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· DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA ·

Ronda, 20 de abril de 2024
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La Plaza de Toros de Ronda en 1785 y la construcción del Puente Nuevo

Hoy se celebra el Día Mundial de la Arquitectura, promovida por la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) desde 1996. Desde la Real Maestranza nos sumamos a dicha celebración con una entrada donde explicamos la importancia de la inauguración de la Plaza de Toros de Ronda en 1785 y la construcción del Puente Nuevo, a través de una maqueta, realizada por Hch Model, expuesta en la nueva Sala de la Real Maestranza de Caballería de Ronda.

Maqueta de Ronda 1785 – Vista desde el sur

En el aspecto urbano, Ronda en los siglos XVI-XVII empieza a configurarse tal y como la conocemos hoy. Como indica Aurora Miró en su libro Ronda. Arquitectura y urbanismo, “la urbe se dividía en tres partes bien diferenciadas y perfectamente separadas unas de otras por barreras naturales y artificiales”. La parte principal seguía siendo la antigua medina musulmana —que en esta época se empezó a denominar como la Ciudad—, con sus correspondientes barrios: el Alto o Viejo, llamado desde ahora el Espíritu Santo por la iglesia que allí se construyó en conmemoración del día de la conquista en 1485; y el Bajo, hoy de San Miguel por la pequeña ermita que allí se construyó en época posterior. Son barrios que van a conservar sus reducidas dimensiones por falta de espacio para su crecimiento. Al aumentar el número de habitantes, como todas las ciudades, Ronda necesita expandirse y se ve obligada a salir de las murallas. Es entonces cuando comienzan a surgir dos barrios nuevos extramuros: hacia la parte del barrio de San Francisco, popularmente conocido por el Barrio, y al otro lado del río, el Mercadillo.

Vista de las murallas del Almocábar y de la iglesia del Espíritu Santo

El siglo XVIII es la época más importante de Ronda. La ciudad cobra un gran ímpetu constructivo cuyo exponente más notorio es la construcción del nuevo puente que pondrá en comunicación las dos partes principales de la ciudad, salvando así el más importante obstáculo que impedía el ensanche de la urbe por la parte más llana.

En pleno siglo de las luces, la Real Maestranza jugó un papel fundamental en varios aspectos. Primero, en el desarrollo de la tauromaquia moderna, la del toreo a pie; y segundo, en la expansión urbana de Ronda, con la contribución a la construcción del Puente Nuevo, la Alameda y, sobre todo, por la edificación de su Plaza de Toros.

Comienzan los primeros movimientos en torno a la zona conocida como el ejido o la dehesa del Mercadillo, una extensa explanada cercana al Tajo donde solo existían dos únicos hitos arquitectónicos de envergadura y carácter independiente a relacionar con un evidente desempeño religioso-caritativo. Por un lado, el convento de frailes mercedarios dedicado a la Virgen de la Merced, y por otro, la ermita y hospital de pobres transeúntes de la Virgen del Socorro, erigido en el año 1577.

El panorama de la despejada planicie comenzó a cambiar con el adelantamiento de unos proyectos supeditados a la decisión postrera del concejo rondeño, dueño del suelo.

Y, he aquí, que entra en acción la Real Maestranza, institución que gozó de una pujanza inusitada a nivel provincial y regional en el último tercio del siglo XVIII, con un grupo de nobles maestrantes más que consolidado y vía de comunicación directa con la Corona, que le concede todo tipo de privilegios y la acaba presidiendo desde 1764 a través de los infantes de Castilla. Deseosos por tener en propiedad un recinto cerrado y permanente donde celebrar con comodidad y protección los ejercicios ecuestres, torneos y corridas de toros, solicitan al cabildo la dación de un terreno en el lugar de referencia concedido finalmente en el mes de septiembre de 1769. Así las cosas, se solapan en el tiempo las construcciones del Puente Nuevo y la Plaza de Toros, a pesar del desfase cronológico que vio comenzar después y finalizar antes a la última de ellas, en consonancia a la desigual magnitud de ambas obras.

Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería

Partiendo de la fecha inaugural de la plaza en 1785 y el puente todavía sin terminar –se abrió al paso en 1787 e inaugurado en 1793- dejaba esta parte del Mercadillo alto como un lugar agreste, sin ningún tipo de concierto y dotado de tres inmuebles autónomos sin conexión concreta, aun cuando se tenía ya en mente cuál sería su planificación urbana. De tales hitos sería la Plaza de Toros el que más protagonismo adquiriría por ser el primer eje urbano del Mercadillo alto centrado en la actual plaza del Ahorro trasladaría todo su protagonismo a las nuevas arterias y espacios creados alrededor del coso taurino. La Plaza de Toros y el Puente Nuevo, el Puente Nuevo y la Plaza de Toros; sería el verdadero binomio a tener en cuenta por los responsables de tan relevantes cambios y ahí la Real Maestranza de Caballería no podía dejar escapar la oportunidad de patentizar la preponderancia de su edificio más representativo. Una preeminencia no exenta de conformidad con una visión generalista que respetaría en todo momento el trazado principal de las calles, así como las explanadas dispuestas para albergar el ganado durante la celebración de las ferias de mayo y septiembre. Conscientes de ello, aportan medios económicos para la finalización del puente –15.000 reales– y se encargan de allanar el terreno entre ambos monumentos –la salida del Puente– para facilitar la comunicación.

Entre tanto, la Plaza de Toros continuaba siendo el núcleo referencial del ensanche y se pensaba ya en cómo completar sus partes trasera y delantera sin restarle un ápice de magnificencia. El primero de los terrenos quedaría destinado desde 1787, por el marqués de Pejas, a un paseo público arbolado, la Alameda de San Carlos o del Tajo, no llevada a efecto hasta 1806, de nuevo, con la contribución y participación directa de la Real Maestranza, como era de esperar, encantada con el proyecto. El mismo proceso cronológico y financiero se dio para la superficie delantera donde el concejo municipal establece la plaza mayor de la “Ronda Nueva”, un espacio de gran similitud a las de esta tradicional tipología en tierras castellanas. Arquitectura de cantería, con soportales porticados sobre columnas y cuatro aberturas regulares con acceso a calles, caso de las dos del frente norte que responden a la mencionada avenida de San Carlos y su paralela calle Maestranza –hoy José Aparicio– configurada expresamente para comunicar Puente y Plaza Mayor con la misma Plaza de Toros. De este modo, se realzaba en su dimensión global la portada principal del ruedo –trasladada a su ubicación actual en calle Virgen de la Paz en 1923–, en eje a un trazado cardinal urbano que finalizaba en el palco real del interior.

Maqueta de Ronda 1785 – Vista desde el oeste

La antigua calle de San Carlos, con la Plaza de Toros en su centro, se convirtió a raíz del empuje de aquellos primeros años en el punto culminante de un entramado urbano en forma de regular cuadrícula, propia de la mentalidad racionalista ilustrada que podemos supeditar en última instancia a los postulados de la antigüedad clásica. Dicha expansión conectaría con lo ya edificado en el noreste, a través de extensas y anchas calles paralelas y trasversales a San Carlos aliviadas con espacios abiertos o plazas.

Fuente del texto: Ronda 1785. Sergio Ramírez González. Plaza de Toros de Ronda : 225 años. — Ronda : Real Maestranza de Caballería, 2010. — 91 p. : il. ; 22 x 24 cm. — D.L. M. 37324-2010.

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