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	<title>Toreros históricos archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
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	<description>Real Maestranza de Caballería de Ronda</description>
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	<title>Toreros históricos archivos - Real Maestranza de Caballería de Ronda</title>
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		<title>Toreros en las barricadas: el golpe de O’Donnell (y III)</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2025/10/15/toreros-en-las-barricadas-el-golpe-de-odonnell-y-iii/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Oct 2025 09:23:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Como consecuencia del golpe del general O’Donnell contra el gobierno de Isabel II, que ha pasado a la historia con el nombre de La Vicalvarada, se produjo un cruento levantamiento popular en Madrid durante el que tuvieron destacado protagonismo algunos significados hombres del toro»</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Los sucesos de julio de 1854 convirtieron al torero José Muñoz <em>Pucheta</em> en un referente popular por su liderazgo de turbas ciudadanas en su barrio del distrito de La Latina. Pronto le fueron recompensados sus méritos, ya que la empresa de Madrid decidió favorecer a los toreros que habían estado en las barricadas. Tomó la alternativa en agosto, concedida por Juan Jiménez <em>el Morenillo </em>en corrida a beneficio de las víctimas de los sucesos del mes anterior. El diario <em>El Clamor público</em> se hizo eco del patriótico acontecimiento: “A pesar del sofocante calor que hizo, no hubo una sola localidad vacía. El golpe de vista que presentaba el circo era verdaderamente magnífico, porque a más de las infinitas banderolas y gallardetes que le adornaban, se había colocado en los antepechos y parte superior de los palcos tarjetones donde estaban escritos los ilustres nombres de los mártires de la libertad española”. Fue una manifestación de solidaridad colectiva, los ganaderos regalaron los ocho toros, los toreros actuaron gratis, el arma de caballería entregó 22 caballos, distinguidas señoras elaboraron las floridas moñas y hasta Isabel II contribuyó con 12.000 reales.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img decoding="async" width="166" height="225" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/10/Pucheta.png" alt="" class="wp-image-23591"/></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Retrato de José Muñoz Pucheta. Colección Ortiz Cañavate. Fuente: J. M. Cossío. Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A mayor reconocimiento, en abril de 1855 <em>Pucheta</em> fue nombrado comandante del Resguardo de la Sal de la provincia de Madrid por Real Orden del flamante ministro de Hacienda Pascual Madoz. Sus actuaciones en la plaza de la corte ese año no son dignas de mención, según los cronistas y testigos, con su escasa torería y su basta forma de usar el estoque. En la reseña de una corrida el crítico de <em>El Enano</em> le recomendaba, a pesar de admitir que no era cobarde, que era preciso que adquiriera más muleta, y que tuviera más aplomo delante del toro, no precipitándose sobre él de cualquier modo, sino según prescriben las reglas del toreo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las simpatías del público por su figura se fueron resintiendo frente a las verdades de los toros. En la tarde del 21 de mayo un espectador, harto de estar harto de los siete pinchazos a su primer toro, le soltó: “¡<em>Pucheta</em>, torear no es andar con trabuco y asesinar a Chico!”. Enfurecido, el torero trató de agredirle con un palo, pero la gente apoyó al aficionado y se tuvo que retirar. <em>El Enano</em>, en su crónica, le recomendó “que no se dirija al público bajo ningún concepto, y mucho menos del modo que lo hizo ayer”. Por su parte, <em>El Clamor</em> también relató el suceso: “Con disgusto vimos a <em>Pucheta</em> dirigirse por entre barreras a un espectador de los tendidos y a poco descargar un palo no sabemos sobre quién. Semejante accidente, digno de reprobación general, obligó al lidiador a permanecer sentado hasta la hora de matar al último toro, casi de noche”. <em>Pucheta</em> fue detenido al terminar la función.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguió teniendo oportunidades en otras corridas, pero con el golpe de mano de O’Donnell de julio 1856, que daba un giro de timón hacia posiciones moderadas y ordenaba la disolución de las milicias ciudadanas, ante el peligro que suponía para la estabilidad la existencia de grupos armados ajenos al ejército, volvió a tirarse a las calles con sus seguidores. Durante tres días de julio se reprodujeron las barricadas y los enfrentamientos entre los que se negaban a entregar las armas y las fuerzas gubernamentales de infantería, caballería y artillería. <em>Pucheta </em>y los600 hombres que comandaba resistieron los primeros ataques en la Plaza Mayor y luego se replegaron paulatinamente para hacerse fuertes en la plaza de la Cebada, llevándose algunas piezas de artillería. Los periódicos lo describen con chaqueta y pantalón de lienzo crudo, cubierta la cabeza con un sombrero hongo blanco, armado de un gran sable junto a un corneta y un tambor que tocaban generala rabiosa para enardecer a “algunos recalcitrantes que unidos a la escoria de paisanos que siempre arroja la sociedad en los momentos de turbación y desorden, prolongaron la resistencia”. Otros describen a sus seguidores como “gente de trabuco y puñal” que amenazaban con degollar a los que se rindiesen.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="677" height="1024" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/10/1004007_0014-677x1024.jpg" alt="" class="wp-image-23593" style="width:333px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/10/1004007_0014-677x1024.jpg 677w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/10/1004007_0014-198x300.jpg 198w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/10/1004007_0014-768x1162.jpg 768w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/10/1004007_0014-1015x1536.jpg 1015w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/10/1004007_0014.jpg 1171w" sizes="(max-width: 677px) 100vw, 677px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Retrato D. Leopoldo O&#8217;Donnell y Joris. Blason de España : libro de oro de su nobleza : reseña genealógica y descriptiva de la casa real, la grandeza de España y los títulos de Castilla : parte primera, Casa Real y Grandeza de España. Tomo VI / por Augusto de Burgos. &#8212; Madrid : [s.n.], 1860 (Imprenta de Pedro Montero)</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El día 16 resultó muerto otro hombre del toro, el picador Juan Álvarez Bueno <em>Chola,</em> nacido en Manzanares en 1819. Rindió servicio en el ejército como jinete, cambiando después la lanza por la pica. Cossío refiere que figuró en carteles de Madrid desde 1846, y formó parte de la cuadrilla de José Redondo <em>el Chiclanero</em>, entre otros. Tenía fama de valeroso, pero sin otras cualidades destacables. Se publicaron versiones diferentes sobre su fatal desenlace. Según parece no estaba combatiendo, sino que se asomó a la calle Peligros para observar la situación cuando le alcanzó un disparo en la cabeza. En otras referencias se habla de un botellazo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando caía la noche del día 17, ante la fuerte ofensiva de las tropas, <em>Pucheta</em> y un pequeño grupo intentaron darse a la fuga. Según cuenta <em>La España </em>salieron por la puerta de Toledo, pero avistados por dos oficiales del regimiento de caballería de Talavera les dieron alcance en los Prados de Villaverde del canal de Manzanares. Uno de ellos, el teniente Vázquez, “leal defensor de la Reina y el orden”, acabó con el célebre rebelde de dos cuchilladas de su sable. El gobierno lo recompensó ascendiéndole a capitán y con la cruz de San Fernando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De esta forma se puso fin, a punta de espada, a quien había hecho de la puntilla y el estoque su modo de vida.<em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Martos, Cristino. <em>La revolución de julio en 1854</em>. Colección Derecho Histórico. Agencia Estatal. Boletín Oficial del Estado. Madrid, 2023.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pérez Galdós, Benito. <em>O’Donnell.</em> Episodios Nacionales. M. Aguilar Editor. Madrid, 1945.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez.&nbsp; <em>Anales del toreo.</em>&nbsp; Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sánchez de Neira, J.<em> El toreo: gran diccionario tauromáquico</em>. Madrid : Imprenta y librería de Miguel Guijarro, Ed., 1879</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un aficionado. <em>Historia de la plaza de toros de Madrid.</em> Imprenta y librería de Eduardo Martínez, Madrid, 1883.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Santa Coloma, José. <em>Apuntes biográficos de los diestros que más se han distinguido en el arte de torear</em>. Folletín del Tábano. Imprenta a cargo de J. López, Madrid, 1872.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Imp. De D. Anselmo Sta. Coloma, Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sánchez Moliní, Luis. <em>El torero y líder revolucionario que llamó la atención de Marx y Galdós</em>. Diario de Sevilla, 13 de diciembre 2023.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La Ilustración</em>. 7 de agosto de 1854. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El Enano</em>. 1 de agosto de 1854. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El Clamor Público</em>. 20 de julio de 1854. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El Parlamento</em>. 21 de julio de 1856. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La Esperanza</em>. 19 de julio de 1856. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La España</em>. 19 de julio de 1856. Madrid. Biblioteca Nacional de España</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toros y Toreros. 11 de abril de 1916. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La fiesta brava. 22 de diciembre de 1927. Barcelona. Biblioteca Nacional de España.</p>
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		<title>Toreros en las barricadas: la Revolución de 1854 (II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Jun 2025 07:35:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>«Como consecuencia del golpe del general O’Donnel contra el gobierno de Isabel II, que ha pasado a la historia con el nombre de La Vicalvarada, se produjo un cruento levantamiento popular en Madrid durante el que tuvieron destacado protagonismo algunos significados hombres del toro»</p>
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<p class="wp-block-paragraph">En el anterior capítulo dejamos a <em>Cúchares</em> y su picador Antonio Pinto luchando en la calle Lobo, y a otros integrantes de su cuadrilla en la barricada de Nuevo Rezado. En la histórica plaza de la Cebada, baluarte desde el que se inició un avance de posiciones en dirección al Palacio Real, participaron más toreros, como los picadores Bruno Azaña y Juan Uceta junto a los hermanos Muñoz, conocidos como los <em>Pucheta</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Picador duro, el madrileño Bruno Azaña era muy conocido en su ciudad. Miope, no era raro que marrase y picara bajo, y se veía obligado a veces a enmendar el yerro. Neira dice de él que era “de trato alegre y decidor”. Nacido en 1819, su primer trabajo fue en las  caballerizas de la empresa de la diligencia correo de Madrid-Aranda-Burgos, donde aprendió el manejo de los caballos. Recibió lecciones del varilarguero sevillano José Muñoz y Domínguez, que formó parte de la cuadrilla de Montes, y comenzó a picar novilladas en cosos menores. Se presentó en Madrid en  una novillada de 1846. Por las fechas que se narran estaba trabajando con <em>Cúchares</em>. Después pasó por las formaciones José Redondo <em>el Chiclanero</em>, de su gran amigo el infortunado Pepete (fue uno de los cuatro picadores que llevó su ataúd en 1862), de Julián Casas <em>el Salamanquino</em> y Antonio Sánchez <em>el Tato</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según algunas fuentes, parece que contaba con la protección de un alto personaje, que bien pudiera ser Víctor Balaguer y Cirera, literato, historiador y político, que llegó a ministro de la corona, aficionado que escribía de toros y que le dedicó al picador estos versos. “Que sea o no el toro bravo, / que rehuya o no rehuya, / nadie como Bruno Azaña / para clavarle la puya”.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="498" height="1024" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Bruno-Azana-498x1024.jpg" alt="" class="wp-image-23117" style="width:278px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Bruno-Azana-498x1024.jpg 498w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Bruno-Azana-146x300.jpg 146w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Bruno-Azana.jpg 683w" sizes="(max-width: 498px) 100vw, 498px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Retrato de Bruno Azaña. El Ruedo, 1946. Biblioteca Digital de Castilla y León.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su semblanza se incluye que tenía carácter fuerte, irreflexivo en ocasiones durante la lidia, citando al toro en terrenos poco apropiados. Como todos los picadores de la época sufrió no pocas costaladas. Por su aspecto, según se aprecia en sus retratos, parecía un lobo de mar con su poblada barba sin bigote. “Fue honrado y buen esposo”, añade Neira a su biografía. Se despidió de la plaza de Madrid con una última actuación en 1867, un año antes de fallecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De otro picador combatiente, Juan Uceta, pocos datos hay, aunque se conoce su aspecto en fotografía publicada por <em>El Ruedo</em> en 1946,&nbsp; con similar aspecto al de su compañero Azaña. Se sospecha que era de origen andaluz, y en los carteles de la plaza de Madrid figura entre 1849 y 1862. Según Cossío “tenía cualidades, estilo, inteligencia y conocimiento, pero le faltaba poder”, algo imprescindible en los piqueros de su tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El banderillero Francisco Muñoz <em>Pucheta menor, </em>comenzó a aparecer en Madrid a partir de 1854 y hasta 1868, en funciones importantes, lo que indica que debía ser rehiletero bueno. Hermano pequeño de José Muñoz <em>Pucheta</em>, matador de toros que se hizo famoso, más que por sus virtudes taurinas, por ser un exaltado agitador popular, mencionado por Galdós e incluso por Karl Marx, como recuerda Luis Sánchez Moliní en un artículo dedicado a su figura. Como torero su desempeño fueron “faenas vulgares, anodinas y desgarbadas” según recoge Bruno del Amo <em>Recortes. </em>Sobre su origen se da por buena su fecha de nacimiento el 19 de noviembre de 1817 en Madrid, aunque también hay indicios de que tanto él como su hermano nacieron en tierras de la Mancha o Levante,&nbsp; y que llegaron a la capital siendo niños para vivir con un hermano de su madre, empleado en el matadero. Fuera como fuera, allí nacería su vocación, trabajando con su tío como puntillero o matarife.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasó luego a ser banderillero en fiestas de pueblo, siguiendo los pasos de tantos otros, hasta actuar en Madrid en 1845 en la cuadrilla del veterano novillero sevillano <em>Perico Noteveas</em>, ya en franca decadencia, para después dar el salto ese mismo año a estoquear novillos, alternando en esa categoría con los emergentes Julián Casas el <em>Salamanquino</em> y Cayetano Sanz. En 1848 lo hace como media espada, y los años siguientes acompaña a algunos matadores de nombre por provincias. Su falta de gracia y de arte las suplía a veces con arranques irreflexivos de valor que mezclaba con espantás.&nbsp; El 2 de enero de 1853 protagonizó una actuación que mereció este comentario: “<em>Pucheta</em> no anduvo en sus toros escaso de pinchazos y estocadas, con todo aquello de soltar el trapo y tomar el olivo, lo cual no tiene nada de particular, porque en tiempo de borrasca cualquier lugar es puerto”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los sucesos de julio de 1854 y su protagonismo al frente de las turbas ciudadanas en su barrio del distrito de La Latina lo auparon como un héroe. Los duros enfrentamientos del día 19 pusieron de manifiesto que el gobierno no contaba con demasiadas fuerzas, empleadas la mayoría en perseguir al ejército de O’Donnell, que vagaba por la Mancha mientras esperaban refuerzos. Los soldados que permanecían en Madrid comenzaban a desanimarse, muchos mandos dimitieron mientras el gobierno se atrincheraba en Palacio y el círculo de barricadas se extendía cada vez más. La ciudad era un campo de batalla. Para calmar la situación, a la caída de la tarde de ese día el gobierno ordenó que las cornetas de la guarniciones de los edificios importantes tocaran un alto el fuego. A continuación llegó la noticia de que la Reina había hecho llamar al general Espartero, duque de la Victoria, para que se hiciera cargo de la presidencia del Consejo de Ministros, decisión que fue acogida con gran alborozo por los sublevados.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="640" height="1024" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Juan-Uceta-640x1024.jpg" alt="" class="wp-image-23119" style="width:383px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Juan-Uceta-640x1024.jpg 640w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Juan-Uceta-188x300.jpg 188w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Juan-Uceta.jpg 676w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Retrato de Juan Uceta. El Ruedo, 1946. Biblioteca Digital de Castilla y León.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras se esperaba la llegada del general, la insurrección dio sus últimos coletazos para cobrarse venganza en la figura del comisario jefe de Madrid, Francisco Chico, principal brazo represor del gobierno de Sartorius. Según algunas fuentes, y a través de una informante que reveló a <em>Pucheta</em> el lugar donde se escondía en una de sus casas, una turbamulta dirigida por el torero asaltó la residencia el día 23.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chico, al que todo el mundo tenía por jefe de los ladrones de Madrid, había creado una red de contraespionaje en los bajos fondos para perseguir conspiradores y una telaraña que sacaba provecho de los robos en casas particulares, revendiendo luego lo sustraído a sus propietarios como una especie de rescate. Había conseguido una gran fortuna,&nbsp; propiedad de varias casas y una excelente colección de cerca de 700 pinturas, que se descubrió durante el asalto, obras de Velázquez, Rubens, Durero, Murillo y medio centenar de Goyas, amen de otras riquezas ornamentales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A media mañana, una comitiva de casi 10.000 personas atravesó Madrid en dirección a la plaza de la Cebada. Cristino Marcos la describe: ““Formaban la vanguardia una multitud de pillos desarrapados, descalzos, desgreñados, de fisonomías cínicas y teñidas por la intemperie: luego, entre un tropel de hombres armados, venían dos ginetes en dos jamelgos no tocando, trompeteando, como podían</p>



<p class="wp-block-paragraph">con dos viejos clarines; detrás venía un hombre que llevaba colgado de un palo alto amanerade estandarte un retrato pintado al óleo; de tiempo en tiempo los dos trompeteros se detenían, dejaban llegar el retrato y le daban de cuchilladas con sus sables, empinándosesobre los estribos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Galdós, en su Episodio Nacional <em>O’Donnell </em>se hace eco de esta escena. “Al portador del retrato seguía otro gandul con trazas de matarife, en mangas de camisa, ésta manchada de sangre, de la cual pendía, muerto y sin plumas, un gallo colgado por el pescuezo. Tras este iba un hombre a pie, empujado más que conducido por un grupo de bárbaros, también con aspecto de matachines”.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="294" height="446" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Centinela_de_una_de_las_barricadas_de_la_calle_de_Toledo.jpg" alt="" class="wp-image-23121" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Centinela_de_una_de_las_barricadas_de_la_calle_de_Toledo.jpg 294w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/07/Centinela_de_una_de_las_barricadas_de_la_calle_de_Toledo-198x300.jpg 198w" sizes="(max-width: 294px) 100vw, 294px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Centinela en la barricada de calle Toledo. La Ilustración. 7 de agosto de 1854. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El hombre en cuestión era un policía, llamado Mendal, apodado <em>el Cano</em>, portero de la casa del protagonista principal de la procesión. Continúa Galdós: “Seguían las angarillas cargadas por cuatro, de lo más soez entre tan soez patulea; las angarillas sostenían un colchón, en la cual iba el infeliz Chico sentado, de medio cuerpo abajo cubierto con las propias sábanas de su cama, de medio cuerpo arriba con un camisón blanco, en la cabeza un gorro colorado puntiagudo que le daba aspecto de figura burlesca”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La comitiva&nbsp; atravesó la plaza de la Cebada hasta llegar a la fuentecilla de la calle Toledo, lugar en el que fueron fusilados entre el clamor del gentío congregado. Uno de los dos jinetes, “con blusa de dril y un plumacho en el sombrero”, el que mandaba, era el novillero José Muñoz <em>Pucheta.</em><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>(Continuará)</em><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Martos, Cristino. <em>La revolución de julio en 1854</em>. Colección Derecho Histórico. Agencia Estatal. Boletín Oficial del Estado. Madrid, 2023.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pérez Galdós, Benito. <em>O’Donnell.</em> Episodios Nacionales. M. Aguilar Editor. Madrid, 1945.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez.&nbsp; <em>Anales del toreo.</em>&nbsp; Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sánchez de Neira, J.<em> El toreo: gran diccionario tauromáquico</em>. Madrid : Imprenta y librería de Miguel Guijarro, Ed., 1879</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un aficionado. <em>Historia de la plaza de toros de Madrid.</em> Imprenta y librería de Eduardo Martínez, Madrid, 1883.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Santa Coloma, José. <em>Apuntes biográficos de los diestros que más se han distinguido en el arte de torear</em>. Folletín del Tábano. Imprenta a cargo de J. López, Madrid, 1872.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Imp. De D. Anselmo Sta. Coloma, Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sánchez Moliní, Luis. <em>El torero y líder revolucionario que llamó la atención de Marx y Galdós</em>. Diario de Sevilla, 13 de diciembre 2023.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Ilustración. 7 de agosto de 1854. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Enano. 1 de agosto de 1854. , num 179. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Clamor Público. 20 de julio de 1854. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toros y Toreros. 11 de abril de 1916. Madrid. Biblioteca Nacional de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La fiesta brava. 22 de diciembre de 1927. Barcelona. Biblioteca Nacional de España.</p>
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		<title>Toreros en las barricadas: la Revolución de 1854 (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Feb 2025 11:38:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Como consecuencia del golpe del general O’Donnel contra el gobierno de Isabel II, que ha pasado a la historia con el nombre de La Vicalvarada, se produjo un cruento levantamiento popular en Madrid durante el que tuvieron destacado protagonismo algunos significados hombres del toro»</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En la tarde del 17 de julio de 1854 se celebró la última corrida de la primera temporada en Madrid. <em>El Enano,</em> que por esas fechas se presentaba como “Periódico de Ciencias, Arte y Literatura, y especialmente de Loterías y Tauromaquia”, comenzaba así su crónica: “Fastidio y grande es también describir una corrida mediana cuando el pensamiento está ocupado en bellas esperanzas de regeneración para la España, pero siendo este nuestro compromiso, fuerza es cumplirlo”. Toreaban Cayetano Sanz, <em>Cúchares</em> y <em>El Tato, </em>un cartel de postín de la época, aunque resultara “mediana”. La banda de música tocó el himno de Riego a petición de gran parte de los asistentes, en un ambiente cargado de electricidad. Al salir de la plaza, la mayoría del público y varios de los toreros que habían intervenido se dirigieron a la Puerta del Sol, donde se había concentrado una multitud. Después de los toros comenzaba la Revolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es necesario ponerse en situación. Ya había tenido lugar el 28 de junio el levantamiento militar del general O´Donnell conocido por La Vicalvarada, contra el gobierno corrupto del sevillano Jose Luis Sartorius, que había suspendido las Cámaras sin convocar elecciones para gobernar por decreto y había iniciado la persecusión y deportación de militares desafectos, la represión de liberales y opositores y el cierre de la prensa crítica. El enfrentamiento con las tropas gubernamentales en Vicálvaro se resolvió de forma confusa e incierta, sin vencedores. También se había pronunciado el 7 de julio el Manifiesto del Manzanares de Antonio Cánovas, en la que ampliaban las pretensiones iniciales de los insurrectos moderados buscando el apoyo popular, prometiendo amnistía de presos políticos, bajada de impuestos y la restitución de la Milicia Nacional. Los levantamientos se extendían por diferentes puntos del país, como en Barcelona, y a la salida de los toros se había corrido la voz de que Sartorius había sido destituido.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="694" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/Episodio_de_la_revolucion_de_1854_en_la_Puerta_del_Sol_cropped-1024x694.jpg" alt="" class="wp-image-22163" style="width:578px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/Episodio_de_la_revolucion_de_1854_en_la_Puerta_del_Sol_cropped-1024x694.jpg 1024w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/Episodio_de_la_revolucion_de_1854_en_la_Puerta_del_Sol_cropped-300x203.jpg 300w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/Episodio_de_la_revolucion_de_1854_en_la_Puerta_del_Sol_cropped-768x521.jpg 768w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/Episodio_de_la_revolucion_de_1854_en_la_Puerta_del_Sol_cropped-1536x1042.jpg 1536w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/Episodio_de_la_revolucion_de_1854_en_la_Puerta_del_Sol_cropped-2048x1389.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em><a href="https://www.memoriademadrid.es/buscador.php?accion=VerFicha&amp;id=28170">Episodio de la Revolucion de 1854 en la Puerta del Sol. Eugenio Lucas Velázquez. Óleo sobre lienzo, c.1855. Museo de Historia de Madrid</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas las casas de Madrid estaban iluminadas esa noche del 17 de julio, y en las parroquias se repicaban campanas entre vivas a la libertad. Las capas populares, que habían entendido la Vicalvarada como otro cambio de régimen entre los mismos de siempre, recogió de inmediato las promesas posteriores de restitución de las milicias populares y surgieron voces de la necesidad de armarse. Entre ellas, la de un torero menor, José Muñoz <em>Pucheta</em>, líder de los bajos fondos de La Latina, del que nos ocuparemos más tarde. Numerosos grupos fueron al gobierno civil y al ayuntamiento, incautando fusiles y municiones, y a las cárceles para liberar a los presos políticos. El granadino Cristino Marcos, abogado y político que participó en esas jornadas, describe el ambiente de las calles adyacentes a la Puerta del Sol: “Entre los grupos desarmados acá y allá se veían grupos de hombres armados con fusiles, con espadas, con sables, con bayonetas, con trabucos, con toda clase de armas, llevando otros a falta de ellas palos y piedras”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sería prolijo describir los acontecimientos que se sucedieron durante las 48 horas siguientes. Se ocupó el ministerio de la Gobernación sin resistencia por parte de la guarnición, y se asaltaron las residencias de la reina madre María Cristina, figura a la que se atribuía el origen de todos los males, y que tuvo que huir vestida de hombre para refugiarse en Palacio; de Sartorius, que ya estaba camino de Francia, y de otros personajes afines al gobierno, arrojando muebles, obras de arte y ricos enseres a la calle para prenderles fuego.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="705" height="1024" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/La-Ilustracion-Madrid-7-8-1854-1-705x1024.jpg" alt="" class="wp-image-22165" style="width:364px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/La-Ilustracion-Madrid-7-8-1854-1-705x1024.jpg 705w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/La-Ilustracion-Madrid-7-8-1854-1-206x300.jpg 206w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/La-Ilustracion-Madrid-7-8-1854-1.jpg 763w" sizes="(max-width: 705px) 100vw, 705px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><a href="https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/card?sid=4114621"><em>Página de La Ilustración, Periódico Universal. Madrid, 185</em>4. Biblioteca Nacional.</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">La muchedumbre aumentaba y en un momento dado el coronel Joaquín de la Gándara salió de Palacio Real con dos regimientos de infantería que abrieron fuego contra los asaltantes, la mecha que avivó la revuelta. La situación se tornó dantesca, con cadáveres y heridos allí donde se sucedieron los combates, entre resplandores y humos de las hogueras. Se levantaron barricadas para hacer frente a las fuerzas del gobierno.  Eran combates a quemarropa en ocasiones, contra descargas de artillería, soldados, cazadores y caballería de la Guardia Civil, se combatía en calles y desde balcones y portales en diferentes sitios; la Plaza Mayor, Sol y zonas adyacentes eran un vaivén de ofensivas y contraofensivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la amanecida del día 19, Cristino Marcos relata: “Para apagar el fuego de flanco de dos balcones del Casino fué necesario construir una barricada en la desembocadura de la calle del Lobo (actual Echegaray). Esta barricada se construyó y se defendió casi exclusivamente por el famoso torero Curro Cúchares y su cuadrilla, que sostuvo un fuego nutridísimo con el enemigo y le obligó a abandonar su posición”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quiénes fueron esos hombres? Acompañando a <em>Cúchares</em>, al que ya dedicamos una entrada en esta serie, estaba el picador Antonio Pinto. Ambos habían estado también en otro puesto en la calle de las Huertas, la misma donde vivieron Cervantes y Lope de Vega. Pinto era natural de Utrera, donde vino al mundo en 1826, hijo del célebre picador Juan Pinto. Desde niño se embebió de las faenas de campo en la media hacienda familiar. Su empeño de hacerse torero de a caballo tuvo que sortear la oposición paterna. Comenzó a destacar hacia 1850, para cubrir una extensa, brillante y accidentada carrera, con numerosas cornadas y caídas; Rodríguez Bernal recoge estas declaraciones suyas publicadas en <em>Sol y Sombra,</em> en las que va describiendo sus veinticuatro cogidas: “De cornás, tengo ocho mu gordas y 16 más leves; güesos rotos, dos; costillas rotas, las farsas del lao derecho; dambas cravícuras partías; y de porrazos mortales, no igo na…”. Según El Licenciado Torralba “fue un gran jinete y su fuerza hercúlea le permitía castigar a los toros hasta dejarlos hechos unas babosas”. Con fama de bruto, se cuenta que un día que viajaba en el tren correo de Cádiz a Sevilla se le pasó la parada en Utrera al quedarse dormido. Acostumbrado a tantas costaladas, nada más despertar no dudó en tirarse del tren en marcha.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="480" height="719" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/Antonio-Pinto.png" alt="" class="wp-image-22161" style="width:349px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/Antonio-Pinto.png 480w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2025/02/Antonio-Pinto-200x300.png 200w" sizes="(max-width: 480px) 100vw, 480px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Retrato de Antonio Pinto</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Formó parte de las cuadrillas de <em>la Santera </em>y Manuel Trigo antes de enrolarse en la de <em>Cúchares</em>, del que se separó un año después de luchar a su lado en estas jornadas; acompañó a Montes en su fugaz reaparición, y después trabajó con Juan León, <em>el Chiclanero</em>, <em>el Tato</em>, <em>el Gordito</em>, <em>Bocanegra</em> y hasta con <em>Cara-Ancha</em> en 1878. Toreando cada vez menos, se retiró en 1883 a su casa de Utrera, donde falleció en 1890.&nbsp; Para Neira, después del legendario Francisco Sevilla ninguno ha demostrado tener un brazo de hierro como el suyo. Según Cossío, en base a testimonios directos, “merece pasar a la historia del toreo como uno de los grandes picadores de todos los tiempos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros miembros de la cuadrilla se apostaron también en la barricada del Nuevo Rezado, edificio que hoy ocupa la Real Academia de la Historia, como los banderilleros Blas Meliz <em>Blayé</em>, Matías Muñiz y Juan Manuel Díaz junto al picador Joaquín Coyto Charpa. Blas Meliz nació en Valencia en 1818 y con veinte años ya se había presentado en Madrid. Banderillero de los buenos, fue un especialista consumado del salto de la garrocha. Después de <em>Cúchares</em> pasó a la formación de Julián Casas <em>el Salamanquino</em>. Sufrió un accidente con un estoque que le cortó un tendón del talón. Aunque cojeando, continuó trabajando en los ruedos, hasta que falleció de congestión pulmonar en 1856. Casas obligó al que le sustituyera que cediera cien reales a su viuda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Matías Muñiz y Cano<strong> </strong>había nacido en Ciudad Real en 1822. Su maestro fue el célebre Joaquín Learte Calderón <em>Capita</em>, el gran banderillero de Montes. Gracias a su cualidad trabajó con las mejores cuadrillas, como las de <em>Chiclanero </em>y<em> Cúchares, </em>para pasar luego a la del máximo rival de este<em>, el</em> <em>Tato</em>. Desde 1848 actuó en Madrid con ellos, casi ininterrumpidamente, y algunas veces como media espada. Al fallecer <em>el Tato </em>no sobrevivió mucho más, falleciendo en 1872 de hidropesía. Tuvo la consideración de ser gran peón y banderillero fino. De menor recorrido fue su compañero Juan Manuel Díaz, del que no se tienen muchos datos, protegido de <em>Cúchares</em>, de oficio tapicero. Se dice que con ocho años saltaba la garrocha. A ruegos de su familia se retiró pronto y volvió a su oficio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El picador Joaquín Coyto Charpa<strong> </strong>nació en Sevilla en 1812. Comenzó a trabajar en el campo y con 20 años entró al servicio del canónigo de la catedral de Sevilla Diego Hidalgo Barquero, que lo contrató para trabajar en su ganadería. Allí se destacó pronto en el manejo de ganado bravo, el caballo y la garrocha. Casado con una hermana del picador José Trigo, su vocación taurina vino a continuación. Se prueba en plazas menores mientras sigue con su ocupación, ascendido a mayoral. Cuando la ganadería pasa a otras manos, al mando de cuatro vaqueros traslada de los campos de Utrera a la dehesa de Jerez 252 reses, entre toros, vacas, erales, añojos y cabestros sin ningún contratiempo en los seis días que duró el viaje, recibiendo una gratificación por parte del vendedor y del comprador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es después de este trabajo que se dedica a la cosa taurina, y alternó en Sevilla en 1841. Su cuñado Trigo, contratado en Madrid, le procuró entrar en la capital, donde actuó durante diez corridas con buenas opiniones. Mientras mejoraba su técnica, los aficionados madrileños reconocieron su conocimiento del manejo del caballo y su habilidad para desmontarse en momentos apurados para evitar caídas. También sabía hacerlo a pie, con el capote y banderillas. Se da la circunstancia de que su apellido aparecía numerosas veces en los carteles como Coito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Integrante de la cuadrilla de <em>Cúchares</em>, despertó siempre la admiración de los aficionados de toda España por su habilidad y poderoso brazo. Tres años antes de luchar en las barricadas le habían concedido un toro en Málaga por una vara magistral. Cossío refiere un relato aparecido en la revista <em>Sol y Sombra</em> sobre una apuesta que se cruzó con Manuel Trigo en Sevilla en 1848 durante una tertulia en la que estaban presentes Montes, Redondo y <em>Cúchares,</em> por la que se apostó 400 reales de poder picar un toro que le había correspondido en el sorteo, “una catedral con cuernos”, sin que lo derribara. Ganó la apuesta. Y ganó otra en 1858 en la plaza de San Sebastián. Al ver en los corrales los serios bichos que le esperaban, le aseguraron que iba a necesitar seis caballos. Apostó que serían menos. Picó a los seis toros y puso 36 varas. Sólo perdió un caballo. Se retiró hacia 1867 para vivir en el barrio de San Bernardo en casa de una hija, casada con un cartero, rodeado del afecto y admiración de los vecinos hasta que falleció en 1879.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más toreros estuvieron en otras y cambiantes barricadas durante aquellas largas horas de pólvora y sangre derramada, a los que nos referiremos en la siguiente entrega.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2025/02/06/toreros-en-las-barricadas-la-revolucion-de-1854-i/">Toreros en las barricadas: la Revolución de 1854 (I)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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		<title>Julián Casas el Salamanquino, el torero dinámico.</title>
		<link>https://www.rmcr.org/2024/12/17/julian-casas-el-salamanquino-torero-del-siglo-xix/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Dec 2024 09:04:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza de Toros]]></category>
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		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Ejemplo de superación, hecho a sí mismo, de una agilidad sorprendente, voluntarioso, alternó con los mejores de su tiempo a lo largo de una extensa carrera, estimado por su educación y buen carácter, torero, ganadero y empresario»</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2024/12/17/julian-casas-el-salamanquino-torero-del-siglo-xix/">Julián Casas el Salamanquino, el torero dinámico.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Fue el primer torero castellano, junto al madrileño Cayetano Sanz, en ser respetado por la afición andaluza en unos tiempos dominados por los poderosos maestros del sur. Era natural de Béjar, que tiene la plaza de toros más antigua de España, <em>La Ancianita</em>, inaugurada en 1711, muy reformada y ampliada en el siglo XIX. Julián vino a este mundo en 1818 en una familia acomodada, criado en un ambiente que nada hacía presagiar su futura profesión. Su padre era oficial de Infantería y su madre hija de fabricantes. Al jubilarse el padre se afincaron en Salamanca, donde el chico comenzó a estudiar la carrera de cirujano latino, una normalidad académica de la época en la que no estaban tan separadas las ciencias de las humanidades, por la que se autorizaba a curar afecciones externas o prescribir medicamentos, aún sin ser licenciados en medicina, a aquellos que hubieran cursado tres años de esa materia y supieran latín.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La muerte temprana de su progenitor vino a coincidir con ciertas amistades que gustaban de frecuentar tentaderos y corrales. En un campo sintió por primera vez la emoción de estar delante de un astado, y ya no se pudo resistir a repetirlo en cada ocasión que tuvo oportunidad.&nbsp; “Una pasión dominante y exclusiva”, en palabras de Velázquez y Sánchez, por la que abandonó las aulas para desesperación de la madre, que movió cielo y tierra para conseguir que lo recluyeran en un centro de corrección. Salió el muchacho de allí prometiendo volver a los estudios, y se matriculó en el primer curso de medicina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La epidemia de cólera de 1835 fue particularmente dañina en Castilla, y se llevó a su madre. No tardó Julián en volver al carril que estaba dispuesto a seguir, libre ya de exigencias familiares. Ese mismo verano se unió a un torero de poco relieve, apodado <em>el Fraile</em>, para actuar en corridas de toretes en cosos menores por plazas de provincias próximas. Desde el principio demostró gozar de unas condiciones físicas privilegiadas, de una agilidad atlética, una cualidad que sería la impronta de su carrera. También lo sería que, al no gozar de consejo experto en su etapa de formación, careció de sólidos fundamentos para la lidia, adquiriendo vicios que posteriormente le fue difícil corregir. Velázquez y Sánchez, en relación a esto, recordaba una frase del bravo Juan León. “Más vale hacer algo bueno que hacerlo todo de cualquier manera”. Pero su buena disposición e inteligencia compensarían en el futuro esas carencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso es que consigue entrar de banderillero en la cuadrilla de José de los Santos, sevillano que fue alumno de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla que dirigiera Pedro Romero, torero mediano, pero de buena factura, y con él actúa en la plaza de Salamanca en 1840, llamando la atención de Antonio Palacios, que había sido empresario de la plaza de Madrid. Procuró este hombre llevarlo a la capital, pero tardó en conseguirlo. Ya había ocupado antes una plaza de vacante en la cuadrilla de Juan Pastor <em>el Barbero</em>, aquel jaque juerguista. De su primera intervención en la plaza de la corte hay discrepancias entre los tratadistas, porque antes de 1843, fecha que se daba por cierta, se consigna al menos una actuación como peón en 1839 junto a Pastor.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="752" height="1024" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/12/1504px-thumbnail-752x1024.png" alt="" class="wp-image-21610" style="width:380px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/12/1504px-thumbnail-752x1024.png 752w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/12/1504px-thumbnail-220x300.png 220w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/12/1504px-thumbnail-768x1045.png 768w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/12/1504px-thumbnail-1129x1536.png 1129w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/12/1504px-thumbnail.png 1504w" sizes="(max-width: 752px) 100vw, 752px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>F. Aramburu, litografía, 1868.Anales del toreo, Velázquez y Sánchez. Colección Real Maestranza de Caballería de Ronda.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Consigue ser conocido y habitual en la capital a partir de 1845: en una corrida celebrada en mayo de ese año el cronista de <em>El Heraldo</em> reseña el comportamiento de uno de los bureles: “Salió el sexto toro, feo, pequeño y despreciable, con más cuernos que cuerpo. Tomó cuatro varas de cada picador para dejarlos a todos contentos. Notamos en él mucha aversión a un banderillero titulado <em>el Salamanquino</em>, pues apenas le veía en cualquier parte de la plaza le embestía con furor. En ese odio encarnizado y personalísimo que tenía el toro a aquel chulo debe haber algún secreto horrible de familia que no nos atrevemos a penetrar”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después figuró junto a Juan León y <em>Cúchares</em>, que lo emplearon ocasionalmente de media espada cuando ya comenzaba a ser el niño mimado de la afición madrileña junto a Cayetano Sanz. Con estas compañías aprendió no pocas lecciones. Alejandro Dumas lo menciona participando en una de las corridas que presencia en la plaza de la Puerta de Alcalá en 1846, durante los festejos por la doble boda de Isabel II con Francisco de Asís y de María Luisa Fernanda con el duque de Montpensier en su libro <em>De París a Cádiz</em>: “El número de toreros no es fijo; en esta ocasión había tres: Cúchares, Lucas Blanco y el Salamanquino. De estos tres sólo Cúchares goza de cierta fama”. Casas era el torero más joven de los que intervinieron en aquellas funciones. Poco después, sería el gitano Manuel Díaz <em>Labi</em> el que lo apadrinara en 1847 para iniciar su carrera de matador, fecha que tampoco está del todo clara que fuera cierta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando comienza a bajar a Andalucía a partir de 1850 ya ha intervenido en numerosas corridas junto a <em>Cúchares</em> por toda España, y su carácter se ha ganado la consideración de sus compañeros. Incansable en el ruedo, inteligente y atento a todas las escenas, sin ánimo de competencia con otros diestros, su comentada agilidad (era capaz de saltar la barrera sin apoyarse), sus deseos de mejorar sus deficiencias técnicas y su trato “jovial y caballeresco” despiertan las simpatías allí por donde pasa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es en el triángulo que forman Cádiz, Jerez y El Puerto de Santa María donde sería muy bien recibido y considerado. En 1851 torea en Cádiz con gran éxito y con tantas alabanzas que en el madrileño <em>El Enano</em>, periódico picante, burlón y pendenciero, como se definía en la cabecera, las tachan de exageraciones. En Sevilla un año más tarde gustó a la afición, tan rácana y quisquillosa con los diestros foráneos, y aunque le señalaron los defectos que había heredado por su mala formación de origen, supieron reconocer su valiente despliegue y entrega. Su vinculación con la provincia gaditana aumentó al casarse ese año “con una joven de 18 abriles, tipo de belleza andaluza, hija de honrados padres”, según anunciaba <em>El Constitucional</em>. En esa geografía cosecha éxitos alternando con <em>Labi</em>, Ezpeleta, José Carmona <em>Panadero</em>, <em>Cúchares</em>, <em>Desperdicios</em> y el burgalés Domingo Mendívil, también en plazas malagueñas y granadinas. Ciertos elogios publicados hacia 1853, “Cid tauromáquico, encanto de las bellas hijas del Guadalete, non plus ultra de los matadores, torero de este siglo sin disputa” hacen pensar, por desmedidos, que pudieran haber sido contratados. Se tiene constancia de que siempre procuró llevarse bien con la prensa taurina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus defectos con la espada le provocaron algunos disgustos y percances por su irregularidad y falta de pericia. Lo hacía de tal manera que se descomponía su apuesta figura, como quedó de manifiesto en una corrida en Madrid en junio de 1851, según el cronista de <em>El Enano</em>, que relató ocho intentos fallidos: “Y no las calificamos ni de pinchazos ni de volapiés bajos ni altos, porque ni volapiés, altos ni bajos, ni pinchazos fueron, que estuvo altamente desgraciado en este toro Julián”. En su segundo toro acertó a la primera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Heterodoxo por formarse sin reglas, trató en los inicios de improvisar, a su aire, pero con el tiempo su inteligente afición, pundonor y sus indudables progresos en banderillas y con el capote, sus deseos de aprender y estudiar, sin meterse en alardes de los que fue consciente que no podía ejecutar como le ocurría al principio, y su buena dirección de cuadrilla le sirvieron para ganarse el respeto de las distintas aficiones. No escatimó oportunidades que se le presentasen en numerosas plazas a lo largo de su extensa carrera, tanto en distintas provincias andaluzas como en el resto de España, fuera cual fuera el cartel. Portento físico, toreó mucho, lo que le permitió ganar buenos dineros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su afición se extendió a la cría de ganado bravo. Coincidiendo con sus años de triunfo en tierra gaditana, compró unas vacas procedentes de la ganadería de D. Álvaro Muñoz, de Ciudad Real, con el afán de tener una propia en el futuro. Una oportunidad inesperada le salió al paso para acelerar ese empeño en 1852, año en que el acuarelista inglés Lake Price lo incluye en la litografía que acompaña este texto. Se dio la circunstancia de que a dos toros del hierro del Marqués de Casa-Gavira les pusieron banderillas de fuego en una corrida en Madrid, un deshonor que no fue compartido por muchos aficionados. Esa ganadería procedía de D. José Gijón, conocida por la de la <em>Casa Real</em>, ya que una parte había pertenecido al patrimonio real. Eran toros bravos y nobles, muy del gusto del público, pero el propietario, muy contrariado y en desacuerdo, tomó una drástica decisión: degollar todas sus reses. En el caso de vender algunas, exigía que fueran sacrificadas en breve tiempo y se le enseñara como prueba la piel con el hierro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Casas consiguió del marqués la cesión de tres toros, que destinó a sementales de su vacada. Una vez cumplida su función procreadora, los tres acabaron en una corrida en Madrid. Sus descendientes se lidiaron más tarde en diferentes plazas con bastantes elogios por sus buenas condiciones. Sus afanes se extendieron a organizar corridas en diferentes plazas, actuando como torero y empresario, como cuando dirigió las corridas de San Fermín de 1858 o en Tortosa, con ganado propio. Interrumpió su labor de ganadero cuando marchó a Perú en 1868, donde pasó un año entero, llevando de segundos al atildado Gonzalo Mora y al sanluqueño Manuel Hermosilla, que llevaba una temporada haciendo las Américas como subalterno. Gustó tanto en la plaza de toros de Acho de Lima que la afición no quería que se marchase. A su regreso a España no alargó mucho más su presencia en los ruedos. Se reseña una corrida en Huelva como una de sus últimas actuaciones, triunfal, a decir de Velázquez y Sánchez, retirándose poco después a su finca en Béjar para dedicarse a la cría de ganado bravo y ocuparse de sus propiedades con buena administración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reapareció para una última actuación el 25 de enero de 1878, en el primero de los festejos reales organizados por la boda de Alfonso XII con doña Mercedes de Orleans. Tenía sesenta años, ya no estaba en forma y su actuación no fue lucida frente al toro que le correspondió, <em>Tendero</em>, berrendo en negro, capirote, botinero, apretado de cuerna, ligero y con muchos pies. Después de administrarle unos pases muy gallardos, su sempiterna deficiencia con la espada volvió a manifestarse pinchando seis veces y con dos caídas frente al morlaco. Comprobada la debilidad física del matador, y ante la petición del público, el rey ordenó mandar el toro a los corrales. Afligido y cabizbajo, Casas se retiró acompañado de una larga ovación como homenaje a su pundonor y su trayectoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volvió a su finca para disfrutar de una vida tranquila y acomodada, hasta su fallecimiento en 1882. Su existencia abarcó gran parte del convulso siglo XIX español, las tres guerras carlistas y los sucesivos cambios de gobiernos que provocaron los vaivenes políticos en una danza de alzamientos, pronunciamientos y revoluciones. No fue un torero de primera magnitud en un período de grandes figuras, coincidiendo con la última etapa de Montes, con el <em>Chiclanero</em>, Juan León, Manuel Domínguez Desperdicios o <em>Cúchares</em>, palabras mayores, con los que se codeó con enorme dignidad torera. En su haber, se considera que gracias a él los públicos andaluces comenzaron a mirar con mejores ojos a los diestros de más allá de Despeñaperros, rompiendo con los prejuicios anteriores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografia</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez.&nbsp; <em>Anales del toreo.</em>&nbsp; Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sánchez de Neira, J.<em> El toreo: gran diccionario tauromáquico</em>. Madrid: Imprenta y librería de Miguel Guijarro, Ed., 1879</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un aficionado. <em>Historia de la plaza de toros de Madrid.</em> Imprenta y librería de Eduardo Martínez, Madrid, 1883.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dos aficionados. <em>Historia de las principales ganaderías de toros de España</em>. Imprenta del Guadalete, Jerez, 1876.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Santa Coloma, José. <em>Apuntes biográficos de los diestros que más se han distinguido en el arte de torear</em>. Folletín del Tábano. Imprenta a cargo de J. López, Madrid, 1872.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Santa Coloma, José. <em>Fiestas reales de toros.</em> Imprenta de Anastasio Moreno, Madrid 1878.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Imp. De D. Anselmo Sta. Coloma, Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dumas, Alexandre. <em>Impressions de voyage de París a Cadix</em>. Michel Lévy Frères, Libraires-Éditeurs. París, 1847. Publicado por Espasa Calpe, 1929.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2024/12/17/julian-casas-el-salamanquino-torero-del-siglo-xix/">Julián Casas el Salamanquino, el torero dinámico.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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		<title>Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXXVI). José y Manuel Carmona, los toreros Panaderos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Nov 2024 08:39:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Plaza y Museo]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Bibliografías]]></category>
		<category><![CDATA[Cartel taurino]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Familia taurina del sevillano barrio de San Bernardo, activos a partir del ecuador del siglo XIX, maestros de Rafael Molina Lagartijo, instructor taurino el segundo del pintor Ignacio Zuloaga»</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hermanos mayores de Antonio Carmona<em> el Gordito</em>, del que ya nos ocupamos en este blog; no llegaron a su altura y fama, pero fueron considerados siempre como toreros muy notables en un período de transición de la fiesta. El sobrenombre de <em>Panadero </em>responde al negocio familiar de sus padres, en un caso parecido a lo que ocurriera con los hermanos Ruiz, llamados los <em>Sombrereros</em> por idéntico motivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Naturales del barrio de San Bernardo, José nació en marzo de 1825, cuando Sevilla iniciaba la transformación urbana de su casco histórico, con derribo de gran parte de su muralla. Sus padres eran propietarios de una tahona en la calle Ocho Hornos, y su propósito era dar una educación superior a su hijo, que creció jugando al principal entretenimiento de los jóvenes de ese arrabal, que no era otro que jugar a los toros, sorteando y capeando reses en el corral del matadero o en la dehesa de Tablada. No sospechaba el adolescente que al entrar el negocio familiar en crisis esos divertimentos, que alternaba trabajando en la panadería, se convertirían en su mejor opción profesional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con dieciocho años decide afrontar esa carrera, después de soportar el bombardeo de la ciudad durante la sublevación de 1843 contra el regente Espartero, con especial incidencia en su barrio. Comenzó como banderillero del bravo Juan León en varias corridas, y después fue pasando a las cuadrillas de Juan Pastor, <em>la Santera</em> o Manuel Trigo, actuando en plazas extremeñas, andaluzas y haciendo incursiones en Portugal, hasta que en 1846 ingresa en la del gran José Redondo <em>el Chiclanero, </em>que le brinda apoyo y continuidad, aupándolo a alternar como media espada, presentándolo en Sevilla y que marcará con su influencia su futura capacidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1850 mata su primer toro cedido por Juan Pastor, y sus buenas actuaciones posteriores le valen una contrata para Sevilla, donde alterna con Lucas Blanco y con el elegante Cayetano Sanz, que lo hacía por primera vez en la Maestranza.&nbsp; Al fallecer prematuramente Redondo en 1853, José cuenta ya con cuadrilla propia, pero tiene que buscarse la vida en plazas menores, o conformarse con arreglos de media espada debido a las competencias habituales en el gremio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Manuel, nacido en 1832, un año en el que llega el cólera morbo a la ciudad, se había fogueado igualmente en toriles, cerrados o corralejas de pueblo junto a otros aspirantes, sin más instrucción taurina que la que se procuraba por sus mañas. Se une a la formación de su hermano como banderillero durante tres años para después pasar a la de Manuel Domínguez <em>Desperdicios, </em>con quien recorre toda España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esos tiempos son los mantenedores de la familia, con el auxilio del más pequeño, Antonio, que en 1854 y durante otra oleada de cólera que suspende muchos festejos se contrató como peón de albañil en el edifico de la fundición de cañones. Superada la crisis, vuelven a juntarse los Carmona y ya con la participación del menor, que se convierte en la principal atracción por su precoz espectacularidad en banderillas, aprendidas de los recortadores portugueses, de modo que son reclamados en las mejores plazas. En 1857, después de actuar exitosamente en Madrid, las ganancias adquiridas les permiten sacar a su familia de la necesidad y trasladarlos a una mejor casa en la calle de las Doncellas de la parroquia de Santa María la Blanca, cercana a su barrio natal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los años siguientes son de éxito total de los hermanos, una vez que Manuel también tomara la alternativa en Sevilla, con triunfos sonados en plazas de Andalucía, como en la de Ronda, y en las de media España. En 1862, poco después de otorgar el doctorado a Antonio, que se separó de ellos para iniciar su fulgurante carrera, José decidía retirarse a disfrutar de lo ganado, llevando una vida tranquila y sin alardes, ocupándose de sus padres y “frecuentando poco la sociedad, hoy tan revuelta y <em>ajitada</em> por pasiones tempestuosas”, según Velázquez y Sánchez.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.realmaestranza.com/mecenazgo/archivo-y-biblioteca/"><img loading="lazy" decoding="async" width="681" height="1024" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/11/1852-F04_0239-681x1024.jpg" alt="" class="wp-image-21470" style="width:362px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/11/1852-F04_0239-681x1024.jpg 681w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/11/1852-F04_0239-200x300.jpg 200w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/11/1852-F04_0239-768x1154.jpg 768w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/11/1852-F04_0239-1022x1536.jpg 1022w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/11/1852-F04_0239.jpg 1132w" sizes="(max-width: 681px) 100vw, 681px" /></a></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Cartel de la actuación de José Carmona el 9 de mayo de 1852 en la plaza de toros de Sevilla. Archivo Real Maestranza de Caballería de Sevilla.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Manuel, sin embargo, alargó su primera etapa taurina con cuadrilla propia hasta 1866, año en el que se apartó de los toros a solicitud de su mujer y después de sufrir cornadas serias. Se dedicó a llevar un despacho de carne junto a la casa familiar, pero en 1875 pone fin a su retirada, quizás por necesidad económica, y decide reaparecer en Sevilla con José Cineo <em>Cirineo</em> de segundo y con Fernando Gómez <em>Gallito chico</em> de media espada, una decisión que no fue compartida por sus hermanos, y mucho menos por el benjamín. Argumentaba <em>el Gordito</em> que después de nueve años de inactividad no estaba en condiciones y que corría peligro de un percance fatal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodista Aurelio Ramírez Bernal, amigo de Manuel, cuenta en su biografía de<em> Lagartijo</em> una anécdota durante una corrida en Jerez de la Frontera, en la que alternaban Antonio Carmona y Arjona Reyes <em>Currito</em>. Fueron el escritor y el <em>Panadero</em> a ocupar unas localidades muy cerca de la barrera. Cuando estaban cerca, Manuel le espetó a su hermano:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿Me echo a la plaza y toreo?</li>



<li>No &#8211; replicó <em>Gordito</em> -. Ahí <em>sentao</em> y viendo es como quiero hallarte siempre.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Poco después surgió la posibilidad de que Manuel toreara en Madrid con su hermano, a lo que éste se negó en redondo. Después de sufrir de nuevo la animadversión del público madrileño, <em>Gordito</em> decidió no torear más en la capital y Manuel, a pesar de los consejos de su familia, inició una segunda etapa de tres años, la más exitosa de su carrera, reclamado tanto en Madrid como en Sevilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se despidió de la corte el 26 de enero de 1878, invitado a participar en los festejos reales con motivo de la boda de Alfonso XII y Doña Mercedes de Orleans, funciones mixtas con caballeros poniendo rejoncillos y las máximas figuras del toreo a pie del momento. En lidia ordinaria, a Manuel le tocó el toro <em>Milagroso</em>, que se haría famoso por arremeter contra la guardia de alabarderos situada debajo del palco real mientras Manuel iniciaba el brindis. “El belén que se armó fue gordo”, relató el corresponsal de <em>El Toreo</em>. En vez de retroceder al sentir los pinchazos de las alabardas como todos los cornúpetas anteriores, “siguió metiendo cabeza y aguantando lanzazos hasta que logró arrinconarlos, penetrando en la parte del callejón que defendían”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los alabarderos no abandonaron el puesto, y siguieron luchando a brazo partido hasta que las cuadrillas acudieron al rescate. Superado el trance, con muchos guardas maltrechos, Manuel pudo rematar la faena con buena nota, una faena corta, corriente en esa época, cuatro o cinco pases para poner al toro en suerte.&nbsp; La cabeza de <em>Milagroso</em> se colgó posteriormente en el cuartel de la guardia. Después de aquello, el segundo de los<em> Panaderos</em> toreó una última vez en Sevilla y se retiró definitivamente. A partir de entonces el gusanillo lo calmó ya sin público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abrió un negocio de chacinas y aceitunas, que le funcionó regular, y en 1893 montó una escuela taurina en una placita cercana al matadero. Así lo recoge J.M. Villén:<em> “</em>De tauromaquia, una escuela / Ha establecido en su casa / Donde buenos ratos pasa, / Que en enseñar se desvela”. Alumnos suyos fueron Pierre Cacenabe, conocido como Felix Robert, el primer francés en tomar la alternativa, que no usaba coleta, pero a cambio lucía un espléndido mostacho, y el pintor Ignacio Zuloaga, que se había instalado en Sevilla el año anterior, época crucial de su vida con honda huella en su obra, conviviendo con bailarinas, flamenquitos y toreros. Existe el cartel de una función en abril de 1897 de dos novillos de muerte y dos de capea en ese recinto en el que figura con su nombre y el apodo<em> el Pintor</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La familia Carmona fue relevante para los inicios y posterior desarrollo de una de las grandes figuras de la historia de la tauromaquia, la del primer califa del toreo, Rafael Molina <em>Lagartijo, </em>a quien llevaron en sus cuadrillas siendo muy joven. En efecto, a través del picador Onofre Alvarez tuvieron noticias de un chiquillo que formaba parte de una cuadrilla de niños cordobeses, el más pequeño, al que llamaban <em>el Chico</em>. Después de verlo quebrar un toro en Algeciras, José aconsejó involucrarlo para que los acompañara como banderillero meritorio. A la postre ingresaría en la formación de Antonio, para después ser competidores hasta que el alumno superó al maestro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">José falleció de apoplejía fulminante en 1881, año de terribles riadas que hundieron los muelles del puerto. Manuel acabó sus días en 1899 por pulmonía. Como toreros fueron muy diferentes. El primero se formó con maestros importantes, sobre todo con José Redondo, del que heredó la impronta de la escuela de Chiclana de Montes, como puso de manifiesto Velázquez y Sánchez en sus <em>Cartas Tauromáquicas</em> que firmaba como <em>Don Clarencio</em>: “el osado Panadero que en su continente airoso parece un vivo recuerdo del señor José Redondo”. De su fácil aplomo hizo luego abuso de lucimientos, que le acarrearon cogidas evitables, hasta que fue paulatinamente reduciendo el riesgo de los lances al final de su carrera. Por su parte, Manuel no gozó de una formación taurina comparable, pero su falta de conocimientos la compensó siempre con valentía y entrega, temerario hasta la insensatez, adscrito a la versión bulliciosa de la escuela sevillana de <em>Cúchares</em>, y fue, como señala Cossío, el de mayor afición de los tres hermanos. Un rasgo común los unió siempre: fueron buenos hijos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografia</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez.&nbsp; <em>Anales del toreo.</em>&nbsp; Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sánchez de Neira, J.<em> El toreo: gran diccionario tauromáquico</em>. Madrid : Imprenta y librería de Miguel Guijarro, Ed., 1879</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sicilia de Arenzana, Francisco. <em>Las corridas de toros: su origen, sus progresos y sus vicisitudes</em>. Madrid : [s.n.], 1873 : imprenta y litografía de N. González</p>



<p class="wp-block-paragraph">Villén, Juan Manuel. <em>Semblanzas taurinas y de personajes ilustres y deslustrados</em>. Sevilla : Librería de José G. Fernández, 1886</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mínguez, Federico y Berned, J.Adan. <em>Curiosidades taurinas</em>. R. Velasco Impresor. Madrid, 1892.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Peña y Goñi, Antonio. <em>Lagartijo y Frascuelo y su tiempo. </em>Imprenta y Litografía de Julián Palacios. Madrid, 1887.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez, José (Don Clarencio). <em>Colección completa de la cartas tauromáquicas</em>. Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos,Universidad de Sevilla. Pinelo Talleres Gráficos, Sevilla, 2011</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ramírez Bernal, Aurelio.<em> Los grandes sucesos de la vida taurómaca de Lagartijo</em>. Málaga : [s.n.], 1901 : Imprenta de Zambrana Hermanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Toreo. 27 de enero de 1878. Año V. Num. 112, Madrid.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXXV). José Cineo Cirineo, el torero alcoholizado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Sep 2024 09:38:18 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>«Torero garboso, protegido por Antonio Carmona el Gordito, que triunfó como novillero y actuó en las mejores plazas de España después de su alternativa, hasta que su afición a la bebida y las juergas le pasaron fatal factura destrozando su carrera y su vida»</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Ahí ten</em><em>é</em><em>is al Cirineo, / Jaque, cual buen andaluz, / Mas no puede con la cruz / Que le echa encima el toreo. / </em><em>É</em><em>l, si se ofrece, funciona, / Y esto muy de tarde en tarde.</em>&nbsp; (Villén, Juan Manuel)</p>



<p class="wp-block-paragraph">“En ignorada cama del Hospital provincial ha fallecido el que fue, hace treinta años, gloria de la escuela sevillana y orgullo y alegría de su afición”, fue el obituario que le dedicó la revista <em>Sol y Sombra</em> a José Cineo, que dejó de existir en Sevilla el 13 de diciembre de 1899.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue protagonista de muchas tardes en la Maestranza, sobre todo enfrentado al que sería su máximo rival, el malogrado José Giráldez <em>Jaqueta</em>, del que nos ocupamos en el capítulo anterior. Había nacido el 2 de febrero de 1841, y como muchos mozalbetes su ingreso en el oficio taurino se forjó en capeas populares, junto a tipos como José Machío, de familia de toreros, o el mismo <em>Jaqueta</em>, cuatro años mayor que él. A los diecisiete ya acompañaba a algún novillero en festejos menores por Andalucía y Extremadura, hasta que sus buenas maneras le permitieron torear con los maestros <em>Cúchares</em> y Manuel Domínguez por la provincia de Cádiz, antes de su estreno novilleril, que tuvo lugar en la Maestranza en julio de 1864. Tuvo tanto éxito que le programaron para numerosas novilladas, citas en las que iba a encontrarse con <em>Jaqueta</em>. Durante tres años llenaron los tendidos de aficionados que se comportaban como los hinchas del fútbol actual, tomando partido por uno o por otro de forma tan vehemente que podían llegar a provocar enfrentamientos violentos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="722" height="1024" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/09/1866-F03_0183-722x1024.jpg" alt="" class="wp-image-21399" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/09/1866-F03_0183-722x1024.jpg 722w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/09/1866-F03_0183-211x300.jpg 211w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/09/1866-F03_0183-768x1089.jpg 768w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/09/1866-F03_0183-1083x1536.jpg 1083w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/09/1866-F03_0183-1444x2048.jpg 1444w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/09/1866-F03_0183.jpg 1701w" sizes="(max-width: 722px) 100vw, 722px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Cartel de la función taurina celebrada en Sevilla el 7 de octubre de 1866. Colección Real Maestranza de Caballería de Sevilla.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta rivalidad enconada también se alimentaba porque ambos eran protegidos por dos toreros sevillanos del barrio de San Bernardo en feroz competencia, Cineo por Antonio Carmona <em>el Gordito</em> y Giráldez por Antonio Sánchez <em>el Tato.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A esta circunstancia pertenece la corrida celebrada el domingo 21 de junio de 1868, en la que los dos matadores alternaban con <em>Frascuelo</em> en la plaza de la Puerta de Alcalá de Madrid y que marcó un hito en esta controversia. En esa plaza las preferencias del público se inclinaban por <em>El Tato, </em>mientras que Sevilla era más de <em>Gordito. </em>Los preliminares de lo que se avecinaba llamó la atención de la prensa. “Antes de dar principio la función, notábase entre los concurrentes cierta marea que indicaba eran exactas las noticias que se nos habían dado anticipadamente”, según el corresponsal del <em>Boletín de Loterías y Toros</em>. Se refería a la cantidad de cencerros, pitos y otros instrumentos en los tendidos que portaban grupos “que pudiéramos llamar organizados y que parecían obedientes a una voz”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La misión de esos grupos era castigar ruidosamente a <em>Gordito</em> y a su cuadrilla, en especial a <em>Cirineo</em>, al que los aficionados culpaban de una pita instigada en contra de <em>El Tato</em> en una corrida anterior en Sevilla. Y así fue, a <em>Cirineo</em> le pitaron desde que salió a la arena, y a Antonio Carmona consiguieron desquiciarlo incluso con lanzamientos de naranjas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de aquella infausta tarde Cineo vuelve a torear novillos y acompaña a <em>Gordito</em> en varios festejos como media espada. Se relata una anécdota de uno de esos viajes en el libro <em>Curiosidades taurinas</em>. Por razones que no se explican, Carmona y su cuadrilla se vieron obligados a recorrer varias leguas a pie en una jornada de verano para trabajar en Jerez de los Caballeros, con el único auxilio de un caballo que cargaba el baúl y los útiles de su profesión. Al llegar a una venta, después de cuatro horas subiendo y bajando cuestas, Carmona dijo que era “una hora superior pa que nos tomemos aquí un gazpachito mu gracioso”. Es sabido que el célebre matador era muy mirado con los gastos. “Señó Antonio, ¿no sería mejó que en vez de ese gazpacho tan grasioso nos tomáramos unos pollitos con tomate mu desaboríos?, propuso Cineo, que ya tenía fama de ocurrente, valentón y fiestero. La sugerencia fue aceptada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco después su protector <em>Gordito</em> le concedió la alternativa en Sevilla en 1869. En 1870 no toreó en Sevilla por desavenencia con la empresa y marchó a América, a Montevideo según algunos, y a Buenos Aires o Lima según otros. Al regresar pasó tres años toreando en importantes plazas de España, a veces como media espada o en corridas de cuatro toros llevando a un sobresaliente, cosechando buenas actuaciones y labrándose un buen nombre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No tuvo mucha suerte en sus pocas apariciones en la plaza de Madrid, donde alternó por primera vez en mayo de 1874 con <em>Frascuelo</em> como jefe de lidia y junto a su rival de siempre, <em>Jaqueta, </em>el año en el que expiraba la fugaz Primera República.El toro <em>Rompelindes</em> de Dolores Monge le dio un puntazo en el cuello, por lo que no pudo matar al toro que era de su confirmación. No estuvieron lucidos los dos jóvenes, como tampoco lo estuvo Cineo en la corrida de junio de ese año alternando con <em>Currito</em>, el hijo de <em>Cúchares,</em> y con <em>Frascuelo</em> de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Destacó siempre por su elegante toreo de capa, que al parecer había aprendido de Domínguez, hasta el punto de que el comentarista taurino Manuel de la Riva afirmó que “de los toreros antiguos de mi tiempo, éste y <em>Cara Ancha</em> han sido los que más me han satisfecho a mí toreando de capa”. Añadía a su repertorio un fino uso de la muleta y como estoqueador era eficiente con “los toros que se le venían”, pero con aquellos con los que tenía que poner de su parte “variaba la decoración”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En agosto de 1876 interviene en la Maestranza en una corrida de cuatro toros y dos novillos con Hipólito Sánchez Arjona y un acompañante particular, conocido como <em>El Inglés</em>, Juan O’Hara, que se había ofrecido a matar los novillos sin cobrar, algo que repitió en varios cosos españoles durante dos años. En realidad, era irlandés, oficial del ejército que al ser destinado a Gibraltar se aficionó a la tauromaquia, dejó la carrera militar y recibió clases de <em>Gordito </em>para convertirse en matador de novillos. Al año siguiente regresó a su tierra. James Joyce lo menciona en su obra <em>Ulises</em>. En esa tarde, el corresponsal de <em>El Toreo</em> reconoció la serenidad y aplomo del “simpático diestro”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esas fechas las facultades de Cineo comenzaban a resentirse por la bebida y su afición a las juergas, “célebre por sus esplendideces”, en las que se gastaba el dinero que ganaba, casi al mismo tiempo que iniciaba similar declive su rival<em> Jaqueta, </em>unidos tambiénen su descenso a los infiernos<em>.</em> Ante la merma creciente de oportunidades regresa a la condición de novillero, toreando cada vez menos. Una tarde en Sevilla de octubre de 1882 presentó en su cuadrilla a un joven llamado Manuel García Cuesta, hijo de un espartero de la plaza de la Alfalfa, sobrenombre por el que se haría famoso, y que se convertiría a la postre en su principal bienhechor. Para darle ocasión de que se ganara unos cuartos lo llevaba de vez en cuando como banderillero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del buen recuerdo que aún permanecía en la memoria de la afición sevillana es testimonio la voz que salió del tendido el 26 de diciembre de 1886 (fecha que sería improbable hoy) en corrida que protagonizaba <em>El Espartero</em> como único espada. Lo relata el crítico Carrasquilla en su particular estilo: “Se llamaba el tercero <em>Cristalino</em>, y era del mismo pelo y facha que sus hermanos anteriormente citaos. Apenas asomó la jeta po er chiquero comenzó la turba multa á gritá: —¡Que capee Cirineo!”. Según el cronista, lo intentó, pero el toro “no tenía condiciones a propósito”. Más adelante, en la faena al cuarto toro, en la que pone banderillas, se compadece de él: “¡pobretico Cirineo, a lo que ha venío a pará!”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando ya no le llamaban ni para participar en mojigangas, llegó a trabajar como peón de albañil en la casa de <em>El Espartero, </em>que nunca dejó de auxiliarle. Cuando el miura<em> Perdigón</em> segó la vida de Manuel Cuesta en la plaza de Madrid en 1894, subsistió de mala manera ayudado por <em>Algabeño</em> y otros compañeros, hasta que “achacoso y casi ciego” tuvo que ingresar en el Hospicio Provincial de Sevilla, donde “víctima de la miseria y la tristeza” acabarían sus días. Se llegó a comentar que varios matadores de toros habían acordado costear un solemne entierro al infeliz, pero la realidad es que recibió humilde sepultura en el cementerio de San Fernando dos días después.</p>
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		<title>Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXXIV). José Giráldez Jaqueta, el torero chiflado</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jul 2024 07:30:57 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«El 20 de mayo de 1864, en la plaza de Ronda, actuaron los toreros sevillanos Juan Martín "La Santera" y José Giráldez "La Jaqueta". Mientras Martín, al borde de la retirada, recibió elogios por su actuación, Giráldez, cuyo nombre comenzaba a sonar por sus buenas cualidades, no tuvo una buena tarde. Enfrentaron al toro Marismeño de Murube, famoso por recibir cincuenta y una varas. Después de caer a los pies de Martín, el toro fue paseado mientras sonaba un pasodoble en su honor. Sin embargo, Giráldez fue duramente criticado por su actuación temerosa»</p>
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<p class="wp-block-paragraph">El 20 de mayo de 1864 actuaron en la plaza de Ronda dos toreros sevillanos naturales del barrio de San Bernardo. Uno, Juan Martín <em>La Santera</em>, al borde de la retirada (lo haría dos años más tarde); el otro, en calidad de media espada, era José Giráldez, cuyo nombre comenzaba a sonar por sus buenas cualidades. Fue la tarde en la que salió <em>Marismeño</em>, un toro de Murube que ostenta el registro de recibir cincuenta y una varas, “rosado, de cuatro años, flaco y sin pelechar, cornicorto, boyante”, según el corresponsal del Boletín de Loterías y Toros, jornada de la que ya nos ocupamos en la biografía de Juan Martín en este blog. Cuando cayó a los pies de <em>La Santera</em>, el morlaco fue paseado por el redondel mientras se tocaba un pasodoble en su honor. El veterano Martin recibió elogiosos comentarios, pero no parece que fuera una buena tarde para su acompañante. “La Jaqueta, temeroso y bailando siempre; estaría mejor con un par de palillos y una compañera bailando sevillanas”, lo despachó el crítico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Giráldez ya se había presentado en Sevilla como novillero en marzo de ese año. Un mes después de su desafortunada actuación en Ronda lo haría en Cádiz en una corrida benéfica para la construcción de un asilo para pobres mendigos, con la participación de José Carmona <em>Gordito</em> y <em>El Tato</em>, en cuya cuadrilla figuraba nuestro protagonista como banderillero. Víctor Caballero y Valera, escritor y periodista gaditano, publicó un folleto para celebrar el acontecimiento titulado “Ya tienen casa los pobres”, en el que escribió un largo poema describiendo la corrida, con un verso que dice: “¿Quién tiene a la gente inquieta? Jaqueta”. A lo largo de su carrera siempre demostró más valor que prudencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su trayectoria fue una montaña rusa. Hijo de un cabestrero que conducía ganado al matadero, nacido en 1837, desde pequeño se familiarizó con el comportamiento de las reses ayudando a su padre. Se aficionó a sortear toros en la dehesa de Tablada, aventuras en las que lo acompañaban Juan Martín y José Cineo <em>Cirineo</em>, con el que tendría competencia más tarde. Entre 1860 y 1861 comienza a despuntar como banderillero de algunos novilleros menores en plazas andaluzas y extremeñas. Pronto llama la atención de dos figuras como Manuel Domínguez y <em>El Tato</em>, que se lo lleva como miembro de su cuadrilla.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="750" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-1024x750.jpg" alt="" class="wp-image-20967" style="width:703px;height:auto" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-1024x750.jpg 1024w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-300x220.jpg 300w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-768x562.jpg 768w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-1536x1125.jpg 1536w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2024/07/1869-F03_0196-2048x1500.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Cartel de la corrida celebrada el 8 de agosto de 1869. <a href="https://www.realmaestranza.com/mecenazgo/archivo-y-biblioteca/">Archivo Real Maestranza de Caballería de Sevilla</a>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya como novillero adquiere mucha popularidad por sus particulares maneras, y actúa de media espada con Cayetano Sanz y <em>Lagartijo</em>. No le faltan contratas, y coincide varias tardes con su amigo José Cineo, con el que va a mantener una de las rivalidades más vehementes de la historia taurina en Sevilla, aunque olvidada. Entre 1867 y 1868 alcanza una virulencia extraordinaria, protagonizando numerosos carteles con los tendidos llenos para regocijo de la empresa, tardes en las que partidarios de uno y otro no era raro que llegasen a las manos. La competencia se repetiría también como matadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esos años son tiempos revueltos en política, que culminan con la revolución de septiembre, llamada la Gloriosa, que conduce a Isabel II al exilio y al comienzo del Sexenio Democrático (1868-1874). Período que va a coincidir con los mejores años de <em>Jaqueta</em>. En mayo de 1869 José Carmona <em>el Gordito</em> le concede la alternativa en la Maestranza, que confirma en Madrid en septiembre apadrinado por <em>Lagartijo</em>, que le guarda estimación desde que ambos eran subalternos. Con estos avales firma una gran cantidad de corridas con todos los toreros importantes de la época, sobre todo por Andalucía, en las que luce su personalidad, su habilidosa forma de banderillear en todos los terrenos y un serio conocimiento de la lidia; sin alardes, pero eficaz con el capote, y con el uso de una muleta muy pequeña, que a la hora de matar solía arrojar para volcarse sobre los toros con un pañuelo o un reloj por toda defensa. Este alarde fue recogido en un poema de J.M. Villén en su libro de semblanzas taurinas:<em> Gran valor tiene Jaqueta, /Pues llega hasta la locura; / Y con la mayor frescura, /Tira a veces la muleta: / Saca el bordado pañuelo, / Del bicho se pone enfrente, /Y á estocada, de repente, / Le hace rodar por el suelo.</em><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En los intervalos solía retirarse al campo y practicar en cerrados. Ya era conocida y comentada su, al parecer, desmedida afición a la bebida, hasta el punto de que comenzaría pronto a pasarle factura. En 1874 comienza su particular calvario. En agosto mata al último toro que se lidió en la plaza de la Puerta de Alcalá llamado <em>Mirand</em>a, berrendo en negro. No fue una corrida de las llamadas serias, para la clausura se organizó un espectáculo variopinto. Dos toros del duque de Veragua, dos novillos embolados, un toro picado en burro y banderilleado por dos hombres y dos mujeres, al que intentó dar muerte la veterana Martina García en la que sería su última actuación. Tenía sesenta años y una trayectoria de más de cuarenta, banderillera, protagonista de numerosas mojigangas y corridas mixtas, a la que se la conocía como <em>Lagartijo mujeril</em>. Según el Boletín de Loterías y Toros no pudo culminar la suerte suprema al ser “cogida y conmocionada”. La jornada finalizó con la suelta de ocho novillos para el público aficionado, “capeándose el último con luces de bengala”. El crítico Antonio Peña y Goñi, espectador aquel día, no guardó buena memoria del último acto de un templo donde había visto a los mejores: “¡Triste espectáculo en verdad! Una cuadrilla de harapientos comparsas dirigida por <em>Jaqueta</em>, cuatro mujeres grotescas y repugnantemente disfrazadas, un tal Morrito y otro tal Setale subidos en zancos…”</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Jaqueta</em> entró en crisis en octubre del mismo año, aquejado de “enfermedad mental” y se retiró de los ruedos. Tres años permaneció apartado, hasta que un tanto restablecido, con la ayuda de aficionados y toreros consiguió unas corridas en calidad de novillero. Su mentor de entonces y consejero era el veterano torero Manuel Arjona, que en una de estas novilladas estuvo ausente, lo que le produjo a <em>Jaqueta</em> una gran inquietud. Ramírez Bernal recoge el extraño brindis que realizó, en el que se advierte un trastorno: “Señó presiente: brindo por usía, por su acompañamiento. Manolo dijo que iba a viní y no ha vinío. Er toro las trae; veremos lo que aquí va a pasá esta tarde”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Corría el año 1877 y el caso es que en su reaparición en Sevilla entusiasmó, y consiguió repetir triunfos en la misma plaza y en otras de Andalucía, hasta que en septiembre <em>Lagartijo</em> le concedió su segunda alternativa en la Maestranza. No estuvo mal en sus dos toros, jaleado generosamente por sus partidarios, aunque en el segundo que cerraba plaza se enredó con la espada empecinado en su costumbre de hacerlo sin muleta y sustituirla por un reloj, metió numerosos pinchazos y terminó con un bajonazo. Ciertas voces reclamaron que no se podía permitir que un enfermo mental saliera a los ruedos. “Los que se creían -¡ilusos!- que el chiflado <em>Jaqueta</em> pudiera vencer a Rafael, quedaron humillados y confusos. De nada servían las tonterías de Jiráldez”, escribió Ramírez Bernal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de entonces consiguió alargar su carrera unos cuantos años más a medida que avanzaba el proceloso siglo XIX español, toreando cada vez menos mientras se lo permitían sus desvaríos, por los que ganó fama de borracho y de loco a partes iguales, sufriendo dos cornadas de importancia y alternando más con novilleros que con toreros o en espectáculos menores, como el que protagonizó ya en franca decadencia en Sevilla en 1886, una becerrada en la que intervenía una cuadrilla de “negritos, mulatos y blancos” como reza el cartel, con la actuación entre otros de un tal <em>Mulato de la Alameda</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de todo en Sevilla seguía teniendo cartel, y allí toreó por última vez en septiembre de 1890 con <em>el Boto</em> y con Reverte. Como fue muy aplaudido se quiso repetir su convocatoria, pero su estado debía ser tan alarmante que el mismo gobernador de la provincia no concedió permiso. En 1892 se refugió en casa de una hermana en La Línea de la Concepción, sumido en su extravío hasta su fallecimiento en 1902.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Lagartijo</em>, que tenía por él gran cariño, declaró en una ocasión: “<em>Jaqueta</em> estaba llamado a quitarle los moños a más de cuatro y el pobre perdió la cabeza”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Velázquez y Sánchez.&nbsp; <em>Anales del toreo.</em> &nbsp;Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e históric</em>o, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sánchez de Neira, J.<em> El toreo: gran diccionario tauromáquico</em>. Madrid: Imprenta y librería de Miguel Guijarro, Ed., 1879</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sicilia de Arenzana, Francisco. <em>Las corridas de toros: su origen, sus progresos y sus vicisitudes</em>. Madrid: [s.n.], 1873 : imprenta y litografía de N. González</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tárrago y Mateos, Torcuato. <em>Reseña histórica de la plaza de toros de Madrid construida en 1749 y derribada en 1874</em>. Madrid: [s.n.], 1874 : Imprenta de Manuel Minuesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Villén, Juan Manuel. <em>Semblanzas taurinas y de personajes ilustres y deslustrados</em>. Sevilla: Librería de José G. Fernández, 1886</p>



<p class="wp-block-paragraph">Peña y Goñi, Antonio. <em>Lagartijo y Frascuelo y su tiempo. </em>Madrid: [s.n.], 1887 : Imprenta y Litografía de Julián Palacios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ramírez Bernal, Aurelio.<em> Los grandes sucesos de la vida taurómaca de Lagartijo</em>. Málaga: [s.n.], 1901 : Imprenta de Zambrana Hermanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Caballero y Valero, Víctor. <em>Ya tienen casa los pobres</em>. Cádiz : [s.n.], 1864: Imp. de Filomeno F. de Arjona</p>
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		<title>Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXXII). Manuel Trigo, el torero asesinado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Sep 2022 10:45:06 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El pequeño Manuel, nacido hacia 1818, quedó a cargo de una madre pobre y con el único sustento de sus dos hermanas costureras. El niño se convirtió en un vagabundo por las calles del barrio del Arenal y los muelles del río. El cronista Velázquez y Sánchez, que lo trató, cuenta que se familiarizó “con los espectáculos inmorales de aquellos sitios”, ambiente de “costumbres depravadas entre barateros, prostitutas, jugadores, floristas, rateros, vagos y demás especies de la familia inmunda”.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La escena final es una trifulca gratuita y trágica. En la taberna de las Tablas de la sevillana calle Cuna, durante una tarde calurosa de agosto, dos toreros, amigos de juventud, hablan de sus cosas hasta que entra una pareja de “guapos” que los reconocen y les invitan a un trago. El rechazo de uno de los matadores enciende un amor propio dislocado y los camorristas pretenden que beba a la fuerza. Manuel Domínguez <em>Desperdicios</em>, hombre bragado y de poca broma, que se había batido con gauchos en las pulperías de la Pampa, abofetea a uno de ellos. Relucen los aceros, ruedan mesas, cae el candil que alumbra el establecimiento, la oscuridad envuelve a los protagonistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si el destino fuera una herencia, Manuel Trigo debería saber que su final estaba anunciado. Su abuelo fue muerto a balazos por dos guardas borrachos en el camino de Gines. El padre, vecino del barrio de la Carretería, que se oponía a las relaciones de una de sus hijas con un carabinero de la Maestranza de Artillería, fue asesinado por el novio en el cercano muelle del Guadalquivir con una de las agujas que servían para coser las cargas. El asesino se dio a la fuga y se perdió su pista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El pequeño Manuel, nacido hacia 1818, quedó a cargo de una madre pobre y con el único sustento de sus dos hermanas costureras. El niño se convirtió en un vagabundo por las calles del barrio del Arenal y los muelles del río. El cronista Velázquez y Sánchez, que lo trató, cuenta que se familiarizó “con los espectáculos inmorales de aquellos sitios”, ambiente de “costumbres depravadas entre barateros, prostitutas, jugadores, floristas, rateros, vagos y demás especies de la familia inmunda”. A la edad de once años, formando parte de uno de los bandos de mozalbetes que se enfrentaban habitualmente recibió una tremenda pedrada en la frente que a punto estuvo de desgraciarlo. De aquel incidente le quedaría de recuerdo una cicatriz perenne.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resuelta la familia a alejarlo de esas relaciones, lo colocaron en un trabajo que marcaría el rumbo de su vida, un establecimiento de sombrerería basta en la calle Tintores que pertenecía a los toreros Antonio y Luis Ruiz, que se hicieron famosos como<em> los Sombrereros</em>, local que también frecuentaba Juan León hasta que las divergencias políticas los enfrentó. En aquel mentidero de toreros y aficionados, el joven Manuel, que a pesar de su crianza tenía un carácter reservado y comedido, según unas versiones, amargado y huraño según otras, sintió curiosidad. Junto a otros jóvenes se acercó al matadero, que poco después sería sede de la escuela de tauromaquia de Pedro Romero; en la corraleja donde se practicaban los lances comenzó a destacar enseguida entre los más jóvenes por “guapo, ligero, mañoso, hábil y vivo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue al fallecer su madre que decidió dar el paso y se separó de sus hermanas. Tenía dieciséis años. Su deseo de servir de peón en alguna cuadrilla no fue bien recibido por los toreros que lo habían jaleado, y sus compañeros le recriminaron que abandonara el oficio. Luis Ruíz lo llevó a alguna plaza de Extremadura, por intercesión de su sobrino Juan Yust, amigo de Manuel que ya despuntaba como promesa de la torería. Otro torero menor, Carreto, lo incluyó en su grupo para actuar en pequeñas plazas andaluzas, y también lo contrató ocasionalmente Manuel Domínguez, sólo dos años mayor pero que ya mataba y llevaba su propia gente.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/00150279100.jpeg"><img loading="lazy" decoding="async" width="228" height="320" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/00150279100.jpeg?w=228" alt="" class="wp-image-1825" srcset="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/00150279100.jpeg 228w, https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/00150279100-214x300.jpeg 214w" sizes="(max-width: 228px) 100vw, 228px" /></a></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Cartel de la corrida del 17 de octubre de 1852 en Madrid, para las cuadrillas de indios negros y pegadores portugueses, suspendida por mal tiempo. Colección Comunidad de Madrid.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La quinta del gobierno de Mendizábal lo llamó a filas en 1838 para ingresar en el segundo batallón de los francos de Andalucía, unidades irregulares de civiles no adscritas al ejército, durante la primera guerra carlista. Salió ileso de campañas que lo llevaron a participar en acciones en puntos de la alta Andalucía, La Mancha o en las proximidades de Aragón, y fue licenciado en 1840 al acabar la guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A su vuelta a Sevilla consigue engancharse a las cuadrillas de Antonio Luque el <em>Camará </em>y Juan de Dios Domínguez en gira por algunas plazas andaluzas, y luego con Juan Yust y Gaspar Díaz por Extremadura. A pesar de que confirmó su buen hacer, su forma de comportarse, que rehuía la jarana y era “refractario a los excesos”, le fueron granjeando antipatías por malaje, hasta crear un ambiente hostil entre los toreros con más mando que le cerraba puertas y le impedía encontrar oportunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cansado de esa marginación aceptó en 1842 la oferta de la plaza de Lisboa para figurar junto a un grupo de “capinhas casteçaos”, en parte por la noticia falsa de que en esa capital se encontraba el asesino de su padre. Se libró de vivir el bombardeo de su ciudad durante la sublevación contra Espartero, al año siguiente. Allí permaneció hasta 1844, familiarizándose con las particularidades de la tauromaquia lusitana, año en el que recibió una carta de Juan Martín la <em>Santera </em>de que podía colocarle en la cuadrilla de Francisco Montes, nada menos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El genio necesitaba recomponer su cuadrilla, cuyos elementos lo habían dejado para irse con el que fuera su protegido, Redondo el <em>Chiclanero</em>. Montes le dispensó buen trato durante los dos años que estuvo con él, ayudándole a progresar, quizás porque sus talantes eran parecidos, pero cuando Trigo le solicitó matar algún bicho para ir ascendiendo de categoría, el maestro le dio de lado. Montes era reacio a conceder alternativas a sus subalternos. Amigos de Manuel convencieron entonces a Redondo para que lo probara en una corrida. “Veamos esos primores”, aceptó el <em>Chiclanero</em>, pero a pesar de que aquella tarde se lució en banderillas hasta el punto de asombrar a Redondo, no le hizo sitio en su cuadrilla de veteranos cuajados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Decidió entonces formar la suya propia para actuar en plazas de segunda y tercera, pero le tocó vivir un período que afectó a muchos matadores. Fallecido el prometedor Juan Yust, retirados Montes y León, la atención del público estaba centrada en la rivalidad entre <em>Cúchares </em>y Redondo, condenando a ocupar un lugar secundario a toreros como Pastor, Díaz Labi, Miranda o Julián Casas, de quien recibió la alternativa en 1847. En 1848 regresó a Portugal, donde había dejado buen recuerdo, cosechando afectos y triunfos. Continuó luego en plazas de poca importancia, hasta que sus fieles amigos consiguieron en 1849 que pudiera torear en Sevilla mano a mano con Juan Lucas Blanco, que iniciaba su decadencia. A pesar de la falta de contratas, en cuanto pudo abrir la puerta de cosos importantes demostró que era un aventajado de la escuela de <em>Paquiro</em>, pausado, con mando y buen hacer.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/c57_0220.jpeg"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/09/c57_0220.jpeg?w=320" alt="" class="wp-image-1832" width="491" height="327" /></a></figure>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Entrée de la Quadrilla Brésilienne. Anónimo. Grafito y acuarela sobre papel, s.XIX. Colección Real Maestranza de Sevilla</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1852 repitió en Portugal, participando en el espectáculo taurino de indios brasileños y pegadores portugueses que llevaba el empresario sevillano y antiguo banderillero Rodríguez Alegría de gira por España. Llevaba consigo a un joven Antonio Carmona el <em>Gordito</em>, al que influiría en el uso de los rehiletes que lo harían famoso. Trigo como banderillero era capaz de numerosos alardes, aprendidos de sus anteriores estancias en el país vecino, como amarrarse las muñecas con un pañuelo para poner pares ceñidísimos. En 1853 llegó a torear más de treinta corridas en plazas de toda España, alternando con <em>Cúchares</em>, Pepete, Labi y Ezpeleta. Como estoqueador dominaba el volapié de Costillares. Un crítico de Sol y Sombra, muchos años después, lo definió: “ Torero de buen aspecto, bien configurado, picado de viruelas, cenceño de cuerpo, elegante y airoso, sabía andar por la plaza y llevaba ese paso y compás que hace agradable al artista”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Regresamos al principio, que es el final. Estaba en su mejor momento cuando acudió a la taberna de las Tablas. Los críticos taurinos Bruno del Amo y Antonio Díaz Cañabate se hicieron eco de la escena posteriormente, adornada con unos diálogos supuestos o verdaderos, en todo caso verosímiles. Manuel Trigo aceptó la caña de manzanilla que le ofreció el más atrevido de los buscarruidos.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Y ahora osté, maestro &#8211; invitó a Domínguez.</li>



<li>No bebo.</li>



<li>Pues va a beber porque me da la gana.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta no se hizo esperar. Cuando el jaque rodó por el suelo, tirando el fanal que alumbraba el interior, sumidos en la penumbra los provocadores abandonaron el local. Desperdicios se colocó junto a la puerta, apostado con su cuchillo. Al cabo de unos minutos Trigo decidió salir, a pesar de la advertencia de su compañero, pensando que los matones ya se habrían ido. Emboscados en la entrada, creyendo que era Domínguez, lo apuñalaron antes de salir huyendo.<br>Sus heridas se complicaron varios días más tarde al contraer el cólera, en una de las epidemias cíclicas, para fallecer el 14 de agosto de 1854.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Velázquez y Sánchez. Anales del toreo. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</li>



<li>J. M. Cossío. Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</li>



<li>Antonio Gracía-Baquero, Razón de la Tauromaquia. Obra taurina completa. Ed. Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2008. Coord. Pedro Romero de Solís.</li>



<li>J. Sánchez de Neira. El Toreo. Gran diccionario tauromáquico. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</li>



<li>Bruno del Amo (Recortes). Toros y Toreros, nº 2, marzo 1916. Madrid.</li>



<li>Antonio Díaz-Cañabate. El Ruedo, nº 703, diciembre 1957. Madrid.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><br></p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/09/15/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxxii-manuel-trigo-el-torero-asesinado/">Toreros Históricos en la Plaza de toros de Ronda (XXXII). Manuel Trigo, el torero asesinado</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXIII). Francisco Garcés, un torero mediano entre figuras.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Jul 2022 13:02:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Se sabe poco de Garcés, que estuvo activo en el último tercio del siglo XVIII y que no mereció por ningún historiador de la época y posteriores nada especialmente reseñable. Sin embargo, se constata que alternaba en numerosas ocasiones con las primeras figuras del momento, mitos como Joaquín Rodríguez Costillares, Pepe Hillo o los hermanos Romero.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En una entrada anterior se comentó un cartel que se exhibe en la sala dedicada a la tauromaquia en la plaza de Ronda, anuncio de cuatro corridas en Sevilla en 1793. En aquella ocasión nos ocupamos de los cuatro prestigiosos picadores de vara larga que se enfrentaron nada menos que a 76 toros de diferentes ganaderías, junto a tres matadores a pie, los legendarios Pepe Hillo y Pedro Romero a los que acompañaba un torero sevillano llamado Francisco Garcés.</p>


<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel-toros-sevilla-1793.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel-toros-sevilla-1793.jpg?w=600" alt="" class="wp-image-1077" /></a></figure>


<p style="text-align:center;"><em>Cartel de las primeras corridas de toros en Sevilla (1793). Archivo RMR.</em></p>
<p>Se sabe poco de Garcés, que estuvo activo en el último tercio del siglo XVIII y que no mereció por ningún historiador de la época y posteriores nada especialmente reseñable. Sin embargo, se constata que alternaba en numerosas ocasiones con las primeras figuras del momento, mitos como Joaquín Rodríguez <em>Costillares</em>, Pepe Hillo o los hermanos Romero. <span >Se sabe que fue peón y banderillero del primero</span>, y con él parece que aprendió el oficio. Su nombre comienza a figurar en los carteles gracias a su maestro, que fue el primero de los matadores en incluir a sus peones en los anuncios, algo a lo que no eran muy inclinados otros diestros principales de la época, como los Palomo de Sevilla, Manuel Bellón, los hermanos Romero o los toreros vascongados Leguregui y Barcástegui.</p>
<p>De este programa la corrida del día 30 fue suspendida, para algunos cronistas por la lluvia, pero otras versiones lo explican por la ausencia de los picadores que se negaban a torear con los caballos que le ofrecía la empresa. Sea como fuere, la verdad es que se armó la marimorena. Hubo lluvia de piedras entre aficionados de dentro y fuera de la plaza, invasión del Balcón del Príncipe destrozando alfombras y lámparas, mientras en el exterior se arrojaba al río el coche del asentista de la plaza y el carro del riego, así como se abrían los corrales y se echaba el ganado a la plaza o se mataba en los chiqueros. El tumulto tardó horas en ser controlado.</p>
<p>Ese mismo año, según relata Velázquez y Sánchez, la Junta de Hospitales que organizaba las corridas de Madrid dirige a la Real Maestranza de Sevilla un oficio firmado por el Conde de la Cañada: “Espero que esta Real Maestranza use de la generosidad de relevar a Garcés de la contrata, dejándole para que pueda venir a la Corte, porque aquí prefieren los que torean en esa plaza sobre los demás pueblos de España”. Buena prueba de la preeminencia de los toreros andaluces en el período inicial de la tauromaquia moderna.</p>
<p>Garcés ya había actuado en Madrid en temporadas anteriores. En 1789 lo hizo como supernumerario de Pedro Romero, Costillares, Pepe Hillo y Juan Conde en los festejos con motivo de la exaltación al trono de Carlos IV, y como chulo del caballero Pedro José Echenique en las funciones de toreo a caballo. Sufrió cogidas en 1794 y 1795, toreando siempre con los ya mencionados, y en numerosas ocasiones compartiendo terna con los hermanos Romero en la capital y en otras plazas españolas. Debió ser sin duda alguien que se desempeñaba con garantías, y en cuentas de la Real Maestranza de Sevilla figura como uno de los que más cobraban. De sus características queda el testimonio que recogió José Pérez de Guzmán en su libro sobre los toreros cordobeses al comparar a estos con “la indiferencia glacial de Garcés”.</p>
<p>Su pista se pierde hacia 1800, fecha en la que desaparece de los carteles.</p>
<p><em>Bibliografía</em></p>
<p>Antonio Gracía-Baquero. <em>Razón de la Tauromaquia. Obra taurina completa</em>. Ed. Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2008. Coord. Pedro Romero de Solís.</p>
<p>A. García-Baquero, P. Romero de Solís, I. Vázquez Parladé. <em>Sevilla y las fiestas de los toros</em>. Biblioteca de Temas Sevillanos, Ayuntamiento de Sevilla, 1994.</p>
<p>J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico</em>, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>
<p>J. Sánchez de Neira. <em>Los toreros de antaño y los de hogaño</em>, 1884. Ed. Fundación de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2014. Introducción de Pedro Romero de Solís.</p>
<p>Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>
<p>J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p><p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/07/14/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxxii-francisco-garces-un-torero-mediano-entre-figuras/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXIII). Francisco Garcés, un torero mediano entre figuras.</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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		<title>Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXI). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MUSEO]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 May 2022 10:40:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza]]></category>
		<category><![CDATA[Tauromaquia]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Toros de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Real Maestranza de Caballería de Ronda]]></category>
		<category><![CDATA[Toreros históricos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el capítulo anterior dejamos a Roque Miranda como escolta de la custodia de Fernando VII, retirado el gobierno liberal en Cádiz ante el avance de las tropas francesas de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis liderados por el duque de Angulema y del ejército realista.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/05/06/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxxi-roque-miranda-rigores-el-torero-miliciano-ii/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXI). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (II)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En el capítulo anterior dejamos a Roque Miranda como escolta de la custodia de Fernando VII, retirado el gobierno liberal en Cádiz ante el avance de las tropas francesas de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis liderados por el duque de Angulema y del ejército realista. En agosto comenzó el asedio, y el día 31 tuvo lugar la batalla del fuerte del Trocadero, bastión que protegía el acceso a la ciudad. Fue un ataque a la bayoneta, sorpresivo, que los 1.700 defensores de la guarnición no pudieron resistir ante una fuerza de 30.000 asaltantes. Esta «hazaña» sirvió para dar nombre a la famosa plaza de París. En ese enclave se instalaron baterías que bombarderaron Cádiz durante tres semanas. La plaza no fue conquistada, pero Fernando VII fue liberado y salió de la ciudad en una barcaza para reunirse en El Puerto de Santa María con el duque francés.</p>
<p>Comenzaba de esta forma la Década Ominosa y la persecusión de los liberales. Roque Miranda se retiró a la localidad madrileña de Pinto, evitando de esa manera aparecer donde su significación política le pudiera traer problemas por los partidarios realistas. No le fue fácil la vuelta a su profesión. Algunos de sus biógrafos señalan que no pudo hacerlo hasta 1828 por una prohibición expresa, pero Cossío documenta que justo un año después de su aventura gaditana intervino en la feria de San Fermín en Pamplona, donde recibe una pobre calificación: «Aprendiz completo, malísimo, arriesgado».</p>


<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><a href="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/05/urrabieta-pinto.jpg"><img decoding="async" src="https://www.rmcr.org/wp-content/uploads/2022/05/urrabieta-pinto.jpg?w=450" alt="" class="wp-image-1809" /></a></figure>


<p style="text-align:center;"><em>Toros en Pinto. Daniel Urrabieta Vierge. Óleo sobre tabla. Finales del siglo XIX. <a href="https://www.musee-orsay.fr/fr">Musée d&#8217;Orsay, París</a>.</em></p>

<p>Al parecer no existió esa prohibición de forma oficial, y sus escasas apariciones en los ruedos tenían más que ver con su prudencia. Hacia 1826 comienza a dejarse ver por plazas de Castilla y después por Aragón. En 1828 ya se atreve a intentarlo en la capital, pero solo tras una gestión de su esposa, que como sus padres estaba vinculada a la servidumbre regia. Por su mediación se consigue una Real Orden otorgándole permiso para que pueda ejercer su oficio en la plaza de Madrid. El ambiente político en los tendidos se había apaciaguado por entonces, y en octubre pudo salir a la plaza junto a tres sevillanos, <em>los Sombrereros</em> Antonio y Luis Ruiz, señalados absolutistas, y Manuel Parra, amigo de Juan León, el otro torero liberal.</p>
<p>Su carrera taurina no fue gloriosa, ya que sus virtudes no eran muchas por falta de fundamentos. Sin ser cobarde, le faltaba el valor que da el conocimiento de las reses por falta de práctica. Ejecutaba todas las suertes, destacando en banderillas, hasta el punto de que Galdós, en una de sus escasas referencias al mundo de los toros lo menciona a través de un personaje en su episodio nacional Mendizábal: «gran banderillero, capaz de poner pares en los cuernos de la luna”. En la dirección de la lidia se notaban sus deficiencias, no eran atinadas sus órdenes. «Siendo un buen torero, no era oportuno», según Bedoya.</p>
<p>Numerosos testimonios lo señalan como una persona que se hacía querer y que todos respetaban. Sánchez de Neira, citado por Cossío, llegó a tratarlo y escribió una semblanza en un número de <em>Sol y Sombra</em>: «Hijo del pueblo y entre el pueblo educado, con gran partido entre las manolas (&#8230;) amigo de todos y rumboso hasta el extremo de no tener nada suyo; servía con desinterés, alternaba con gentes altas y bajas, y su nombre corría de boca en boca como el prototipo del hijo de Madrid, alegre, dicharachero, valiente y dispuesto en cualquier ocasión a jugar su vida y su fortuna en favor de sus semejantes». El dibujo de un hombre cabal.</p>
<p>De alguna manera, y en un período de atonía de la fiesta, llenó junto a los dos <em>Sombrereros</em>, Juan Jiménez <em>el Morenillo</em> y Juan León el espacio que hay entre la muerte en Ronda de Curro Guillén en 1820 y la eclosión de Francisco Montes. Cuando entre la afición la mayoría liberal se imponía, se ajustó a acompañar al genio de Chiclana para protegerlo ante el rumor incierto de que Montes había sido simpatizante de la causa realista. En 1838 le cedió su antigüedad en la plaza de Madrid, debido en parte a las exigencias del astro, que solo se inclinaba ante el bravo Juan León. Miranda lo admitió con elegancia: «Vale más que cualquier torero que haya conocido, y a él u otro que valga más que yo es mi deber cederle el puesto».</p>
<p>Ya por entonces su trayectoria había entrado en plena decadencia, desajustado, con sobrepeso. En 1840, con el exilio de la reina regente María Cristina y el gobierno de Espartero, atendiendo a su contribución a la causa liberal le concedieron el cargo de administrador del Matadero, un puesto en el que podía retirarse a vivir con desahogo. Sorpresivamente decide volver a los ruedos dos años después. Esa temporada no se pudo contratar a Montes y Miranda quedaba como primer espada, pero reclamó que se llamara para esa responsabilidad al prometedor y malogrado Juan Yust, al que volvió a ceder su antigüedad admitiendo que no se encontraba en condiciones de ser director de la lidia.</p>
<p>En junio, toreando con <em>Cúchares</em>, un toro de Veragua de nombre Bravío le dio tres cornadas que lo dejaron en estado gravísimo durante semanas. En su reaparición en octubre, alternando con Montes y <em>el Chiclanero</em>, se le agravaron las heridas, mal cerradas. A pesar de las tres operaciones que se le practicaron no consiguió recuperarse para fallecer en febrero de 1843. Tenía 44 años.</p>
<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p>J. M. Cossío. <em>Los toros. Tratado técnico e histórico</em>, vol. III. Espasa Calpe, Madrid, 1943.</p>
<p>Velázquez y Sánchez. <em>Anales del toreo</em>. Imprenta y ed. Juan Moyano, Sevilla, 1868.</p>
<p>J. Sánchez de Neira. <em>El Toreo. Gran diccionario tauromáquico</em>. Imprenta de Miguel Guijarro, Madrid, 1879 (Turner, Madrid, 1988).</p>
<p>Gómez de Bedoya. <em>Historia del toreo y de las principales ganaderías de España</em>. Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.</p>
<p>N. Rivas Santiago. <em>Toreros del romanticismo (anecdotario taurino)</em>, pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).</p><p>La entrada <a href="https://www.rmcr.org/2022/05/06/toreros-historicos-en-la-plaza-de-toros-de-ronda-xxxi-roque-miranda-rigores-el-torero-miliciano-ii/">Toreros históricos en la Plaza de Toros de Ronda (XXXI). Roque Miranda «Rigores», el torero miliciano (II)</a> se publicó primero en <a href="https://www.rmcr.org">Real Maestranza de Caballería de Ronda</a>.</p>
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