<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Real Maestranza de Ronda archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
	<atom:link href="https://www.rmcr.org/tag/real-maestranza-de-ronda/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://www.rmcr.org/tag/real-maestranza-de-ronda/</link>
	<description>Real Maestranza de Caballería de Ronda</description>
	<lastBuildDate>Fri, 31 Jul 2026 10:09:47 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	

<image>
	<url>https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/04/logo_rmcr.svg</url>
	<title>Real Maestranza de Ronda archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
	<link>https://www.rmcr.org/tag/real-maestranza-de-ronda/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Sala de Historia de la Tauromaquia. Jugando al toro de Enrique Mélida</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/12/27/sala-de-historia-de-la-tauromaquia-jugando-al-toro-de-enrique-melida/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/12/27/sala-de-historia-de-la-tauromaquia-jugando-al-toro-de-enrique-melida/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Dec 2021 11:52:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Mélida]]></category>
		<category><![CDATA[Jugando al toro]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Sala de Historia de la Tauromaquia]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=7208</guid>

					<description><![CDATA[<p>Goya o Ramón Bauyeau tienen obras con este motivo tradicional en los juegos infantiles. En el caso que nos ocupa la escena no transcurre al aire libre, sino en el salón de una mansión, en la que solo hay un niño vestido de torero que sostiene un capote acompañado de familiares y visitantes, uno de los cuales, cubierto con una cabeza de toro de mimbre se dispone a cumplir su función.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/12/27/sala-de-historia-de-la-tauromaquia-jugando-al-toro-de-enrique-melida/">Sala de Historia de la Tauromaquia. Jugando al toro de Enrique Mélida</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En el Museo de la Tauromaquia de la plaza de toros de Ronda se muestra un óleo sobre lienzo de pequeño formato titulado <em>Jugando al toro</em>. Jugar al toro fue en el siglo XIX y durante gran parte del XX un entretenimiento popular que era corriente ver en aldeas, pueblos y ciudades españolas. Francisco de Goya o Ramón Bauyeau tienen obras con este motivo tradicional en los juegos infantiles. En el caso que nos ocupa la escena no transcurre al aire libre, sino en el salón de una mansión, en la que solo hay un niño vestido de torero que sostiene un capote acompañado de familiares y visitantes, uno de los cuales, cubierto con una cabeza de toro de mimbre se dispone a cumplir su función.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/12/afc26-n15-004.jpg"><img decoding="async" alt="'Jugando al toro', Enrique Mélida y Alinari, Sala de Historia de la Tauromaquia" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/12/afc26-n15-004.jpg?w=990" alt="" class="wp-image-1723" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Jugando al toro. Enrique Mélida y Alinari. Sala de la tauromaquia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El autor de la obra, Enrique Mélida y Alinari (Madrid, 1838-París, 1892) nació en el seno de una familia de la burguesía ilustrada. Sus hermanos José Ramón y Arturo fueron personalidades destacadas en sus profesiones. El primero, considerado el padre de la arqueología española, dirigió la excavaciones de Numancia, fue el descrubridor del teatro romano de Mérida y desempeñó el cargo de director del Museo de Arqueología. El segundo, arquitecto y también pintor, fue el responsable del Pabellón Español de la Exposición Universal de París de 1889, por el que recibió la Gran Cruz de la Legión de Honor, la más importante de las distinciones francesas.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Como hijo de un prestigioso abogado, Nicolás Mélida y Lizana, alto funcionario y diputado en Cortes, Enrique estudió la carrera de Derecho mientras practicaba la pintura como aficionado desde su infancia, hasta que animado por la buena acogida que tuvieron cuadros suyos presentados en la Exposición Internacional de Bayona de 1864 y en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid tres años después decidió dedicarse por entero a su vocación artística y a la crítica de arte. Publicó numerosos artículos eruditos en la revista <em>El Arte en España</em>, de la que fue uno de los fundadores. Su actividad se extendió al grabado y a la ilustración. En esta faceta, junto a su hermano Arturo colaboró en la ilustración de algunas de las láminas de los Episodios Nacionales de Galdós entre 1882 y 1884.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/el-pintor-enrique-melida-y-alinari-togado/af792560-b987-4ecd-adcc-4720011fac56"><img fetchpriority="high" decoding="async" alt="Retrato de Enrique Mélida y Alinari togado, por Ignacio Suárez Llanos" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/12/el_pintor_enrique_melida_alinari_togado_museo_del_prado.jpg?w=726" alt="" class="wp-image-1725" width="268" height="378" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Enrique Mélida y Alinari, togado. Ignacio Suárez Llanos. Óleo sobre lienzo, 1864. Museo del Prado</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguió presentándose en las Exposiciones Nacionales con obras costumbristas influenciadas por Fortuny. En la convocatoria de 1876 obtuvo una medalla por su óleo <em>Se aguó la fiesta</em>, una de sus composiciones más conocidas que representa a un grupo merendando en el campo que se ve sorprendido por la aparición de un toro bravo. Este cuadro se conserva en el Museo del Prado junto a otras obras de su producción costumbrista y retratista, donde también se encuentra el retrato como togado que le hiciera el asturiano Ignacio Suárez Llanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de ahí su fama fue creciendo y recibió numerosos encargos de retratos. Al contraer matrimonio con Marie Bonnat, hermana del pintor francés Léon Bonnat, que había sido discípulo de Madrazo, pasó a vivir en París, aunque siguió enviando sus obras a la exposiciones oficiales de Bellas Artes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pantorba, Bernardino de, <em>Historia y crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes celebradas en España [1948]</em>, Madrid, Jesús Ramón García-Rama, 1980.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ossorio y Bernard, Manuel, <em>Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX [1883-1884]</em>, Madrid, Giner, 1975.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/12/27/sala-de-historia-de-la-tauromaquia-jugando-al-toro-de-enrique-melida/">Sala de Historia de la Tauromaquia. Jugando al toro de Enrique Mélida</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/12/27/sala-de-historia-de-la-tauromaquia-jugando-al-toro-de-enrique-melida/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Toreros históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXIV). Cayetano Sanz, el torero elegante.</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/10/21/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxiv-cayetano-sanz-el-torero-elegante/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/10/21/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxiv-cayetano-sanz-el-torero-elegante/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Oct 2021 10:12:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Cayetano Sanz]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=7203</guid>

					<description><![CDATA[<p>Cayetano Sanz fue el primer torero de Madrid que pudo competir de igual a igual con los andaluces, dominadores absolutos del escalafón y del negocio desde los orígenes de la tauromaquia moderna. Natural del barrio de Arganzuela, vino al mundo en 1821. Fallecido su padre antes de nacer, criado por sus abuelos, después de la instrucción básica lo metieron de aprendiz del oficio de zapatero cuando cumplió los diez años. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/10/21/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxiv-cayetano-sanz-el-torero-elegante/">Toreros históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXIV). Cayetano Sanz, el torero elegante.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Plaza de madera del barrio de Saint-Esprit, Bayona, 6 de agosto de 1854. Desde el palco engalanado de la presidencia junto a su esposo Napoleón III, la granadina Eugenia de Montijo, Emperatriz de Francia, agita su delicado pañuelo bordado para que los clarines anuncien el comienzo del tercer tercio en una corrida de toros. No es un acto rutinario. Se estaba autorizando por primera vez en Francia que una corrida se rematara “a la española”, con la muerte del toro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El torero español que “inaugura” ese rito en suelo francés es Cayetano Sanz, de Madrid. Le acompaña en el cartel el también madrileño Gonzalo Mora, un torero más significado por lo que hacía fuera de la plaza que dentro. Antes de ejecutar la suerte suprema, Cayetano había encandilado al público presente y a los monarcas con un uso del capote y la muleta que desprendía el aroma de una escuela clásica, producto de su aprendizaje en las mejores fuentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cayetano Sanz fue el primer torero de Madrid que pudo competir de igual a igual con los andaluces, dominadores absolutos del escalafón y del negocio desde los orígenes de la tauromaquia moderna. Natural del barrio de Arganzuela, vino al mundo en 1821. Fallecido su padre antes de nacer, criado por sus abuelos, después de la instrucción básica lo metieron de aprendiz del oficio de zapatero cuando cumplió los diez años. Semejante futuro no fue de su agrado, y pronto se relacionó con la chavalería que gustaba de jugar a los toros y se asomaba a las corralizas del cercano matadero, apuntándose a participar en todos los festejos que tenían lugar en los pueblos cercanos. Según varios testimonios, desde el principio llamó la atención por su empaque en aquellas alborotadas novilladas y becerradas populares, en las que los mozos aspirantes echaban el capote y después salían corriendo. Él, en cambio, recibía la embestida sosteniendo el engaño con las dos manos y se quedaba quieto a repetir el lance, como había visto hacer al gran Montes en alguna ocasión.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/10/sanz-figura.jpg"><img decoding="async" alt="Retrato de Cayetano Sanz publicado en La lidia: revista taurina" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/10/sanz-figura.jpg?w=450" alt="" class="wp-image-1668" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Cayetano Sanz. “La lidia: revista taurina”. Año II, n. 2, 30 de marzo de 1883. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Se cuenta que en una novillada en Aranjuez hacia 1844 llamó la atención del duque de Veragua, propietario del ganado, que decidió ponerlo bajo su protección. Le encomendó su adiestramiento a un personaje singular, el afamado banderillero José Antonio Learte Calderón <em>Capita</em>. Natural de Carmona, nacido en 1798 en el seno de una distinguida familia sevillana, recibió una esmerada educación pero acabó por desclasarse para entregarse a la aventura taurina. Había conocido a Cándido y Curro Guillén,  miembro ilustre de la cuadrilla de Montes primero y de <em>Chiclanero</em>  después, que lo escuchaban por su sabiduría; era tuerto pero no había nadie mejor con las banderillas y con su conocimiento de la lidia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De modo que el joven Cayetano no pudo tener mejor maestro, quien lo adiestró toreando de salón para conocer los vuelos de los trapos y ajustar el cuerpo. Sus lecciones no cayeron en saco roto por la predisposición y natural desenvoltura del discípulo. Poco a poco fue ganando un hueco entre los mejores. Durante un tiempo, seguramente por mediación de <em>Capita</em>, formó parte de la cuadrilla del <em>Chiclanero</em>, y según ciertos datos, aunque las fechas bailan un poco, se considera que debutó en Madrid como espada con <em>Cúchares</em> y Julián Casas el <em>Salamanquino</em> en 1848 o 1849.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue el primer torero castellano en ganarse el respeto de las plazas de Sevilla y de la provincia de Cádiz, superando la displicencia con la que esas aficiones recibían a los foráneos. Alternó con Montes y Redondo sin desmerecer con las verónicas, navarras y tijerillas de su capote y su buena mano con la muleta, aunque en la suerte suprema siempre tuviera dificultades y empleara demasiado tiempo en decidirse. Por las enseñanzas de <em>Capita</em> era eficaz con las banderillas y también practicó en ocasiones el salto al trascuerno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de la década de los cincuenta su carrera se fue afianzando y Madrid encontró al fin un torero del que enorgullecerse. De su evolución dan fe unas sucesivas crónicas de la revista El Enano, siempre exigentes: “Cayetano Sanz es un joven que promete adelantar en el arte, pero en el día no es lo que él se piensa y muchos le quieren hacer creer” (1851); “En Cayetano encontramos, cuando sus toros mató, sabios compases y calma, destreza, ciencia y valor” (1853);&nbsp; “El espada Cayetano Sanz ha dirigido la plaza como cumple a un primer espada y según aconseja el arte” (1855).</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/10/sanz-capa.jpg"><img decoding="async" alt="Cayetano Sanz en los lances de capa, La lidia: revista taurina" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/10/sanz-capa.jpg?w=711" alt="" class="wp-image-1670" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Cayetano en los lances de capa. “La lidia: revista taurina”. Año VI, n. 29, 17 de octubre de 1887. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuenta el que fuera director de la revista La Lidia, Sánchez de Neira, que en 1856 le vio hacer lo que no había visto hacer a nadie: “Irse al toro con la muleta y el estoque, después de ordenar que todos los lidiadores, tanto de a pie como de a caballo, se retirasen del ruedo, y allí, solo, en los medios o en las tablas, trastear admirablemente sin mover los talones, dando alguna vez en esta postura, y sin moverse, hasta seis pases en redondo”. Estaba describiendo el toreo de ligazón mucho antes de que naciera. De esa costumbre de quedarse solo existe una anécdota, una tarde que alternaba con <em>Cúchares</em>, rival suyo en la arena y en los despachos en los que se urdían las contratas. Ante las dificultades que Cayetano encontraba para acabar con un toro refugiado en tablas, su peón, Regatero, otro de los grandes banderilleros de época, se acercó a <em>Cúchares</em> para pedirle que le ayudara. El sevillano contestó con su habitual guasa: “¿Pa qué, si a icho que no necesita a naide? Éjalo que se divierta”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toreó con éxito y en compañía de los mejores en todas las plazas, alternando con Arjona Guillén, Antonio Sánchez el <em>Tato</em>, Manuel Domínguez <em>Desperdicios</em>, Antonio Carmona el <em>Gordito</em> y con el infortunado <em>Pepete</em>, con el que compartía cartel en 1862 en la corrida que terminó con su vida. Hizo las Américas en La Habana y Méjico, repitió en Francia, dio la alternativa a <em>Lagartijo</em> y en el ocaso de su carrera compitió con él y con <em>Frascuelo</em>. Se retiró en 1877, achacoso y con goteras, pero aún así intervino en los festejos reales por la boda de Alfonso XII y María de las Mercedes un año después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Discreto, educado, cuidadoso con sus ganancias se retiró a su finca de Villamantilla, cercana a Madrid.&nbsp; Durante una novillada en el pueblo a la que asistía, comentó alguna de las actuaciones de los jóvenes maletillas. Uno de ellos, alterado, se dirigió a él de forma destemplada. “Tío viejo, ¿por qué no baja y lo hace?”. Cayetano aceptó la invitación, cogió el capote y le dio al novillo varias verónicas sin mover los pies. Después de aquella lección magistral, el novillero preguntó quién era. Al enterarse se apresuró a pedirle perdón, disculpas que el maestro aceptó sin rencor. En sus últimos años vivió acompañado del cariño y la consideración de la gente, hasta su fallecimiento en 1891. Como sostiene Nestor Luján, “su mesura y su arte llegaron casi a demostrar que la elegancia es una necesidad”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros</em>. Tratado técnico e histórico, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo</em>. Gran diccionario tauromáquico. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bellver Cano, José. <em>La proyección de nuestra fiesta al exterior</em>. El Ruedo, año XI, nº 549, 30 diciembre 1954, Madrid.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luján, Nestor. <em>Historia del toreo</em>. Ed. Destino, Barcelona, 1954 (Destino, Barcelona 1993, 3.ª ed.)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antonio García-Baquero. <em>Razón de la tauromaquia. Obra taurina completa.</em> (Pedro Romero de Solís, coord). Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Universidad de Sevilla, 2008.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo</em> (anecdotario taurino), pról. de J. Belmonte,  Aguilar,  Madrid, 1947 (Aguilar, Madrid,1987).</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/10/21/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxiv-cayetano-sanz-el-torero-elegante/">Toreros históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXIV). Cayetano Sanz, el torero elegante.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/10/21/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxiv-cayetano-sanz-el-torero-elegante/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXI). Antonio Sánchez «El Tato», el torero amputado</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/06/24/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxi-antonio-sanchez-el-tato-el-torero-amputado/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/06/24/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxi-antonio-sanchez-el-tato-el-torero-amputado/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Jun 2021 11:23:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Sánchez]]></category>
		<category><![CDATA[Cúchares]]></category>
		<category><![CDATA[El Tato]]></category>
		<category><![CDATA[Frascuelo]]></category>
		<category><![CDATA[Lagartijo]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=7197</guid>

					<description><![CDATA[<p>El Tato Nacido en 1831 a la vera del matadero de Sevilla, en el barrio de San Bernardo que tantos toreros arrojaba a las plazas, comenzó como tantos otros a foguearse en el encierro de reses que servían para crear escuela taurina. “Joven, simpático, desenvuelto, agraciado en sus trazas”, su precoz desparpajo le abrió muchas puertas. Hacia 1849 llama la atención de José Redondo en Santiago de Compostela, cuando lo encuentra formando parte de una cuadrilla de pegadores portugueses como encargado de estoquear a los toros.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/06/24/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxi-antonio-sanchez-el-tato-el-torero-amputado/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXI). Antonio Sánchez «El Tato», el torero amputado</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Tenía don de gentes, que presta un atractivo suplementario a los que lo poseen. Fue una constante a lo largo de su vida. Ídolo de masas en el período de decaimiento de la fiesta que va desde la muerte de <em>Chiclanero</em> y la decadencia de <em>Cúchares</em> hasta la aparición de <em>Lagartijo</em> y <em>Frascuelo</em>. “Oliendo a almizcle, a esencia de rosas y jazmín, saturado el rico pañuelo de batista de agua de colonia”, lo describe el cronista malagueño Aurelio Rodríguez Bernal en sus <em>Memorias del tiempo viejo</em> en la revista <em>Sol y Sombra</em> de 1897. Siempre atildado, el esmero por su apariencia se manifestó cuando era todavía un desarrapado zagal de catorce años, al ajustar un compromiso para tres días de capea en Osuna, pidiendo un dinero por adelantado que empleó para presentarse “apañadito de prendas de torear, suyas o prestadas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nacido en 1831 a la vera del matadero de Sevilla, en el barrio de San Bernardo que tantos toreros arrojaba a las plazas, comenzó como tantos otros a foguearse en el encierro de reses que servían para crear escuela taurina. “Joven, simpático, desenvuelto, agraciado en sus trazas”, su precoz desparpajo le abrió muchas puertas. Hacia 1849 llama la atención de José Redondo en Santiago de Compostela, cuando lo encuentra formando parte de una cuadrilla de pegadores portugueses como encargado de estoquear a los toros. El de Chiclana fue el primero en soltar su nombre en los mentideros taurinos. El único defecto que le vio es que era de Sevilla. Poco después aparece como puntillero de Juan Lucas Blanco, y pronto lo hará con <em>Cúchares</em>, que será el que lo promocione para más altos empeños, procurando que ampliara su repertorio con los&nbsp; percales, con los que llegó a lucirse en ocasiones. Gustavo Doré ilustraría uno de sus galleos en 1862, publicado posteriormente en el libro de viajes del barón Davillier <em>L&#8217;Espagne</em>. Su mayor virtud, que tenía desde el principio, era la de “arrojarse como nadie en la suerte del volapié”, que ejecutaba de una forma particular.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/06/tato-anales.jpg"><img decoding="async" alt="Retrato de Antonio Sánchez 'El Tato', por Teodoro Arámburu, Anales del toreo" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/06/tato-anales.jpg?w=400" alt="" class="wp-image-1592" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Antonio Sánchez, Tato, <em>por Teodoro Arámburu. “Anales del toreo” de José Velázquez y Sánchez (Sevilla, 1868).</em></em> <em>Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Cúchares</em> no pierde ocasión de dar opciones a su protegido, y le da la alternativa en Madrid en 1853. Cuando Sánchez se separa de su maestro se lleva consigo a los mejores de la cuadrilla, que prefirieron seguir a un joven prometedor que continuar junto a un veterano. Reclamado en todas las plazas (en 1855 lo hace en Bayona), un entendido citado por Neira lo retrata como “muy joven, garboso, preciadito de su persona y de simpática figura”, añadiendo que “adquiere cada día más partido”. Con el avance de las temporadas gana más seguridad en su concepto de la lidia, que no está exenta de percances, motivados en parte por la herencia de su maestro de lucirse con adornos en los quites y en ciertos defectos de ejecución que fueron señalados por los críticos taurinos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Establece cierta competencia con el madrileño Cayetano Sanz, pero su gran rival a lo largo de muchos años sería otro nativo del barrio de San Bernardo, Antonio Carmona <em>el Gordito. </em>Al parecer, la chispa que enciende ese enfrentamiento tiene lugar en una corrida de beneficencia en Sevilla de la Asociación de damas presidida por la infanta Luisa Fernanda, duquesa de Montpensier. <em>El Tato</em> se niega a que un prometedor Carmona figure como espada. Pocos años después, en Cádiz, surge otro incidente, cuando Carmona deja matar un toro a un joven banderillero llamado <em>Lagartijo</em>, honor que le había negado su rival. La simpatías comienzan a repartirse, y las disputas de partidarios de uno y otro alcanzan cotas que hacen necesaria a veces la intervención de las fuerzas de orden. Si Madrid era de Sánchez, en provincias se inclinaban por <em>el Gordito.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1857 participa en la corrida de El Puerto de Santa María en la que Manuel Domínguez <em>Desperdicios</em> pierde un ojo. Es a partir del año siguiente cuando su carrera se afianza y se sitúa como uno de los toreros principales, condición que mantendría hasta su forzosa retirada. En 1861 contrae matrimonio con María de la Salud Arjona, hija de <em>Cúchares</em> por la que bebía los vientos. Según algunos testimonios, no le fue fácil a la pareja convencer al padre, que al final tuvo que ceder. Otros dicen que concedió gustoso la mano de su hija, no sin antes advertirle: “Hija, no creas que todos los toreros son como tu padre, que os dice vuelvo y vuelve; que casi todos suelen volver por carta o por alambre”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 7 de junio de 1869, un año después del derrocamiento de Isabel II y de la muerte de <em>Cúchares</em> en La Habana, se celebró una corrida en Madrid para conmemorar la promulgación de la Constitución, con intervención de Sánchez y <em>Lagartijo</em>.&nbsp; Un toro castaño de la ganadería de Vicente Martínez, de nombre <em>Peregrino</em>, enganchó al Tato al entrar a matar a la altura de la rodilla. Muchos testigos anotaron que se debió a su forma de ejecutar el volapié, que entrañaba no pocos riesgos, al levantar la pierna derecha para coger impulso. La herida se complicó al parecer porque el toro llevaba en los pitones sangre de un caballo enfermo de arestín, virus que complicó sobremanera la curación. Para evitar la gangrena se le amputó la pierna. Se cuenta que en ese fatídico trance, sin anestesia por su decisión, exclamó “Adiós, Madrid”. Hubo que poner guardas en su casa para controlar a la cantidad de gente que acudía para interesarse por su estado. La pierna amputada se colocó embalsamada en una vasija de cristal en una farmacia de la calle Fuencarral, en cuyo escaparate aplastaba la nariz una multitud de curiosos. Un incendio destruyó el establecimiento poco después.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/06/tato-lidia.jpg"><img decoding="async" alt="Antonio Sánchez 'El Tato', La lidia: revista taurina" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/06/tato-lidia.jpg?w=400" alt="" class="wp-image-1594" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Antonio Sánchez (El Tato). “La lidia: revista taurina”. Año 1, n. 34, 30 de octubre de 1882. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cayetano Sanz, <em>Lagartijo</em> y <em>Frascuelo</em> torearon todas las corridas que el <em>Tato</em> tenía contratadas esa temporada en la capital y le entregaron sus emolumentos. En octubre se le rindió un sentido homenaje en una corrida a su beneficio.&nbsp; En 1871, con una pierna ortopédica hizo tres intentos infructuosos de volver a torear; en Badajoz no pudo dar ni un pase al cuarto de la tarde, sentándose impotente en el estribo; el público se lo impidió por su bien en Valencia, donde lo consoló el rey Amadeo de Saboya, y en Sevilla.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Regresó a la que había sido su escuela con el cargo de repartidor de carnes del matadero sevillano. Allí pasó los últimos veintiséis años de su vida un hombre querido y admirado no tanto por sus virtudes taurinas como por su valor, apostura y talante dentro y fuera de las plazas. Dejó varias frases en el acervo popular, la más usada “No ha venido ni el Tato”, en referencia a su&nbsp; conocida afición por la que no se perdía un evento taurino. Falleció el 7 de febrero de 1895, días antes de que los hermanos Lumière presentaran en París su primera exhibición cinematográfica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Bibliografía</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo.</em> Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo.</em> <em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antonio Peña y Goñi. <em>El Tato</em>. Revista <em>La Lidia</em>, año XIV, num. 1 y 2. Madrid, 1896.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antonio García-Baquero. <em>Razón de la tauromaquia. Obra taurina completa.</em> (Pedro Romero de Solís, coord). Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Universidad de Sevilla, 2008.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nestor Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954. Aurelio Rodríguez Bernal. <em>Memorias del tiempo viejo </em>en la revista <em>Sol y Sombra, </em>1897.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/06/24/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxi-antonio-sanchez-el-tato-el-torero-amputado/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXI). Antonio Sánchez «El Tato», el torero amputado</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/06/24/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxi-antonio-sanchez-el-tato-el-torero-amputado/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Retrato de Alfonso XII. El pintor Salvador Martínez Cubells.</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/06/03/sala-de-historia-de-la-real-maestranza-de-caballeria-de-ronda-retrato-de-alfonso-xii-el-pintor-salvador-martinez-cubells/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/06/03/sala-de-historia-de-la-real-maestranza-de-caballeria-de-ronda-retrato-de-alfonso-xii-el-pintor-salvador-martinez-cubells/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Jun 2021 11:08:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonso XII]]></category>
		<category><![CDATA[Colección Museística]]></category>
		<category><![CDATA[Galería de retratos]]></category>
		<category><![CDATA[Real Academia de Bellas Artes de San Fernando]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Orden de Carlos III]]></category>
		<category><![CDATA[Retrato]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Sala Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Salvador Martínez Cubells]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=7196</guid>

					<description><![CDATA[<p>Salvador Martínez Cubells hijo y padre de pintor, nació en Valencia en 1845, aprendiendo el oficio en el taller de su progenitor, enseñanza que completaría con sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de su ciudad natal. En 1864, en compañía de otro pintor de la vertiente realista de la época, Antonio Muñoz Degrain, se instala en Madrid, donde pronto tiene cierto reconocimiento por sus obras de carácter costumbrista, aunque no estuvo exento de estrecheces económicas.  En 1869 gana la plaza de primer restaurador del Museo del Prado. Él mismo se definiría siempre como restaurador y pintor, por ese orden. Restauró a lo largo de veintiséis años más de dos mil obras de los fondos del museo.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/06/03/sala-de-historia-de-la-real-maestranza-de-caballeria-de-ronda-retrato-de-alfonso-xii-el-pintor-salvador-martinez-cubells/">Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Retrato de Alfonso XII. El pintor Salvador Martínez Cubells.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En la noche del 4 de noviembre de 1874 un ladrón emboscado en el interior de la catedral de Sevilla recorta con un cuchillo una porción del cuadro de Murillo <em>La visión de San Antonio de Padua</em>, obra de grandes dimensiones pintado en 1656 para la gran Capilla Bautismal. En concreto, la zona inferior derecha del lienzo, que representa la imagen del santo. El ladrón aprovecha la apertura del templo a primera hora para confundirse con la gente y desaparecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta porción del lienzo aparecerá en Nueva York poco después, en poder del anticuario Williams Schaus, que pagó 50 dólares al autor del robo. Reconocido por el experto, se puso en contacto con el cónsul español Hipólito Uriarte y el fragmento pudo regresar a Sevilla a los cuatro meses del atentado. La delicada operación de restitución se le encargó a uno de los mejores restauradores del Museo del Prado, a pesar de tener solo veintinueve años, el pintor Salvador Martinez Cubells, autor de un retrato del Rey Alfonso XII que se exhibe en la galería de cuadros de la Sala dedicada a la historia de la Real Maestranza de Ronda.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/06/afc27-n17-2_035.png"><img decoding="async" alt="Retrato de Alfonso XII, por Salvador Martínez Cubells, 1882, Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/06/afc27-n17-2_035.png?w=419" alt="" class="wp-image-1584" width="309" height="516" /></a></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Alfonso XII. Salvador Martínez Cubells, 1882. Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hijo y padre de pintor, nació en Valencia en 1845, aprendiendo el oficio en el taller de su progenitor, enseñanza que completaría con sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de su ciudad natal. En 1864, en compañía de otro pintor de la vertiente realista de la época, Antonio Muñoz Degrain, se instala en Madrid, donde pronto tiene cierto reconocimiento por sus obras de carácter costumbrista, aunque no estuvo exento de estrecheces económicas.  En 1869 gana la plaza de primer restaurador del Museo del Prado. Él mismo se definiría siempre como restaurador y pintor, por ese orden. Restauró a lo largo de veintiséis años más de dos mil obras de los fondos del museo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue participante activo en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, tanto como expositor, con distintas menciones de honor y medallas, como miembro de jurados en las distintas disciplinas de las convocatorias. Cultivó el retrato, de los que llegó a hacer cerca de quinientos de personalidades relevantes de la sociedad, como de Alfonso XII, uno de ellos conservado en el Prado. También se dedicó a la pintura de temática historicista, corriente que se puso en boga a finales del XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ingresó en la&nbsp; Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1891, y al término de su labor en la primera pinacoteca del país, se dedicó a la enseñanza como profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Autor muy reconocido, fue laureado con distintas honras, como caballero de la Real Orden de Carlos III o de la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica, entre otras, y condecorado con la Medalla de Alfonso XII de Plata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su minuciosa labor en la restauración del San Antonio de Murillo fue nombrado Hijo Predilecto y Adoptivo de la ciudad de Sevilla, en señal de gratitud por el feliz desenlace de un acontecimiento que conmocionó a la sociedad. Aún hoy, aunque de forma casi imperceptible, se puede advertir la huella de aquella difícil restitución, que mereció todos los elogios académicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Valdivieso, Enrique. <em>Murillo. Catálogo razonado de pinturas</em>. Ediciones El Viso, Madrid, 2010.</p>



<p class="wp-block-paragraph">M. Ossorio y Bernard. <em>Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX</em> .Moreno y Rojas, Madrid, 1883-1884; Giner, Madrid, 1975.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Arnáiz, J. López Jiménez y M. Merchán Díaz. <em>Cien años de pintura en España y Portugal (1830-1930). </em>Antiquaria, Madrid, 1988-1993.</p>



<p class="wp-block-paragraph">VV.AA. Prólogo de Fernando Chueca Goittia.<em> La Catedral de Sevilla</em>. Ediciones Guadalquivir, Sevilla 1984.López de Haro, Marina. <em>Diccionario biográfico</em>. Real Academia de la Historia. Debe.rah.es.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/06/03/sala-de-historia-de-la-real-maestranza-de-caballeria-de-ronda-retrato-de-alfonso-xii-el-pintor-salvador-martinez-cubells/">Sala de Historia de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Retrato de Alfonso XII. El pintor Salvador Martínez Cubells.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/06/03/sala-de-historia-de-la-real-maestranza-de-caballeria-de-ronda-retrato-de-alfonso-xii-el-pintor-salvador-martinez-cubells/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XX). Juan Yust, el torero malogrado</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/05/27/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xx-juan-yust-el-torero-malogrado/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/05/27/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xx-juan-yust-el-torero-malogrado/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 May 2021 10:51:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Curro Cúchares]]></category>
		<category><![CDATA[Escuela de tauromaquia de Sevilla]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra de la Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[Juan León]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Yust]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Romero]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=1573</guid>

					<description><![CDATA[<p>Juan Yust fue un “deslumbrador y fugaz meteoro”, que parecía destinado a competir con el astro del glorioso Montes, que oscurecía a todos. Vino al mundo en 1807 en el epicentro de la tauromaquia sevillana que dominaba los ruedos de España, barrio de San Bernardo, en el seno de una familia vinculada al cercano matadero, la escuela de los toreros de la época. Siendo un recién nacido, fue ajeno como es natural al comienzo de la Guerra de la Independencia un año después, cuando una muchedumbre exaltada linchó al ilustrado conde del Águila, y a la invasión francesa de la ciudad con la llegada en 1810 de José Bonaparte y del general Soult, que ocuparon palacios, conventos e iglesias para albergar a su  extensa plana mayor y a las tropas, con el subsiguiente y salvaje saqueo de su inmenso patrimonio artístico.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/05/27/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xx-juan-yust-el-torero-malogrado/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XX). Juan Yust, el torero malogrado</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Fue un “deslumbrador y fugaz meteoro”, que parecía destinado a competir con el astro del glorioso Montes, que oscurecía a todos. Vino al mundo en 1807 en el epicentro de la tauromaquia sevillana que dominaba los ruedos de España, barrio de San Bernardo, en el seno de una familia vinculada al cercano matadero, la escuela de los toreros de la época. Siendo un recién nacido, fue ajeno como es natural al comienzo de la guerra de la Independencia un año después, cuando una muchedumbre exaltada linchó al ilustrado conde del Águila, y a la invasión francesa de la ciudad con la llegada en 1810 de José Bonaparte y del general Soult, que ocuparon palacios, conventos e iglesias para albergar a su extensa plana mayor y a las tropas, con el subsiguiente y salvaje saqueo de su inmenso patrimonio artístico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde que tuvo entendimiento se dedicó al corretaje de legumbres para las plazas de abastos y a la venta de leche de burra por las mañanas, reservando las tardes para atender en las tablas del matadero. Allí daban lecciones toreros como sus tíos carnales, los “sombrereros” Antonio y Luis Ruiz, Jiménez <em>el Morenillo</em> y sobre todo Juan León, que sería a la postre su maestro. El adolescente Juan no desaprovechó las lecciones de aquella academia, y comenzó a foguearse, lleno de entusiasmo, en capeas y corridas de pueblos y villorrios. Por sus excepcionales condiciones físicas era un Aquiles, el de los pies ligeros, elástico y ágil, pero también atropellado, “fuera de compás y falto de medida”, inseguro en sus acciones, hasta el punto de que muchos observadores vaticinaban que no llegaría a ser más que un peón de brega.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/yust-anales.jpg"><img decoding="async" alt="Retrato de Juan Yust, por Teodoro Arámburu" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/yust-anales.jpg?w=400" alt="" class="wp-image-1577" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Juan Yust, <em>por Teodoro Arámburu, a partir de retrato de Cabral Bejarano. “Anales del toreo” de José Velázquez y Sánchez (Sevilla, 1868).</em></em> <em>Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sería uno de sus tíos, Luis Ruiz, quien advirtiera en él calidades ocultas por su derroche físico. Lo llevó a una serie de corridas por Extremadura y Andalucía, corrigiendo sus ímpetus, enseñándole a saber cuándo hay que pararse, “para los pies, muchacho”, que es el secreto de la lidia de reses bravas. A la vuelta de esta expedición sería Juan León, enemigo acérrimo de los “sombrereros” por las rivalidades políticas entre liberales y absolutistas durante el reinado de Fernando VII, quien se hiciera cargo del muchacho para incluirlo en su cuadrilla durante la parte final de la temporada, convirtiendo a aquel dubitativo joven en un aventajado banderillero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yust siguió por su cuenta limando con determinación su personalidad torera en los corrales del matadero, en las dehesas y cerrados próximos, y cuando en 1829 Juan León regresa de su temporada en Madrid para cumplir sus contratos en plazas del sur, lo llama de nuevo para que lo acompañe. No pasará mucho tiempo en cederle la muerte de algún toro, capítulo trascendente para aspirar a otra categoría. Falló en sus dos primeras oportunidades, y en el tercero, después de ponérselo en suerte, León le advirtió: “Veamos ahora, o lo recibes o te echo en la cuna”. Lo hizo bien esa vez, a la primera, pero Yust seguía sintiéndose incapacitado para dar el salto a primer espada, y manifestaba encontrarse satisfecho con ser banderillero de una de las primeras figuras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alto, de aspecto rudo y agraciado, leal y buen compañero, sin otras pretensiones que mejorar sus recursos, ingresó en 1830 como alumno en la recién inaugurada Escuela de Tauromaquia de Sevilla dirigida por Pedro Romero y Gerónimo José Cándido. Allí encontrará en las lecciones del mito de Ronda la manera seca, quieta y majestuosa de la escuela rondeña, que contrastaba con la sevillana, más movida. Le vino bien para asentarse aún más, en compañía de alumnos como Montes (por poco tiempo), Pastor <em>el Barbero</em>, Domínguez <em>Desperdicios</em> y Arjona Herrera <em>Cúchares. </em>Apurado por necesidad económica, dejó las clases durante un tiempo para volver a torear con su tío Luis, que no dejaba de decirle que todavía “bailaba demasiado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1831 León lo reclama para formar una selecta cuadrilla junto a Pastor y <em>Cúchares</em>, en calidad de media espada. En esa compañía estará hasta 1837, añadiendo a su bagaje de lecciones rondeñas las alegrías de la vertiente sevillana. Hasta que llegó el momento en que <em>Cúchares</em> y él, cansados de la predilección del maestro por su cuñado <em>el Barbero</em>, solicitan desligarse para ajustar sus propias contratas. El duro León no pone inconvenientes, e incluso les facilita varias corridas en Cádiz y Sevilla. En 1838 se desplaza para ver a Yust en El Puerto de Santa María. Velázquez y Sánchez recoge que después de la corrida, complacido con lo que ha visto, estrecha la mano de su antiguo discípulo: “Amigo Juan, sea norabuena. Estás hecho un matador de toros”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de ahí le llueven ofertas desde todos los puntos de España. Lo pudieron juntar con Montes solo en tres ocasiones. El maestro de Chiclana ponderó sin recelo alguno las cualidades del aspirante a su trono, pretensión que Yust nunca tuvo. De su ganado aplomo da muestras durante una tarde de 1840, cuando le advierten que llevaba sueltos los cordones de los machos del calzón. Con sangre fría, delante de la cara del toro, apoya el pie en el estribo de la barrera y se los ata. Acto seguido, recoge los trastos y le da un soberbio pase al morlaco, gesto que enciende a los tendidos. Aún no ha actuado en Madrid como primer espada, pero su figura ya era un reclamo por su repertorio y su firmeza, hasta el punto de que el pintor Cabral Bejarano le ruega que pose para él.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/yust-lidia.jpg"><img decoding="async" alt="Juan Yust en el peligro, por José Chaves, La lidia: revista taurina" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/yust-lidia.jpg?w=518" alt="" class="wp-image-1578" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Juan Yust en el peligro, por José Chaves. «La lidia: revista taurina». Año 3, n. 21, 4 de agosto de 1884. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es en abril de 1842 cuando por fin se presenta en Madrid, con el veterano Roque Miranda, liberal comprometido que según un personaje de los Episodios Nacionales de Galdós era “capaz de poner banderillas a los cuernos de la luna”. Aquel año Montes no viaja a la capital, y Miranda, que ya estaba en decadencia, pide que se contrate a Juan Yust, cediéndole además la antigüedad por no encontrarse en condiciones para ser director de la lidia. Enamoró al público madrileño esa temporada, se le tiraban coronas de laurel al ruedo para festejar la aparición de una figura que prometía ser deslumbrante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seis meses después, un cólico miserere, término usado desde el siglo XVIII para nombrar a una obstrucción intestinal aguda, se cruzó en su camino al estrellato cuando gozaba de todos los pronunciamientos a su favor. Su fallecimiento, a los 35 años, fue muy sentido por toda la profesión, llorando la pérdida de un hombre sin afectación, de una nobleza sin tacha.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Bibliografía</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo.</em> Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J.M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Rivas Santiago. <em>La Escuela de Tauromaquia de Sevilla y otras curiosidades taurinas</em>. Ed. Libro San Martín, 1939.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo.</em> <em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">F. Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850 (Egartorre Libros, Madrid, 1989).</p>



<p class="wp-block-paragraph">A. García-Baquero. <em>Razón de la tauromaquia. Obra taurina completa.</em> (Pedro Romero de Solís, coord). Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Universidad de Sevilla, 2008.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte. Aguilar, Madrid, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/05/27/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xx-juan-yust-el-torero-malogrado/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XX). Juan Yust, el torero malogrado</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/05/27/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xx-juan-yust-el-torero-malogrado/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIX). Manuel Díaz «Lavi», el torero gracioso</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/05/06/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xix-manuel-diaz-lavi-el-torero-gracioso/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/05/06/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xix-manuel-diaz-lavi-el-torero-gracioso/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 May 2021 10:42:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Lavi]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Díaz]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=7194</guid>

					<description><![CDATA[<p>Autodidacta, sentimental, dicharachero, supersticioso con los toros negros, la combinación de arrojo y pavor según soplara el viento de sus manías marcaron su trayectoria, hasta el punto de ser pintoresca su forma de transitar del mérito a la comicidad en la misma función; estimado por todos, aficionados y compañeros de profesión, fue el primer torero de raza gitana en destacar.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/05/06/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xix-manuel-diaz-lavi-el-torero-gracioso/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIX). Manuel Díaz «Lavi», el torero gracioso</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Autodidacta, sentimental, dicharachero, supersticioso con los toros negros, la combinación de arrojo y pavor según soplara el viento de sus manías marcaron su trayectoria, hasta el punto de ser pintoresca su forma de transitar del mérito a la comicidad en la misma función; estimado por todos, aficionados y compañeros de profesión, fue el primer torero de raza gitana en destacar.</p>

<p>Nació hacia 1812 en Cádiz, el de la proclamación de la Constitución liberal, cuando ya declinaba el largo e infructuoso asedio de las tropas napoleónicas iniciado dos años antes. Huérfano desde muy pequeño, se aficionó a tratar reses bravas en el matadero de la ciudad, donde trabajaba en una de las tablas bajas de despacho de carnes, generoso con quien lo necesitaba. Su aprendizaje transcurrió sin que nadie pudiera aleccionarle, si acaso su hermano mayor Gaspar (también torero, torpe, corpulento, que solo destacaba con el estoque), de modo que creció sin fundamentos escolásticos ni dirección ninguna. Una carencia que arrastraría a lo largo de su carrera, “franco en demasía y poco escudado en el arte”. El militar y escritor taurino José Santa Coloma decía de él “que difícilmente podemos hallar un lidiador que con más fuerza de voluntad se lanzara a los peligros que ocasiona esta profesión, ni que más se desentendiera de sus resultados”.</p>


<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/manuel-diaz-lavi-1.jpg"><img decoding="async" alt="Retrato de Manuel Díaz 'Lavi', dibujo y litografía de Vicente Urrabieta" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/manuel-diaz-lavi-1.jpg?w=400" alt="" class="wp-image-1558" /></a></figure></div>


<p style="text-align:center;"><em>Manuel Díaz Lávi. Dibujo y litografía de Vicente Urrabieta y Ortiz. “Historia del toreo y de las principales ganaderías de España” de Fernando García de Bedoya (Madrid, 1850). Biblioteca-RMR</em></p>

<p>Es más que probable que comenzara su carrera como banderillero de su hermano, y se fogueara en festejos de los que no se tienen noticias. Se sabe que en 1841 actúa en Cádiz como sobresaliente junto a Gaspar y nada menos que con Antonio Montes. Los dos años siguientes lo hace como matador en plazas andaluzas con toreros de segundo orden. Se presenta en Madrid en 1843 junto a su paisano Francisco Ezpeleta y Juan Pastor, el torero “buscarruidos”, ampliando la gira por Castilla y Aragón. En Madrid repite, algunas veces como segundo de <em>Chiclanero</em>; interviene en los festejos reales de 1846, y en la década de los cincuenta torea casi ininterrumpidamente en las temporadas de la corte, con buena aceptación general, aunque su tendencia al exceso de peso y sus escasos fundamentos técnicos fueron lastrando su desempeño frente a toros complicados (o negros) y en competencia con toreros más ágiles.</p>

<p>A pesar de lo que sostiene Sánchez de Neira, que llega a llamarlo “payaso del toreo”, también admite que hizo cosas que otros envidiarían, muchas veces por su empeño de agradar a un público que se divertía metiéndole en aprietos con exigencias para las que no estaba preparado. Resultaba chocante su afán de competir en donaire cuando actuaba con el garboso <em>Chiclanero </em>(fue uno de los toreros que llevaron las cintas de su féretro)<em>. </em>Muy sensible, recibía los halagos con alegría infantil y se le saltaban las lágrimas con las críticas. Los toros negros eran para él un suplicio, parece que debido a una buenaventura que le había vaticinado que un ejemplar de esa capa acabaría con su vida. Frente a ellos era incapaz de mantener la compostura; con otros ejemplares se atrevía a cualquier lance, aunque su falta de pericia le procuró cogidas, revolcones y palizas, pero ningún percance de gravedad, hasta el punto de que Juan León lo llamaba “maestro de fortuna”.</p>

<p>En los testimonios consultados destaca su bonhomía y docilidad; incapaz de dirigir la lidia, solía ceder su antigüedad a toreros con menos tiempo de alternativa. También se resaltan sus ocurrencias y particular forma de hablar. En las funciones reales de 1846 en la plaza mayor de Madrid, se atrevió a subir al Palco Real para ofrecer a Isabel II una divisa que había arrancado de los lomos de un toro.</p>
<p>&#8211; ¡Su Real Majestá! -dijo, doblando la rodilla-. Esta es la primera moña que tiene Su Majestá el honó de recibi de mi mano.</p>

<p>Hablaba por los codos, con el público y con los mismos toros. A un morlaco que buscaba el bulto: “No seas ladrón, aplómate y déjate matar, que tengo cinco chorreles”. A otro que también se lo ponía difícil: “¡Ah, tunante! ¿Te cuelas para coger? Pues mira, te voy a diñar mulé antes que lo huelas y lo cuentes a tu mare”. No era fácil a veces entender lo que decía. Preguntado por el viaje de su hermano Gaspar a Filipinas, dió la siguiente explicación: “Va a Manilva bien costeao, y allega presto, poique lo trasmiten por el limbo”, en referencia al itsmo de Suez. Al encontrarse con un conocido sastre sevillano que le había hecho un traje de grana y plata, que vistió en una corrida en Pamplona, le espetó: “Maestro, me vistió usté de muleta, y en cuanto me diquelaban los toros se alegraban conmigo como si juera con uno de su familia”.</p>


<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/plaza-acho-lima.jpg"><img decoding="async" alt="Plaza de toros de Acho en Lima, 'Lima: apuntes históricos, descriptivos'" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/05/plaza-acho-lima.jpg?w=528" alt="" class="wp-image-1559" /></a></figure></div>


<p style="text-align:center;"><em>Plaza de toros de Acho. “Lima: apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres” de Manuel A. Fuentes (París, 1867).</em></p>

<p>Con Ezpeleta, otro gordito, y el atildado Gonzalo Mora actuó en Ronda en 1853, cuando la obesidad comenzaba a lastrar su figura. No le faltaron arrestos para viajar a La Habana, primero, y México después, de donde regresó diciendo que “si güervo allá estrono al rey de aquella tierra, de siguro”. Animado por la buena acogida en esos países aceptó en 1858 una contrata para torear en Perú, en la legendaria plaza de Acho de Lima. Sus exigencias son de primera figura: pago de 4.000 pesos a la firma del contrato, dos trajes para él y otros dos para su hijo Antonio, pasajes de primera clase para la cuadrilla, y una cantidad asegurada para su mujer si perecía en el viaje.</p>

<p>Llegó en noviembre, pidió ver el ganado que se iba a lidiar en la finca y al volver a Lima sintió mucha debilidad, quizás afectado por el mal de altura o “soroche”. Se aplazó la primera corrida, a la espera de su mejoría, que no llegó. El 9 de diciembre, después de beber un vaso de agua, se derrumbó. Los médicos dictaminaron fallecimiento por aneurisma. De su figura se puede decir, en su época, lo que afirmaba Neira: “Todos recuerdan su nombre y nadie lo desprecia”.</p>

<p><em>Bibliografía</em></p>
<p>J. Santa Coloma. <em>Apuntes biográficos de los diestros que más se han distinguido&#8230;</em> Imp. a cargo de J. López, Madrid, 1872.<br />J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III</em>. Espasa Calpe, Madrid, 1943.<br />Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.<br />J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).<br />Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.<br />Adolfo Lozano. <em>Anales de la Plaza de Toros de Ronda</em>. Imp. hermanos Vega, 1954, Ronda.<br />N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte, Aguilar, Madrid, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987). <br />Vázquez, Leopoldo. <em>Cuentos y anécdotas de toros.</em> Imp. Colección Alegría, volumen XX. Hijos de M.G. Hernández, Madrid, 1893?</p><p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/05/06/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xix-manuel-diaz-lavi-el-torero-gracioso/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIX). Manuel Díaz «Lavi», el torero gracioso</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/05/06/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xix-manuel-diaz-lavi-el-torero-gracioso/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XVIII): Manuel Domínguez Desperdicios, el torero aventurero (II)</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/04/22/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xviii-manuel-dominguez-desperdicios-el-torero-aventurero-ii/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/04/22/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xviii-manuel-dominguez-desperdicios-el-torero-aventurero-ii/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Apr 2021 16:13:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Montes]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Domínguez]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=7192</guid>

					<description><![CDATA[<p><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Cuando la fragata “Amalia” llega a Cádiz en mayo de 1852, al regreso de sus correrías sudamericanas, Manuel Domínguez tiene 36 años. Ha pasado dieciséis fuera de su país, y en ese tiempo bajo el reinado de Isabel II se han sucedido treinta y dos gobiernos en una frenética secuencia de alternancias y pronunciamientos. Dominguez, ajeno a estos vaivenes, comprueba que casi nadie se acuerda de él. Incluso le llaman “el americano”. Está decidido a recuperar su profesión, y para encontrar algún apoyo visita a un antiguo alumno de la Escuela de Tauromaquia como él, Francisco Arjona Herrera Cúchares, que en ese momento está instalado en lo alto del escalafón junto a José Redondo el Chiclanero, cumbre que había dejado vacía la muerte de Antonio Montes el año anterior. Su compañero de la adolescencia lo recibe con suma frialdad, no se le había olvidado que el reaparecido había acabado mal con Juan León, el que fuera su protector y maestro. Le dice, con algo que se puede entender como menosprecio, que se busque la vida en plazas de pueblo. Pocos años después compartiría cartel, e incluso Dominguez le daría la alternativa al hijo de Cúchares.<!-- /wp:paragraph --></p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/04/22/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xviii-manuel-dominguez-desperdicios-el-torero-aventurero-ii/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XVIII): Manuel Domínguez Desperdicios, el torero aventurero (II)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Cuando la fragata “Amalia” llega a Cádiz en mayo de 1852, al regreso de sus correrías sudamericanas, Manuel Domínguez tiene 36 años. Ha pasado dieciséis fuera de su país, y en ese tiempo bajo el reinado de Isabel II se han sucedido treinta y dos gobiernos en una frenética secuencia de alternancias y pronunciamientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dominguez, ajeno a estos vaivenes, comprueba que casi nadie se acuerda de él. Incluso le llaman “el americano”. Está decidido a recuperar su profesión, y para encontrar algún apoyo visita a un antiguo alumno de la Escuela de Tauromaquia como él, Francisco Arjona Herrera Cúchares, que en ese momento está instalado en lo alto del escalafón junto a José Redondo el Chiclanero, cumbre que había dejado vacía la muerte de Antonio Montes el año anterior.&nbsp;Su compañero de la adolescencia lo recibe con suma frialdad, no se le había olvidado que el reaparecido había acabado mal con Juan León, el que fuera su protector y maestro. Le dice, con algo que se puede entender como menosprecio, que se busque la vida en plazas de pueblo. Pocos años después compartiría cartel, e incluso Dominguez le daría la alternativa al hijo de Cúchares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es fácil imaginar la decepción de Domínguez aquel día, que encontró en unos aficionados de El Puerto de Santa María la oportunidad de que le soltaran un toro de seis yerbas en una plaza de tientas. Llamó la atención por su clasicismo primitivo y sencillo, con empaque y serenidad, auténtico eslabón con una tauromaquia que ya no se llevaba. Los comentarios llegaron a Sevilla, cuya plaza le facilitó una corrida en el otoño del año de su desembarco, junto a Antonio Conde, un torero menor. Su biógrafo Rafael González describe esa tarde: “Aunque en sus movimientos estaba algo tardo, ya fuera por la falta de uso, ya por la costumbre que en 17 años había adquirido de montar a caballo, sin embargo capeó con donaire al natural, puso banderillas de frente, y en la muerte dio un pase de pecho tan ceñido como no se había visto desde sus inicios”.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/04/dominguez-capeando.jpg"><img decoding="async" alt="Manuel Domínguez capeando al natural, por Teodoro Arámburu" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/04/dominguez-capeando.jpg?w=714" alt="" class="wp-image-1521" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Manuel Domínguez capeando al natural, <em>por Teodoro Arámburu. “Anales del toreo” de José Velázquez y Sánchez (Sevilla, 1868).</em></em> <em>Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de entonces se reinició su carrera, llamando la atención su “ciencia antigua”, sus estocadas al volapié y su incuestionable valor. Esto último quedó refrendado en una corrida al año siguiente en la misma plaza, alternando con Julián Casas el Salamanquino: tuvo que hacerse cargo de seis toros de Saavedra, por lesión de su compañero, y no dudó en arrojarse entre los cuernos del cuarto para proteger a Coriano, picador que había sido derribado, y mancornearlo hasta que pudo ser retirado a la enfermería.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Precedido de los elogios cosechados en Andalucía, torea primero en Aranjuez y luego en Madrid, donde se le renueva alternativa el 10 de octubre de 1853, con Julián Casas de padrino y Cayetano Sanz y Manuel Díaz Lavi de testigos. Causó impresión por su manera de entender la lidia, donde primaba más la eficacia que el adorno, sobresaliendo su quietud. Una crónica de La Nación lo destaca: “Este diestro tiene mucho arrojo y una serenidad admirable, recibiendo los toros como pocas veces está acostumbrado el público a presenciar”. No le faltaron detractores, sin embargo. El crítico Carmona Jiménez señalaría: “Su serenidad admira y le sobra corazón, más como el arte le falta no lució como debía”. Fue una constante en su carrera ser idolatrado en Andalucía, y respetado en Madrid, pero cuestionado por una sobriedad que ya no era del gusto de un público que pedía algo más. Se valoraba su toreo de capa, repertorio al que añadió el pase de farol que presentó en Madrid&nbsp; en 1856. También inauguró primero en Lisboa y luego en Sevilla el lance de rodillas, algo que no se había visto antes y que después repitieron muchos. Pero la tarde en la que ejecutó la suerte suprema sin dar un solo pase recibió todo tipo de críticas. Tanta parquedad ya no era bien recibida, después de Montes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la feria de Sevilla de 1856 se ofreció a enlazar toros como lo había hecho en las pampas. Para ello se organizó un ruedo de carruajes en la llanura de Tablada, con presencia de los duques de Montpensier y asistencia de un enorme gentío. “Todo lo más selecto de la capital asistía a la fiesta; multitud de coches ostentaban las hermosas hijas del Betis”. Al soltar el primer ejemplar, y cuando el público veía con pavor que embestía contra los coches, se oyó la voz de Dominguez con la cuerda en la mano:&nbsp; “No hay que temer, que no llegará”. En ese momento hizo volar el lazo a la cabeza del animal, revolvió su caballo en dirección contraria y el toro cayó derribado.&nbsp; Repitió la maniobra otras tres veces, ante el entusiasmo general, y recibió un valioso regalo de parte de los duques.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/04/dominguez-lidia.jpg"><img decoding="async" alt="Manuel Domínguez citando para recibir, La Lidia" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/04/dominguez-lidia.jpg?w=625" alt="" class="wp-image-1523" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Manuel Domínguez, citando para recibir. “La Lidia”, año II, nº 3, 2 de abril de 1883. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Su toreo “parado y corto, de legítima escuela”, junto a su falta de pies, era tan expuesto que le procuró no pocos percances y cornadas. El suceso más grave ocurrió el 1 de junio de 1857, toreando con El Tato en El Puerto de Santa María. Un toro de Concha y Sierra, de nombre Barrabás, astillado del cuerno izquierdo, le alcanzó al ejecutar el volapié por la mandíbula y al siguiente derrote, ya en el suelo, le saltó el ojo derecho de la órbita. Como el toro se había quedado en la salida de la enfermería, pasaron minutos eternos antes de que pudiera ser atendido. Él mismo se taponó las heridas con papel de estraza, y aguantó de pie el trance. La noticia corrió como la pólvora por los mentideros, casi nadie daba un duro por su vida. A través de uno de sus banderilleros un sacerdote le propuso que tomara sus últimas disposiciones. “Dile que aún no es tiempo”, contestó Domínguez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su milagrosa recuperación fue recibida con entusiasmo, un motivo de alegría en una ciudad entristecida por el reciente fusilamiento de 24 insurrectos que habían formado parte de una revuelta contra el gobierno iniciada en El Arahal y Utrera y cuya aventura había terminado en la Serranía de Ronda.&nbsp; Era opinión generalizada que después de aquello se retiraría de los ruedos, pero 53 días después estaba en la plaza de Málaga para hacerse cargo de toros de la misma ganadería por expreso deseo suyo, y con la misma ropa que había vestido en El Puerto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El año siguiente fue triunfal, sobre todo en plazas andaluzas, y prolongó su carrera aquejado también de malos humores en las piernas, que fueron mermando sus capacidades. Toreó siempre con las primeras figuras, respetado por todos (en Ronda se consigna una actuación con Carmona y Pepete en 1860). El paso del tiempo lo fue orillando paulatinamente de los carteles de postín, frente a toreros pujantes de juventud y recursos artísticos. Se apartó definitivamente en 1876, con una última corrida en Málaga. Desde su vuelta de las Américas había toreado 186 corridas frente a 481 toros.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/04/dominguez-carretero.jpg"><img decoding="async" alt="Retrato de Manuel Domínguez, por Arturo Carretero, Historia del toreo" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/04/dominguez-carretero.jpg?w=400" alt="" class="wp-image-1525" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Manuel Domínguez, por Arturo Carretero. «Historia del toreo» de Néstor Luján (Barcelona, 1954). Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca le gustó el alias de Desperdicios, como queda de manifiesto en una carta que envió al director del Boletín de Loterías y Toros en 1867, al que hace saber que “usa un apodo que no debo consentir, solo por mi nombre he querido ser siempre conocido “, y le ruega que en lo sucesivo, “si alguna vez se ocupa de mi humilde persona, tenga la bondad de excusar un mote que no consiento, pues en otro caso me obligaría a emplear cuantos recursos estuviesen a mi alcance para evitarlo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Retirado en Sevilla, al extenderse el rumor de que vivía en la indigencia, varios aficionados impulsaron&nbsp; la organización de una corrida en su beneficio, a lo que se negó en redondo. Cossío recoge una carta que dirigió a la revista El Loro, en la que se expresa con el carácter que siempre le acompañó: “¿Quienes serán esos amigos, a los que no conozco y no quiero conocer, que solicitan para mí una corrida de Beneficencia? (&#8230;) Sepan unos y otros que, si bien no poseo grandes bienes de fortuna, al menos cuento con lo necesario para poder vivir con decencia y algo holgadamente lo que me queda de vida”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y así fue, el resto de su vida discurrió tranquila, en compensación a tanta aventura, rodeado de la admiración y reverencia de aficionados y profesionales. Descansó por fin el 6 de abril de 1886, a los setenta años de edad, en su casa de la calle de Boteros. En su entierro llevaron las cintas del féretro Chicorro, Cara Ancha, Marinero y El Espartero. El relieve de su rostro figura en las pilastras de la reja de la Maestranza de Sevilla junto a Montes, Romero, Cúchares, Chiclanero y El Tato.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Bibliografía</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">González, Rafael. <em>Biografía del célebre matador de toros Manuel Domínguez</em>. Imprenta de la V. de Gómez Oro y Santigosa, Cª, Sevilla, 1858.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico</em>, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>.  Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rivas, Natalio. <em>La Escuela de Tauromaquia de Sevilla y otras curiosidades taurinas</em>. Ed. libr San Martín, 1939.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antonio García-Baquero. <em>Razón de la tauromaquia. Obra taurina completa</em>. (Pedro Romero de Solís, coord). Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Universidad de Sevilla, 2008.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nestor Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte, Aguilar,  Madrid, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/04/22/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xviii-manuel-dominguez-desperdicios-el-torero-aventurero-ii/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XVIII): Manuel Domínguez Desperdicios, el torero aventurero (II)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/04/22/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xviii-manuel-dominguez-desperdicios-el-torero-aventurero-ii/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La Tauromaquia, Goya y las vanguardias artísticas</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/04/15/la-tauromaquia-goya-y-las-vanguardias-artisticas/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/04/15/la-tauromaquia-goya-y-las-vanguardias-artisticas/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Apr 2021 10:23:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Carteles]]></category>
		<category><![CDATA[Colección Museística]]></category>
		<category><![CDATA[Día Mundial del Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco de Goya]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Tradicional Corrida Goyesca]]></category>
		<category><![CDATA[UNESCO]]></category>
		<category><![CDATA[Vanguardias artísticas]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=7191</guid>

					<description><![CDATA[<p>Hoy se celebra el Día Mundial del Arte convocado por la UNESCO. Mañana, 16 de abril, es también la efeméride del día en que falleció Francisco de Goya en 1828. Conviene por esta razón recordar la relación que existe entre la tauromaquia como motivo y pretexto artístico, la figura del genial aragonés y su influjo en las corrientes artísticas subsiguientes que se perpetúa hasta el día de hoy. Buena prueba de ello es la colección de carteles para las corridas goyescas que la Real Maestranza de Ronda viene encargando a autores de vanguardia desde 1999, serie inaugurada con Manuel Arroyo y que se exhibe en su totalidad en el museo de historia de la tauromaquia de la plaza de toros de Ronda.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/04/15/la-tauromaquia-goya-y-las-vanguardias-artisticas/">La Tauromaquia, Goya y las vanguardias artísticas</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hoy se celebra el <em>Día Mundial del Arte</em> convocado por la UNESCO. Mañana, 16 de abril, es también la efemérides del día en que falleció Francisco de Goya en 1828. Conviene por esta razón recordar la relación que existe entre la tauromaquia como motivo y pretexto artístico, la figura del genial aragonés y su influjo en las corrientes artísticas subsiguientes, que se perpetúa hasta el día de hoy. Buena prueba de ello es la colección de carteles para las corridas goyescas que la Real Maestranza de Ronda viene encargando a autores de vanguardia desde 1999, serie inaugurada con Manuel Arroyo y que se exhibe en su totalidad en el museo de historia de la tauromaquia de la plaza de toros de Ronda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dejando a un lado las representaciones de toros desde la prehistoria, ligados a ritos sacrificales y religiosos, mas algunos antecedentes y testimonios de lo que podría ser una tauromaquia primitiva en períodos sucesivos, desde la antigüedad clásica hasta el medioevo la fiesta de los toros tal como la conocemos, convertida en espectáculo, arranca a finales del siglo XVIII con la emergencia del toreo de hombres a pie, una vez superado el toreo aristocrático. En este asunto tienen una importancia capital los dos toreros que inauguraron la plaza de toros de Ronda, Pedro Romero&nbsp;y Pepe Hillo, representantes de las escuelas rondeña y sevillana, respectivamente. Será a partir de entonces cuando las corridas de toros comenzarán a ejercer su atracción para los creadores plásticos nacionales y extranjeros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está constatado que la invasión napoleónica y el consiguiente saqueo trajeron como consecuencia que Europa redescubriera fascinada a Velázquez y la excelsa pintura española del Siglo de Oro, y a Goya, cuya influencia en las posteriores corrientes artísticas es manifiesta. En el caso concreto de la temática de asuntos taurinos su ascendencia alcanzará en el siglo XX a otro genio español, Picasso. Sus toros, sus retratos de toreros (como los de los hermanos Romero, Pedro y José), sus escenas, desde las coloristas a las dramáticas planchas de su <em>Tauromaquia</em>, el ambiente del público en los tendidos, sus picadores y sus caballos son trascendentes. Como sostiene Martínez-Novillo (<em>El pintor y la tauromaquia.</em> Ed. Turner, Madrid, 1988) “es un hecho que quien introduce los toros por la puerta grande del arte universal es Goya”.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/04/goya-romero.jpg"><img decoding="async" alt="'Pedro Romero matando á toro parado', Francisco de Goya" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/04/goya-romero.jpg?w=584" alt="" class="wp-image-1514" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"> <em>«Pedro Romero matando á toro parado». Francisco de Goya, 1814-1816. Grabado. Colección-RMR.</em> </p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Romanticismo se sitúa la figura del madrileño Eugenio Lucas Velázquez (1817-1870), pintor de cuya vida se conoce poco y al que la comparación con Goya no le hizo justicia, hasta el punto de que muchas de sus obras se atribuían al aragonés. Sus temas taurinos son preferentemente festejos populares, desordenados, de colores intensos y pincelada suelta, que tiene su paralelismo en el vibrante estilo de Eugene Delacroix, otro enamorado de la fiesta. Durante este período abundan las series de estampas nacionales y extranjeras (francesas e inglesas en su mayoría) con su predilección por las vestimentas de los toreros, convertidos en héroes, y los capítulos de la lidia. Se imprimirán “tauromaquias” inspiradas más en Antonio Carnicero (1748-1814) que en Goya, como las de W. Gäil, W. Lake Price, H. Clarck, V. Adam. G. Doré, P. Blanchard&#8230;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pintores como Mariano Fortuny y el francés Édouard Manet prolongan en varias de sus obras esa atracción que se extiende por Europa. Incluso Van Gogh, a finales del XIX, reproduce el ambiente de una corrida en <em>Las arenas de Arlés</em>. Autores nacionales como Sorolla, Zuloaga o Vázquez Díaz mantienen el interés por el tema taurino, pero será Pablo Picasso y su descomunal producción el que proyecte el asunto en la órbita de las vanguardias artísticas internacionales del siglo XX con sus innumerables dibujos, grabados, apuntes, aguadas y óleos, su serie sobre la figura del Minotauro, que tanto atraía a los surrealistas, y sobre todo su <em>Guernica</em> para el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937, en el que la presencia de la corrida está desde sus primeros bocetos. Picasso siempre tuvo un ojo puesto en Goya.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/08/picasso_goyesca.png"><img decoding="async" alt="'Torero', Pablo Picasso, 1970, óleo sobre lienzo" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/08/picasso_goyesca.png?w=436" alt="" class="wp-image-926" width="301" height="408" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>«Torero». Pablo Picasso, 1970. Óleo sobre lienzo. Sucesión Pablo Picasso.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Maestros del cubismo como Juan Gris o Georges Braque no escapan a este influjo, como el dadaista Max Ernst, y Miró, Dalí, Benjamín Palencia, Manolo Millares y Antonio Saura, con sus <em>Sauromaquias</em>. Son legión los pintores que en época contemporánea recrean el mundo taurino en algunas de sus obras (Francis Bacon, Fernando Botero&#8230;), como la pléyade actual que en gran parte está representada en la colección de carteles de Ronda, con el citado Manuel Arroyo, Eduardo Úrculo, Perez Villalta, Barceló, Campano, Guinovart o Ricardo Cadenas entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Más información sobre el Fondo de Carteleria de la RMR: <a href="http://bit.ly/RMR_XLIII_Goyesca_carteles">http://bit.ly/RMR_XLIII_Goyesca_carteles</a></p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/04/15/la-tauromaquia-goya-y-las-vanguardias-artisticas/">La Tauromaquia, Goya y las vanguardias artísticas</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/04/15/la-tauromaquia-goya-y-las-vanguardias-artisticas/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Real Guarnicionería de la Casa de Orleans. Retrato de don Antonio de Orleans, duque de Montpensier (II).</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/03/09/real-guarnicioneria-de-la-casa-de-orleans-retrato-de-don-antonio-de-orleans-duque-de-montpensier-ii/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/03/09/real-guarnicioneria-de-la-casa-de-orleans-retrato-de-don-antonio-de-orleans-duque-de-montpensier-ii/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Mar 2021 17:10:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio de Orleans]]></category>
		<category><![CDATA[Casa de Orleans]]></category>
		<category><![CDATA[Colección Museística]]></category>
		<category><![CDATA[Duque de Montpensier]]></category>
		<category><![CDATA[Guarnicionería]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Retrato]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=7190</guid>

					<description><![CDATA[<p>Hijo menor del rey Luis Felipe I de Francia, nació en Neuilly-sur-Seine en 1824. Por su boda con Luisa Fernanda de Borbón, hermana de Isabel II, pasó a formar parte de la familia real española. El matrimonio llegó para instalarse en Sevilla en 1848, tras la revolución que destronó al último rey de los franceses, y por los recelos del gobierno español de que lo hiciera en Madrid. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/03/09/real-guarnicioneria-de-la-casa-de-orleans-retrato-de-don-antonio-de-orleans-duque-de-montpensier-ii/">Real Guarnicionería de la Casa de Orleans. Retrato de don Antonio de Orleans, duque de Montpensier (II).</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hijo menor del rey Luis Felipe I de Francia, nació en Neuilly-sur-Seine en 1824. Por su boda con Luisa Fernanda de Borbón, hermana de Isabel II, pasó a formar parte de la familia real española. El matrimonio llegó para instalarse en Sevilla en 1848, tras la revolución que destronó al último rey de los franceses, y por los recelos del gobierno español de que lo hiciera en Madrid. La ciudad andaluza estaba empobrecida, víctima de un saqueo artístico sin precedentes, había perdido la cabecera del tráfico con Indias a favor de Cádiz, y mal vivía con la memoria de su glorioso pasado. En esas circunstancias, la instalación de la corte de los Montpensier tendría una enorme repercusión. La imagen actual que se tiene de Sevilla y de Andalucía la Baja se debe en gran parte a esta influencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Personalidad con grandes ambiciones políticas, sempiterno pretendiente al trono de España, el duque tenía el propósito de desarrollar un programa que fuera una alternativa contrapuesta a la corte de Madrid, tensionada por las pugnas entre liberales y conservadores, desgastada por las guerras carlistas. Las desamortizaciones de bienes eclesiásticos de 1836 había impulsado a su vez la creación de una incipiente y emprendedora burguesía agrícola, que encontraron en Antonio de Orleans un motor de renovación en todos los ámbitos, con particular incidencia en la modernización de la agricultura y la industria, en el panorama cultural y social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Instalado en la que fuera Escuela de Mareantes, el palacio de San Telmo, su proyecto era una síntesis de progreso y tradición. Fascinado por la nuevas tecnologías como el ferrocarril y la electricidad, cosmopolita y emprendedor, se ocupaba personalmente del cultivo de sus tierras, lo que se contraponía a la imagen del noble ocioso. Repasaba las cuentas con sus administradores y otorgaba una pequeña parcela a sus hijos para que la trabajaran con sus propias manos. Consciente de la importancia de la modernización, fue pionero en la introducción de nueva maquinaria, como el primer arado de vapor conocido en Andalucía, y en conjunción con otros propietarios promovió el uso de segadoras y trilladoras de moderna generación en el marco de exposiciones agrícolas e industriales. En sus palacios de San Telmo y Villamanrique montó una conexión telegráfica con Madrid, con pequeña central eléctrica, una de las primeras del país.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/03/armas-orleans-montpensier.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Escudo de armas de Orleans-Montpensier, Blasón de España" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/03/armas-orleans-montpensier.jpg?w=503" alt="" class="wp-image-1469" width="373" height="490" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Escudo de armas de Orleans-Montpensier. «Blasón de España : libro de oro de su nobleza : reseña genealógica y descriptiva de la casa real, la grandeza de España y los títulos de Castilla» por Augusto de Burgos. Tomo I. Madrid, 1853. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con una bien ganada fama de hombre afable, propietario de una gran colección de arte, fue mecenas de los pintores locales que se adentraban en el romanticismo y el costumbrismo, y gracias a su apoyo la fotografía cobró gran dimensión, tratando directamente con los principales fotógrafos extranjeros y nativos que acudían a Sevilla atraídos por su aliento. Ayudó a revitalizar tradiciones olvidadas, especialmente religiosas, con donaciones a numerosas hermandades, haciendo acto de presencia en procesiones y romerías, como el Rocío. En su defensa de lo propio, alejándose de los influjos extranjeros, salvó o rehabilitó edificios que forman parte de la historia de España, como el convento de La Rábida, el palacio de Hernán Cortés en Castilleja, la ermita de Valme o la iglesia de El Salvador en Sevilla. Al descubrir Sanlúcar de Barrameda y construir su palacio y jardines, fue el catalizador de la costumbre del veraneo en la costa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el retrato que comentamos aparece con uniforme de la Real Maestranza de Ronda, que recuerda su visita a Ronda y a su Real Maestranza en la feria de mayo de 1849, solo un año después de llegar a Sevilla. El relato y circunstancias de su viaje fue publicado en el Boletín Biblioteca-RMR núm. 79, en el que se cuenta que presenció las corridas de toros programadas, siendo el primer miembro de la familia real española en ocupar el Palco Real de la plaza de toros.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/03/antonio-orleans-maestrante.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Retrato de Antonio María de Orleans, duque de Montpensier" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/03/antonio-orleans-maestrante.jpg?w=500" alt="" class="wp-image-1472" width="288" height="454" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Retrato de Antonio María de Orleans, duque de Montpensier, con el uniforme de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina (1806-1857). Óleo sobre lienzo. Museo-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Involucrado en conspiraciones contra Isabel II, su hija María de las Mercedes se convirtió en reina consorte por su matrimonio en 1868 con Alfonso XII, unión que acabó cinco meses después por su prematuro fallecimiento a los dieciocho años de edad. Las aspiraciones del duque de ocupar el trono se esfumaron cuando acabó con la vida del infante Enrique de Borbón, nieto de Carlos IV, duque de Sevilla en el duelo a pistola que tuvo lugar en Carabanchel el 12 de marzo de 1870.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Retirado paulatinamente de la vida política después de diversos y complejos avatares, entre los que se cuenta un temporal exilio en Francia, Antonio de Orleans fallecería en un coto de caza del término de Rota durante una jornada cinegética el 4 de febrero de 1890.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/03/09/real-guarnicioneria-de-la-casa-de-orleans-retrato-de-don-antonio-de-orleans-duque-de-montpensier-ii/">Real Guarnicionería de la Casa de Orleans. Retrato de don Antonio de Orleans, duque de Montpensier (II).</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/03/09/real-guarnicioneria-de-la-casa-de-orleans-retrato-de-don-antonio-de-orleans-duque-de-montpensier-ii/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIII). José Redondo el Chiclanero, el torero «reondo» (II)</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2021/01/28/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xiii-jose-redondo-el-chiclanero-el-torero-reondo-ii/</link>
					<comments>https://www.rmcr.org/2021/01/28/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xiii-jose-redondo-el-chiclanero-el-torero-reondo-ii/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[RMCR]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Jan 2021 13:34:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[José Redondo]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.rmcr.org/?p=7186</guid>

					<description><![CDATA[<p>Perdices rellenas de sus menudillos, anchoas y tocino. Una de las faenas cumbres del Chiclanero es una receta que recibe el nombre de “perdices a lo torero”, que ha quedado registrada para la historia (gastronómica). En un artículo de la revista El Campo de 1877 y reproducida en varios libros sobre la comida española, se cuenta la historia de un viajero francés que se encontraba cazando por Sierra Nevada y coincidió  en una venta con Redondo y su cuadrilla camino de una corrida en Granada. La oferta culinaria del establecimiento era escasa, como era habitual, de modo que el francés puso sobre la mesa unas perdices que había cobrado. La cuadrilla entera se puso a pelarlas, y Redondo pidió que le dejaran prepararlas. No es el único plato que dejó para la posteridad, como los huevos chiclaneros. En su “Guía del buen comer español” de 1929, Dionisio Pérez lo describe como “practicante afortunado del fogón y un manejador hábil de peroles y sartenes”.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/01/28/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xiii-jose-redondo-el-chiclanero-el-torero-reondo-ii/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIII). José Redondo el Chiclanero, el torero «reondo» (II)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Perdices rellenas de sus menudillos, anchoas y tocino. Una de las faenas cumbres de <em>El Chiclanero</em> es una receta que recibe el nombre de “perdices a lo torero”, que ha quedado registrada para la historia (gastronómica). En un artículo de la revista <em>El Campo</em> de 1877 y reproducida en varios libros sobre la comida española, se cuenta la historia de un viajero francés que se encontraba cazando por Sierra Nevada y coincidió en una venta con Redondo y su cuadrilla camino de una corrida en Granada. La oferta culinaria del establecimiento era escasa, como era habitual, de modo que el francés puso sobre la mesa unas perdices que había cobrado. La cuadrilla entera se puso a pelarlas, y Redondo pidió que le dejaran prepararlas. No es el único plato que dejó para la posteridad, como los huevos chiclaneros. En su <em>Guía del buen comer español</em> de 1929, Dionisio Pérez lo describe como “practicante afortunado del fogón y un manejador hábil de peroles y sartenes”.</p>
<p>El célebre crítico taurino Don Ventura dibujó su personalidad en base a los testimonios conocidos: “Fuera de la plaza necesitaba el ruido, las sensaciones enérgicas, los placeres fuertes, y de no haber rendido excesivo culto a Venus y a Baco, de no disipar su salud con exaltaciones amatorias, de no vivir tan de prisa, habría aumentado su celebridad”. Celebridad no era lo que le faltaba, precisamente. Redondo alternó con el maestro Montes en las últimas tardes de este, obligado a reaparecer por cuestiones económicas, auxiliándole en más de una ocasión cuando estaba en aprietos. Fue Redondo el que acabó con el toro que provocó la herida que precipitaría el final del maestro al que debía todo lo que sabía.</p>
<p>En 1851, fallecido Montes, la tisis ya invadía su organismo, que junto a la vida desarreglada había minado su salud y sus condiciones físicas, por mucho que intentara disimularlas. Ese año demostró en una función en El Puerto de Santa María su valor frío y desdeñoso. En medio de una faena al quinto de la tarde, otro toro rompió la puerta de chiqueros y salió al ruedo. Redondo, sin inmutarse, se dirigió a uno de ellos, lo sometió con un breve trasteo y acabó con él de una estocada, para continuar la lidia con el otro. A pesar de sus limitaciones, era ya “una demacración”, mantuvo en la temporada siguiente su fiera competencia con <em>Cúchares,</em> también aquejado de achaques reumáticos en una pierna, sin perder ocasión de humillarse el uno al otro. La afición madrileña se rindió a los dos por igual, agradecida por el espectáculo que brindaban, que impulsó el arte de la tauromaquia hacia el asombro, como hizo Montes, y le confirió una espectacularidad nunca vista antes. Amigos comunes propiciaron una reconciliación que no fue sincera por parte de ninguno.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/01/chiclanero-lidia.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" alt="Retrato de José Redondo 'el Chiclanero', dibujo de Daniel Perea" class="size-full wp-image-1408 aligncenter" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/01/chiclanero-lidia.jpg" alt="" width="450" height="727" /></a><em>José Redondo (Chiclanero). Dibujo de Daniel Perea. “La Lidia”, año II, nº 20, 16 de julio de 1883. Biblioteca-RMR</em></p>
<p>Quebrantado, Redondo tuvo que renunciar a varias corridas en provincias y se refugió en Chiclana, a la espera de una mejoría que no llegó, con el afán imperturbable de volver a Madrid al año próximo, para continuar los encarnizados duelos con su rival. Se trasladó a la capital, encargó “dos magníficos trajes”, pero no pudo salir de su cuarto, donde permaneció durante veinte días mordiéndose los puños de impotente rabia. Uno de sus peones lo encontró muerto al acercarle un caldo el 28 de marzo de 1853, justo a la hora en la que sonaban los clarines de la primera corrida de la temporada. Tenía 33 años.</p>
<p>“Prematura muerte del torero más animoso, más inteligente y mejor plantado que había en España. José Redondo, discípulo del célebre Francisco Montes, heredero de su justa fama y el diestro más airoso entre todos los diestros que han pisado un redondel, sucumbió ayer minutos antes de las cinco de la tarde”, se hacía eco de la noticia el periódico <em>El clamor público</em>. “El circo nacional, la fiesta más popular y esclusiva (sic) de España, puede decirse que ha bajado al sepulcro en el discurso de un año en la persona de dos insignes hijos de Chiclana”, decía la crónica de <em>La Ilustración</em>. “Rueda el carro fatal, que sus helados / miseros restos a la tumba lleva”, comenzaba el poema que se publicó en <em>El Enano</em>.</p>
<p>Su entierro fue comparable al de un jefe de Estado. Precedían el cortejo los pobres del asilo de San Bernardino con hachas encendidas. Sobre un carro fúnebre tirado por seis caballos enlutados iba el ataúd, con cuatro cintas negras que llevaban Manuel Díaz Laví, Julián Casas, Cayetano Sanz y Manuel Jiménez <em>el Morenillo</em>, seguidos por gran número de toreros y aficionados a pie. A continuación, el coche de gala del gobernador de Madrid, que encabezaba la comitiva de más de un centenar de carruajes con grandes y títulos de España, representantes institucionales, políticos y admiradores del torero, artistas, intelectuales y amigos. El trayecto hasta el cementerio de la sacramental de San Ginés y San Luis fue seguido por miles de personas, por la calle y desde ventanas y balcones. En su tumba se leyeron varios poemas.</p>
<p>Un torero era despedido como una gloria de la nación. Se dice que la tauromaquia de Montes y el prestigio de su personalidad, instruido y cortés, alejado del acanallamiento vinculado a su profesión, suavizaron prácticas y rigores de los juegos de toros heredados del XVIII, para adecuarlos a la sensibilidad del “espíritu del siglo” de la burguesía ilustrada y la intelectualidad del momento, superando su “envoltorio popular”. Se considera el entierro de José Redondo, heredero de todo eso y genial intérprete, como el momento justo en el que las corridas de toros adquieren definitivamente su impronta de fiesta nacional.</p>
<p><em>Bibliografía</em></p>



















<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez.  <em>Anales del toreo.</em>  Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez. <em>Colección completa de las Cartas Tauromáquicas.</em> Fundación Real Maestranza de Sevilla. Fundación de Estudios Taurinos. Universidad de Sevilla, 2001.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo.</em> <em>Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antonio García-Baquero. <em>Razón de la tauromaquia. Obra taurina completa.</em> (Pedro Romero de Solís, coord). Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Universidad de Sevilla, 2008.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nestor Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).</p>
<p>Xavier Andreu. <em>De cómo los toros se convirtieron en fiesta nacional: los “intelectuales” y la “cultura popular” (1790-1850).</em> Revista Ayer, 2008.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2021/01/28/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xiii-jose-redondo-el-chiclanero-el-torero-reondo-ii/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XIII). José Redondo el Chiclanero, el torero «reondo» (II)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.rmcr.org/2021/01/28/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xiii-jose-redondo-el-chiclanero-el-torero-reondo-ii/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
