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	<title>Historia archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
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	<description>Real Maestranza de Caballería de Ronda</description>
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	<title>Historia archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
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		<title>Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXXIV). José Giráldez Jaqueta, el torero chiflado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jul 2024 07:30:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«El 20 de mayo de 1864, en la plaza de Ronda, actuaron los toreros sevillanos Juan Martín "La Santera" y José Giráldez "La Jaqueta". Mientras Martín, al borde de la retirada, recibió elogios por su actuación, Giráldez, cuyo nombre comenzaba a sonar por sus buenas cualidades, no tuvo una buena tarde. Enfrentaron al toro Marismeño de Murube, famoso por recibir cincuenta y una varas. Después de caer a los pies de Martín, el toro fue paseado mientras sonaba un pasodoble en su honor. Sin embargo, Giráldez fue duramente criticado por su actuación temerosa»</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2024/07/09/jose-giraldez-jaqueta-torero-criticado-ronda-1864/">Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXXIV). José Giráldez Jaqueta, el torero chiflado</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>El 20 de mayo de 1864 actuaron en la plaza de Ronda dos toreros sevillanos naturales del barrio de San Bernardo. Uno, Juan Martín <em>La Santera</em>, al borde de la retirada (lo haría dos años más tarde); el otro, en calidad de media espada, era José Giráldez, cuyo nombre comenzaba a sonar por sus buenas cualidades. Fue la tarde en la que salió <em>Marismeño</em>, un toro de Murube que ostenta el registro de recibir cincuenta y una varas, “rosado, de cuatro años, flaco y sin pelechar, cornicorto, boyante”, según el corresponsal del Boletín de Loterías y Toros, jornada de la que ya nos ocupamos en la biografía de Juan Martín en este blog. Cuando cayó a los pies de <em>La Santera</em>, el morlaco fue paseado por el redondel mientras se tocaba un pasodoble en su honor. El veterano Martin recibió elogiosos comentarios, pero no parece que fuera una buena tarde para su acompañante. “La Jaqueta, temeroso y bailando siempre; estaría mejor con un par de palillos y una compañera bailando sevillanas”, lo despachó el crítico.</p>



<p>Giráldez ya se había presentado en Sevilla como novillero en marzo de ese año. Un mes después de su desafortunada actuación en Ronda lo haría en Cádiz en una corrida benéfica para la construcción de un asilo para pobres mendigos, con la participación de José Carmona <em>Gordito</em> y <em>El Tato</em>, en cuya cuadrilla figuraba nuestro protagonista como banderillero. Víctor Caballero y Valera, escritor y periodista gaditano, publicó un folleto para celebrar el acontecimiento titulado “Ya tienen casa los pobres”, en el que escribió un largo poema describiendo la corrida, con un verso que dice: “¿Quién tiene a la gente inquieta? Jaqueta”. A lo largo de su carrera siempre demostró más valor que prudencia.</p>



<p>Su trayectoria fue una montaña rusa. Hijo de un cabestrero que conducía ganado al matadero, nacido en 1837, desde pequeño se familiarizó con el comportamiento de las reses ayudando a su padre. Se aficionó a sortear toros en la dehesa de Tablada, aventuras en las que lo acompañaban Juan Martín y José Cineo <em>Cirineo</em>, con el que tendría competencia más tarde. Entre 1860 y 1861 comienza a despuntar como banderillero de algunos novilleros menores en plazas andaluzas y extremeñas. Pronto llama la atención de dos figuras como Manuel Domínguez y <em>El Tato</em>, que se lo lleva como miembro de su cuadrilla.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="750" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-1024x750.jpg" alt="" class="wp-image-20967" style="width:703px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-1024x750.jpg 1024w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-300x220.jpg 300w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-768x562.jpg 768w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-1536x1125.jpg 1536w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-2048x1500.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center"><em>Cartel de la corrida celebrada el 8 de agosto de 1869. <a href="https://www.realmaestranza.com/mecenazgo/archivo-y-biblioteca/">Archivo Real Maestranza de Caballería de Sevilla</a>.</em></p>



<p>Ya como novillero adquiere mucha popularidad por sus particulares maneras, y actúa de media espada con Cayetano Sanz y <em>Lagartijo</em>. No le faltan contratas, y coincide varias tardes con su amigo José Cineo, con el que va a mantener una de las rivalidades más vehementes de la historia taurina en Sevilla, aunque olvidada. Entre 1867 y 1868 alcanza una virulencia extraordinaria, protagonizando numerosos carteles con los tendidos llenos para regocijo de la empresa, tardes en las que partidarios de uno y otro no era raro que llegasen a las manos. La competencia se repetiría también como matadores.</p>



<p>Esos años son tiempos revueltos en política, que culminan con la revolución de septiembre, llamada la Gloriosa, que conduce a Isabel II al exilio y al comienzo del Sexenio Democrático (1868-1874). Período que va a coincidir con los mejores años de <em>Jaqueta</em>. En mayo de 1869 José Carmona <em>el Gordito</em> le concede la alternativa en la Maestranza, que confirma en Madrid en septiembre apadrinado por <em>Lagartijo</em>, que le guarda estimación desde que ambos eran subalternos. Con estos avales firma una gran cantidad de corridas con todos los toreros importantes de la época, sobre todo por Andalucía, en las que luce su personalidad, su habilidosa forma de banderillear en todos los terrenos y un serio conocimiento de la lidia; sin alardes, pero eficaz con el capote, y con el uso de una muleta muy pequeña, que a la hora de matar solía arrojar para volcarse sobre los toros con un pañuelo o un reloj por toda defensa. Este alarde fue recogido en un poema de J.M. Villén en su libro de semblanzas taurinas:<em> Gran valor tiene Jaqueta, /Pues llega hasta la locura; / Y con la mayor frescura, /Tira a veces la muleta: / Saca el bordado pañuelo, / Del bicho se pone enfrente, /Y á estocada, de repente, / Le hace rodar por el suelo.</em><em></em></p>



<p>En los intervalos solía retirarse al campo y practicar en cerrados. Ya era conocida y comentada su, al parecer, desmedida afición a la bebida, hasta el punto de que comenzaría pronto a pasarle factura. En 1874 comienza su particular calvario. En agosto mata al último toro que se lidió en la plaza de la Puerta de Alcalá llamado <em>Mirand</em>a, berrendo en negro. No fue una corrida de las llamadas serias, para la clausura se organizó un espectáculo variopinto. Dos toros del duque de Veragua, dos novillos embolados, un toro picado en burro y banderilleado por dos hombres y dos mujeres, al que intentó dar muerte la veterana Martina García en la que sería su última actuación. Tenía sesenta años y una trayectoria de más de cuarenta, banderillera, protagonista de numerosas mojigangas y corridas mixtas, a la que se la conocía como <em>Lagartijo mujeril</em>. Según el Boletín de Loterías y Toros no pudo culminar la suerte suprema al ser “cogida y conmocionada”. La jornada finalizó con la suelta de ocho novillos para el público aficionado, “capeándose el último con luces de bengala”. El crítico Antonio Peña y Goñi, espectador aquel día, no guardó buena memoria del último acto de un templo donde había visto a los mejores: “¡Triste espectáculo en verdad! Una cuadrilla de harapientos comparsas dirigida por <em>Jaqueta</em>, cuatro mujeres grotescas y repugnantemente disfrazadas, un tal Morrito y otro tal Setale subidos en zancos…”</p>



<p><em>Jaqueta</em> entró en crisis en octubre del mismo año, aquejado de “enfermedad mental” y se retiró de los ruedos. Tres años permaneció apartado, hasta que un tanto restablecido, con la ayuda de aficionados y toreros consiguió unas corridas en calidad de novillero. Su mentor de entonces y consejero era el veterano torero Manuel Arjona, que en una de estas novilladas estuvo ausente, lo que le produjo a <em>Jaqueta</em> una gran inquietud. Ramírez Bernal recoge el extraño brindis que realizó, en el que se advierte un trastorno: “Señó presiente: brindo por usía, por su acompañamiento. Manolo dijo que iba a viní y no ha vinío. Er toro las trae; veremos lo que aquí va a pasá esta tarde”.</p>



<p>Corría el año 1877 y el caso es que en su reaparición en Sevilla entusiasmó, y consiguió repetir triunfos en la misma plaza y en otras de Andalucía, hasta que en septiembre <em>Lagartijo</em> le concedió su segunda alternativa en la Maestranza. No estuvo mal en sus dos toros, jaleado generosamente por sus partidarios, aunque en el segundo que cerraba plaza se enredó con la espada empecinado en su costumbre de hacerlo sin muleta y sustituirla por un reloj, metió numerosos pinchazos y terminó con un bajonazo. Ciertas voces reclamaron que no se podía permitir que un enfermo mental saliera a los ruedos. “Los que se creían -¡ilusos!- que el chiflado <em>Jaqueta</em> pudiera vencer a Rafael, quedaron humillados y confusos. De nada servían las tonterías de Jiráldez”, escribió Ramírez Bernal.</p>



<p>A partir de entonces consiguió alargar su carrera unos cuantos años más a medida que avanzaba el proceloso siglo XIX español, toreando cada vez menos mientras se lo permitían sus desvaríos, por los que ganó fama de borracho y de loco a partes iguales, sufriendo dos cornadas de importancia y alternando más con novilleros que con toreros o en espectáculos menores, como el que protagonizó ya en franca decadencia en Sevilla en 1886, una becerrada en la que intervenía una cuadrilla de “negritos, mulatos y blancos” como reza el cartel, con la actuación entre otros de un tal <em>Mulato de la Alameda</em>.</p>



<p>A pesar de todo en Sevilla seguía teniendo cartel, y allí toreó por última vez en septiembre de 1890 con <em>el Boto</em> y con Reverte. Como fue muy aplaudido se quiso repetir su convocatoria, pero su estado debía ser tan alarmante que el mismo gobernador de la provincia no concedió permiso. En 1892 se refugió en casa de una hermana en La Línea de la Concepción, sumido en su extravío hasta su fallecimiento en 1902.</p>



<p><em>Lagartijo</em>, que tenía por él gran cariño, declaró en una ocasión: “<em>Jaqueta</em> estaba llamado a quitarle los moños a más de cuatro y el pobre perdió la cabeza”.</p>



<p><strong>Bibliografía</strong></p>



<p>Velázquez y Sánchez.&nbsp; <em>Anales del toreo.</em> &nbsp;Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p>J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p>Sánchez de Neira, J.<em> El toreo: gran diccionario tauromáquico</em>. Madrid: Imprenta y librería de Miguel Guijarro, Ed., 1879</p>



<p>Sicilia de Arenzana, Francisco. <em>Las corridas de toros: su origen, sus progresos y sus vicisitudes</em>. Madrid: [s.n.], 1873 : imprenta y litografía de N. González</p>



<p>Tárrago y Mateos, Torcuato. <em>Reseña histórica de la plaza de toros de Madrid construida en 1749 y derribada en 1874</em>. Madrid: [s.n.], 1874 : Imprenta de Manuel Minuesa.</p>



<p>Villén, Juan Manuel. <em>Semblanzas taurinas y de personajes ilustres y deslustrados</em>. Sevilla: Librería de José G. Fernández, 1886</p>



<p>Peña y Goñi, Antonio. <em>Lagartijo y Frascuelo y su tiempo. </em>Madrid: [s.n.], 1887 : Imprenta y Litografía de Julián Palacios.</p>



<p>Ramírez Bernal, Aurelio.<em> Los grandes sucesos de la vida taurómaca de Lagartijo</em>. Málaga: [s.n.], 1901 : Imprenta de Zambrana Hermanos.</p>



<p>Caballero y Valero, Víctor. <em>Ya tienen casa los pobres</em>. Cádiz : [s.n.], 1864: Imp. de Filomeno F. de Arjona</p>
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		<title>Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXXII). Manuel Trigo, el torero asesinado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Sep 2022 10:45:06 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El pequeño Manuel, nacido hacia 1818, quedó a cargo de una madre pobre y con el único sustento de sus dos hermanas costureras. El niño se convirtió en un vagabundo por las calles del barrio del Arenal y los muelles del río. El cronista Velázquez y Sánchez, que lo trató, cuenta que se familiarizó “con los espectáculos inmorales de aquellos sitios”, ambiente de “costumbres depravadas entre barateros, prostitutas, jugadores, floristas, rateros, vagos y demás especies de la familia inmunda”.</p>
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<p>La escena final es una trifulca gratuita y trágica. En la taberna de las Tablas de la sevillana calle Cuna, durante una tarde calurosa de agosto, dos toreros, amigos de juventud, hablan de sus cosas hasta que entra una pareja de “guapos” que los reconocen y les invitan a un trago. El rechazo de uno de los matadores enciende un amor propio dislocado y los camorristas pretenden que beba a la fuerza. Manuel Domínguez <em>Desperdicios</em>, hombre bragado y de poca broma, que se había batido con gauchos en las pulperías de la Pampa, abofetea a uno de ellos. Relucen los aceros, ruedan mesas, cae el candil que alumbra el establecimiento, la oscuridad envuelve a los protagonistas.</p>



<p>Si el destino fuera una herencia, Manuel Trigo debería saber que su final estaba anunciado. Su abuelo fue muerto a balazos por dos guardas borrachos en el camino de Gines. El padre, vecino del barrio de la Carretería, que se oponía a las relaciones de una de sus hijas con un carabinero de la Maestranza de Artillería, fue asesinado por el novio en el cercano muelle del Guadalquivir con una de las agujas que servían para coser las cargas. El asesino se dio a la fuga y se perdió su pista.</p>



<p>El pequeño Manuel, nacido hacia 1818, quedó a cargo de una madre pobre y con el único sustento de sus dos hermanas costureras. El niño se convirtió en un vagabundo por las calles del barrio del Arenal y los muelles del río. El cronista Velázquez y Sánchez, que lo trató, cuenta que se familiarizó “con los espectáculos inmorales de aquellos sitios”, ambiente de “costumbres depravadas entre barateros, prostitutas, jugadores, floristas, rateros, vagos y demás especies de la familia inmunda”. A la edad de once años, formando parte de uno de los bandos de mozalbetes que se enfrentaban habitualmente recibió una tremenda pedrada en la frente que a punto estuvo de desgraciarlo. De aquel incidente le quedaría de recuerdo una cicatriz perenne.</p>



<p>Resuelta la familia a alejarlo de esas relaciones, lo colocaron en un trabajo que marcaría el rumbo de su vida, un establecimiento de sombrerería basta en la calle Tintores que pertenecía a los toreros Antonio y Luis Ruiz, que se hicieron famosos como<em> los Sombrereros</em>, local que también frecuentaba Juan León hasta que las divergencias políticas los enfrentó. En aquel mentidero de toreros y aficionados, el joven Manuel, que a pesar de su crianza tenía un carácter reservado y comedido, según unas versiones, amargado y huraño según otras, sintió curiosidad. Junto a otros jóvenes se acercó al matadero, que poco después sería sede de la escuela de tauromaquia de Pedro Romero; en la corraleja donde se practicaban los lances comenzó a destacar enseguida entre los más jóvenes por “guapo, ligero, mañoso, hábil y vivo”.</p>



<p>Fue al fallecer su madre que decidió dar el paso y se separó de sus hermanas. Tenía dieciséis años. Su deseo de servir de peón en alguna cuadrilla no fue bien recibido por los toreros que lo habían jaleado, y sus compañeros le recriminaron que abandonara el oficio. Luis Ruíz lo llevó a alguna plaza de Extremadura, por intercesión de su sobrino Juan Yust, amigo de Manuel que ya despuntaba como promesa de la torería. Otro torero menor, Carreto, lo incluyó en su grupo para actuar en pequeñas plazas andaluzas, y también lo contrató ocasionalmente Manuel Domínguez, sólo dos años mayor pero que ya mataba y llevaba su propia gente.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/00150279100.jpeg"><img decoding="async" width="228" height="320" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/00150279100.jpeg?w=228" alt="" class="wp-image-1825" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/00150279100.jpeg 228w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/00150279100-214x300.jpeg 214w" sizes="(max-width: 228px) 100vw, 228px" /></a></figure>



<p class="has-text-align-center"><em>Cartel de la corrida del 17 de octubre de 1852 en Madrid, para las cuadrillas de indios negros y pegadores portugueses, suspendida por mal tiempo. Colección Comunidad de Madrid.</em></p>



<p>La quinta del gobierno de Mendizábal lo llamó a filas en 1838 para ingresar en el segundo batallón de los francos de Andalucía, unidades irregulares de civiles no adscritas al ejército, durante la primera guerra carlista. Salió ileso de campañas que lo llevaron a participar en acciones en puntos de la alta Andalucía, La Mancha o en las proximidades de Aragón, y fue licenciado en 1840 al acabar la guerra.</p>



<p>A su vuelta a Sevilla consigue engancharse a las cuadrillas de Antonio Luque el <em>Camará </em>y Juan de Dios Domínguez en gira por algunas plazas andaluzas, y luego con Juan Yust y Gaspar Díaz por Extremadura. A pesar de que confirmó su buen hacer, su forma de comportarse, que rehuía la jarana y era “refractario a los excesos”, le fueron granjeando antipatías por malaje, hasta crear un ambiente hostil entre los toreros con más mando que le cerraba puertas y le impedía encontrar oportunidades.</p>



<p>Cansado de esa marginación aceptó en 1842 la oferta de la plaza de Lisboa para figurar junto a un grupo de “capinhas casteçaos”, en parte por la noticia falsa de que en esa capital se encontraba el asesino de su padre. Se libró de vivir el bombardeo de su ciudad durante la sublevación contra Espartero, al año siguiente. Allí permaneció hasta 1844, familiarizándose con las particularidades de la tauromaquia lusitana, año en el que recibió una carta de Juan Martín la <em>Santera </em>de que podía colocarle en la cuadrilla de Francisco Montes, nada menos.</p>



<p>El genio necesitaba recomponer su cuadrilla, cuyos elementos lo habían dejado para irse con el que fuera su protegido, Redondo el <em>Chiclanero</em>. Montes le dispensó buen trato durante los dos años que estuvo con él, ayudándole a progresar, quizás porque sus talantes eran parecidos, pero cuando Trigo le solicitó matar algún bicho para ir ascendiendo de categoría, el maestro le dio de lado. Montes era reacio a conceder alternativas a sus subalternos. Amigos de Manuel convencieron entonces a Redondo para que lo probara en una corrida. “Veamos esos primores”, aceptó el <em>Chiclanero</em>, pero a pesar de que aquella tarde se lució en banderillas hasta el punto de asombrar a Redondo, no le hizo sitio en su cuadrilla de veteranos cuajados.</p>



<p>Decidió entonces formar la suya propia para actuar en plazas de segunda y tercera, pero le tocó vivir un período que afectó a muchos matadores. Fallecido el prometedor Juan Yust, retirados Montes y León, la atención del público estaba centrada en la rivalidad entre <em>Cúchares </em>y Redondo, condenando a ocupar un lugar secundario a toreros como Pastor, Díaz Labi, Miranda o Julián Casas, de quien recibió la alternativa en 1847. En 1848 regresó a Portugal, donde había dejado buen recuerdo, cosechando afectos y triunfos. Continuó luego en plazas de poca importancia, hasta que sus fieles amigos consiguieron en 1849 que pudiera torear en Sevilla mano a mano con Juan Lucas Blanco, que iniciaba su decadencia. A pesar de la falta de contratas, en cuanto pudo abrir la puerta de cosos importantes demostró que era un aventajado de la escuela de <em>Paquiro</em>, pausado, con mando y buen hacer.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/c57_0220.jpeg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/c57_0220.jpeg?w=320" alt="" class="wp-image-1832" width="491" height="327" /></a></figure>



<p class="has-text-align-center"><em>Entrée de la Quadrilla Brésilienne. Anónimo. Grafito y acuarela sobre papel, s.XIX. Colección Real Maestranza de Sevilla</em></p>



<p>En 1852 repitió en Portugal, participando en el espectáculo taurino de indios brasileños y pegadores portugueses que llevaba el empresario sevillano y antiguo banderillero Rodríguez Alegría de gira por España. Llevaba consigo a un joven Antonio Carmona el <em>Gordito</em>, al que influiría en el uso de los rehiletes que lo harían famoso. Trigo como banderillero era capaz de numerosos alardes, aprendidos de sus anteriores estancias en el país vecino, como amarrarse las muñecas con un pañuelo para poner pares ceñidísimos. En 1853 llegó a torear más de treinta corridas en plazas de toda España, alternando con <em>Cúchares</em>, Pepete, Labi y Ezpeleta. Como estoqueador dominaba el volapié de Costillares. Un crítico de Sol y Sombra, muchos años después, lo definió: “ Torero de buen aspecto, bien configurado, picado de viruelas, cenceño de cuerpo, elegante y airoso, sabía andar por la plaza y llevaba ese paso y compás que hace agradable al artista”.</p>



<p>Regresamos al principio, que es el final. Estaba en su mejor momento cuando acudió a la taberna de las Tablas. Los críticos taurinos Bruno del Amo y Antonio Díaz Cañabate se hicieron eco de la escena posteriormente, adornada con unos diálogos supuestos o verdaderos, en todo caso verosímiles. Manuel Trigo aceptó la caña de manzanilla que le ofreció el más atrevido de los buscarruidos.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Y ahora osté, maestro &#8211; invitó a Domínguez.</li>



<li>No bebo.</li>



<li>Pues va a beber porque me da la gana.</li>
</ul>



<p>La respuesta no se hizo esperar. Cuando el jaque rodó por el suelo, tirando el fanal que alumbraba el interior, sumidos en la penumbra los provocadores abandonaron el local. Desperdicios se colocó junto a la puerta, apostado con su cuchillo. Al cabo de unos minutos Trigo decidió salir, a pesar de la advertencia de su compañero, pensando que los matones ya se habrían ido. Emboscados en la entrada, creyendo que era Domínguez, lo apuñalaron antes de salir huyendo.<br>Sus heridas se complicaron varios días más tarde al contraer el cólera, en una de las epidemias cíclicas, para fallecer el 14 de agosto de 1854.</p>



<p></p>



<p><strong>Bibliografía</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Velázquez y Sánchez. Anales del toreo. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</li>



<li>J. M. Cossío. Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</li>



<li>Antonio Gracía-Baquero, Razón de la Tauromaquia. Obra taurina completa. Ed. Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2008. Coord. Pedro Romero de Solís.</li>



<li>J. Sánchez de Neira. El Toreo. Gran diccionario tauromáquico. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</li>



<li>Bruno del Amo (Recortes). Toros y Toreros, nº 2, marzo 1916. Madrid.</li>



<li>Antonio Díaz-Cañabate. El Ruedo, nº 703, diciembre 1957. Madrid.</li>
</ul>



<p><br></p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/09/15/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxxii-manuel-trigo-el-torero-asesinado/">Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXXII). Manuel Trigo, el torero asesinado</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXIII). Francisco Garcés, un torero mediano entre figuras.</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2022/07/14/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxxii-francisco-garces-un-torero-mediano-entre-figuras/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Jul 2022 13:02:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Se sabe poco de Garcés, que estuvo activo en el último tercio del siglo XVIII y que no mereció por ningún historiador de la época y posteriores nada especialmente reseñable. Sin embargo, se constata que alternaba en numerosas ocasiones con las primeras figuras del momento, mitos como Joaquín Rodríguez Costillares, Pepe Hillo o los hermanos Romero.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En una entrada anterior se comentó un cartel que se exhibe en la sala dedicada a la tauromaquia en la plaza de Ronda, anuncio de cuatro corridas en Sevilla en 1793. En aquella ocasión nos ocupamos de los cuatro prestigiosos picadores de vara larga que se enfrentaron nada menos que a 76 toros de diferentes ganaderías, junto a tres matadores a pie, los legendarios Pepe Hillo y Pedro Romero a los que acompañaba un torero sevillano llamado Francisco Garcés.</p>


<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel-toros-sevilla-1793.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel-toros-sevilla-1793.jpg?w=600" alt="" class="wp-image-1077" /></a></figure>


<p style="text-align:center;"><em>Cartel de las primeras corridas de toros en Sevilla (1793). Archivo RMR.</em></p>
<p>Se sabe poco de Garcés, que estuvo activo en el último tercio del siglo XVIII y que no mereció por ningún historiador de la época y posteriores nada especialmente reseñable. Sin embargo, se constata que alternaba en numerosas ocasiones con las primeras figuras del momento, mitos como Joaquín Rodríguez <em>Costillares</em>, Pepe Hillo o los hermanos Romero. <span >Se sabe que fue peón y banderillero del primero</span>, y con él parece que aprendió el oficio. Su nombre comienza a figurar en los carteles gracias a su maestro, que fue el primero de los matadores en incluir a sus peones en los anuncios, algo a lo que no eran muy inclinados otros diestros principales de la época, como los Palomo de Sevilla, Manuel Bellón, los hermanos Romero o los toreros vascongados Leguregui y Barcástegui.</p>
<p>De este programa la corrida del día 30 fue suspendida, para algunos cronistas por la lluvia, pero otras versiones lo explican por la ausencia de los picadores que se negaban a torear con los caballos que le ofrecía la empresa. Sea como fuere, la verdad es que se armó la marimorena. Hubo lluvia de piedras entre aficionados de dentro y fuera de la plaza, invasión del Balcón del Príncipe destrozando alfombras y lámparas, mientras en el exterior se arrojaba al río el coche del asentista de la plaza y el carro del riego, así como se abrían los corrales y se echaba el ganado a la plaza o se mataba en los chiqueros. El tumulto tardó horas en ser controlado.</p>
<p>Ese mismo año, según relata Velázquez y Sánchez, la Junta de Hospitales que organizaba las corridas de Madrid dirige a la Real Maestranza de Sevilla un oficio firmado por el Conde de la Cañada: “Espero que esta Real Maestranza use de la generosidad de relevar a Garcés de la contrata, dejándole para que pueda venir a la Corte, porque aquí prefieren los que torean en esa plaza sobre los demás pueblos de España”. Buena prueba de la preeminencia de los toreros andaluces en el período inicial de la tauromaquia moderna.</p>
<p>Garcés ya había actuado en Madrid en temporadas anteriores. En 1789 lo hizo como supernumerario de Pedro Romero, Costillares, Pepe Hillo y Juan Conde en los festejos con motivo de la exaltación al trono de Carlos IV, y como chulo del caballero Pedro José Echenique en las funciones de toreo a caballo. Sufrió cogidas en 1794 y 1795, toreando siempre con los ya mencionados, y en numerosas ocasiones compartiendo terna con los hermanos Romero en la capital y en otras plazas españolas. Debió ser sin duda alguien que se desempeñaba con garantías, y en cuentas de la Real Maestranza de Sevilla figura como uno de los que más cobraban. De sus características queda el testimonio que recogió José Pérez de Guzmán en su libro sobre los toreros cordobeses al comparar a estos con “la indiferencia glacial de Garcés”.</p>
<p>Su pista se pierde hacia 1800, fecha en la que desaparece de los carteles.</p>
<p><em>Bibliografía</em></p>
<p>Antonio Gracía-Baquero. <em>Razón de la Tauromaquia. Obra taurina completa</em>. Ed. Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2008. Coord. Pedro Romero de Solís.</p>
<p>A. García-Baquero, P. Romero de Solís, I. Vázquez Parladé. <em>Sevilla y las fiestas de los toros</em>. Biblioteca de Temas Sevillanos, Ayuntamiento de Sevilla, 1994.</p>
<p>J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico</em>, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>
<p>J. Sánchez de Neira. <em>Los toreros de antaño y los de hogaño</em>, 1884. Ed. Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2014. Introducción de Pedro Romero de Solís.</p>
<p>Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>
<p>J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p><p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/07/14/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxxii-francisco-garces-un-torero-mediano-entre-figuras/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXIII). Francisco Garcés, un torero mediano entre figuras.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXI). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 May 2022 10:40:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
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		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el capítulo anterior dejamos a Roque Miranda como escolta de la custodia de Fernando VII, retirado el gobierno liberal en Cádiz ante el avance de las tropas francesas de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis liderados por el duque de Angulema y del ejército realista.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/05/06/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxxi-roque-miranda-rigores-el-torero-miliciano-ii/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXI). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (II)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En el capítulo anterior dejamos a Roque Miranda como escolta de la custodia de Fernando VII, retirado el gobierno liberal en Cádiz ante el avance de las tropas francesas de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis liderados por el duque de Angulema y del ejército realista. En agosto comenzó el asedio, y el día 31 tuvo lugar la batalla del fuerte del Trocadero, bastión que protegía el acceso a la ciudad. Fue un ataque a la bayoneta, sorpresivo, que los 1.700 defensores de la guarnición no pudieron resistir ante una fuerza de 30.000 asaltantes. Esta «hazaña» sirvió para dar nombre a la famosa plaza de París. En ese enclave se instalaron baterías que bombarderaron Cádiz durante tres semanas. La plaza no fue conquistada, pero Fernando VII fue liberado y salió de la ciudad en una barcaza para reunirse en El Puerto de Santa María con el duque francés.</p>
<p>Comenzaba de esta forma la Década Ominosa y la persecusión de los liberales. Roque Miranda se retiró a la localidad madrileña de Pinto, evitando de esa manera aparecer donde su significación política le pudiera traer problemas por los partidarios realistas. No le fue fácil la vuelta a su profesión. Algunos de sus biógrafos señalan que no pudo hacerlo hasta 1828 por una prohibición expresa, pero Cossío documenta que justo un año después de su aventura gaditana intervino en la feria de San Fermín en Pamplona, donde recibe una pobre calificación: «Aprendiz completo, malísimo, arriesgado».</p>


<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/05/urrabieta-pinto.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/05/urrabieta-pinto.jpg?w=450" alt="" class="wp-image-1809" /></a></figure>


<p style="text-align:center;"><em>Toros en Pinto. Daniel Urrabieta Vierge. Óleo sobre tabla. Finales del siglo XIX. <a href="https://www.musee-orsay.fr/fr">Musée d&#8217;Orsay, París</a>.</em></p>

<p>Al parecer no existió esa prohibición de forma oficial, y sus escasas apariciones en los ruedos tenían más que ver con su prudencia. Hacia 1826 comienza a dejarse ver por plazas de Castilla y después por Aragón. En 1828 ya se atreve a intentarlo en la capital, pero solo tras una gestión de su esposa, que como sus padres estaba vinculada a la servidumbre regia. Por su mediación se consigue una Real Orden otorgándole permiso para que pueda ejercer su oficio en la plaza de Madrid. El ambiente político en los tendidos se había apaciaguado por entonces, y en octubre pudo salir a la plaza junto a tres sevillanos, <em>los Sombrereros</em> Antonio y Luis Ruiz, señalados absolutistas, y Manuel Parra, amigo de Juan León, el otro torero liberal.</p>
<p>Su carrera taurina no fue gloriosa, ya que sus virtudes no eran muchas por falta de fundamentos. Sin ser cobarde, le faltaba el valor que da el conocimiento de las reses por falta de práctica. Ejecutaba todas las suertes, destacando en banderillas, hasta el punto de que Galdós, en una de sus escasas referencias al mundo de los toros lo menciona a través de un personaje en su episodio nacional Mendizábal: «gran banderillero, capaz de poner pares en los cuernos de la luna”. En la dirección de la lidia se notaban sus deficiencias, no eran atinadas sus órdenes. «Siendo un buen torero, no era oportuno», según Bedoya.</p>
<p>Numerosos testimonios lo señalan como una persona que se hacía querer y que todos respetaban. Sánchez de Neira, citado por Cossío, llegó a tratarlo y escribió una semblanza en un número de <em>Sol y Sombra</em>: «Hijo del pueblo y entre el pueblo educado, con gran partido entre las manolas (&#8230;) amigo de todos y rumboso hasta el extremo de no tener nada suyo; servía con desinterés, alternaba con gentes altas y bajas, y su nombre corría de boca en boca como el prototipo del hijo de Madrid, alegre, dicharachero, valiente y dispuesto en cualquier ocasión a jugar su vida y su fortuna en favor de sus semejantes». El dibujo de un hombre cabal.</p>
<p>De alguna manera, y en un período de atonía de la fiesta, llenó junto a los dos <em>Sombrereros</em>, Juan Jiménez <em>el Morenillo</em> y Juan León el espacio que hay entre la muerte en Ronda de Curro Guillén en 1820 y la eclosión de Francisco Montes. Cuando entre la afición la mayoría liberal se imponía, se ajustó a acompañar al genio de Chiclana para protegerlo ante el rumor incierto de que Montes había sido simpatizante de la causa realista. En 1838 le cedió su antigüedad en la plaza de Madrid, debido en parte a las exigencias del astro, que solo se inclinaba ante el bravo Juan León. Miranda lo admitió con elegancia: «Vale más que cualquier torero que haya conocido, y a él u otro que valga más que yo es mi deber cederle el puesto».</p>
<p>Ya por entonces su trayectoria había entrado en plena decadencia, desajustado, con sobrepeso. En 1840, con el exilio de la reina regente María Cristina y el gobierno de Espartero, atendiendo a su contribución a la causa liberal le concedieron el cargo de administrador del Matadero, un puesto en el que podía retirarse a vivir con desahogo. Sorpresivamente decide volver a los ruedos dos años después. Esa temporada no se pudo contratar a Montes y Miranda quedaba como primer espada, pero reclamó que se llamara para esa responsabilidad al prometedor y malogrado Juan Yust, al que volvió a ceder su antigüedad admitiendo que no se encontraba en condiciones de ser director de la lidia.</p>
<p>En junio, toreando con <em>Cúchares</em>, un toro de Veragua de nombre Bravío le dio tres cornadas que lo dejaron en estado gravísimo durante semanas. En su reaparición en octubre, alternando con Montes y <em>el Chiclanero</em>, se le agravaron las heridas, mal cerradas. A pesar de las tres operaciones que se le practicaron no consiguió recuperarse para fallecer en febrero de 1843. Tenía 44 años.</p>
<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p>J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico</em>, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>
<p>Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>
<p>J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>
<p>Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>
<p>N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).</p><p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/05/06/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxxi-roque-miranda-rigores-el-torero-miliciano-ii/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXI). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (II)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXX). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (I)</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2022/04/07/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxx-roque-miranda-rigores-el-torero-miliciano-i/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Apr 2022 12:51:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Su primer protector fue el gran Jerónimo José Cándido, cuñado de Pedro Romero. Personalidad del mundo taurino que se involucró en el convulso período de enfrentamientos fraticidas entre liberales y realistas que marcarían el siglo más revuelto de la historia contemporánea de España, en paralelo a la evolución de la fiesta de los toros, que se mantenía inalterable en medio de los conflictos.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/04/07/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxx-roque-miranda-rigores-el-torero-miliciano-i/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXX). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (I)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Su primer protector fue el gran Jerónimo José Cándido, cuñado de Pedro Romero. Personalidad del mundo taurino que se involucró en el convulso período de enfrentamientos fraticidas entre liberales y realistas que marcarían el siglo más revuelto de la historia contemporánea de España, en paralelo a la evolución de la fiesta de los toros, que se mantenía inalterable en medio de los conflictos.</p>
<p>Vino al mundo en Madrid, año 1799. Hijo de empleados domésticos de la Casa Real que no le pudieron dedicar la necesaria atención debido a sus ocupaciones, el chico creció sin mucha vigilancia familiar y no pasó de la enseñanza más elemental, más aún en una ciudad invadida por los franceses. Su primer referente fue su hermano mayor, Juan, banderillero de cierto renombre que actuaba con los mejores de su época en la plaza de Madrid. Fue el que despertó su afición y de quien recibió las primeras lecciones, llevándoselo a vivir con él. Empapándose del ambiente profesional y por su mediación comenzó a frecuentar el matadero, donde Cándido, que mantenía allí una escuela de tauromaquia, se quedó prendado de sus cualidades, invitándolo a que lo acompañara en su cuadrilla a plazas de la provincia.</p>


<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/2022/04/roque-miranda.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/04/roque-miranda.jpg?w=450" alt="" class="wp-image-1802" /></a></figure>


<p style="text-align:center;"><em>Roque Miranda, por Fernando Miranda. “Historia del toreo y de las principales ganaderías de España” de Fernando García de Bedoya (Madrid, 1850). Biblioteca-RMR</em></p>

<p>Entre sus biógrafos hay disparidad de fechas sobre sus primeras actuaciones en Madrid, un tanto peregrinas. Constan un par de becerradas juveniles, una participación en 1817 en una “función ecuestre y de equilibrios” para celebrar el primer parto de la infortunada reina Isabel de Braganza (su hija no superaría los cuatro meses y ella misma moriría un año después en otro parto fallido), en una mojiganga en la que aparecía vestido de indio y en un espectáculo extraño, en el que picó, banderilleó y estoqueó a un toro enano. Mientras tanto, con Cándido ya lo hacía como media espada en plazas de pueblos, incluso formó cuadrilla propia acompañado de su hermano y ganaba popularidad y simpatías por su carácter abierto y requebrador, hasta que coincidiendo con la muerte de Curro Guillén en Ronda, consigue cumplir su sueño de entrar en la plaza de Madrid en 1820.</p>
<p>Aquí su biografía se bifurca y discurre circunstancialmente por otros derroteros, aun manteniendo su profesión. Asiduo parroquiano de La Fontana de Oro de la carrera de San Jerónimo, a la que Benito Pérez Galdós dedica su primera novela, antigua posada convertida en mentidero de artistas, intelectuales liberales y masones donde desgranaba su oratoria el político y escritor Antonio Alcalá Galiano, ese año se produce el alzamiento de Riego proclamando la constitución de 1812 que obligaría a Fernando VII a aceptarla, inaugurando el llamado trienio liberal.</p>
<p>Miranda, liberal entusiasta, se hace miembro de la facción más radical, la sociedad secreta de los caballeros comuneros, e ingresa en la milicia ciudadana formando parte del escuadrón de caballería en el que alcanza el rango de sargento. Estas actividades le distraen algo de su profesión, como en 1822, cuando tiene que combatir junto a las fuerzas constitucionales que reprimen la sublevación de la Guardia Real, persiguiéndolos hasta Aranjuez. En ese asalto fallecería su otro hermano, Fermín, maestro de música, granadero de la milicia nacional. A pesar de todo, en 1823 actúa numerosas veces en la arena madrileña, consolidado ya con contrato como sobresaliente, pero la insurrección realista en distintas zonas del país encuentra ese año el apoyo de las monarquías europeas de Prusia, Rusia, Austria y Francia, reunidas en la Santa Alianza, que deciden intervenir en España. Un ejército francés al mando del duque de Angulema, el llamado popularmente los Cien Mil Hijos de San Luis (eran cerca de 96.000 en realidad) penetra en territorio español para restaurar el régimen absolutista.</p>
<p>El empuje de la fuerza invasora se aprovecha de las debilidades de las divididas fuerzas liberales y el gobierno se traslada a Sevilla llevándose a Fernando VII. Miranda forma parte de la escolta de custodia del rey. Se cuenta que durante el tiempo que permanecen las Cortes en Sevilla, acude a una corrida de ocho toros en la Maestranza para Lorenzo Baden, torero del que se tienen pocos y confusos datos, el bravo Juan León y Manuel Lucas Blanco. Su nombre ya era conocido en Sevilla, y al reconocerlo el público entre los asistentes le reclaman que mate un toro. Se niega en principio, pero finalmente accede ante la petición del presidente, temeroso de que la cosa derive en tumulto. Así que, vestido con el uniforme de sargento, se despoja del chacó y de la guerrera y salta al ruedo para enfrentarse al cuarto toro, al que banderillea, trastea brevemente y acaba con un soberbio volapié, una de sus especialidades. No se enseñorea en el ruedo y vuelve a su asiento, desde donde agradece la ovación.</p>
<p>Tardaría un tiempo antes de volver a torear. Ante la llegada inminente del ejército del duque de Angulema, la comitiva gubernamental decide retirarse a Cádiz llevándose al rey, dejando atrás una ciudad envuelta en desmanes y saqueos de los partidarios realistas. Juan León, otro torero significado como liberal, va con ellos junto a Miranda, para soportar allí el asedio al que serían sometidos por los franceses.</p>
<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p>J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico</em>, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>
<p>Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>
<p>J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>
<p>N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).</p>
<p>Nestor Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.</p><p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/04/07/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxx-roque-miranda-rigores-el-torero-miliciano-i/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXX). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (I)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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		<item>
		<title>Sala de historia de la Tauromaquia. Escena de encierro en el matadero de Sevilla.</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2022/02/18/sala-de-historia-de-la-tauromaquia-escena-de-encierro-en-el-matadero-de-sevilla-%ef%bf%bc/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Feb 2022 13:45:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colecciones museísticas]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Colección Museística]]></category>
		<category><![CDATA[Escuela de Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Matadero]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Romero]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entre los cuadros que se guardan en la sala dedicada a la tauromaquia de la plaza de Ronda se encuentra una obra anónima datada en el primer tercio del siglo XVIII que representa una escena en el matadero de Sevilla, cuya explanada está considerada como el primer ruedo de la historia y que fuera sede de la Escuela de Tauromaquia que dirigiera Pedro Romero de 1830 a 1833.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/02/18/sala-de-historia-de-la-tauromaquia-escena-de-encierro-en-el-matadero-de-sevilla-%ef%bf%bc/">Sala de historia de la Tauromaquia. Escena de encierro en el matadero de Sevilla.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Entre los cuadros que se guardan en la sala dedicada a la tauromaquia de la plaza de Ronda se encuentra una obra anónima&nbsp;datada en el primer tercio del siglo XVIII que representa una escena en el matadero de Sevilla, cuya explanada está considerada como el primer ruedo de la historia y que fuera sede de la Escuela de Tauromaquia que dirigiera Pedro Romero de 1830 a 1833.</p>



<p><strong>“Todas las semanas llevan dos hatos de flacos animales al gran matadero que está situado entre una de las puertas de la ciudad y el arrabal de San Bernardo</strong>. Siempre se reúne en aquel llano un buen número de gente que agitando sus capas y con agudos silbidos logran con frecuencia dispersar la piara y separar a la res mas brava para divertirse con ella. Es un juego alegre y efectista, y rara vez resulta peligroso cuando lo practican los entendidos. Recibe el apropiado nombre de ‘capeo’. <strong>Todos los vecinos del barrio de San Bernardo, hombres, mujeres y niños, son grandes aficionados a él. </strong>Pero es en los mismos corrales del matadero donde se entrenan los toreros de profesión bajo la presidencia de un capitular del Ayuntamiento, que suele invitar a sus amigos a contemplar el espectáculo. <strong>El matadero está tan admitido como escuela de tauromaquia que se le da el apodo de Colegio”</strong>.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/2022/02/rmr_matadero_sevilla.png"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/02/rmr_matadero_sevilla.png?w=984" alt="" class="wp-image-1778" width="669" height="497" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center"><em>Anónimo. Escena de encierro en el matadero de Sevilla, ca.1720. Colección Real Maestranza de Caballería de Ronda.</em></p>



<p>Esta descripción de Jose María Blanco White, comprendida en sus <em>Cartas desde España</em> que comenzaron a publicarse en el New Monthly Magazine de Londres en 1821, refleja la actividad previa a la fundación de la escuela de Pedro Romero en el matadero de Sevilla situado en el arrabal extramuros de San Bernardo, colegio de las primeras figuras de la fiesta de los toros, como Joaquín Rodríguez <em>Costillares</em>, Pepe Hillo, Curro Guillén, Antonio Ruiz <em>el Sombrerero</em>, Juan León, Manuel Lucas Blanco,&nbsp; Juan Jiménez <em>el Morenillo</em>, Juan Martin, Juan Yust, Curro Cúchares, Manuel Domínguez <em>Desperdicios</em> y tantos otros.</p>



<p>Este matadero, que comenzó a construirse por orden de los Reyes Católicos en 1489 frente a una de las puertas de la ciudad (la islámica Minhoar que pasaría a llamarse de la Carne) convocó desde muy temprano la atención de la gente, que acudía a presenciar las faenas de lidia de las reses que se trasladaban desde las dehesas municipales, y que tenían lugar en el llano convenientemente cercado antes de ser metidos en los corrales. En los lances de burlas al toro de los trabajadores del matadero, matarifes o jiferos, está el origen del toreo a pie, como señalan autores como García Baquero y Pedro Romero de Solís. De la catadura de estos profesionales, “ministros de aquella confusión”, y de los valentones que se daban cita para alardear da cuenta el testimonio cervantino de <em>El coloquio de los perros</em>: “todos cuantos en él trabajan, desde el menor hasta el mayor, es gente ancha de conciencia, desalmada, sin temer al Rey ni a su justicia”(&#8230;) Por maravilla se pasa día sin pendencias y sin heridas, y a veces sin muertes; todos se pican de valientes, y aún tienen sus puntas de rufianes”. Era tan evidente que el espectáculo merecía la pena, con espectadores alrededor del llano o subidos en las almenas de la muralla próxima, que se levantaron construcciones para que tanto el público como las autoridades pudieran presenciarlo con la mayor comodidad, obras que se consideran los primeros edificios específicamente taurinos.</p>



<p>La primera visión de este espacio de la que se tiene constancia es el grabado basado en el dibujo del holandés Joris Hoefnagel de 1565, en el que se puede observar en el plano medio la actividad taurina. Posteriormente, en una serie de pinturas del XVIII, de la que forma parte el cuadro que comentamos y recogidas en el artículo del profesor Antonio Albardonero de la Universidad de Sevilla titulado “La génesis de la tauromaquia moderna&#8230;”, ya se distingue el mirador destinado a las más altas autoridades similar en tipología a los que eran frecuentes en la ciudad, y del que se puede decir que es el primer palco presidencial en un ruedo taurino. La perspectiva que ofrecen estas pinturas la proporcionaba otro mirador situado dentro del recinto amurallado, aprovechado por los artistas para plasmar las escenas. Este mirador aún se conserva, embutido entre dos calles aledañas a la zona.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/2022/02/captura-de-pantalla-2022-02-18-a-las-14.40.21.png"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/02/captura-de-pantalla-2022-02-18-a-las-14.40.21.png?w=1024" alt="" class="wp-image-1786" width="652" height="505" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center">Joris Hoefnagel, <em>Quien no haHoefnagel, Joris, <em>Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla</em>, grabado calcográfico, 1565, en <em>Civitatis Orbis Terrarum</em>, vol. V, p. 7. Biblioteca Nacional, Madrid.</em></p>



<p>La Escuela de Tauromaquia que dirigió Pedro Romero durante tres años comenzó su andadura en 1830, y para impartir sus lecciones se habilitó una plaza circundada de barreras y una andamiada para las personas a las que se les permitía la entrada, gratuita o de pago, así como un chiquero para la separación del ganado, “todo lo cual se ha ejecutado sin que se ocasione ningún entorpecimiento en las operaciones del mismo matadero”, como reza un informe del alcalde Arjona de 1831. La escuela fue efímera, ya que fue clausurada en 1833 poco después de la muerte de Fernando VII. El matadero fue desmantelado en 1914, pero sus restos han reaparecido en el actual mercado de abastos que ocupa la antigua estación de trenes de San Bernardo.</p>



<p></p>



<p><strong>Bibliografía</strong></p>



<p>Albardonero Fraile, Antonio.&nbsp; <em>La génesis de la tauromaquia moderna: la presidencia de la autoridad y la construcción de tribunas</em>. Laboratorio de Arte, Universidad de Sevilla, 2005.</p>



<p>Romero de Solís, Pedro; García-Baquero, Antonio;Vázquez Parlade, Ignacio. <em>Sevilla y la fiesta de toros</em>. Biblioteca de temas sevillanos. Ayuntamiento de Sevilla, 1981.</p>



<p>Romero de Solís, Pedro. <em>El rapto del toro: </em><em>eques agonistes. </em>Revista<em> </em>Separata, 1, 1978-1979, Sevilla.</p>



<p>García-Baquero, Antonio. <em>El macelo sevillano y los orígenes de la tauromaquia moderna. </em>Taurología, nº2, 1990.</p>



<p>J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p>Velázquez y Sánchez.  <em>Anales del toreo.</em>  Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p>Rivas, Natalio. <em>La Escuela de Tauromaquia de Sevilla y otras curiosidades taurinas</em>. Ed. libr San Martin, 1939</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVIII). Antonio Luque «el Camará», el torero docente</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2022/02/03/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxviii-antonio-luque-el-camara-el-torero-docente/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Feb 2022 16:29:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Antonio Luque, conocido como el Camará, era sobrino de Francisco González Panchón, que fuera discípulo de Pedro y José Romero. Había nacido en 1814 en el muy taurino arrabal de la Malmuerta, colindante con el matadero y el campo de la Merced, donde al año siguiente de su nacimiento se levantó una plaza de madera que habían destruido los franceses.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/02/03/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxviii-antonio-luque-el-camara-el-torero-docente/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVIII). Antonio Luque «el Camará», el torero docente</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Según ciertos datos, en 1850 se presentó en Ronda una cuadrilla de jóvenes toreros cordobeses, la mayoría adolescentes y un niño. En ese grupo figuraba alguno que llegaría a torear en todas las plazas de España, como Manuel Fuentes <em>Bocanegra</em>, y otro que se convertiría en figura cumbre de la fiesta como Rafael Molina <em>Lagartijo</em>, que a la sazón tenía nueve años. Estas formaciones juveniles tuvieron mucho predicamento en el siglo XIX e incluso al comienzo del XX, como la de los “niños sevillanos” con <em>Gallito</em>, Limeño y <em>Cara-Ancha</em> entre otros. Salvando un antecedente madrileño, la primera iniciativa de estas características es la que montó en Córdoba un torero menor cuando iniciaba la cuesta abajo de su carrera, de agrio carácter, que sería replicada en varias ciudades a partir de entonces, antecedente de posteriores escuelas de tauromaquia.</p>


<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/2022/02/antonio-luque-camara.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/02/antonio-luque-camara.jpg?w=450" alt="" class="wp-image-1770" /></a></figure></div>


<p style="text-align:center;"><em>Antonio Luque y González, el Camará</em></p>
<p>Antonio Luque, conocido como <em>el Camará</em>, era sobrino de Francisco González <em>Panchón</em>, que fuera discípulo de Pedro y José Romero. Había nacido en 1814 en el muy taurino arrabal de la Malmuerta (torre albarrana de principios del siglo XV envuelta en la leyenda medieval de un crimen pasional), colindante con el matadero y el campo de la Merced, donde al año siguiente de su nacimiento se levantó una plaza de madera que habían destruido los franceses. De una unión anterior, su madre lo era también de Rafael Rodríguez <em>Meloja</em>, que se convertiría en afamado banderillero de Antonio Ruiz <em>el Sombrerero</em>. No es de extrañar que con este parentesco y ambiente despertara su afición temprana desde que fuera un zagal empleado en el cuidado de vacas de leche. En el matadero se asomó a las lecciones que daban toreros locales de renombre, como su tío o Rafael Sánchez <em>Poleo</em>. Ansioso por convertirse más pronto que tarde en jefe de cuadrilla, comenzó sin mucho adiestramiento a participar en las capeas y festejos pueblerinos de su provincia. Le ayudó en su ascenso su pariente <em>Panchón</em>, que ya veterano se había visto obligado a volver a los ruedos y lo incluía como peón en las pocas contratas que conseguía.</p>
<p>Velázquez y Sánchez cuenta que en unas funciones reales celebradas en 1835 en la plaza de la Corredera de Córdoba su pariente y protector le concedió la alternativa. Sin embargo, José Pérez de Guzmán, autor de biografías de toreros cordobeses, sostiene que fue en Baena en 1836, en una corrida en la que <em>Panchón</em> se hirió en una mano en el primer toro, teniendo el novel diestro que hacerse cargo de los otros cinco. En esos tiempos, en los que abundaban toreros de tanta enjundia y poderío, le costó hacerse un hueco, teniendo que ceder su antigüedad a jóvenes mejor dotados ya que no era un prodigio, aunque se desempeñaba bien como peón. Por recomendación de su tío pudo entrar de banderillero en la cuadrilla de Montes, el gran mito de la época, con el que recorrió plazas andaluzas. Como tercer espada se le pudo ver en el Puerto de Santa María con Juan Pastor y José Redondo en 1844. Toreaba con cierta frecuencia en provincias, agradando por su bravura, y por sus parentescos familiares muchos toreros le echaban una mano, compartiendo carteles con <em>el Salamanquino</em>, Juan León, Lavi, Domínguez o Gonzalo Mora. En 1846 participa en la inauguración de la antigua plaza de toros de los Tejares de su ciudad, llevando de peón al legendario <em>Pepete</em> y alternando con Juan Pastor <em>el Barbero</em> y con <em>Cúchares</em>, quien le confirmaría la alternativa en Madrid en 1848.</p>
<p>Los dos años siguientes son los mejores de su carrera, pero a partir de ahí, debido a algunas cogidas que interrumpieron su trayectoria, a sus pobres recursos con la muleta y la espada con la que solía “perder el tino de una manera deplorable”, se inició su decadencia, participando en festejos menores cada vez más desconfiado y sin el empuje de antaño. Mal avenido con compañeros por razones de un carácter díscolo y difícil en el trato, se reconoce su labor en la educación taurina de jóvenes que luego darían que hablar y como eslabón entre dos generaciones de toreros cordobeses.</p>
<p>Por causa de meterse en empresas ruinosas, murió pobre el 11 de octubre de 1859 a los 45 años. Al frente de su numerosa familia quedó su hijo, Antonio, prematuramente encumbrado por sus buenos inicios, rebautizado como <em>Cúchares de Córdoba</em>.</p>
<p><em><strong>Bibliografía</strong></em></p>
<p>José P. de Guzmán. Toreros cordobeses. Imp. Diario de Córdoba, 1870, Córdoba.<br>J.M. Cossío. Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.<br>Velázquez y Sánchez. Anales del toreo. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.<br>J. Sánchez de Neira. El Toreo. Gran diccionario tauromáquico. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p><p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/02/03/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxviii-antonio-luque-el-camara-el-torero-docente/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVIII). Antonio Luque «el Camará», el torero docente</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVII). Francisco González «Panchón», discípulo de los Romero</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2022/01/13/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxvii-panchon/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Jan 2022 09:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza]]></category>
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		<category><![CDATA[Bandolero]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos IV]]></category>
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		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
		<category><![CDATA[Tragabuches]]></category>
		<category><![CDATA[Vizconde de Sancho Miranda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fue el primer torero cordobés que alcanzó cierto relieve. Con doce o trece años actuó en la arena de Ronda, a las órdenes de Pedro Romero. Nacido en 1784, en los últimos años del reinado de Carlos III, desde pequeño demostró grandes virtudes en el trato con reses bravas en la corraleja del matadero, hasta el punto de llamar la atención de un personaje singular, el vizconde de Sancho Miranda. Este caballero, que alanceaba toros y ejecutaba la suerte suprema de una manera que admiraba el propio Pedro Romero, y que llegó a criar un toro bravo en su palacio, fue quien se lo recomendó al maestro, que en aquel tiempo, auspiciado por la Real Maestranza, mantenía una escuela en la casa de matanza rondeña para formar a jóvenes como banderilleros y peones. Hacia 1793 incluyó a aquel joven ágil y fuerte para las funciones de la feria de Ronda. Ese mismo año eran guillotinados Luis XVI y María Antonieta y se declaraba la guerra del Rosellón entre Francia y España.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/01/13/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxvii-panchon/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVII). Francisco González «Panchón», discípulo de los Romero</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Fue el primer torero cordobés que alcanzó cierto relieve. Con doce o trece años actuó en la arena de Ronda, a las órdenes de Pedro Romero. Nacido en 1784, en los últimos años del reinado de Carlos III, desde pequeño demostró grandes virtudes en el trato con reses bravas en la corraleja del matadero, hasta el punto de llamar la atención de un personaje singular, el vizconde de Sancho Miranda. Este caballero, que alanceaba toros y ejecutaba la suerte suprema de una manera que admiraba el propio Pedro Romero, y que llegó a criar un toro bravo en su palacio, fue quien se lo recomendó al maestro, que en aquel tiempo, auspiciado por la Real Maestranza, mantenía una escuela en la casa de matanza rondeña para formar a jóvenes como banderilleros y peones. Hacia 1793 incluyó a aquel joven ágil y fuerte para las funciones de la feria de Ronda. Ese mismo año eran guillotinados Luis XVI y María Antonieta y se declaraba la guerra del Rosellón entre Francia y España.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/01/lidia-1884-panchon.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/01/lidia-1884-panchon.jpg?w=654" alt="" class="wp-image-1763" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center"><em>Un hecho notable de Francisco González (Panchón), por Ubaldo Bordanova. “La lidia: revista taurina”. Año 3, n. 32, 20 de octubre de 1884. Biblioteca-RMR</em></p>



<p>Al retirarse Pedro de los ruedos en 1799, <em>Panchón </em>siguió ligado a la familia como banderillero de su hermano José, que también dio cobijo en su cuadrilla a un joven y apuesto gitano de Arcos de la Frontera, de nombre José Ulloa, al que su hermano y rival no veía con buenos ojos. Con José actuaron en todas las corridas en las que fue contratado hasta que la muerte de Antonio Romero en Granada en 1802 provocó que se retirara de la lidia. La prohibición de celebrar corridas de toros de Carlos IV fue un contratiempo, pero con la llegada de José Bonaparte, a <em>Panchón</em>, que ya por entonces demostraba un valor y una fuerza física fuera de lo común, no le faltó trabajo, ascendiendo a la categoría de media espada, como aparece en la corrida celebrada en 1814 en Sevilla junto a un diestro sevillano menor, José María Inclán, que según ciertos datos le concede la alternativa en Córdoba un año después.</p>



<p>El retorno de Fernando VII provocó que se celebraran numerosas corridas en provincias. En Málaga se ajustaron tres corridas con <em>Panchón</em>, que gozaba de gran crédito en plazas andaluzas. El cordobés se acordó de su antiguo compañero, José Ulloa, que había subido también de categoría acompañando a su vez al menos dotado de la saga de los Romero, Gaspar. Gonzalez le comunicó que contaba con él como segundo espada, y le pidió que se pusiera en camino hacia Málaga a la mayor rapidez posible.</p>



<p>En este punto, conviene aclarar que José Ulloa era conocido como <em>Tragabuches</em>, apodo heredado de su padre al parecer por haber comido un buche, borrico recién nacido. Cuando <em>Panchón</em> lo reclama, Ulloa, que no era capaz de conseguir contratos por razones de su carácter, alternaba su oficio con el de contrabandista de tejidos que luego su mujer, hermosa bailaora gitana conocida como la Nena vendía en las mejores casas de Ronda.</p>



<p>Ulloa se dispuso a poner rumbo a Málaga, envió su equipaje por delante con un trajinero y compró un caballo para partir al día siguiente, según relata Velázquez y Sánchez. En una noche de luna clara emprendió la ruta hacia la venta donde le esperaban <em>Panchón</em> y su cuadrilla. A tres leguas de Ronda el caballo tropezó y Ulloa se estrelló contra el suelo, con tan mala fortuna que se le dislocó un brazo. Resentido por la costalada, regresó maltrecho a su casa. Allí sorprendió a la Nena con un joven amante, al que degolló antes de arrojar por la ventana a su pareja, que murió en el acto. Ulloa se dio a la fuga y así comenzó la leyenda de uno de los más sanguinarios bandoleros, El Gitano, al que se le adjudica que fuera el propio Ulloa y formara parte de la famosa banda de los Siete Niños de Écija. Nunca se supo nada más de él. De esta forma se perdió un torero que contaba con los mejores auspicios y al que se le puede considerar antecedente de la torería gitana.</p>



<p><em>Panchón</em>, por su parte, no dejó de crecer, ganándose el respeto de públicos y compañeros por su desmedido valor, su carácter formal, sus estoconazos temibles y su enorme fuerza. Alternó con los mejores diestros del momento, como Curro Guillén, Antonio Ruiz <em>el Sombrerero</em>, con quien se presentó en Madrid en 1820, y con Jiménez <em>el Morenillo</em>. Conocida es su amistad con Manuel Lucas Blanco, al que llevó durante un tiempo en su formación, aquel trueno de filiación absolutista que acabó siendo ejecutado por matar en una reyerta a un isabelino.</p>



<p>De <em>Panchón</em>, heredero como discípulo de la escuela rondeña, cargada de sobriedad, destacaban sobre todo sus temeridades “con un corazón nacido para ver de cerca el peligro sin sobresaltarse” y la violencia de su estoque. De su fuerza, por la que llegó a llamársele “Hércules del toreo”, quedó registrada una hazaña en Madrid en 1828; le había correspondido en tercer lugar un toro de la ganadería de Domínguez Ortiz, de Utrera, que recibió veinte puyazos, derribó seis veces y mató tres caballos y al que solo le pudieron poner un par de banderillas antes de que <em>Panchón</em> con escueto trasteo le endosara una estocada baja. Aquel demonio hizo caso omiso de la rueda de peones y banderilleros y llegó a arrinconar contra las tablas al cordobés, que detuvo la embestida sujetándolo por los cuernos para zafarse de la cogida. Esta demostración de sin par fortaleza asombró a Fernando VII, que lo convocó a su palco para concederle la merced que quisiera.</p>



<p>Toreando en Cádiz un año después sufrió una herida que lo apartó transitoriamente de los ruedos. No ganaban mucho los toreros en aquellos tiempos broncos, así que aprovechó la oferta real para colocarse como administrador de sales y como conductor de correos, hasta que fue cesado y se vio obligado a volver a las plazas en 1836 para mantener a su familia. Mermado de facultades y de gracia torera, por la que nunca se distinguió, no le fue fácil conseguir corridas. Su corpulencia se vio asaltada por una tendencia al sobrepeso, lo que limó su anterior ligereza, y en 1842, toreando en la plaza de Hinojosa, sufrió una grave cornada en el vientre de la que no llegó a recuperarse. Falleció en Córdoba en 1843. Su nombre queda registrado como precursor de las grandes figuras que daría su ciudad en épocas posteriores.</p>



<p><strong>Bibliografía</strong></p>



<p>José P. de Guzmán. <em>Toreros cordobeses</em>. Imp. Diario de Córdoba, 1870, Córdoba.</p>



<p>J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p>J. Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo.</em> Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p>J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo.</em> <em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVI). Gonzalo Mora, el torero con hechuras</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Dec 2021 11:01:12 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El 20 de mayo de 1852 tomaba la alternativa en Ronda un torero madrileño junto a los gaditanos Francisco Ezpeleta y Manuel Díaz Lavi, veteranos diestros en el ocaso de sus carreras. Ese doctorado no sería reconocido por torear novillos después, y Gonzalo Mora tuvo que ratificarla posteriormente. En su obra El Toreo, el que fuera director de la revista La Lidia José Sánchez de Neira comienza la semblanza que le dedica diciendo que “era el tipo que marca una época del torero de este siglo”. Se refería más bien a sus “hechuras”, más allá de sus cualidades en las plazas: echao pa lante, amable con todos, generoso, requebrador de niñas y galanteador de mozas de rumbo, jacarandoso en el baile, derechito, con gracia y bien vestido.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/12/15/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxvi-gonzalo-mora-el-torero-con-hechuras/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVI). Gonzalo Mora, el torero con hechuras</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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<p>El 20 de mayo de 1852 tomaba la alternativa en Ronda un torero madrileño junto a los gaditanos Francisco Ezpeleta y Manuel Díaz <em>Lavi</em>, veteranos diestros en el ocaso de sus carreras. Ese doctorado no sería reconocido por torear novillos después, y Gonzalo Mora tuvo que ratificarla posteriormente. En su obra <em>El Toreo</em>, el que fuera director de la revista <em>La Lidia</em> José Sánchez de Neira comienza la semblanza que le dedica diciendo que “era el tipo que marca una época del torero de este siglo”. Se refería más bien a sus “hechuras”, más allá de sus cualidades en las plazas:<em> echao pa lante</em>, amable con todos, generoso, requebrador de niñas y galanteador de mozas de rumbo, jacarandoso en el baile, derechito, con gracia y bien vestido.</p>



<p>Su gusto por el atuendo que se haría proverbial le vino de cuna, hijo de un sastre del Puerto de Santa María afincado en la capital, taller frecuentado por muchos toreros. Nacido en 1827, de ese contacto le vendría pronto a Gonzalo la afición, desdeñando seguir con el oficio familiar. Resignado el padre, que también había hecho sus pinitos, se lo encomendó a Pedro Sánchez <em>Noteveas</em>, torero sevillano de escaso mérito que actuaba con frecuencia en Madrid, con el que aprendió sus primeras lecciones como peón de su cuadrilla, estoqueando algún toro.</p>



<p>Cuando actúa en Ronda tiene 25 años, se foguea en varias plazas y en algunas comparte cartel con el que sería su modelo a seguir, más en su forma de ser que como maestro de virtudes taurinas, el bullicioso, desprendido, exhibicionista y buscarruidos Juan Pastor <em>el Barbero</em>, que lo lleva a La Habana en 1853 como segundo de su cuadrilla. Se cuenta que debió hacerlo con éxito, porque toreó más de cuarenta corridas en un solo año.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/2021/12/gonzalo-mora-lidia.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/12/gonzalo-mora-lidia.jpg?w=450" alt="" class="wp-image-1716" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center"><em>Gonzalo Mora, por Daniel Perea.</em> <em>“La lidia: revista taurina”. Año 11, n. 22, 12 de septiembre de 1892. Biblioteca-RMR</em></p>



<p>A su vuelta participa en la corrida organizada por <em>Cúchares </em>por las víctimas de los sucesos de julio de 1854, rebelión popular y pronunciamiento militar dirigido por O&#8217;Donnell que se conoce como la<em> Vicalvarada</em> por iniciarse en la población madrileña de Vicálvaro, que pondría fin a la década moderada para abrir el bienio progresista. Mora era de ideas liberales, y formó parte de la milicia nacional en aquellos tiempos revueltos. De su carácter da buena prueba que siempre se prestó a colaborar en festejos benéficos de algún tipo.</p>



<p>Un mes después, acompañó como segundo a Cayetano Sanz en Bayona, para celebrar la primera corrida en Francia que incluía la muerte del toro en la plaza, bajo la presidencia de Napoleón III y su esposa, la emperatriz Eugenia de Montijo. Intervino en varias plazas españolas con decoro, aunque sus virtudes como maestro no eran muchas. Sus problemas con toros serios acentuaban su irregularidad, “hoy temerario y huido mañana, y en la misma función ambas cosas muchas veces”, según Velázquez y Sánchez. En 1856 recibió la alternativa oficial en Madrid, con <em>Pepete </em>y <em>El Tato</em>. En los años siguientes no consiguió ganarse un lugar destacado entre tantos toreros como había, y en 1868 marcha a Perú junto a Julián Casas <em>el Salamanquino</em> y Manuel Hermosilla, torero de Sanlúcar de Barrameda que era habitual en plazas de Cuba y México.</p>



<p>A su regreso encuentra contratas en El Havre, una vez aprobadas las corridas en Francia, y allí se dice que ganó gran popularidad, debida mayormente a que su figura chulapona, siempre atildado, y su personalidad reunían para el público francés las características del tipo de torero romántico, como lo había sido <em>El Barbero</em>, el espejo en el que se miraba.</p>



<p>Hacia 1870 en España se le había acabado el crédito y no toreaba más que en festejos benéficos, para los que siempre estaba predispuesto. No tuvo grandes percances en su larga carrera, destacando una cogida en la ingle al saltar vestido de calle al ruedo de Madrid para matar un toro con el que no podían los toreros contratados. En 1879 interviene en las corridas reales por los esponsales de Alfonso XII con María Cristina de Austria. Cumplió su cometido, vistiendo de café y plata y carmesí y plata en los dos días que intervino. A partir de ahí estiró lo que pudo su carrera, “con menos alientos ya / que una débil alma en pena, / anda en la taurina arena / como un huésped que se va”, según unos versos publicados en <em>La Lidia</em> en 1884, preámbulo de un período de estrecheces económicas, privaciones y mala salud que llevaron a <em>Frascuelo</em> a organizar una novillada en su socorro.</p>



<p>Retirado en el pueblo de Colmenar del Arroyo, falleció en 1892.</p>



<p><em>Bibliografía</em></p>



<p>J.M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III</em>. Espasa Calpe, Madrid, 1943.<br>J. Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.<br>J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).<br>N. Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.<br>Almanaque taurino, <em>La Lidia</em>. Madrid, 1884.</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXV). Manuel Fuentes «Bocanegra», el torero infortunado</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Nov 2021 12:52:16 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En septiembre de 1874 se inauguró en Madrid una nueva plaza de toros durante un momento histórico particularmente revuelto. Entre los ocho jefes de cuadrilla contratados para la ocasión estaban Lagartijo, Frascuelo, Currito, hijo del célebre Cúchares, y un cordobés que a pesar de su ocaso aún conservaba cierto prestigio, Bocanegra.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/11/18/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxv-manuel-fuentes-bocanegra-el-torero-infortunado/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXV). Manuel Fuentes «Bocanegra», el torero infortunado</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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<p>En septiembre de 1874 se inauguró en Madrid una nueva plaza de toros durante un momento histórico particularmente revuelto. El año anterior había renunciado al trono el rey Amadeo I de Saboya, poniendo fin a su efímero reinado, superado por el desgaste de la prolongada insurrección de Cuba desde 1868, el estallido de la tercera guerra carlista de 1872 y su falta de apoyos políticos, abdicación que desembocaría en la proclamación de la primera república española entre revueltas cantonales. Benito Pérez Galdós comenzaba a publicar sus <em>Epìsodios Nacionales</em>.</p>



<p>En ese inflamado contexto el público de Madrid se dispuso a disfrutar de un nuevo y bonito coso taurino, llamado de la Fuente del Berro o de Goya, de estilo neomudéjar y con capacidad para cerca de 15.000 espectadores. Entre los ocho jefes de cuadrilla contratados para la ocasión estaban <em>Lagartijo</em>, <em>Frascuelo</em>, <em>Currito</em>, hijo del célebre <em>Cúchares</em>, y un cordobés que a pesar de su ocaso aún conservaba cierto prestigio. También participaba el afamado picador Antonio Calderón y entre los banderilleros figuraban dos hermanos de la familia de los Gallo, José y Fernando, padre de Rafael y Joselito. La corrida empezó a las tres de la tarde, en un día lluvioso y con viento.</p>



<figure class="wp-block-gallery aligncenter columns-1 wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex"><ul class="blocks-gallery-grid"><li class="blocks-gallery-item"><figure><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/11/manuel-fuentes.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/11/manuel-fuentes.jpg" alt="" data-id="1703" class="wp-image-1703" /></a></figure></li></ul></figure>


<p style="text-align:center;"><em>Manuel Fuentes (Bocanegra), por Teodoro Arámburu. “Anales del toreo” de José Velázquez y Sánchez (Sevilla, 1868). Biblioteca-RMR</em></p>


<p>El primer toro era del duque de Veragua, de nombre <em>Toruno</em>, “berrendo en negro, capirote, botinero y astillado del izquierdo”. Le correspondió el honor de la primera lidia al cordobés Manuel Fuentes, que cuatro días antes había sufrido una cogida, algo que no era raro en él. <em>Bocanegra</em> era su apodo, por su parecido físico con un banderillero de Montes y <em>Chiclanero</em> que había muerto en la anterior plaza de la puerta de Alcalá. <em>Toruno</em> recibió varias varas de Calderón, tumbó tres veces y dejó un equino finado. A la hora del brindis Fuentes se equivocó, y hubo que advertirle que no era al duque al que había que dedicarle el toro, sino a la presidencia. Soltada su letanía, se hizo cargo de <em>Toruno</em> con pocos pases (seis le contabilizó la crónica de <em>El Toreo</em>) antes de entrar a matar. El toro se escapó por el tendido 10 y regresó al ruedo, donde <em>Bocanegra</em> tuvo que darle más pases y repetir la suerte suprema con una estocada “atravesadísíma”.</p>



<p>A esas alturas, con 37 años, Manuel Fuentes se veía ya cada vez más impedido para estar a la altura de la competencia. Había nacido en la capital del califato en 1837, el mismo año en el que subía al trono de Inglaterra la reina Victoria. Hijo de <em>Canuto</em>, novillero y banderillero, comenzó a torear siendo un niño, junto a la cuadrilla de toreros infantiles que organizaba el torero y empresario Antonio Luque, <em>el Camará</em>, otro cordobés señalado en estas lides. De buena estatura y fuerte complexión, ingresó más tarde en la de <em>Pepete</em>, aquel torero desmedido de valor suicida, y muchos paisanos suyos vieron en el joven a su sucesor. También lo acogió con buenos ojos la afición sevillana, cuando pasó a la formación de Manuel Domínguez <em>Desperdicios</em>, el eslabón que transmitía la esencia de la escuela de Ronda.</p>



<p>El maestro le tomó aprecio, el muchacho demostraba buenos conocimientos taurinos, y aunque no tuviera una especial gracia ni finura, con las banderillas era eficaz y ejecutaba otras suertes con valor y buena predisposición, también con la garrocha en ocasiones. Pronto quiso emanciparse, y a juzgar por comentarios de entendidos, Domínguez le concedió de forma prematura la alternativa en El Puerto de Santa María en agosto de 1862. Aunque era corto de virtudes en el manejo de la muleta, hizo sus progresos, y por su manera de encarar a los toros, algo tensa, consiguió renombre.</p>



<p>En el segundo año de su carrera como matador sufrió dos graves cornadas, una en Sevilla al acudir en auxilio de un picador, y otra en Ciudad Real. No se enfrió su valor, y cuando se recuperó fue reclamado por todas las plazas importantes de Andalucía, que querían ver a un torero muy bravo y con ganas de agradar, atreviéndose con todo, que “paraba” con aplomo a los toros. Un tanto irreflexivo, sin embargo, se le achacaba que no distinguiera lo que se le puede hacer a un toro según sus características, causa de que lo cogieran con una frecuencia alarmante. En 1864, en una corrida en Cádiz, un toro de Andrade de “muchos pies, abanto y receloso” con mucho sentido lo enganchó con una cornada en el cuello que afectó a la carótida, herida que hizo temer por su vida y de la que se recuperó milagrosamente.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/11/lidia-1886.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/11/lidia-1886.jpg?w=500" alt="" class="wp-image-1706" /></a></figure></div>


<p style="text-align:center;"><em>Una cojida de Bocanegra. “La lidia: revista taurina”. Año 5, n. 28, 1 de noviembre de 1886. Biblioteca-RMR</em></p>


<p>Depositario en principio de la manera rondeña de entender la lidia a través de Domínguez, la afición de su ciudad comenzó a criticarle que pretendiera acercarse al toreo bullicioso y ventajista de <em>Cúchares</em>, quien le confirmaría la alternativa en 1864 en Madrid. También quiso imitar los famosos pares al quiebro de <em>Gordito</em>, que en 1865 apadrinaría la alternativa de su primo <em>Lagartijo</em>, con quien había coincidido y competido en época de formación. Esa rutilante aparición oscurecería, como sostiene Cossío, la carrera de <em>Bocanegra</em> y provocaría rupturas y reconciliaciones entre ambos.</p>



<p>Si ese fue uno de sus infortunios, no lo fue menos su tendencia a engordar, lastrando la agilidad de la que hizo gala en su juventud. Sumemos que, aquejado de una enfermedad venérea, mientras toreaba en 1868 una vaca en los corrales del matadero de Córdoba tuvo que arrojarse a una pila de agua para no evitar ser cogido, lo que derivó en una afección de los ojos que le impidió torear durante dos temporadas y media. Fue precisamente <em>Lagartijo</em> el que sufragó la cura de la oftalmitis, ante la falta de recursos económicos de su pariente.</p>



<p>En su reaparición se mostró lento y torpe con la espada, pero tuvo una tarde de gloria en Sevilla en 1872 frente a <em>Gordito</em>, al que ganó el duelo de las banderillas y fue sacado a hombros. Subió su cotización y encontró contratas en Madrid, aprovechando que <em>Gordito</em> era repudiado en la capital. Pero las desavenencias con <em>Lagartijo</em> volvieron a producirse y poco a poco en su vano empeño de competir con él fue descendiendo peldaños en la estimación general, entre pérdida de recursos físicos cada vez más acusados, cogidas y faenas desaliñadas. Se vio obligado a actuar en plazas de segundo orden, a veces como empresario, aumentando deudas sin parar.</p>



<figure class="wp-block-gallery aligncenter columns-1 wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex"><ul class="blocks-gallery-grid"><li class="blocks-gallery-item"><figure><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/11/lidia-1889.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/11/lidia-1889.jpg" alt="" data-id="1707" class="wp-image-1707" /></a></figure></li></ul></figure>


<p style="text-align:center;"><em>Manuel Fuentes (Bocanegra). “La lidia: revista taurina”. Año 8, n. 13, 8 de julio de 1889. Biblioteca-RMR</em></p>


<p>Su final estuvo acorde a su trayectoria infortunada. El 20 de junio de 1889, cuatro días después de torear con 52 años en Madrid sustituyendo a <em>Frascuelo</em>, asistió a una novillada para principiantes en Baeza. En cuarto lugar saltó a la arena un ejemplar que provocó el pánico entre la muchachada, que no se atrevía a dar un quite. Saltó <em>Bocanegra</em> a la plaza con afán de ayudar, junto a su pariente el novillero Rafael Ramos <em>el Melo</em>, y al intentar el quite fue perseguido por el toro que lo alcanzó cerca de la ingle antes de que pudiera entrar en el burladero. La cornada, tremebunda, afectó a la zona intestinal y derivó en peritonitis, expirando al día siguiente.</p>



<p>Sentido por todos como hombre bueno y cabal, aunque tuviera que sufrir desprecios y vejaciones por parte de los públicos que asistían a su declive, luchando “contra la pobreza de elasticidad de sus músculos”, no quedaron en el olvido las innegables cualidades que tan buenos augurios le acompañaron en su juventud, su serenidad, aplomo y valentía que quedaron refrendadas en algunas faenas magistrales incluso en su época de decadencia.</p>



<p><strong>Bibliografía</strong></p>



<p>J.Mª. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico</em>, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.<br>J. Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.<br>J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).<br>J. Pérez de Guzmán. <em>Toreros cordobeses</em>. Imp. Diario de Córdoba, 1870, Córdoba.<br><em>El Toreo</em>. Año I, núm. 23, 5 de septiembre 1875.<br>A. García-Baquero. <em>Razón de la tauromaquia. Obra taurina completa</em>. (Pedro Romero de Solís, coord.). Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Universidad de Sevilla, 2008.<br>N. Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.<br>N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987)</p>
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