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	<title>Pedro Romero archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
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	<title>Pedro Romero archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
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		<title>Sala de historia de la Tauromaquia. Escena de encierro en el matadero de Sevilla.</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Feb 2022 13:45:38 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Entre los cuadros que se guardan en la sala dedicada a la tauromaquia de la plaza de Ronda se encuentra una obra anónima datada en el primer tercio del siglo XVIII que representa una escena en el matadero de Sevilla, cuya explanada está considerada como el primer ruedo de la historia y que fuera sede de la Escuela de Tauromaquia que dirigiera Pedro Romero de 1830 a 1833.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/02/18/sala-de-historia-de-la-tauromaquia-escena-de-encierro-en-el-matadero-de-sevilla/">Sala de historia de la Tauromaquia. Escena de encierro en el matadero de Sevilla.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Entre los cuadros que se guardan en la sala dedicada a la tauromaquia de la plaza de Ronda se encuentra una obra anónima&nbsp;datada en el primer tercio del siglo XVIII que representa una escena en el matadero de Sevilla, cuya explanada está considerada como el primer ruedo de la historia y que fuera sede de la Escuela de Tauromaquia que dirigiera Pedro Romero de 1830 a 1833.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Todas las semanas llevan dos hatos de flacos animales al gran matadero que está situado entre una de las puertas de la ciudad y el arrabal de San Bernardo</strong>. Siempre se reúne en aquel llano un buen número de gente que agitando sus capas y con agudos silbidos logran con frecuencia dispersar la piara y separar a la res mas brava para divertirse con ella. Es un juego alegre y efectista, y rara vez resulta peligroso cuando lo practican los entendidos. Recibe el apropiado nombre de ‘capeo’. <strong>Todos los vecinos del barrio de San Bernardo, hombres, mujeres y niños, son grandes aficionados a él. </strong>Pero es en los mismos corrales del matadero donde se entrenan los toreros de profesión bajo la presidencia de un capitular del Ayuntamiento, que suele invitar a sus amigos a contemplar el espectáculo. <strong>El matadero está tan admitido como escuela de tauromaquia que se le da el apodo de Colegio”</strong>.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/02/rmr_matadero_sevilla.png"><img fetchpriority="high" decoding="async" alt="Anónimo. Escena de encierro en el matadero de Sevilla, Sala de Historia de la Tauromaquia" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/02/rmr_matadero_sevilla.png?w=984" alt="" class="wp-image-1778" width="669" height="497" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Anónimo. Escena de encierro en el matadero de Sevilla, ca.1720. Colección Real Maestranza de Caballería de Ronda.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta descripción de Jose María Blanco White, comprendida en sus <em>Cartas desde España</em> que comenzaron a publicarse en el New Monthly Magazine de Londres en 1821, refleja la actividad previa a la fundación de la escuela de Pedro Romero en el matadero de Sevilla situado en el arrabal extramuros de San Bernardo, colegio de las primeras figuras de la fiesta de los toros, como Joaquín Rodríguez <em>Costillares</em>, Pepe Hillo, Curro Guillén, Antonio Ruiz <em>el Sombrerero</em>, Juan León, Manuel Lucas Blanco,&nbsp; Juan Jiménez <em>el Morenillo</em>, Juan Martin, Juan Yust, Curro Cúchares, Manuel Domínguez <em>Desperdicios</em> y tantos otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este matadero, que comenzó a construirse por orden de los Reyes Católicos en 1489 frente a una de las puertas de la ciudad (la islámica Minhoar que pasaría a llamarse de la Carne) convocó desde muy temprano la atención de la gente, que acudía a presenciar las faenas de lidia de las reses que se trasladaban desde las dehesas municipales, y que tenían lugar en el llano convenientemente cercado antes de ser metidos en los corrales. En los lances de burlas al toro de los trabajadores del matadero, matarifes o jiferos, está el origen del toreo a pie, como señalan autores como García Baquero y Pedro Romero de Solís. De la catadura de estos profesionales, “ministros de aquella confusión”, y de los valentones que se daban cita para alardear da cuenta el testimonio cervantino de <em>El coloquio de los perros</em>: “todos cuantos en él trabajan, desde el menor hasta el mayor, es gente ancha de conciencia, desalmada, sin temer al Rey ni a su justicia”(&#8230;) Por maravilla se pasa día sin pendencias y sin heridas, y a veces sin muertes; todos se pican de valientes, y aún tienen sus puntas de rufianes”. Era tan evidente que el espectáculo merecía la pena, con espectadores alrededor del llano o subidos en las almenas de la muralla próxima, que se levantaron construcciones para que tanto el público como las autoridades pudieran presenciarlo con la mayor comodidad, obras que se consideran los primeros edificios específicamente taurinos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera visión de este espacio de la que se tiene constancia es el grabado basado en el dibujo del holandés Joris Hoefnagel de 1565, en el que se puede observar en el plano medio la actividad taurina. Posteriormente, en una serie de pinturas del XVIII, de la que forma parte el cuadro que comentamos y recogidas en el artículo del profesor Antonio Albardonero de la Universidad de Sevilla titulado “La génesis de la tauromaquia moderna&#8230;”, ya se distingue el mirador destinado a las más altas autoridades similar en tipología a los que eran frecuentes en la ciudad, y del que se puede decir que es el primer palco presidencial en un ruedo taurino. La perspectiva que ofrecen estas pinturas la proporcionaba otro mirador situado dentro del recinto amurallado, aprovechado por los artistas para plasmar las escenas. Este mirador aún se conserva, embutido entre dos calles aledañas a la zona.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/02/captura-de-pantalla-2022-02-18-a-las-14.40.21.png"><img decoding="async" alt="Joris Hoefnagel, 'Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla', Sala de Historia de la Tauromaquia" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/02/captura-de-pantalla-2022-02-18-a-las-14.40.21.png?w=1024" alt="" class="wp-image-1786" width="652" height="505" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Joris Hoefnagel, <em>Quien no haHoefnagel, Joris, <em>Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla</em>, grabado calcográfico, 1565, en <em>Civitatis Orbis Terrarum</em>, vol. V, p. 7. Biblioteca Nacional, Madrid.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Escuela de Tauromaquia que dirigió Pedro Romero durante tres años comenzó su andadura en 1830, y para impartir sus lecciones se habilitó una plaza circundada de barreras y una andamiada para las personas a las que se les permitía la entrada, gratuita o de pago, así como un chiquero para la separación del ganado, “todo lo cual se ha ejecutado sin que se ocasione ningún entorpecimiento en las operaciones del mismo matadero”, como reza un informe del alcalde Arjona de 1831. La escuela fue efímera, ya que fue clausurada en 1833 poco después de la muerte de Fernando VII. El matadero fue desmantelado en 1914, pero sus restos han reaparecido en el actual mercado de abastos que ocupa la antigua estación de trenes de San Bernardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Albardonero Fraile, Antonio.&nbsp; <em>La génesis de la tauromaquia moderna: la presidencia de la autoridad y la construcción de tribunas</em>. Laboratorio de Arte, Universidad de Sevilla, 2005.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Romero de Solís, Pedro; García-Baquero, Antonio;Vázquez Parlade, Ignacio. <em>Sevilla y la fiesta de toros</em>. Biblioteca de temas sevillanos. Ayuntamiento de Sevilla, 1981.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Romero de Solís, Pedro. <em>El rapto del toro: </em><em>eques agonistes. </em>Revista<em> </em>Separata, 1, 1978-1979, Sevilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">García-Baquero, Antonio. <em>El macelo sevillano y los orígenes de la tauromaquia moderna. </em>Taurología, nº2, 1990.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez.  <em>Anales del toreo.</em>  Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rivas, Natalio. <em>La Escuela de Tauromaquia de Sevilla y otras curiosidades taurinas</em>. Ed. libr San Martin, 1939</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVII). Francisco González «Panchón», discípulo de los Romero</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2022/01/13/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxvii-panchon/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Jan 2022 09:00:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Fue el primer torero cordobés que alcanzó cierto relieve. Con doce o trece años actuó en la arena de Ronda, a las órdenes de Pedro Romero. Nacido en 1784, en los últimos años del reinado de Carlos III, desde pequeño demostró grandes virtudes en el trato con reses bravas en la corraleja del matadero, hasta el punto de llamar la atención de un personaje singular, el vizconde de Sancho Miranda. Este caballero, que alanceaba toros y ejecutaba la suerte suprema de una manera que admiraba el propio Pedro Romero, y que llegó a criar un toro bravo en su palacio, fue quien se lo recomendó al maestro, que en aquel tiempo, auspiciado por la Real Maestranza, mantenía una escuela en la casa de matanza rondeña para formar a jóvenes como banderilleros y peones. Hacia 1793 incluyó a aquel joven ágil y fuerte para las funciones de la feria de Ronda. Ese mismo año eran guillotinados Luis XVI y María Antonieta y se declaraba la guerra del Rosellón entre Francia y España.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Fue el primer torero cordobés que alcanzó cierto relieve. Con doce o trece años actuó en la arena de Ronda, a las órdenes de Pedro Romero. Nacido en 1784, en los últimos años del reinado de Carlos III, desde pequeño demostró grandes virtudes en el trato con reses bravas en la corraleja del matadero, hasta el punto de llamar la atención de un personaje singular, el vizconde de Sancho Miranda. Este caballero, que alanceaba toros y ejecutaba la suerte suprema de una manera que admiraba el propio Pedro Romero, y que llegó a criar un toro bravo en su palacio, fue quien se lo recomendó al maestro, que en aquel tiempo, auspiciado por la Real Maestranza, mantenía una escuela en la casa de matanza rondeña para formar a jóvenes como banderilleros y peones. Hacia 1793 incluyó a aquel joven ágil y fuerte para las funciones de la feria de Ronda. Ese mismo año eran guillotinados Luis XVI y María Antonieta y se declaraba la guerra del Rosellón entre Francia y España.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/01/lidia-1884-panchon.jpg"><img decoding="async" alt="Un hecho notable de Francisco González 'Panchón', discípulo de los Romero" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/01/lidia-1884-panchon.jpg?w=654" alt="" class="wp-image-1763" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Un hecho notable de Francisco González (Panchón), por Ubaldo Bordanova. “La lidia: revista taurina”. Año 3, n. 32, 20 de octubre de 1884. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al retirarse Pedro de los ruedos en 1799, <em>Panchón </em>siguió ligado a la familia como banderillero de su hermano José, que también dio cobijo en su cuadrilla a un joven y apuesto gitano de Arcos de la Frontera, de nombre José Ulloa, al que su hermano y rival no veía con buenos ojos. Con José actuaron en todas las corridas en las que fue contratado hasta que la muerte de Antonio Romero en Granada en 1802 provocó que se retirara de la lidia. La prohibición de celebrar corridas de toros de Carlos IV fue un contratiempo, pero con la llegada de José Bonaparte, a <em>Panchón</em>, que ya por entonces demostraba un valor y una fuerza física fuera de lo común, no le faltó trabajo, ascendiendo a la categoría de media espada, como aparece en la corrida celebrada en 1814 en Sevilla junto a un diestro sevillano menor, José María Inclán, que según ciertos datos le concede la alternativa en Córdoba un año después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El retorno de Fernando VII provocó que se celebraran numerosas corridas en provincias. En Málaga se ajustaron tres corridas con <em>Panchón</em>, que gozaba de gran crédito en plazas andaluzas. El cordobés se acordó de su antiguo compañero, José Ulloa, que había subido también de categoría acompañando a su vez al menos dotado de la saga de los Romero, Gaspar. Gonzalez le comunicó que contaba con él como segundo espada, y le pidió que se pusiera en camino hacia Málaga a la mayor rapidez posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto, conviene aclarar que José Ulloa era conocido como <em>Tragabuches</em>, apodo heredado de su padre al parecer por haber comido un buche, borrico recién nacido. Cuando <em>Panchón</em> lo reclama, Ulloa, que no era capaz de conseguir contratos por razones de su carácter, alternaba su oficio con el de contrabandista de tejidos que luego su mujer, hermosa bailaora gitana conocida como la Nena vendía en las mejores casas de Ronda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ulloa se dispuso a poner rumbo a Málaga, envió su equipaje por delante con un trajinero y compró un caballo para partir al día siguiente, según relata Velázquez y Sánchez. En una noche de luna clara emprendió la ruta hacia la venta donde le esperaban <em>Panchón</em> y su cuadrilla. A tres leguas de Ronda el caballo tropezó y Ulloa se estrelló contra el suelo, con tan mala fortuna que se le dislocó un brazo. Resentido por la costalada, regresó maltrecho a su casa. Allí sorprendió a la Nena con un joven amante, al que degolló antes de arrojar por la ventana a su pareja, que murió en el acto. Ulloa se dio a la fuga y así comenzó la leyenda de uno de los más sanguinarios bandoleros, El Gitano, al que se le adjudica que fuera el propio Ulloa y formara parte de la famosa banda de los Siete Niños de Écija. Nunca se supo nada más de él. De esta forma se perdió un torero que contaba con los mejores auspicios y al que se le puede considerar antecedente de la torería gitana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Panchón</em>, por su parte, no dejó de crecer, ganándose el respeto de públicos y compañeros por su desmedido valor, su carácter formal, sus estoconazos temibles y su enorme fuerza. Alternó con los mejores diestros del momento, como Curro Guillén, Antonio Ruiz <em>el Sombrerero</em>, con quien se presentó en Madrid en 1820, y con Jiménez <em>el Morenillo</em>. Conocida es su amistad con Manuel Lucas Blanco, al que llevó durante un tiempo en su formación, aquel trueno de filiación absolutista que acabó siendo ejecutado por matar en una reyerta a un isabelino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De <em>Panchón</em>, heredero como discípulo de la escuela rondeña, cargada de sobriedad, destacaban sobre todo sus temeridades “con un corazón nacido para ver de cerca el peligro sin sobresaltarse” y la violencia de su estoque. De su fuerza, por la que llegó a llamársele “Hércules del toreo”, quedó registrada una hazaña en Madrid en 1828; le había correspondido en tercer lugar un toro de la ganadería de Domínguez Ortiz, de Utrera, que recibió veinte puyazos, derribó seis veces y mató tres caballos y al que solo le pudieron poner un par de banderillas antes de que <em>Panchón</em> con escueto trasteo le endosara una estocada baja. Aquel demonio hizo caso omiso de la rueda de peones y banderilleros y llegó a arrinconar contra las tablas al cordobés, que detuvo la embestida sujetándolo por los cuernos para zafarse de la cogida. Esta demostración de sin par fortaleza asombró a Fernando VII, que lo convocó a su palco para concederle la merced que quisiera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toreando en Cádiz un año después sufrió una herida que lo apartó transitoriamente de los ruedos. No ganaban mucho los toreros en aquellos tiempos broncos, así que aprovechó la oferta real para colocarse como administrador de sales y como conductor de correos, hasta que fue cesado y se vio obligado a volver a las plazas en 1836 para mantener a su familia. Mermado de facultades y de gracia torera, por la que nunca se distinguió, no le fue fácil conseguir corridas. Su corpulencia se vio asaltada por una tendencia al sobrepeso, lo que limó su anterior ligereza, y en 1842, toreando en la plaza de Hinojosa, sufrió una grave cornada en el vientre de la que no llegó a recuperarse. Falleció en Córdoba en 1843. Su nombre queda registrado como precursor de las grandes figuras que daría su ciudad en épocas posteriores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">José P. de Guzmán. <em>Toreros cordobeses</em>. Imp. Diario de Córdoba, 1870, Córdoba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo.</em> Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo.</em> <em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>
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		<title>Feria de Pedro Romero 2021 (II). Antonio Ordóñez y Ronda: la Goyesca.</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/09/04/feria-de-pedro-romero-2021-ii-antonio-ordonez-y-ronda-la-goyesca/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Sep 2021 08:30:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>A lo largo de su vida, Antonio Ordóñez se empeñó en situar a Ronda en el lugar que le corresponde en la historia de la Fiesta, revitalizando la importancia de sus antecedentes: una monumental plaza construida en el último cuarto del siglo XVIII por caballeros maestrantes que impulsarían el toreo a pie como espectáculo público al promocionar a Francisco Romero, cabeza de la legendaria dinastía de toreros que crearían una de las escuelas fundamentales del toreo con Pedro y José Romero como máximos exponentes, de cuya importancia social da fe que fueran ambos retratados por Francisco de Goya.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de su vida, Antonio Ordóñez se empeñó en situar a Ronda en el lugar que le corresponde en la historia de la Fiesta, revitalizando la importancia de sus antecedentes: una monumental plaza construida en el último cuarto del siglo XVIII por caballeros maestrantes que impulsarían el toreo a pie como espectáculo público al promocionar a Francisco Romero, cabeza de la legendaria dinastía de toreros que crearían una de las escuelas fundamentales del toreo con Pedro y José Romero como máximos exponentes, de cuya importancia social da fe que fueran ambos retratados por Francisco de Goya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Esa tradición es la que Ordóñez se propuso recuperar, incorporando su propio toreo al marco rondeño e instaurando las corridas goyescas como una forma de conectar con aquel pasado espléndido de la ciudad», apunta Alberto González Troyano, y añade: «En cualquier otro torero que no hubiese tenido la trascendencia taurina de Antonio Ordóñez, esa actitud hubiera podido interpretarse como una forma de utilizar y adornarse con ese pasado en beneficio propio. Más en su caso, dado su triunfo, alcanzado casi de forma inmediata tras su alternativa, era más bien él, Ordóñez, el que proyectaba sobre Ronda la imagen de una nueva gloria taurina, tan excelente o más que todas las anteriores».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa recuperación fue para él un estímulo, recogiendo una iniciativa impulsada por su padre Cayetano, <em>Niño de la Palma</em>, al celebrar una corrida en 1954 coincidiendo con el segundo centenario del nacimiento de Pedro Romero, con vestidos a la usanza goyesca. Aquel festejo no tenía afán de continuidad, pero tres años más tarde se establece la que puede entenderse como la primera de una serie que perdura hasta nuestros días, y en la que Ordóñez participa por primera vez en la terna de matadores. Su presencia, mientras pudo hacerlo, se convirtió en un reclamo nacional y dio origen a una peregrinación de aficionados a una ciudad que hasta entonces permanecía alejada, ensimismada en su sierra y en su pasado, fuera de los circuitos habituales, para ver el prodigio de su concepción del toreo, protagonista de momentos irrepetibles, como la goyesca de 1972.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El escritor y crítico teatral Kenneth Tynan fue uno de esos peregrinos que no pudo resistir la tentación de asistir a aquella goyesca de 1972 con un cartel que anunciaba a Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, terna de veteranos ilustres frente a toros de Herederos de Carlos Núñez. «Durante los últimos veinte años no ha habido ningún motivo más poderoso para asistir a una corrida que el contemplar la maduración paulatina del estilo de Antonio Ordóñez», escribe en uno de sus artículos. Ordóñez había anunciado su retirada de los ruedos el año anterior, con la única excepción de que solo lo haría en Ronda, jugándose su prestigio a la carta de una sola corrida anual.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/08/af.agu_.alb-1-ordoncc83ez-004.png"><img decoding="async" alt="Goyesca de 1957 con Antonio Ordóñez y el mejicano Joselito Huerta" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/08/af.agu_.alb-1-ordoncc83ez-004.png?w=1024" alt="" class="wp-image-1625" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Goyesca 1957. Antonio Ordóñez, el mejicano Joselito Huerta y Rafael Ortega. Foto Martín. Archivo RMR/Aguilera</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las localidades se agotaron, como no podía ser de otra forma, pero cuatro días antes Dominguín se cayó de la convocatoria al sufrir un serio percance en Bayona. Antes de convocar a otro diestro, Ordóñez tomó la decisión de hacer una corrida mano a mano. «Aquel jueves por la mañana las malas carreteras que suben hasta Ronda estaban atascadas. Los principales críticos españoles, y los más destacados miembros de la afición española –predominantemente formada por partidarios de Ordóñez– habían acudido a presenciar la corrida», cuenta Tynan. Entre los partidarios pudo ver a varios extranjeros, como el banquero inglés Michael Wigram procedente de Londres acompañado de un equipo de filmación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vio a muy pocos turistas, casi todas las localidades estaban ocupadas por expertos. Se respiraba en el ambiente cierta aprensión, ya que Ordóñez llevaba más de doce meses sin lidiar en público. Abriéndose paso a codazos entre la muchedumbre que accedía a la plaza, «dudábamos de si, a los cuarenta años y después de un prolongado alejamiento, sería capaz de resistir una tarde como la que le aguardaba». Apretado como una sardina en su asiento, como cuenta, fue tomando notas de lo que aconteció en el ruedo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«El primer toro es para Bienvenida, que es el matador más veterano. Y se produce la primera sorpresa: no es un toro pequeñito de los que uno espera en festejos benéficos sino un auténtico toro de cuernos y tamaño respetable (&#8230;) Bienvenida dedica su faena a Ordóñez, realiza un trabajo fluido y delicado con la muleta, y mata rápidamente. Con exceso de generosidad el presidente le concede las dos orejas».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llega el instante esperado: «Siseo expectante cuando la plaza se impone silencio a sí misma y todos los ojos se fijan en Ordóñez (&#8230;) Su concentración, que parece casual, es total, y puede alcanzar una serenidad extática si las cosas le salen bien. Avanza hacia el toro (mayor que el primero) con pasos felinos y ligeros. Se planta delante de él, sacude el capote y nos da seis de sus famosas verónicas al ralentí, llevando al toro exactamente por donde él quiere (&#8230;) Toma la muleta y se dispone a hacer una demostración de eso que deseamos ver en los ruedos: lo difícil convertido en fácil. Esto es exactamente lo que hace Antonio en varias series de pases encadenados: tres series con la derecha seguidas de otras tres con la izquierda».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este testigo cuenta que a ese primer toro lo mata al tercer intento, al pinchar en hueso. A pesar de eso, le conceden dos orejas. El tercero y el quinto los despacha Bienvenida en faenas que no merecen trofeos. «A estas alturas resulta claro que la tarde será o no gloriosa en la medida que Ordóñez sea capaz de ponerla a la altura deseada: tiene que cargar sobre sus hombros la pesada responsabilidad de demostrar él solo que el toreo puro no ha muerto».</p>



<p class="wp-block-paragraph">De entrada, complicaciones: «El cuarto toro es difícil. Tiene tendencia a frenar a mitad de la embestida y en lugar de bajar la cabeza para seguir el engaño levanta los cuernos a una altura peligrosa». Sigue a continuación un estudio de ángulos y distancias, con ambas manos. Insiste hasta que de pronto, como sugestionado por esa muleta, «las maravillosas muñecas de Antonio doblegan ahora al toro en pases de todos los estilos. El toro se ha convertido literalmente en un ser creado por él (&#8230;) Todo se desarrolla con extraordinaria cortesía: el hombre y el animal han dejado de ser adversarios para colaborar en un mismo proyecto (&#8230;) Esta vez no yerra con la espada y mata a la primera estocada. Dos orejas y el rabo, y el delirio&#8230;».</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Ahora ya nada puede impedir el triunfo (&#8230;) El sexto toro, sin ser fácil, presenta menos problemas y Antonio exhibe todos los tesoros de su repertorio (&#8230;) Otra gran estocada, otra vez las orejas y el rabo y el público en pie gritando ¡To-re-ro! mientras Antonio da la vuelta al ruedo (&#8230;) Imperceptiblemente las voces han dejado de decir ¡To-re-ro! para gritar ¡So-bre-ro! El clamor de la muchedumbre hace temblar los cimientos de la vieja plaza». Antonio lo solicita y el presidente accede. Lo que ocurre a continuación, con el toro más grande, bello y potente de todos los que han salido a la plaza, lo relata este testigo así: «No tiene sentido hacer una lista de los pases. La lidia se desarrolla en un ambiente de embriaguez colectiva. Como en todas las grandes manifestaciones del arte, parece como si hombre y animal estuvieran movidos por la misma profunda fuente de energía. El conjunto crea una imagen parecida a la de un barco a toda vela. Cuando el toreo alcanza este nivel, logra romper temporalmente las fronteras que separan a la razón del instinto, al intelecto de la pasión».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El éxtasis culmina con una estocada recibiendo. «Se conceden las orejas y el rabo y la tormenta persiste. Se corta una pata y luego la otra (&#8230;) Al repasar mis notas hago un descubrimiento. Antonio ha conquistado esta tarde ocho orejas, tres rabos y dos patas, lo cual, si no me equivoco, significa que ha logrado el mayor número de trofeos que haya conseguido jamás un torero en una sola corrida».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al día siguiente, concluye Tynan, «todos los críticos se desmelenaban cada uno a su manera, pero había una palabra que aparecía en todos los artículos: apoteosis».</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XX). Juan Yust, el torero malogrado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 May 2021 10:51:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Curro Cúchares]]></category>
		<category><![CDATA[Escuela de tauromaquia de Sevilla]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra de la Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[Juan León]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Yust]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Romero]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
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		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Juan Yust fue un “deslumbrador y fugaz meteoro”, que parecía destinado a competir con el astro del glorioso Montes, que oscurecía a todos. Vino al mundo en 1807 en el epicentro de la tauromaquia sevillana que dominaba los ruedos de España, barrio de San Bernardo, en el seno de una familia vinculada al cercano matadero, la escuela de los toreros de la época. Siendo un recién nacido, fue ajeno como es natural al comienzo de la Guerra de la Independencia un año después, cuando una muchedumbre exaltada linchó al ilustrado conde del Águila, y a la invasión francesa de la ciudad con la llegada en 1810 de José Bonaparte y del general Soult, que ocuparon palacios, conventos e iglesias para albergar a su  extensa plana mayor y a las tropas, con el subsiguiente y salvaje saqueo de su inmenso patrimonio artístico.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Fue un “deslumbrador y fugaz meteoro”, que parecía destinado a competir con el astro del glorioso Montes, que oscurecía a todos. Vino al mundo en 1807 en el epicentro de la tauromaquia sevillana que dominaba los ruedos de España, barrio de San Bernardo, en el seno de una familia vinculada al cercano matadero, la escuela de los toreros de la época. Siendo un recién nacido, fue ajeno como es natural al comienzo de la guerra de la Independencia un año después, cuando una muchedumbre exaltada linchó al ilustrado conde del Águila, y a la invasión francesa de la ciudad con la llegada en 1810 de José Bonaparte y del general Soult, que ocuparon palacios, conventos e iglesias para albergar a su extensa plana mayor y a las tropas, con el subsiguiente y salvaje saqueo de su inmenso patrimonio artístico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde que tuvo entendimiento se dedicó al corretaje de legumbres para las plazas de abastos y a la venta de leche de burra por las mañanas, reservando las tardes para atender en las tablas del matadero. Allí daban lecciones toreros como sus tíos carnales, los “sombrereros” Antonio y Luis Ruiz, Jiménez <em>el Morenillo</em> y sobre todo Juan León, que sería a la postre su maestro. El adolescente Juan no desaprovechó las lecciones de aquella academia, y comenzó a foguearse, lleno de entusiasmo, en capeas y corridas de pueblos y villorrios. Por sus excepcionales condiciones físicas era un Aquiles, el de los pies ligeros, elástico y ágil, pero también atropellado, “fuera de compás y falto de medida”, inseguro en sus acciones, hasta el punto de que muchos observadores vaticinaban que no llegaría a ser más que un peón de brega.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/yust-anales.jpg"><img decoding="async" alt="Retrato de Juan Yust, por Teodoro Arámburu" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/yust-anales.jpg?w=400" alt="" class="wp-image-1577" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Juan Yust, <em>por Teodoro Arámburu, a partir de retrato de Cabral Bejarano. “Anales del toreo” de José Velázquez y Sánchez (Sevilla, 1868).</em></em> <em>Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sería uno de sus tíos, Luis Ruiz, quien advirtiera en él calidades ocultas por su derroche físico. Lo llevó a una serie de corridas por Extremadura y Andalucía, corrigiendo sus ímpetus, enseñándole a saber cuándo hay que pararse, “para los pies, muchacho”, que es el secreto de la lidia de reses bravas. A la vuelta de esta expedición sería Juan León, enemigo acérrimo de los “sombrereros” por las rivalidades políticas entre liberales y absolutistas durante el reinado de Fernando VII, quien se hiciera cargo del muchacho para incluirlo en su cuadrilla durante la parte final de la temporada, convirtiendo a aquel dubitativo joven en un aventajado banderillero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yust siguió por su cuenta limando con determinación su personalidad torera en los corrales del matadero, en las dehesas y cerrados próximos, y cuando en 1829 Juan León regresa de su temporada en Madrid para cumplir sus contratos en plazas del sur, lo llama de nuevo para que lo acompañe. No pasará mucho tiempo en cederle la muerte de algún toro, capítulo trascendente para aspirar a otra categoría. Falló en sus dos primeras oportunidades, y en el tercero, después de ponérselo en suerte, León le advirtió: “Veamos ahora, o lo recibes o te echo en la cuna”. Lo hizo bien esa vez, a la primera, pero Yust seguía sintiéndose incapacitado para dar el salto a primer espada, y manifestaba encontrarse satisfecho con ser banderillero de una de las primeras figuras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alto, de aspecto rudo y agraciado, leal y buen compañero, sin otras pretensiones que mejorar sus recursos, ingresó en 1830 como alumno en la recién inaugurada Escuela de Tauromaquia de Sevilla dirigida por Pedro Romero y Gerónimo José Cándido. Allí encontrará en las lecciones del mito de Ronda la manera seca, quieta y majestuosa de la escuela rondeña, que contrastaba con la sevillana, más movida. Le vino bien para asentarse aún más, en compañía de alumnos como Montes (por poco tiempo), Pastor <em>el Barbero</em>, Domínguez <em>Desperdicios</em> y Arjona Herrera <em>Cúchares. </em>Apurado por necesidad económica, dejó las clases durante un tiempo para volver a torear con su tío Luis, que no dejaba de decirle que todavía “bailaba demasiado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1831 León lo reclama para formar una selecta cuadrilla junto a Pastor y <em>Cúchares</em>, en calidad de media espada. En esa compañía estará hasta 1837, añadiendo a su bagaje de lecciones rondeñas las alegrías de la vertiente sevillana. Hasta que llegó el momento en que <em>Cúchares</em> y él, cansados de la predilección del maestro por su cuñado <em>el Barbero</em>, solicitan desligarse para ajustar sus propias contratas. El duro León no pone inconvenientes, e incluso les facilita varias corridas en Cádiz y Sevilla. En 1838 se desplaza para ver a Yust en El Puerto de Santa María. Velázquez y Sánchez recoge que después de la corrida, complacido con lo que ha visto, estrecha la mano de su antiguo discípulo: “Amigo Juan, sea norabuena. Estás hecho un matador de toros”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de ahí le llueven ofertas desde todos los puntos de España. Lo pudieron juntar con Montes solo en tres ocasiones. El maestro de Chiclana ponderó sin recelo alguno las cualidades del aspirante a su trono, pretensión que Yust nunca tuvo. De su ganado aplomo da muestras durante una tarde de 1840, cuando le advierten que llevaba sueltos los cordones de los machos del calzón. Con sangre fría, delante de la cara del toro, apoya el pie en el estribo de la barrera y se los ata. Acto seguido, recoge los trastos y le da un soberbio pase al morlaco, gesto que enciende a los tendidos. Aún no ha actuado en Madrid como primer espada, pero su figura ya era un reclamo por su repertorio y su firmeza, hasta el punto de que el pintor Cabral Bejarano le ruega que pose para él.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/yust-lidia.jpg"><img decoding="async" alt="Juan Yust en el peligro, por José Chaves, La lidia: revista taurina" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/yust-lidia.jpg?w=518" alt="" class="wp-image-1578" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Juan Yust en el peligro, por José Chaves. «La lidia: revista taurina». Año 3, n. 21, 4 de agosto de 1884. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es en abril de 1842 cuando por fin se presenta en Madrid, con el veterano Roque Miranda, liberal comprometido que según un personaje de los Episodios Nacionales de Galdós era “capaz de poner banderillas a los cuernos de la luna”. Aquel año Montes no viaja a la capital, y Miranda, que ya estaba en decadencia, pide que se contrate a Juan Yust, cediéndole además la antigüedad por no encontrarse en condiciones para ser director de la lidia. Enamoró al público madrileño esa temporada, se le tiraban coronas de laurel al ruedo para festejar la aparición de una figura que prometía ser deslumbrante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seis meses después, un cólico miserere, término usado desde el siglo XVIII para nombrar a una obstrucción intestinal aguda, se cruzó en su camino al estrellato cuando gozaba de todos los pronunciamientos a su favor. Su fallecimiento, a los 35 años, fue muy sentido por toda la profesión, llorando la pérdida de un hombre sin afectación, de una nobleza sin tacha.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Bibliografía</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo.</em> Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J.M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Rivas Santiago. <em>La Escuela de Tauromaquia de Sevilla y otras curiosidades taurinas</em>. Ed. Libro San Martín, 1939.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo.</em> <em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">F. Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850 (Egartorre Libros, Madrid, 1989).</p>



<p class="wp-block-paragraph">A. García-Baquero. <em>Razón de la tauromaquia. Obra taurina completa.</em> (Pedro Romero de Solís, coord). Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Universidad de Sevilla, 2008.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte. Aguilar, Madrid, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).</p>
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		<title>Tres Romero en Madrid</title>
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		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Dec 2020 13:15:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En la sala de la plaza de toros dedicada a la historia de la Tauromaquia se encuentra este cartel de 1792, que anuncia funciones en las que intervienen los hermanos rondeños Pedro, José (Josef) y Antonio Romero en la plaza  de Madrid. Ese año, dos meses después de estas funciones taurinas iba a cristalizar la Revolución Francesa iniciada en 1789 con el asalto a las Tullerías, la abolición de la monarquía y la proclamación de la Primera República en el vecino país. Europa entera experimentaba sacudidas de consecuencias históricas. En España, bajo el reinado de Carlos IV, por la dirección de los asuntos de Estado se suceden el conde de Floridablanca, el conde de Aranda y Manuel Godoy. Es también el año en el que se acuña por primera vez el dólar.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">En la sala de la plaza de toros dedicada a la historia de la Tauromaquia se encuentra este cartel de 1792, que anuncia funciones en las que intervienen los hermanos rondeños Pedro, José (Josef) y Antonio Romero en la plaza&nbsp; de Madrid. Ese año, dos meses después de estas funciones taurinas iba a cristalizar la Revolución Francesa iniciada en 1789 con el asalto a las Tullerías, la abolición de la monarquía y la proclamación de la Primera República en el vecino país. Europa entera experimentaba sacudidas de consecuencias históricas. En España, bajo el reinado de Carlos IV, por la dirección de los asuntos de Estado se suceden el conde de Floridablanca, el conde de Aranda y Manuel Godoy. Es también el año en el que se acuña por primera vez el dólar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cartel horizontal, tipográfico, sin ilustración alguna, se compone con tipos romanos en la parte superior, con la particularidad de mayúsculas <em>perladas</em> (unos círculos pequeños) para resaltar la zona de la autoridad real, enmarcado el conjunto con orlas de líneas paralelas con un ligero adorno floral en las esquinas, mientras que los campos de información están separados por sencillos filetes. Se caracteriza por la apariencia habitual del “cartel primitivo” del siglo XVIII,&nbsp; modelo que se mantendrá sin muchas variaciones hasta bien entrado el siglo XIX.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/12/rmr_cartel_romero_madrid.png"><img decoding="async" alt="Cartel de corrida de toros, Madrid 1792, Archivo RMR" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/12/rmr_cartel_romero_madrid.png?w=716" alt="" class="wp-image-1325" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Cartel corrida de toros. (Madrid, 1792). Archivo-RMR.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Su estructura piramidal, propia del Antiguo Régimen, refleja el orden social de la época. En orden superior El Rey, apoyado en la fecha que se “ha servido señalar” y el motivo benéfico que anima a la celebración del festejo “por su real piedad”; a continuación la autoridad competente que presidirá la función, el Corregidor de la Villa, por encima de la relación de ganaderos y sus divisas, habitualmente emparentados con la nobleza. A continuación se menciona el gremio profesional de los protagonistas, en primer lugar los picadores o varilargueros, reminiscencia de la preeminencia que tenían los caballeros o jinetes en otros tiempos, y que anteceden a los que ya eran las principales figuras de la función, los toreros a pie para los que estaba reservada la suerte suprema y el fervor popular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, las habituales recomendaciones y advertencias dirigidas al pueblo llano, público&nbsp; tumultuoso y levantisco que podía enredarse en refriegas violentas o en el lanzamiento de todo tipo de objetos a la arena. En el caso que nos ocupa, las indicaciones están dirigidas a mantener el orden en las localidades, por las que se aconseja a los que tengan asientos reservados custodiarlos por criados o sujetos de confianza “siempre que no sean muchachos desconocidos”, medida orientada para que la gente no invada zonas que no les corresponden. Finaliza el impreso con el lugar donde estará el ganado antes del encierro y el horario de las corridas de mañana y tarde.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El escenario es la antigua plaza de la puerta de Alcalá, edificada y costeada por Fernando VI en 1754 y que fue entregada a los Reales Hospitales Generales para la obtención de fondos para obras de beneficencia. Las fiestas de toros eran ya un negocio floreciente como fuente de ingresos para diversos fines de interés general. Es la segunda de la tanda de corridas que Pedro Romero protagonizaría ininterrumpidamente en Madrid alternando con sus hermanos o con Pepe Hillo desde 1791 a 1799, año de su retirada.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/12/carnicero.png"><img decoding="async" alt="Vista de la Plaza y corrida de toros en Madrid" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/12/carnicero.png?w=1024" alt="" class="wp-image-1330" /></a></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Vista de la Plaza y corrida de toros en Madrid de Antonio Carnicero. “El siglo de oro de las tauromaquias. Estampas taurinas 1750-1868” (Madrid, 1989). Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El cartel anuncia que los seis toros de la mañana los picarán el renombrado Juan López, del que ya nos ocupamos en entrada anterior, presente en la cogida mortal de Pepe Hillo en 1801, y el notable Miguel Pérez, del que cuenta una crónica del año siguiente, también con Pedro Romero, que al caer del caballo quedando al descubierto agarró un capote y “le dio tres verónicas y una navarra que no solo pararon al toro sino que lo hicieron hocicar”. Para la tarde figura Bartolomé Carmona, al que se llegó a considerar hijo de Ronda por su amistad con los Romero, especialmente con José, y que moriría dos años después en la misma plaza al desnucarse derribado de un caballo. Junto a él, Alfonso García Colmillo, habitual con los Romero, y otros dos varilargueros de nombradía como Pablo Ortega y Manuel Cañete. De los 18 toros que se lidiaron, dos serían estoqueados por Vicente Estrada, banderillero de larga trayectoria siempre con los mejores, que en algunas fechas actuó de media espada, y Estevan Pérez, del que no abundan referencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este cartel, en el que los que los hijos de Ronda se enseñoreaban de la plaza de Madrid, no figuran los componentes de las cuadrillas pero se sabe que este año se presentó como banderillero el gran Jerónimo José Cándido, cuñado de Pedro Romero, y que en la corrida del año siguiente ya lo hizo como sobresaliente; también actuaron Manuel Rodríguez Nona <em>Nonilla</em>, de larguísima y aplaudida trayectoria, subalterno habitual de <em>Costillares</em>; Antonio de los Santos, que llegó a ser matador y que al principio de su carrera se hacía llamar <em>Ojos grandes</em>;&nbsp; Cristóbal Díaz <em>el Manchego</em> o <em>Mancheguillo</em>, lidiador habitual de la cuadrilla de Pepe Hillo o los Romero, que pasado el tiempo actuó en 1811 en alguna mojiganga en la que ofrecía cantar y tocar la guitarra montado en un toro mientras le ponían banderillas de fuego; y los menos conocidos Estevan Herrera <em>el Cerrajero</em> y Nicolas de Ugartemendia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pedro Romero se retiraría en 1799, al final de esta serie de actuaciones, compartiendo cartel con Pepe Hillo y su hermano Antonio Romero, muerto en 1802 en la plaza de Granada por cornada del toro <em>Ollero</em> de la ganadería del marqués de Tous. José Romero, que rivalizaba con su hermano Pedro y llegó a enemistarse con él (ambos retratados por Goya) intervino en la corrida en la que murió Pepe Hillo en 1801 y se retiraría al decretarse la prohibición de las corridas de toros de Godoy. En 1818 volvería a salir al ruedo en Madrid, invitado con 73 años a torear un toro.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;<em>Bibliografía</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Rafael Cabrera Bonet. <em>Orígenes y evolución del cartel taurino en España</em>. <em>Consejería de Gobernación y Justicia, </em><em>Se</em><em>villa, 2010.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Begoña Torres González. El cartel taurino. Quites entre sol y sombra. Ministerio de Educación y Cultura, Madrid, 1998.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>Los toreros de antaño y los de hogaño</em>, 1884. Ed. Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2014. Introducción de Pedro Romero de Solís.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez.&nbsp; <em>Anales del toreo.</em> &nbsp;Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo.</em> <em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Josef Daza, <em>Precisos manejos y progresos del arte del toreo</em>, 1778. Ed. Rogelio Reyes/ P. Romero de Solís, Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 1999. Introducción de A. González Troyano.</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (IX). Francisco Montes, Paquiro, el torero crucial (I)</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2020/11/10/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-ix-francisco-montes-paquiro-el-torero-crucial-i/</link>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2020 13:53:20 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Se entiende por crucial una situación o elemento determinante, que traza la frontera entre un antes y un después en cualquier disciplina de la actividad humana, y la figura de Francisco de Paula José Joaquín Juan Montes Reina Paquiro, nacido en la gaditana Chiclana de la Frontera en 1805, lo fue y así se sigue considerando para la historia de la Tauromaquia.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Se entiende por crucial una situación o elemento determinante, que traza la frontera entre un antes y un después en cualquier disciplina de la actividad humana, y la figura de Francisco de Paula José Joaquín Juan Montes Reina <em>Paquiro,</em> nacido en la gaditana Chiclana de la Frontera en 1805, lo fue y así se sigue considerando para la historia de la Tauromaquia.</p>
<p>Los historiadores y cronistas que pudieron verlo en los ruedos lo atestiguan, los estudiosos posteriores lo corroboran a la luz de indagaciones y nuevos testimonios. Los epítetos se suceden: correcto, caballeroso, serio, sereno, duro, valiente, ágil, profesional, dotado de destreza y elasticidad, inteligencia, presencia de ánimo, vista y conocimiento. Rey y Napoleón de los toreros, faro que ilumina los ruedos con luz intensa a lo largo de dos décadas del levantisco siglo XIX español y que trasciende su figura para encarnar a un héroe popular, romántico y liberal.</p>
<p>En su <em>Enciclopedia taurina</em> lo afirma con rotundidad alguien que no pudo verlo, José Silva Aramburu (1896-1960), autor teatral, periodista y crítico taurino, que fuera redactor jefe de la revista <em>La Lidia</em>: “La historia del toreo a pie se subordina en el siglo XIX a un suceso fundamental, capital, casi exclusivo: la aparición de Francisco Montes. Todo lo que antecede es su preparación. todo lo que sigue su consecuencia».</p>
<p><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/11/paquiro1.jpg"><img decoding="async" alt="Francisco Montes 'Paquiro', La Lidia, año II, nº 4" class="size-full wp-image-1261 aligncenter" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/11/paquiro1.jpg" alt="" width="450" height="720" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Fco. Montes, Paquiro. «La Lidia», año II, nº 4, 9 de abril de 1883. Biblioteca-RMR</em></p>
<p>Fue un tratadista que en su obra <em>Tauromaquia completa,</em> publicada en 1836, vendría a sentar las bases de una tauromaquia pautada, revisando la tradición para instaurar un ritual ordenado que se mantendrá hasta el presente. En sus páginas se revela un espíritu intelectual, porque analiza, clasifica y define una nueva estructura para su mejor conocimiento y desarrollo, que alcanza a subalternos, toreros, ganaderos, asentistas o arquitecturas de las plazas. Su hegemonía y autoridad se desprendían de la aparente facilidad de sus acciones. “Con invencible violencia y tranquilidad dio arquitectura a sus bregas, que respondieron siempre a un sentido incomparable de la brillantez y de la eficacia”, como transmite Nestor Luján en su <em>Historia del toreo</em>.</p>
<p>Dignificó definitivamente su profesión, y trazó un vínculo entre el esfuerzo, el valor y la técnica para convertirlo en expresión artística. Fue capaz de superar y aglutinar las dos escuelas anteriores, la seca eficacia de la rondeña de Pedro Romero y los alardes de la sevillana de Pepe Hillo, dando a estos un sentido de utilidad más allá de ser adornos sin sentido práctico para la lidia. Con él llegó una revolución, que algunos expertos en la materia explican porque proviene de una tercera escuela, la gaditana campera, surgida a las afueras de las normas regladas en principio por las Maestranzas de Sevilla y Ronda, impulsoras del espectáculo del toreo a pie.</p>
<p>Fue profundamente profesional en su comportamiento, atento a todas las fases de la lidia, desplegando una actividad incansable. Impuso a su cuadrilla una disciplina orientada a una estrategia en la que cada miembro tiene su función en la preparación del toro para la suerte final. Rescató suertes antiguas y olvidadas como el salto de la garrocha o el trascuerno, e introdujo novedades que se convirtieron en clásicas. Dio categoría y riqueza a los lances y quites de capa y al uso de la muleta, que hasta entonces no estaban tan consideradas. Su influencia alcanzó hasta el traje de luces, que evolucionó a partir de él con elementos de distinción como las borlas o machos, lentejuelas y botones de adorno que influyeron en su suntuosidad, modificó la chaquetilla para una mayor comodidad e introdujo la montera, que se llama así por la huella de su nombre.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/11/paquiro2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="'Les tauréadors. Montes, 1er. matador d'Espagne'" class="alignnone size-full wp-image-1259" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/11/paquiro2.jpg" alt="" width="450" height="618" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Les tauréadors. Montes, 1er. matador d&#8217;Espagne. «Voyage en Espagne» de Théophile Gautier (1873). Biblioteca-RMR</em></p>
<p>Gozó de una inmensa popularidad y reconocimiento, perseguido por artistas, reproducido en grabados, litografías y cuadros, protagonista de ríos de tinta. Ilustres viajeros se desplazaban para seguirlo en sus actuaciones. Merimée, que lo llama César, Teófilo Gautier, Alejandro Dumas, Jean Laurent, el duque de Maille, todos, nacionales y extranjeros fascinados porque con él se evaporaba la áspera sensación de peligro para dar paso a otra percepción de puro goce estético, resultado del axioma que recoge en su <em>Tauromaquia</em>: “Las condiciones indispensables al torero son: valor, ligereza, y un perfecto conocimiento de su profesión: las dos primeras nacen con el individuo, la última se adquiere”.</p>
<p>Nota: Todas estas consideraciones están reunidas y ampliadas por varios autores en el número 21 de la <em>Revista de Estudios Taurinos</em> de Sevilla dedicado a su figura, cuyos artículos se pueden consultar en: <a href="https://editorial.us.es/es/revistas/revista-de-estudios-taurinos">https://editorial.us.es/es/revistas/revista-de-estudios-taurinos</a></p>















<p class="wp-block-paragraph"><em>Bibliografía</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Montes, Francisco (<em>Paquiro</em>) (1994) [1836]: <em>Tauromaquia Completa o sea el Arte de Torear en Plaza,</em> ed. y pról. de Alberto González Troyano, Madrid, Turner.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo.</em> Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. </em><em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nestor Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.</p>



<p class="wp-block-paragraph">García de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte. Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).</p>
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		<title>Alternativa de Rafael de Paula en Ronda</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2020/10/06/alternativa-de-rafael-de-paula-en-ronda/</link>
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		<pubDate>Tue, 06 Oct 2020 11:36:58 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Este año se cumple el 60 aniversario de la alternativa de Rafael Soto Moreno (Jerez de la Frontera,1940), más conocido como Rafael de Paula, en la plaza de toros de Ronda. El torero jerezano tiene además otra vinculación con esta plaza, porque aquí fue también donde se vistió de luces por primera vez, el 9 de mayo de 1957.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Este año se cumple el 60 aniversario de la alternativa de Rafael Soto Moreno (Jerez de la Frontera, 1940), más conocido como Rafael de Paula, en la Plaza de Toros de Ronda. El torero jerezano tiene además otra vinculación con esta plaza, porque aquí fue también donde se vistió de luces por primera vez, el 9 de mayo de 1957.</p>
<p><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/10/goyesca-cartel-1960.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Cartel de la Goyesca de 1960, Archivo RMR" class="size-full wp-image-1181 aligncenter" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/10/goyesca-cartel-1960.jpg" alt="" width="289" height="600" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Cartel de la Goyesca de 1960. Archivo RMR.</em></p>
<p>La tarde del 9 de septiembre de 1960 hizo el paseíllo acompañado de Julio Aparicio, que oficiaría la cesión de trastos con Antonio Ordóñez de testigo, para hacer frente a toros de la ganadería de Atanasio Fernández. Era la quinta edición de las Corridas Goyescas y cortó una oreja a cada uno de los dos ejemplares que le tocaron en suerte.</p>
<p>En la crónica de ABC, Díaz Cañabate escribió sobre la faena al toro de su alternativa: «Paula le toreó a placer, le toreó en las inmediaciones de Pedro Romero para que el maestro se percatara de que toreaba con arreglo a las reglas clásicas, cargando la suerte, corriendo la mano, acompañando al toro con gallardía, majeza y gracia. Buena faena. Lo mejor que le he visto a Rafael de Paula. Hubo un momento en el que Pedro Romero estuvo a punto de arrojarle su chambergo». Comenzaba así la trayectoria como maestro de un torero diferente y especial por su manera de interpretar la tauromaquia.</p>
<p><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/10/goyesca-1960.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Aparicio, Ordóñez y Paula en la Goyesca de 1960" class="size-full wp-image-1179 aligncenter" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/10/goyesca-1960.jpg" alt="" width="470" height="373" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Aparicio, Ordóñez y Paula en la Goyesca de 1960. Foto Arjona. Archivo RMR.</em></p>
<p>Su calidad artística fue reconocida con la concesión de la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 2002, que le fue entregada por S.M. el Rey Juan Carlos I, además de otras distinciones como el XII Premio Nacional Universitario de Tauromaquia Joaquín Vidal, el más importante que concede la universidad española en esta materia. Impresionado por la pureza y el aroma de la faena que Paula creó en la plaza de Vista Alegre de Madrid el 5 de octubre de 1974, el escritor José Bergamín le dedicó su obra «La música callada del toreo» (Ed. Turner. 1981).</p>




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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (VI). Jerónimo José Cándido, «el cuñado de Pedro Romero»</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2020/09/22/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-vi-jeronimo-jose-candido-el-cunado-de-pedro-romero/</link>
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		<pubDate>Tue, 22 Sep 2020 12:30:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Jerónimo José Cándido, "el cuñado de Pedro Romero". Personalidad taurina de notable relieve, contó siempre con el respeto de compañeros de profesión y aficionados como maestro reconocido. “Hombre más de trapo que de espada”, gran conocedor de toda clase de reses y de la lidia más conveniente a cada una, en la que mezclaba con gran pericia la sobriedad rondeña con los adornos que viera en el sevillano Pepe Hillo, ejerciendo notable influencia en la generación posterior, una dolencia reumática en la cúspide de su carrera condicionó su trayectoria. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2020/09/22/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-vi-jeronimo-jose-candido-el-cunado-de-pedro-romero/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (VI). Jerónimo José Cándido, «el cuñado de Pedro Romero»</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Personalidad taurina de notable relieve, Jerónimo José Cándido contó siempre con el respeto de compañeros de profesión y aficionados como maestro reconocido. “Hombre más de trapo que de espada”, gran conocedor de toda clase de reses y de la lidia más conveniente a cada una, en la que mezclaba con gran pericia la sobriedad rondeña con los adornos que viera en el sevillano <em>Pepe Hillo</em>, ejerciendo notable influencia en la generación posterior, una dolencia reumática en la cúspide de su carrera condicionó su trayectoria.</p>
<p>Su fecha de nacimiento en Chiclana de la Frontera fue un enigma para varios historiadores de la Tauromaquia, hasta que datos contrastados la han fijado en 1770, bajo el reinado de Carlos III, el mismo año que vino al mundo Ludwig van Beethoven y el inglés James Cook merodeaba por Australia. Su padre fue José Cándido Expósito, del que se decía era hijo de una dama de alcurnia y de un criado negro de las Antillas (en algún papel de la Maestranza sevillana se refieren a él como “Joseph Cándido, que es negro”), torero que había hecho buena boda con la hija de un rico labrador. A veces citaba con un sombrero y practicaba la suerte suprema con un puñal, y está inscrito en la historia por ser el primero en tomar la alternativa con el rito de la cesión de trastos y la primera víctima mortal por cornada en una plaza de toros, la del Puerto de Santa María, en 1771. Huérfano también de madre a los ocho años, Jerónimo José quedó a cargo de un tutor que administró la fortuna que debía asegurarle el porvenir y una instrucción alejada de la profesión de torero.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/lidia_1887.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="José Cándido descabellando un toro, La Lidia" class="alignnone size-full wp-image-1134" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/lidia_1887.jpg" alt="" width="470" height="274" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>José Cándido descabellando un toro. «La Lidia», 10 septiembre 1883. Biblioteca-RMR.</em></p>
<p>Esa administración no fue provechosa. Entre que no se le negaron caprichos al adolescente, que “solo atendía a los goces del momento”, aficionado al acoso y la brega de toros en los campos de su entorno chiclanero, y la supuesta rapacidad del tutor, el resultado fue que a la edad de diecisiete no tenía ya hacienda que gastar. En ese trance, el joven decidió emprender la aventura del oficio de su padre. Se puso bajo la protección de José de la Tixeira, rico hacendado, reconocido caballero aficionado y escritor taurino (ayudó a <em>Pepe Hillo</em> a escribir su <em>Arte de Torear</em>) con el que debía tener cierta relación por ser hijo de quien era, que lo recomendó a Pedro Romero para que se formara en su cuadrilla.</p>
<p>Fue así que Cándido llegó a Ronda. El muchacho era de carácter agradable, con instrucción, mesurado y nada fardón, sin parecido con las habituales hechuras acanalladas de muchos de los toreros de antaño, de modo que Pedro Romero le tomó afecto y lo llevó a vivir a su propia casa, en la que entablaría una relación con María Isabel, hermana del genio, que concluiría en boda (aunque no se conservan registros del enlace), matrimonio que no se prolongó por la temprana muerte de la mujer. Aprendió pronto a desentrañar los arcanos de la profesión y fue subiendo de categoría en la cuadrilla de Romero, pasando de subalterno a media espada, categoría que adquirió en 1798 hasta la retirada de su jefe en 1800, según algunas fuentes. Ya como primer espada estuvo toreando hasta 1804 en diversas plazas españolas.</p>
<p>Llegaron nuevos vientos, racheados y violentos. Con Godoy, el hombre fuerte de Carlos IV, se acentuó la animadversión a los toros de los primeros reinados borbones, con prohibiciones que se prolongaron desde 1805 hasta 1807, pero durante la invasión francesa se levantó la veda y Cándido participó en varias corridas napoleónicas de Madrid. En 1808, para conmemorar la proclamación de José I, el rey intruso, cuando a la capital no había llegado todavía la noticia del triunfo español de Bailén. En 1810 toreó diez veces con gran éxito alternando con Curro Guillén, que había pertenecido a su cuadrilla (dos años después Guillén se exiliaría a Lisboa para no rendir pleitesía al invasor, y acabaría muriendo en la plaza de Ronda). Repite Cándido los dos años siguientes ya como primer reclamo de las corridas de José I, pero entonces le apareció la dolencia reumática que puso freno a sus capacidades, y regresó a Andalucía para reponerse, donde se casaría dos veces más.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/bedoya_1850.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Jerónimo José Cándido en el quite de la suerte, ilustración histórica" class="alignnone size-full wp-image-1138" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/bedoya_1850.jpg" alt="" width="470" height="278" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Geronimo José Candido (En el quite de la suerte de vara). «Historia del toreo y de las principales ganaderías de España», por García de Bedoya (1850). Biblioteca-RMR.</em></p>
<p>Bajo el reinado de Fernando VII siguió activo, aunque en franca decadencia física y sin poder ya competir de igual a igual con Curro Guillén, convertido a su regreso del exilio en primera figura indiscutible. Un informe de la Comisión de Pamplona de 1917 lo manifiesta con crudeza: “El Cándido, a la verdad, es más torero que todos; pero está muy viejo y, además de eso, cojo, por lo que no mata ningún toro de menos de diez estocadas, cuando menos, y aun el año pasado, después de dar 26 a uno, lo tuvieron que matar desde la barrera”.</p>
<p>Se retira en 1824, con familia que mantener y sin haber podido ahorrar, porque seguía siendo dispendioso. Sus amigos median ante Fernando VII, que lo admiraba, para conseguirle un modesto empleo como cabo-comandante del resguardo de sales en Sanlúcar de Barrameda. En 1830 se crea la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, y su impulsor, el conde de la Estrella, lo propone como director. Sin embargo, Pedro Romero, de 75 años, que vivía retirado en Ronda de una exigua pensión, reclama el puesto, y para demostrar que está en condiciones se ofrece a matar un toro en presencia del Rey. A Cándido no le queda más remedio que conformarse humildemente con la plaza de ayudante.</p>
<p>La Escuela tuvo un funcionamiento irregular, aunque pasaran por allí ocasionalmente el caballero torero Pérez de Guzmán o el gran Francisco Montes y se formará un jovencísimo Cúchares. Con escasez de medios económicos y otros inconvenientes de carácter político que se agudizaron con la muerte de Fernando VII, cerró sus puertas en 1833, mientras el motrileño Javier de Burgos dibujaba el mapa de las provincias de España en el primer gobierno de la regencia de María Cristina.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/lidia_1883.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="La Escuela de Tauromaquia de Sevilla, La Lidia" class="alignnone size-full wp-image-1137" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/lidia_1883.jpg" alt="" width="470" height="304" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>La Escuela de Tauromaquia de Sevilla. «La Lidia», 6 de junio de 1887. Biblioteca-RMR.</em></p>
<p>Pedro Romero regresó triste a Ronda, pero Cándido no recibió la pensión por su trabajo de Sanlúcar al no haber cumplido el requisito de diez años en el cargo, y se vio obligado a penar por algunas plazas en corridas sueltas con más de sesenta años en un país inmerso en una guerra civil y cuyos presidentes duraban meses en el cargo. En una corrida de agosto de 1835 en la capital, un mes después del triunfo del ejército liberal contra las fuerzas carlistas en Mendigorría, se le concedió el privilegio de estoquear un toro que escogiera entre los ocho que se iban a lidiar. En el cartel se decía: “ (&#8230;) sus conocimientos en la tauromaquia y las muchas veces que por ellas se ha distinguido en esta plaza le recomiendan a la benevolencia de los espectadores”. Pobre y muy enfermo, tendría alguna otra ocasión más en Madrid, donde había fijado su residencia, con tristes resultados. Parece que su última actuación fue en una corrida de plaza partida, “ofreciéndose a contribuir, en cuanto alcancen sus fuerzas y conocimientos, para quedar con el lucimiento que corresponde”.</p>
<p>El primero de abril de 1839 expiraba en una pensión para pobres de Madrid. De su legado queda que fue el primero en dar la vuelta al ruedo, llevado de su afable carácter, para agradecer los aplausos después de una buena faena.</p>





















<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo.</em> Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sánchez de Neira. <em>El Toreo.</em> <em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recortes, seud. de B. del Amo. <em>Jerónimo Cándido, Curro Guillén y sus discípulos. Estudio biográfico. </em>Madrid, Viuda de Galo Sáez, 1947 (col. Histórico-Taurina, V. III).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Boto Arnau. <em>Cádiz, origen del toreo a pie (1661-1858), </em>pról. de R. Cabrera Bonet, Madrid, Unión de Bibliófilos Taurinos, 2001.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2020/09/22/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-vi-jeronimo-jose-candido-el-cunado-de-pedro-romero/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (VI). Jerónimo José Cándido, «el cuñado de Pedro Romero»</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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		<title>El ocaso de los varilargueros</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2020/09/08/el-ocaso-de-los-varilargueros/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Sep 2020 11:27:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
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		<category><![CDATA[Laureano Ortega]]></category>
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		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
		<category><![CDATA[Varilargueros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un antiguo cartel de escaparate conservado en el Archivo de la Real Maestranza anuncia corridas de 1793 en Sevilla y sirve de punto de partida para repasar el ocaso de los varilargueros en la historia de la tauromaquia.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:left;"><span style="font-weight:400;">En la colección del Archivo de la Real Maestranza de Caballería de Ronda hay un cartel horizontal, de los llamados de escaparate, sencillo y primitivo anuncio de varias corridas en la plaza de Sevilla, 76 toros en funciones de mañana y tarde con mitos vivientes de la tauromaquia, a pie y a caballo, para tres días de abril y otro de mayo de 1793, antesala del volcánico siglo XIX. En enero había sido decapitado en Francia Luis XVI, en octubre lo sería María Antonieta. La ejecución de los monarcas franceses desencadenaría la guerra del Rosellón entre España (aliada con Inglaterra) y la Primera República de Francia. El conflicto, para el que la Real Maestranza de Ronda aportó 100.000 reales, se desarrollaba mientras se celebraban estas cuatro funciones taurinas. Ese mismo año Francisco de Goya pintaría <em>La muerte del picador</em>, una de sus obras taurinas de mayor dramatismo, un pequeño óleo sobre hojalata que se encuentra en la colección de la British Rail Pension Trustee Co., en Londres.</span></p>
<p style="text-align:center;"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel-toros-sevilla-1793.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Cartel de las primeras corridas de toros en Sevilla" class="size-full wp-image-1077 aligncenter" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel-toros-sevilla-1793.jpg" alt="" width="470" height="309" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Cartel de las primeras corridas de toros en Sevilla (1793). Archivo RMR.</em></p>
<p style="text-align:left;"><span style="font-weight:400;">En los carteles como este se mantenía un orden jerárquico que no reflejaba la realidad. Era un vestigio del pasado, con los nombres de los ganaderos en posición preferente, y cuando los varilargueros sustituyeron a los caballeros rejoneadores de la nobleza, que habían abandonado el toreo debido a la inercia marcada por la dinastía borbónica, poco afecta a la fiesta, y a la creciente popularidad que iban adquiriendo los lances de los peones de servicio auxiliar. A principios del siglo se conocen quejas de los escasos caballeros que todavía participaban, de que estaban ya en la plaza más para auxiliar a los peones que a otra cosa. Hasta la muerte del toro, la suerte suprema, también les era arrebatada en lidias desordenadas y tumultuosas repletas de capeadores.</span></p>
<p style="text-align:left;"><span style="font-weight:400;">Hacía tiempo que el protagonismo en las plazas españolas pertenecía ya a los toreros de a pie. Desde el rondeño Juan Romero (1727-1829) la lidia era dirigida por los matadores profesionalizados, en un proceso paulatino aunque no homogéneo que cuajaría con la aparición de figuras como <em>Costillares</em>, <em>Pepe Hillo</em> o Pedro Romero, que despejarían de las corridas el caos anterior para dar paso a las pautas más ordenadas de la tauromaquia moderna. Hay que recordar que una corporación nobiliaria como la Real Maestranza de Ronda apostó por la promoción de la nueva tauromaquia con la construcción de su plaza de toros, inaugurada en 1785 con las mismas figuras, a cuyas órdenes actuaban los picadores de vara larga de este cartel.</span></p>
<p style="text-align:left;"><span style="font-weight:400;">Pocos datos biográficos hay de los caballistas toreros del siglo XVIII que ocupan el espacio entre los rejoneadores nobles y los picadores propiamente dichos, datos contradictorios según qué historiador. José Daza, que fuera varilarguero de nombradía de la primera mitad del siglo, publicó un confuso y desordenado tratado en 1778 que da referencias de algunos, y su valor reside en que expone la suerte de picar al toro con una vara larga y sus dos tipos: «los que aguardan a herradura parada» y «los que pican y salen huyendo». De mayor mérito el primero según su opinión, con vara más corta, en ambos casos era consustancial la pericia en la monta para evitar en lo posible el daño a caballo y jinete. Durante algunas décadas mantendrán el predominio del toreo a caballo, aunque fuera de manera simbólica, encabezando los paseillos o en el orden de los carteles. La mayoría eran hombres acostumbrados a las faenas ganaderas, mayorales, garrochistas, conductores de ganado, pequeños propietarios agrícolas. Llevaron a las plazas los aires del campo. Sin embargo, sostiene Pedro Romero de Solís que con el paso del tiempo se ganarían el desafecto del público, «vinculados, en exceso, a la mentalidad de sus dueños», desplazados ellos también de la suerte suprema, «montados con insoportable desaliño sobre escuálidos jamelgos, penando por el ruedo como si fueran réplicas envilecidas y macabras de sus antiguos y bizarros señores (&#8230;) despegados de su origen social», y sin poder fundirse con los nobles que los amparaban, desclasados en suma, la gente solo «veía en ellos la odiosa imagen de sus señores».</span></p>
<p><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/pepe-hillo-goya.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="'La muerte de Pepe-Illo', 2ª variante, lámina de La Tauromaquia" class="aligncenter wp-image-1085 size-full" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/pepe-hillo-goya.jpg" alt="" width="470" height="324" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>«La muerte de Pepe-Illo», 2ª variante. Lámina F de «La Tauromaquia», F. de Goya (1814-1816). Colección RMR.</em></p>
<p style="text-align:left;"><span style="font-weight:400;">Los que aparecen en el cartel eran de primer nivel. Bartolomé Padilla de Jerez de la Frontera fue uno de los más prestigiosos de finales del XVIII, siempre con los mejores espadas y presente en las funciones más señaladas en Sevilla o Madrid. Antonio Parra, de Villanueva del Ariscal del aljarafe sevillano, toreó mucho con <em>Pepe Hillo</em> y Pedro Romero. Se dice que cobraba 1.200 reales por actuación, máxima tarifa que sólo se pagaba a los mejores. De similar categoría llegaría a ser Juan López de Guadajocillo, que no es pueblo sino un predio cordobés asociado a un arroyuelo del río Guadajoz; testigo de la cogida mortal de su jefe <em>Pepe Hillo</em> en 1801, a cuyas órdenes actuó en numerosas ocasiones, acudió en su auxilio para librarle de las astas de <em>Barbudo</em> poniéndole una vara a caballo levantado, y así quedó reflejado en <em>La Tauromaquia</em> de Goya.</span></p>
<p><a href="http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?Museo=MNEV&amp;txtSimpleSearch=Laureano%20Ortega%20de%20la%20Isla&amp;simpleSearch=0&amp;hipertextSearch=1&amp;search=simple&amp;MuseumsSearch=MNEV%7C&amp;MuseumsRolSearch=15&amp;listaMuseos=[Museo%20Nacional%20de%20Escultura]"><img loading="lazy" decoding="async" alt="'El picador Laureano Ortega de Isla, a caballo', fotografía histórica" class="size-full wp-image-1075 aligncenter" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/mnevfce2704_seq_002_p.jpg" alt="" width="470" height="312" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>«El picador Laureano Ortega de Isla, a caballo» (finales s. XVIII). Foto: Museo Nacional de Escultura. CER.ES</em></p>
<p><span style="font-weight:400;">El más célebre fue Laureano Ortega de la Isla (también se le hace originario de El Puerto de Santa María). Sánchez de Neira lo describe en su obra <em>Los toreros de antaño y los de hogaño</em> ajustando una corrida en la Maestranza de Sevilla: «moreno, de ojos garzos, boca sonriente, expresión dulce, pelo castaño, alta estatura, y aunque fornido, se notaba en él cierta esbeltez de formas que aumentaba la soltura de sus movimientos». Aparece representado en el extraordinario conjunto escultórico de 27 figuras humanas y animales del malagueño Juan Cháez realizado en esta época, del Museo Nacional de Escultura, y que pudo contemplarse en la Biblioteca de la Real Maestranza de Caballería de Ronda en 2010 con motivo de la exposición por el 225 aniversario de su plaza de toros.</span></p>
<p><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/rmr_exposicion_225.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Exposición 'Plaza de Toros de Ronda. 225 años'" class="aligncenter wp-image-1076 size-full" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/rmr_exposicion_225.jpg" alt="" width="470" height="314" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Exposición «Plaza de Toros de Ronda. 225 años» (2010). Foto: José Morón.</em></p>
<p><span style="font-weight:400;">Este famoso picador ganó incontestable prestigio a lo largo de muchos años por su destreza para mantener la mayoría de sus caballos vivos, lo que era muy rentable para los organizadores. Se cuenta que se negó junto al resto de piqueros contratados a torear una corrida en Sevilla en 1798, al no gustarle los caballos que les facilitaron. El público, que ya estaba en la plaza y no había sido avisado, al no verlos aparecer, rompió todo lo que tenía a mano, mató a los toros en los chiqueros y después tiró al río el coche del empresario. Los aficionados de entonces eran así de belicosos.</span></p>
<p><em>Bibliografía</em></p>
<p>Gracía-Baquero. <em>Razón de la Tauromaquia. Obra taurina completa</em>. Ed. Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2008. Coord. Pedro Romero de Solís.</p>
<p>García-Baquero. Romero de Solís y Vázquez Parladé, <em>Sevilla y la fiesta de toros.</em> Biblioteca de Temas Sevillanos, Ayuntamiento de Sevilla, 1994.</p>
<p>Cabrera Bonet. <em>Orígenes y evolución del cartel taurino en España</em>. Consejería de Gobernación y Justicia, Sevilla, 2010<em>.</em></p>
<p>Daza. <em>Precisos manejos y progresos del arte del toreo</em>, 1778. Ed. R. Reyes/ P. Romero de Solís, Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 1999. Introducción de A. González Troyano.</p>
<p>Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>
<p>Sánchez de Neira. <em>Los toreros de antaño y los de hogaño</em>, 1884. Ed. Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2014. Introducción de Pedro Romero de Solís.</p>
<p>Sánchez de Neira. <em>El Toreo.</em> <em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>
<p>Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo.</em> Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>
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		<title>La inauguración de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Ronda</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2020/05/19/la-inauguracion-de-la-plaza-de-toros-de-la-real-maestranza-de-ronda/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 May 2020 11:34:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[1785]]></category>
		<category><![CDATA[Escuela rondeña]]></category>
		<category><![CDATA[Escuela sevillana]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Romero]]></category>
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		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Corría el año de 1785, el Siglo de las Luces y de la Ilustración avanzaba hacia el final y en Europa se abría un período de convulsiones sociales. Dos años antes el Tratado de Versalles había reconocido a los Estados Unidos y cuatro años después estallaba la Revolución Francesa. Ese mismo año se cruza el Canal de la Mancha en un globo aerostático de reciente invención, el conde de Floridablanca pone en marcha el primer censo español, funciona la primera máquina de vapor en Inglaterra y Carlos III aprueba los nuevos modelos del pabellón español para la Marina, base de la actual bandera española. Ronda vivía uno de sus momentos históricos de apogeo y transformación urbana.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Corría el año de 1785, el Siglo de las Luces avanzaba hacia su final y en Europa se abría un período de convulsiones sociales. Dos años antes el Tratado de Versalles había reconocido a los Estados Unidos, y cuatro años después estallaba la Revolución Francesa. Ese mismo año se cruza el Canal de la Mancha en un globo aerostático de reciente invención, el conde de Floridablanca pone en marcha el primer censo español, funciona la primera máquina de vapor en Inglaterra y Carlos III aprueba los nuevos modelos del pabellón español para la Marina, base de la actual bandera española. Ronda vivía uno de sus momentos históricos de apogeo y transformación urbana.</p>
<p>El 19 de mayo de hace 235 años se inauguró de forma oficial la Plaza de Toros de Ronda de su Real Maestranza de Caballería. Los festejos conmemoraban los trescientos años de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos. La expectación era máxima, dejadas atrás las dificultades y el luctuoso suceso del año anterior. Bajo la presidencia de Bartolomé Félix de Salvatierra, Teniente de Hermano Mayor de la Maestranza, en representación del Hermano Mayor, el Infante Gabriel de Borbón, cuyo retrato ocupaba entre terciopelos el Palco Real, y con la presencia de miembros del Consejo, de la Real Audiencia, del Cabildo Catedralicio, del Corregidor, el Juez Municipal como alto cargo de la Corona y de los 126 hidalgos de la nobleza local que ocupaban los palcos principales, más la tribuna dispuesta para la Banda de Música de la Real Maestranza, se podría decir que en la plaza, abarrotada de un público entusiasta, no cabía un alfiler.</p>
<p><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/05/pedro-romero-goya.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Retrato de Pedro Romero, por Francisco de Goya" class="aligncenter wp-image-691 size-large" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/05/pedro-romero-goya.jpg?w=470" alt="" width="470" height="546" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Retrato de Pedro Romero. Francisco de Goya y Lucientes, 1795-1798. Óleo sobre lienzo. Museo de Arte Kimbell (Fort Worth, Texas, Estados Unidos)</em></p>
<p>Para la corrida de toros de ese 19 de mayo se anuncia el mismo cartel de la que no se pudo terminar el curso pasado, con las dos primeras figuras de la Tauromaquia del momento: Pedro Romero de Ronda y José Delgado “Pepe Hillo” de Sevilla, representantes de las dos principales escuelas taurinas, y que desde hacía años rivalizaban en los ruedos incendiando de polémicas toda España entre partidarios de uno y de otro. Según las fuentes, eran de la misma edad. Pedro Romero, siendo joven y acompañando a su padre, Juan Romero, ya había mantenido notoria rivalidad con Joaquín Rodríguez “Costillares”, maestro y protector de Pepe-Hillo, que lo sustituyó en esa pugna por ganarse a los públicos frente al poderoso maestro de Ronda. Su primer encuentro en Cádiz fue sonado, ya que ambos se dedicaron a alardear entrando a matar sin muleta, con un castoreño el sevillano, con una peineta el rondeño, hasta que el presidente tuvo que llamarles la atención. De esa competencia surgió una amistad y respeto mutuos, según se sabe.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/05/pepe-hillo-goya.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Lance de capa en un encierro, por Francisco de Goya" class="alignnone size-large wp-image-693" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/05/pepe-hillo-goya.jpg?w=470" alt="" width="470" height="650" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Lance de capa en un encierro. Francisco de Goya y Lucientes, 1793. Óleo sobre hojalata. Colección particular. Representa a Pepe-Hillo en un lance de su invención, el capeo de espalda o toreo por detrás</em></p>
<p>La rivalidad, pues, estaba en todo su apogeo cuando salen al ruedo de Ronda. La severidad, la firmeza sin adornos y el reposo frente a la alegre movilidad, unidos ambos por una valentía sin límites. Por un documento manuscrito que se guarda en el Archivo de la Real Maestranza es posible conocer pormenores y gastos de esa corrida y de la siguiente programada para el día 24 del mismo mes. Para la ocasión se contrataron reses de acreditadas e históricas ganaderías sevillanas, once toros a Joseph Cabrera en Las Cabezas de San Juan, siete al conde de Vistahermosa en Utrera y, para completar el lote, diez toros escogidos “según su ciencia” por el veedor Juan Serrano en las dehesas de Tarifa, más otros dos de los que se desconoce su procedencia.</p>
<p>Intervinieron también, pero en segundo orden de importancia, los famosos varilargueros Bartolomé Padilla, Juan Cañete y Laureano Ortega. Protagonistas de las corridas en una primitiva etapa posterior al toreo caballeresco, los varilargueros del toreo a caballo solían encabezar los carteles, pero las preferencias del público ya se inclinaban por el toreo a pie, como se demuestra que cobraron menos que los primeros espadas. Completaban el cartel los banderilleros Antonio y José Romero, hijos de Juan Romero y hermanos de Pedro; Curro Aragón, Vicente Estrada, Ignacio García y Sisquero.</p>
<p><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/05/firma-pedro-romero.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Carta de Pedro Romero a José Moctezuma" class="size-large wp-image-695 aligncenter" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/05/firma-pedro-romero.jpg?w=470" alt="" width="470" height="627" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Carta de Pedro Romero a José Moctezuma en la que le comunica que no acepta ningún contrato que no incluya a su compañero Juan Conde. Firmada «Pedro Romero». Cádiz, 30 de abril de 1784. Archivo RMR</em></p>
<p>Por matar 30 toros en dos días, el que más cobró fue Pepe-Hillo (3.242 reales de vellón) debido a las costas del viaje y fonda de su cuadrilla, por los 3.000 de Pedro Romero, 2.644 de los tres picadores y 540 de los cinco banderilleros. No se conocen crónicas de la corrida, pero los matadores fueron obsequiados por el Teniente con dos toros cada uno, prueba de la satisfacción por su trabajo, costumbre que puede ser origen de los actuales premios simbólicos.</p>
<p><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/05/firma-pepe-hillo.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Carta de Pepe-Hillo dirigida a su amigo y compañero" class="size-large wp-image-696 aligncenter" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/05/firma-pepe-hillo.jpg?w=470" alt="" width="470" height="630" /></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Carta de Pepe-Hillo dirigida a su amigo y compañero Pedro Romero. Firmada «Josephillo». Sevilla, 17 de abril de 1784. Archivo RMR</em></p>
<p>Pedro Romero se retiraría en 1779, fue el primer director de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla y acabó sus días en Ronda en 1839 convertido en leyenda, sin haber recibido daño alguno después de enfrentarse a más de 5.600 toros. Más castigado, Pepe-Hillo publicó bajo su nombre “La Tauromaquia o arte de torear” en 1796, escrito por su amigo José de la Tixeira. En su camino se cruzó el toro “Barbudo”, con una cogida mortal reproducida por Goya en su «Tauromaquia», falleciendo en Madrid en 1801. Tenía 47 años.</p>
<p><em>Documentación</em></p>
<p>Año de 1785. Cuentas del producto y gastos de las dos corridas de toros celebradas en los días 19 y 24 de mayo del mismo año. Archivo de la Real Maestranza de Caballería de Ronda.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2020/05/19/la-inauguracion-de-la-plaza-de-toros-de-la-real-maestranza-de-ronda/">La inauguración de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Ronda</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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