donde se acaba la carrera.

Quando se hace uso de la pistola, se fixa un carton en la pared á la altura de un hombre puesto á Caballo, y se tira al mismo carton: otros disparan la pistola á la cabeza del Moro, en lugar de servirse del dardo, por ser de mas uso y utilidad la pistola para la guerra, que aquel instru­mento.

Una cosa muy dificil en el juego de las Cabezas, es el levantar la lanza con gar­bo: es preciso para esto que se coloque el Caballero como tres cuerpos de Caballo separado del rincon ó ángulo del picadero, donde debe empezar la primera media vuel­ta: que mantenga su Caballo algun tiem­po parado y recto en este mismo sitio, la lanza en la mano derecha, y un poco in­clinada de punta hácia adelante por encima de la oreja derecha del Caballo, y apoya­da la maza sobre el medio del muslo; que es lo que se dice, Tener presentada la lanza el Caballero.

Antes de partir, que debe ser á un ga­lope corto y unido, ha de empezar á le­vantar el brazo de la lanza, que es el prin­cipio de este manejo. Para esto debe ex­tender el dedo índice todo á lo largo de la empuñadura, colocar el codo á la misma altura del hombro, y el brazo rectamente hácia adelante, desde el codo has­ta el puño, ó la muñeca; de manera, que desde el hombro hasta el codo, y desde el codo hasta el puño, forme el mismo bra­zo un ángulo recto.

Escuela de a caballo. En que se contiene el conocimiento, la instrucción y la conservación del caballo. Madrid, 1786-1787. Biblioteca-RMR

Colocada de este modo la lanza en la media vuelta, debe observar despues el Ca­ballero los movimientos necesarios, para elevarla con garbo, quando va á la ca­beza; y para esto hay quatro tiempos prin­cipales. El primero le forma baxando un poco el dedo índice y el puño de la mano, levantando al mismo tiempo un poco el co­do, y cuidando de que la punta de la lan­za no varíe ni se tuerza. Despues ha de ir baxando poco á poco el brazo, hasta jun­tarle naturalmente con el cuerpo, lo que hace el segundo tiempo, y echando luego un poco el puño hacia afuera, sin dexar atras ni llevar hácia adelante el brazo, le­vanta este enfrente de su cuerpo, y le extien­de hasta igualarle con el hombro; y hacien­do luego jugar solamente la mitad del brazo, esto es, desde el codo hasta el puño, sube la mano hasta igualarla ó dexarla de nivél con la cabeza; lo que hace el tercer tiempo. El quarto se forma volviendo el Caballero la mano uñas adentro, y baxan­do insensiblemente la lanza hasta dexarla en la misma posicion en que estaba ántes de haberla empezado á elevar; esto es, con el codo colocado á la misma altura del hombro.

La carrera de la cabeza de la Lanza, se divide siempre en tres partes. En la pri­mera se lleva al Caballo en un galope cor­to, desde el rincon hasta el tercio de la linea: después se le escapa, y va baxando entretanto la punta de la lanza el Caba­llero, hasta llegar á la cabeza que corre, y alargando entónces un poco el brazo, la da una limpia lanzada con que la arran­ca del pilar y se la lleva. Hecho esto, recoge inmediatamente al Caballo en un ga­lope corto, y sube recto y extendido el brazo con la lanza en la mano, para mos­trar en la punta de la misma lanza la cabeza que ha cogido; y así va siempre, has­ta parar al Caballo, con una bella corveta en el rincon del picadero.

Concluido este manejo, dexa el Caba­llero la lanza, y toma uno de los dos dar­dos, que debe llevar baxo de los muslos asegurados con las rodillas, y colocados de manera, que salgan por detras las puntas de uno y otro, y mirando á la grupa del Caballo: luego lleva el dardo hácia ade­lante con el brazo libre, extendido, y le­vantado un poco mas alto que su misma cabeza; observando que la punta del dar­do vaya del lado del codo, y el mango, que es su parte opuesta, un poco mas alto que la punta, y sobre la oreja izquierda del Ca­ballo; en cuya posicion vuelve por el me­dio del picadero, y pasa por delante de la cabeza de la Lanza para ir á la cabeza de Medusa; y aquí da una vuelta al dar­do, para presentarle de punta y arrojarle: en cuya accion debe retirar un poco el brazo para despedirle con mas fuerza.

Despues de haber arrojado el dardo el Caballero, vuelve inmediatamente al Ca­ballo, para ir á la otra pared; y en formando la tercera media vuelta en el rincon del lado de la cabeza de la Espada, hace el mismo manejo con el dardo, arro­jándole de la propia manera á la cabeza del Moro ó de la Pistola, que á la de Medusa; cuya cabeza del Moro se corre asimismo con la pistola, como se ve en la es­tampa de estos manejos. Hecho todo esto, vuelve al instante el Caballero su Caballo, y al llegar á la otra pared empieza la quarta media vuelta. Para esto saca con ayre la espada por encima del brazo izquierdo (y nunca por debaxo, porque pudiera de este modo herirse en la muñeca izquierda) y la coloca desde luego recta y elevada, subiendo y extendiendo á este fin el brazo; en cuya posicion mueve la espada de quando en quando á uno y otro lado para que brille, y parte á rienda suelta, así como llega á la tercera parte de la carrera, hasta la misma cabeza de la Espada; descolgan­do prontamente el cuerpo sobre la espalda derecha del Caballo, y, colocando el puño uñas abaxo, hace entrar la espada en la cabeza, y la levanta, volviendo el pu­ño uñas arriba, del pilarillo ó del suelo. Luego levanta en esta misma posicion el brazo hasta colocarle á nivel del codo, y le sube despues bien extendido, y con mucha natu­ralidad, segun en la estampa se nota, pa­ra mostrar la cabeza que ha cogido, en la punta de la espada, quando acaba la carrera.

Tres cosas esenciales deben rigurosa­mente observarse en el juego ó en las corri­das de las Cabezas, que son: el no galopar al Caballo trocado ni desunido, el no dexar caer el sombrero por tierra, y el no perder el estribo. Si alguno de estos ca­sos sucede, es perdida y desgraciada la ac­cion, aun quando hubiese acertado el Ca­ballero todas las cabezas: por esto con­viene ántes  de empezar  estos exercicios, el colocarse y  afirmarse bien en la silla y en los estribos, y el requerir el som­brero. Es preciso tambien llevar un poco mas largas las riendas de la brida en estos lances, que en los manejos de picadero, pa­ra dar libertad al Caballo, y mas facili­dad de extenderse; sin que por esto se le abandone el apoyo de la boca, que es el que asegura al Caballero y al Caballo en la carrera.

[…]

En orden á los premios, tanto del juego de la Sortija, como del de las Cabezas, debe haber dado cada Caballero tres carreras para llevarlos.

[…]

En el juego de las Cabezas el que mas ha cogido ó acertado se lleva desde luego el premio, y en caso de haberlas cogido ó acertado igualmente todos los Caballeros, es siempre preferido aquel que las ha toma­do por entre los dos ojos, ó se ha acercado mas á dicho parage.

École de cavalerie, contenant la connoissance, l’instruction et la conservation du cheval. Paris y Metz, 1802. Biblioteca-RMR

Hay siempre en los Carroseles y demas funciones de á Caballo personas distingui­das y ancianas, que sirven de Jueces para calificar la destreza y habilidad de los Ca­balleros maniobrantes, y se eligen entre aquellos Sugetos ilustres, que se hicieron famosos quando jóvenes en estos exercicios.

Otras veces habia muchas suertes de premios: es á saber, el premio principal que se daba al que mas veces habia enfilado la sortija, y al que había cogido mas cabezas, ó dado los mejores golpes al Es­tafermo. Despues habia el premio que otor­gaban las Damas; luego el de mejor divisa, y por último, el destinado para el Caba­llero que corria con mas garbo y genti­leza.

[…]

Todos los exercicios de que hemos he­cho descripcion en este capítulo y dado re­glas para executarlos, fueron instituidos para dar una idea agradable é instructiva de la guerra, y para entretener y promover la aficion y emulacion entre los Nobles; cu­yos exercicios estaban muy en uso en Ita­lia hácia el fin del siglo décimo-sexto: por esto fueron Roma y Nápoles los asientos de las mas célebres Academias, y adonde las demas Naciones concurrian á perfeccionar­se en el arte de montar á Caballo, y en la práctica de estos mismos manejos, que eran otras veces los entretenimientos y diversio­nes de los Príncipes y de la Nobleza, y las ocasiones en que solicitaban los Caba­lleros distinguirse, para hacerse capaces de servir con honra y utilidad á su Príncipe, y para adquirir la virtud y el talento, que deben ser inseparables de todos los que ha­cen profesion de la guerra».

Bibliografía

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Encyclopedia metódica: artes académicos / traducidos del frances al castellano; a saber, el arte de la equitacion por don Baltasar de Irurzun; y el del bayle, de esgrima y de nadar, por don Gregorio Sanz. — En Madrid : en la imprenta de Sancha, se hallará en su Libreria, 1791. — [6], 546, [4] p.; Fol. — Sign.: [ ]3, A-Z4, 2A-Z4, 3A-Y4, 3Z3.
* CB1019168 — Enc. perg. símil, cortes dorados — Ex libris ms.: «Es propiedad de D. José Doming[…] Castillo, profesor de Equitacion»

École de cavalerie, contenant la connoissance, l’instruction et la conservation du cheval / par M. de la Guerinière. — À Paris: chez Magimel, Libraire; À Metz: chez Collignon, Imprimeur-libraire, 1802. — 2 v. (VII, 296 p., [29] h. de lám., [2] h. de lám. pleg.; 278 [i.e. 280] p., [2] h. de lám. pleg.); 22 cm.
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