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	<title>Cayetano Sanz archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
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	<title>Cayetano Sanz archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVI). Gonzalo Mora, el torero con hechuras</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Dec 2021 11:01:12 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El 20 de mayo de 1852 tomaba la alternativa en Ronda un torero madrileño junto a los gaditanos Francisco Ezpeleta y Manuel Díaz Lavi, veteranos diestros en el ocaso de sus carreras. Ese doctorado no sería reconocido por torear novillos después, y Gonzalo Mora tuvo que ratificarla posteriormente. En su obra El Toreo, el que fuera director de la revista La Lidia José Sánchez de Neira comienza la semblanza que le dedica diciendo que “era el tipo que marca una época del torero de este siglo”. Se refería más bien a sus “hechuras”, más allá de sus cualidades en las plazas: echao pa lante, amable con todos, generoso, requebrador de niñas y galanteador de mozas de rumbo, jacarandoso en el baile, derechito, con gracia y bien vestido.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/en/2021/12/15/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxvi-gonzalo-mora-el-torero-con-hechuras/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXVI). Gonzalo Mora, el torero con hechuras</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org/en/">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">El 20 de mayo de 1852 tomaba la alternativa en Ronda un torero madrileño junto a los gaditanos Francisco Ezpeleta y Manuel Díaz <em>Lavi</em>, veteranos diestros en el ocaso de sus carreras. Ese doctorado no sería reconocido por torear novillos después, y Gonzalo Mora tuvo que ratificarla posteriormente. En su obra <em>El Toreo</em>, el que fuera director de la revista <em>La Lidia</em> José Sánchez de Neira comienza la semblanza que le dedica diciendo que “era el tipo que marca una época del torero de este siglo”. Se refería más bien a sus “hechuras”, más allá de sus cualidades en las plazas:<em> echao pa lante</em>, amable con todos, generoso, requebrador de niñas y galanteador de mozas de rumbo, jacarandoso en el baile, derechito, con gracia y bien vestido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su gusto por el atuendo que se haría proverbial le vino de cuna, hijo de un sastre del Puerto de Santa María afincado en la capital, taller frecuentado por muchos toreros. Nacido en 1827, de ese contacto le vendría pronto a Gonzalo la afición, desdeñando seguir con el oficio familiar. Resignado el padre, que también había hecho sus pinitos, se lo encomendó a Pedro Sánchez <em>Noteveas</em>, torero sevillano de escaso mérito que actuaba con frecuencia en Madrid, con el que aprendió sus primeras lecciones como peón de su cuadrilla, estoqueando algún toro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando actúa en Ronda tiene 25 años, se foguea en varias plazas y en algunas comparte cartel con el que sería su modelo a seguir, más en su forma de ser que como maestro de virtudes taurinas, el bullicioso, desprendido, exhibicionista y buscarruidos Juan Pastor <em>el Barbero</em>, que lo lleva a La Habana en 1853 como segundo de su cuadrilla. Se cuenta que debió hacerlo con éxito, porque toreó más de cuarenta corridas en un solo año.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/12/gonzalo-mora-lidia.jpg"><img decoding="async" alt="Retrato de Gonzalo Mora, por Daniel Perea, La lidia: revista taurina" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/12/gonzalo-mora-lidia.jpg?w=450" alt="" class="wp-image-1716" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Gonzalo Mora, por Daniel Perea.</em> <em>“La lidia: revista taurina”. Año 11, n. 22, 12 de septiembre de 1892. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A su vuelta participa en la corrida organizada por <em>Cúchares </em>por las víctimas de los sucesos de julio de 1854, rebelión popular y pronunciamiento militar dirigido por O&#8217;Donnell que se conoce como la<em> Vicalvarada</em> por iniciarse en la población madrileña de Vicálvaro, que pondría fin a la década moderada para abrir el bienio progresista. Mora era de ideas liberales, y formó parte de la milicia nacional en aquellos tiempos revueltos. De su carácter da buena prueba que siempre se prestó a colaborar en festejos benéficos de algún tipo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un mes después, acompañó como segundo a Cayetano Sanz en Bayona, para celebrar la primera corrida en Francia que incluía la muerte del toro en la plaza, bajo la presidencia de Napoleón III y su esposa, la emperatriz Eugenia de Montijo. Intervino en varias plazas españolas con decoro, aunque sus virtudes como maestro no eran muchas. Sus problemas con toros serios acentuaban su irregularidad, “hoy temerario y huido mañana, y en la misma función ambas cosas muchas veces”, según Velázquez y Sánchez. En 1856 recibió la alternativa oficial en Madrid, con <em>Pepete </em>y <em>El Tato</em>. En los años siguientes no consiguió ganarse un lugar destacado entre tantos toreros como había, y en 1868 marcha a Perú junto a Julián Casas <em>el Salamanquino</em> y Manuel Hermosilla, torero de Sanlúcar de Barrameda que era habitual en plazas de Cuba y México.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A su regreso encuentra contratas en El Havre, una vez aprobadas las corridas en Francia, y allí se dice que ganó gran popularidad, debida mayormente a que su figura chulapona, siempre atildado, y su personalidad reunían para el público francés las características del tipo de torero romántico, como lo había sido <em>El Barbero</em>, el espejo en el que se miraba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hacia 1870 en España se le había acabado el crédito y no toreaba más que en festejos benéficos, para los que siempre estaba predispuesto. No tuvo grandes percances en su larga carrera, destacando una cogida en la ingle al saltar vestido de calle al ruedo de Madrid para matar un toro con el que no podían los toreros contratados. En 1879 interviene en las corridas reales por los esponsales de Alfonso XII con María Cristina de Austria. Cumplió su cometido, vistiendo de café y plata y carmesí y plata en los dos días que intervino. A partir de ahí estiró lo que pudo su carrera, “con menos alientos ya / que una débil alma en pena, / anda en la taurina arena / como un huésped que se va”, según unos versos publicados en <em>La Lidia</em> en 1884, preámbulo de un período de estrecheces económicas, privaciones y mala salud que llevaron a <em>Frascuelo</em> a organizar una novillada en su socorro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Retirado en el pueblo de Colmenar del Arroyo, falleció en 1892.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Bibliografía</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">J.M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III</em>. Espasa Calpe, Madrid, 1943.<br>J. Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.<br>J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).<br>N. Luján. <em>Historia del toreo</em>. Ediciones Destino, Barcelona, 1954.<br>Almanaque taurino, <em>La Lidia</em>. Madrid, 1884.</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXIV). Cayetano Sanz, el torero elegante.</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Oct 2021 10:12:04 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Cayetano Sanz fue el primer torero de Madrid que pudo competir de igual a igual con los andaluces, dominadores absolutos del escalafón y del negocio desde los orígenes de la tauromaquia moderna. Natural del barrio de Arganzuela, vino al mundo en 1821. Fallecido su padre antes de nacer, criado por sus abuelos, después de la instrucción básica lo metieron de aprendiz del oficio de zapatero cuando cumplió los diez años. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/en/2021/10/21/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxiv-cayetano-sanz-el-torero-elegante/">Toreros históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXIV). Cayetano Sanz, el torero elegante.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org/en/">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Plaza de madera del barrio de Saint-Esprit, Bayona, 6 de agosto de 1854. Desde el palco engalanado de la presidencia junto a su esposo Napoleón III, la granadina Eugenia de Montijo, Emperatriz de Francia, agita su delicado pañuelo bordado para que los clarines anuncien el comienzo del tercer tercio en una corrida de toros. No es un acto rutinario. Se estaba autorizando por primera vez en Francia que una corrida se rematara “a la española”, con la muerte del toro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El torero español que “inaugura” ese rito en suelo francés es Cayetano Sanz, de Madrid. Le acompaña en el cartel el también madrileño Gonzalo Mora, un torero más significado por lo que hacía fuera de la plaza que dentro. Antes de ejecutar la suerte suprema, Cayetano había encandilado al público presente y a los monarcas con un uso del capote y la muleta que desprendía el aroma de una escuela clásica, producto de su aprendizaje en las mejores fuentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cayetano Sanz fue el primer torero de Madrid que pudo competir de igual a igual con los andaluces, dominadores absolutos del escalafón y del negocio desde los orígenes de la tauromaquia moderna. Natural del barrio de Arganzuela, vino al mundo en 1821. Fallecido su padre antes de nacer, criado por sus abuelos, después de la instrucción básica lo metieron de aprendiz del oficio de zapatero cuando cumplió los diez años. Semejante futuro no fue de su agrado, y pronto se relacionó con la chavalería que gustaba de jugar a los toros y se asomaba a las corralizas del cercano matadero, apuntándose a participar en todos los festejos que tenían lugar en los pueblos cercanos. Según varios testimonios, desde el principio llamó la atención por su empaque en aquellas alborotadas novilladas y becerradas populares, en las que los mozos aspirantes echaban el capote y después salían corriendo. Él, en cambio, recibía la embestida sosteniendo el engaño con las dos manos y se quedaba quieto a repetir el lance, como había visto hacer al gran Montes en alguna ocasión.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/10/sanz-figura.jpg"><img decoding="async" alt="Retrato de Cayetano Sanz publicado en La lidia: revista taurina" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/10/sanz-figura.jpg?w=450" alt="" class="wp-image-1668" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Cayetano Sanz. “La lidia: revista taurina”. Año II, n. 2, 30 de marzo de 1883. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Se cuenta que en una novillada en Aranjuez hacia 1844 llamó la atención del duque de Veragua, propietario del ganado, que decidió ponerlo bajo su protección. Le encomendó su adiestramiento a un personaje singular, el afamado banderillero José Antonio Learte Calderón <em>Capita</em>. Natural de Carmona, nacido en 1798 en el seno de una distinguida familia sevillana, recibió una esmerada educación pero acabó por desclasarse para entregarse a la aventura taurina. Había conocido a Cándido y Curro Guillén,  miembro ilustre de la cuadrilla de Montes primero y de <em>Chiclanero</em>  después, que lo escuchaban por su sabiduría; era tuerto pero no había nadie mejor con las banderillas y con su conocimiento de la lidia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De modo que el joven Cayetano no pudo tener mejor maestro, quien lo adiestró toreando de salón para conocer los vuelos de los trapos y ajustar el cuerpo. Sus lecciones no cayeron en saco roto por la predisposición y natural desenvoltura del discípulo. Poco a poco fue ganando un hueco entre los mejores. Durante un tiempo, seguramente por mediación de <em>Capita</em>, formó parte de la cuadrilla del <em>Chiclanero</em>, y según ciertos datos, aunque las fechas bailan un poco, se considera que debutó en Madrid como espada con <em>Cúchares</em> y Julián Casas el <em>Salamanquino</em> en 1848 o 1849.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue el primer torero castellano en ganarse el respeto de las plazas de Sevilla y de la provincia de Cádiz, superando la displicencia con la que esas aficiones recibían a los foráneos. Alternó con Montes y Redondo sin desmerecer con las verónicas, navarras y tijerillas de su capote y su buena mano con la muleta, aunque en la suerte suprema siempre tuviera dificultades y empleara demasiado tiempo en decidirse. Por las enseñanzas de <em>Capita</em> era eficaz con las banderillas y también practicó en ocasiones el salto al trascuerno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de la década de los cincuenta su carrera se fue afianzando y Madrid encontró al fin un torero del que enorgullecerse. De su evolución dan fe unas sucesivas crónicas de la revista El Enano, siempre exigentes: “Cayetano Sanz es un joven que promete adelantar en el arte, pero en el día no es lo que él se piensa y muchos le quieren hacer creer” (1851); “En Cayetano encontramos, cuando sus toros mató, sabios compases y calma, destreza, ciencia y valor” (1853);&nbsp; “El espada Cayetano Sanz ha dirigido la plaza como cumple a un primer espada y según aconseja el arte” (1855).</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/10/sanz-capa.jpg"><img decoding="async" alt="Cayetano Sanz en los lances de capa, La lidia: revista taurina" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2021/10/sanz-capa.jpg?w=711" alt="" class="wp-image-1670" /></a></figure></div>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Cayetano en los lances de capa. “La lidia: revista taurina”. Año VI, n. 29, 17 de octubre de 1887. Biblioteca-RMR</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuenta el que fuera director de la revista La Lidia, Sánchez de Neira, que en 1856 le vio hacer lo que no había visto hacer a nadie: “Irse al toro con la muleta y el estoque, después de ordenar que todos los lidiadores, tanto de a pie como de a caballo, se retirasen del ruedo, y allí, solo, en los medios o en las tablas, trastear admirablemente sin mover los talones, dando alguna vez en esta postura, y sin moverse, hasta seis pases en redondo”. Estaba describiendo el toreo de ligazón mucho antes de que naciera. De esa costumbre de quedarse solo existe una anécdota, una tarde que alternaba con <em>Cúchares</em>, rival suyo en la arena y en los despachos en los que se urdían las contratas. Ante las dificultades que Cayetano encontraba para acabar con un toro refugiado en tablas, su peón, Regatero, otro de los grandes banderilleros de época, se acercó a <em>Cúchares</em> para pedirle que le ayudara. El sevillano contestó con su habitual guasa: “¿Pa qué, si a icho que no necesita a naide? Éjalo que se divierta”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toreó con éxito y en compañía de los mejores en todas las plazas, alternando con Arjona Guillén, Antonio Sánchez el <em>Tato</em>, Manuel Domínguez <em>Desperdicios</em>, Antonio Carmona el <em>Gordito</em> y con el infortunado <em>Pepete</em>, con el que compartía cartel en 1862 en la corrida que terminó con su vida. Hizo las Américas en La Habana y Méjico, repitió en Francia, dio la alternativa a <em>Lagartijo</em> y en el ocaso de su carrera compitió con él y con <em>Frascuelo</em>. Se retiró en 1877, achacoso y con goteras, pero aún así intervino en los festejos reales por la boda de Alfonso XII y María de las Mercedes un año después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Discreto, educado, cuidadoso con sus ganancias se retiró a su finca de Villamantilla, cercana a Madrid.&nbsp; Durante una novillada en el pueblo a la que asistía, comentó alguna de las actuaciones de los jóvenes maletillas. Uno de ellos, alterado, se dirigió a él de forma destemplada. “Tío viejo, ¿por qué no baja y lo hace?”. Cayetano aceptó la invitación, cogió el capote y le dio al novillo varias verónicas sin mover los pies. Después de aquella lección magistral, el novillero preguntó quién era. Al enterarse se apresuró a pedirle perdón, disculpas que el maestro aceptó sin rencor. En sus últimos años vivió acompañado del cariño y la consideración de la gente, hasta su fallecimiento en 1891. Como sostiene Nestor Luján, “su mesura y su arte llegaron casi a demostrar que la elegancia es una necesidad”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros</em>. Tratado técnico e histórico, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo</em>. Gran diccionario tauromáquico. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bellver Cano, José. <em>La proyección de nuestra fiesta al exterior</em>. El Ruedo, año XI, nº 549, 30 diciembre 1954, Madrid.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luján, Nestor. <em>Historia del toreo</em>. Ed. Destino, Barcelona, 1954 (Destino, Barcelona 1993, 3.ª ed.)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antonio García-Baquero. <em>Razón de la tauromaquia. Obra taurina completa.</em> (Pedro Romero de Solís, coord). Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Universidad de Sevilla, 2008.</p>



<p class="wp-block-paragraph">N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo</em> (anecdotario taurino), pról. de J. Belmonte,  Aguilar,  Madrid, 1947 (Aguilar, Madrid,1987).</p>
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