Contenido

 


El Museo de la Plaza de Toros de Ronda ocupa en la actualidad un cuarto de la plaza bajo los tendidos de sombra, y experimenta un proceso de ampliación que culminará en el 2003. Sus contenidos pueden dividirse en tres grandes capítulos:

La Real Maestranza de Caballería de Ronda

Orígenes y evolución del arte de la tauromaquia

Aportación de Ronda a la historia de la tauromaquia


Sus contenidos se disponen en función de estos tres intereses, y combinan pintura, escultura, artes gráficas, textiles, objetos, documentación histórica y piezas de arte contemporáneo. Su finalidad es establecer entre todos sus elementos un discurso homogéneo, que sitúe cada obra en su contexto y las relacione con las demás.


La Real Maestranza de Caballería como institución nobiliaria y caballeresca, cuyos orígenes se remontan a la conquista de Ronda durante la Guerra de Granada, la relación con su ciudad matriz y su aportación al desarrollo de la misma, y su vinculación al arte ecuestre y al desarrollo de la tauromaquia a través de sus ejercicios de adiestramiento con toros y de la construcción de su monumental plaza de toros.


El origen mítico y la sismología del toro en la historia de la cultura universal, el fenómeno de su implantación en la Península Ibérica y su evolución hasta constituirse en un espectáculo reglamentado, con un recordatorio a las figuras que jalonan sus existencia como Fiesta Nacional.


El papel de Ronda y la significación de sus principales dinastías taurinas, los Romero, retratados por Goya, y los Ordóñez, que tienen en la figura de Antonio Ordóñez a su máximo representante, torero que despertó la admiración de personalidades de la talla de Hemingway y Orson Welles.


El Museo ofrece una rica colección de aguafuertes, grabados, litografías y estampas, representados por una edición de la «Tauromaquia» de Francisco de Goya, y las excelentes Tauromaquias de los ingleses Lake Price, Víctor Adam y Edward Orme; libros, ejecutorias, documentación y grabados relativos a la fundación de la RMR y a su vinculación a la caballería y el arte ecuestre; óleos del XVII, XVIII y XIX, cartelería histórica y contemporánea de artistas como Arroyo, Cárdenas y Úrculo; bronces, bajorrelieves y utillaje popular y tradicional en los festejos taurinos. Como complemento gráfico, se disponen grandes paneles explicativos, con carácter de divulgación, que sirven para establecer un guión que jalona el itinerario expositivo.


Origen Mítico del Toro

 

A través de los monumentos arqueológicos y artísticos que se han descubierto desde la Península Ibérica hasta China, queda demostrada la importancia de los bóvidos en las sociedades humanas a partir del Neolítico.

 

Fueron representados hace 14.000 años en la Cueva de la Pileta, a ocho kilómetros de Ronda, y posteriormente en la Cueva de Lascaux (Dordogna, Francia). En el Levante español se adoraron frente a grandes abrigos de piedra.

 

Ritos táuricos de combate se celebraron al pie de las murallas de ciudades sumerias del tercer milenio antes de nuestra era.


Toreo Caballeresco

 

Caballeros famosos como los duques de Maqueda y Pastrana, el marqués de Velada o los condes de Cantillana y Villamediana causaban tanta admiración que poetas como Góngora o Quevedo cantaron sus hazañas con los toros.

 

Mientras se prohibía matar toros a pie y por dinero a finales del siglo XIII, los nobles, en cambio, se ejercitaron en el deporte de alancearlos; lo que al principio fue una cacería, se transformó en un espectáculo.

 

Los Austrias demostraron desde el primer momento un gran interés por el combate de los toros. El mismo emperador Carlos I alanceaba toros. Lo instituyeron como espectáculo nacional al llamarlo Función Real, porque asistía el Rey, miembros de la familia real y dignatarios de la Corte.


Tauromaquia Moderna

 

En el siglo XVIII aparecen los primeros tratados de tauromaquia, y en el siglo XIX se estructuran las corridas de toros tal como se practican en la actualidad. La exaltación, el desorden, el tumulto y el desenfreno de la fiesta popular se transforman en un espectáculo ordenado en tres actos que se celebran en edificios singulares como la Plaza de toros de Ronda.

 

El protagonismo de los varilargueros o picadores, figuras principales de los primeros festejos taurinos, se mantiene hasta el ecuador del siglo XIX. Su importancia irá cediendo paso al espada o matador a pie, que desarrolla un amplio repertorio de suertes cara a cara con el toro antes de emplear el estoque para entrar a matar.

 

El gusto por los alardes, quiebros y desplantes en el que se fundamenta el modo de torear sevillano, contrasta con la autenticidad, severidad y aplomo de la escuela taurina de Ronda.