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Ronda, 22nd May 2024 11:42
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Feria de Pedro Romero 2021 (I). 70 Aniversario de la Alternativa de Antonio Ordóñez.

l acontecimiento que se conmemora este año ocurrió el jueves 28 de junio de 1951. Lugar, la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, que registraba un lleno hasta la bandera con motivo de una corrida a beneficio del Montepío de la Policía. Tres jóvenes toreros hacían el paseíllo. Los tres descendían de progenitores que habían sido toreros. Entre ellos un novillero que afrontaba su doctorado en la máxima categoría llamado Antonio Ordóñez, vestido de celeste y oro, flanqueado por Julio Aparicio y Miguel Báez Litri, los toreros del momento, figuras emergentes que habían cuajado una brillante etapa como novilleros y que ya habían pasado por el mismo trance el año anterior.

El acontecimiento que se conmemora este año ocurrió el jueves 28 de junio de 1951. Lugar, la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, que registraba un lleno hasta la bandera con motivo de una corrida a beneficio del Montepío de la Policía. Tres jóvenes toreros hacían el paseíllo. Los tres descendían de progenitores que habían sido toreros. Entre ellos un novillero que afrontaba su doctorado en la máxima categoría llamado Antonio Ordóñez, vestido de celeste y oro, flanqueado por Julio Aparicio y Miguel Báez Litri, los toreros del momento, figuras emergentes que habían cuajado una brillante etapa como novilleros y que ya habían pasado por el mismo trance el año anterior.

Antonio Ordóñez también había irrumpido en el mundo novilleril con fuerza, atrayendo la atención de los aficionados. No era la primera vez que pisaba ese ruedo. Desde que se vistiera de luces por primera vez en 1948, al año siguiente se presentó en la plaza junto a Manuel Calero Calerito y Jerónimo Pimentel. En 1950 repitió, cortándole una oreja a un novillo de Carlos Núñez. Y un mes antes de este acontecimiento, el 20 de mayo «el hijo de Cayetano» había cortado tres orejas en la feria de San Isidro, llenando los ojos del público con una faena memorable a una res de Felipe Bartolomé.

La expectación, pues, estaba justificada. El trío ya había compartido algunas tardes en el escalafón anterior, aunque no se veían las caras desde hacía tiempo por razones que hay que achacar a los designios e intereses de apoderados. Los toros pertenecían al hierro de los Herederos de Galache, ganadería cuyos orígenes se remontan a la del conde de Vistahermosa, línea Barbero de Utrera, que después de sucesivas ventas fue adquirida en 1930 por don José María Galache, de quien había pasado en 1938 a sus hijos. La crónica de El Ruedo señaló que «no tuvieron la presentación tan escasa como se decía, ni salieron tan bravos y manejables como se esperaba. Una corrida terciada que se agotó enseguida».

Foto Martín. Archivo RMR

Julio Aparicio, que hacía por primera vez de padrino de ceremonia, cedió los trastos al toricantano rondeño para que se enfrentara a Bravío, negro, numerado con el 93 y que arrojaría en canal un peso de 288 kg, nos recuerda Santi Ortiz en la web Las cosas del toro. El momento fue inmortalizado por Baldomero, el más señero de los fotógrafos taurinos. Manuel Casanova, director de El Ruedo, que firmaba como Emece, trasunto de las siglas de su nombre y apellido, dejó el relato de la actuación de Ordóñez aquella tarde:

«Ninguno de los dos toros que le correspondieron a Antonio Ordóñez en la tarde de su alternativa le dieron mucho margen para el lucimiento. El primero se agotó en los primeros pases y el sexto [Estornino], de tan huido, acabó peligroso; pero el nuevo matador, que estuvo en los dos desafortunado con el estoque, no puso un coraje decisivo hasta la faena de muleta del final de la corrida, cuando la brillantez no era ya posible y la atención del público andaba desviada por sus compañeros de terna. Lo mejor que hizo Ordóñez en su primero fueron unos pases ayudados por bajo, modelos de temple y de mando, que se aplaudieron. Eran el tanteo de la faena que se aguardaba; pero ésta no cuajó porque en los pases que dio con la izquierda, cerrados con el de pecho, ya se vio que el toro no iba. Intentó luego con la derecha, sin que tampoco lograra ligar, y Ordóñez se decidió a matar, en lo que ya decimos que tardó. El juicio quedó expectante.

La faena al sexto, si no lucida, fue francamente buena. Ordóñez tiró del toro con maestría y con ahínco, aguantando, impávido, alguna que otra tarascada. Porfió una y otra vez, adelantando la muleta por si lograba que el de Galache se encelara. Si esta vez, en que el público estaba de nuevo con él, acierta con la estocada, los aplausos que sonaron prolongadamente cuando Ordóñez abandonaba la plaza hubieran sellado un triunfo indiscutible. Pero hubo de entrar a matar varias veces y el conjunto desmereció».

El triunfador de aquella jornada fue el testigo de la ceremonia, Litri, que cortó tres orejas y salió a hombros, mientras el padrino Aparicio se hacía con un trofeo. A pesar de las dificultades que encontró en su lote, el crédito conseguido por su actuación del mes de mayo se mantuvo intacto. «Temporada tiene aún Ordóñez por delante para consolidar la posición eminente que apuntó en la novillada de San Isidro», remataba Emece su crónica. Y recordaba lo que el crítico Corrochano había dicho a su padre Cayetano cuando era novillero: «La Fiesta será lo que tú quieras que sea». De modo que dirigiéndose a su hijo en parecidos términos le sentenció: «Tú, muchacho, serás en el toreo lo que tú mismo quieras ser; de tu decisión depende».

Por su parte, Giraldillo en ABC expresaba otro tanto: «Si le juzgáramos por una tarde podríamos caer en error. Yo le otorgo el amplio margen de confianza que merece». Se había suscitado la cuestión de si se había precipitado en tomar la alternativa. El crítico de ABC no lo entendía así: «No ha sido prematura la decisión de Antonio Ordóñez. Su alternativa era un acierto profesional». Por su parte, Emece también entraba a valorar el asunto al comienzo de su crónica, indicando que su enorme triunfo en la primera novillada de San Isidro le había animado sin duda a no demorar su ingreso en la categoría de matadores de toros: «Si acertó o no al elegir el momento, es cosa sobre la que no cabe dar de barato un juicio. En la historia del toreo hay antecedentes para todo; desde las figuras que llegaron por sus pasos muy contados, hasta los que ganaron el doctorado, caso de Domingo Ortega, con muy pocas novilladas a la espalda».

Que la decisión había sido acertada quedó claro cuando al año siguiente se encaramó en el primer puesto del escalafón, y durante toda su carrera confirmó su condición de figura incontestable de la tauromaquia del siglo XX como maestro de maestros.

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